Eran los años 30’s, trabajaba como reportero en un periódico de gran fama en la ciudad de Nueva York. Mi labor no era relevante, solo lograba notas de relleno con poco interés en la sociedad.
Ante aquel fracaso me sentía frustrado, pero era lo único que sabia hacer entre comillas ja… la noche del viernes llegó, me dirigí al bar de siempre a pedir una copa de whisky. Llegué al sitio con la mente perturbada, pues tenía un jefe sarcástico y duro que menospreciaba mi trabajo.
Pedí mi bebida y me desahogué con el hombre del bar (pues suele ser el psicólogo de los fracasados en la vida y dolidos de amor), el hombre escuchó con atención mis problemas, me dijo mirándome directo a los ojos con una fijación penetrante en los míos: la vida puede dar un giro de 180 grados en el momento más inesperado.
Sus palabras me provocaron cierta incomodidad, sobre todo esa mirada que no podía olvidar. Al finalizar me trasladé hacia un edificio de un callejón donde alquilaba un pequeño cuarto en la azotea. Quedé dormido por el cansancio del día ayudado por la copa del licor.
Entrada la noche, un sueño revelador invadió mi descanso. Era muy real, caminaba por Wall Street, aproximadamente a las 3 de la tarde. De pronto, un hombre que procedía del piso de remates caminaba desordenado, quitó su elegante sombreo y tocaba su cabeza con mucho afán.
De pronto, al cruzar la calle, miró un autobús que se transitaba por la avenida y al llegar a donde estaba el hombre, éste se arrojó a las ruedas, quedando sin vida. La escena era horrible, desperté abrumado con el corazón severamente alterado, mi rostro lleno de sudor y mis manos temblorosas. No pude conciliar el sueño y llegó el amanecer. Preparé mis cosas y me dirigí al periódico para iniciar mi mediocre rutina.
Al llegar todo el edificio estaba en caos, pregunté a Miles, mi compañero, qué sucedía. Rápidamente me contestó: ¿no sabes la nota del día amigo? El millonario Doc Vance perdió toda su fortuna en un mal movimiento en la bolsa y frustrado por la situación se arrojo a las ruedas de un autobús. Mis ojos no parpadearon al escuchar la declaración. Sí… era la descripción de la pesadilla de la noche anterior.
Ese día fue confuso. No podía digerir lo que en mi sueño había vivido y que éste se convirtiera en una realidad.
Pasando las horas dejé de darle importancia al incidente, llegó la noche y mis sueños nuevamente perturbaron mi descanso. En esta ocasión, la pesadilla tomaba forma en un barrio del Bronx donde se enfrentaban dos bandas disputando territorio, en la trifulca fallecieron 6 pistoleros y un líder de una de las pandillas.
Desperté nuevamente impactado, el sueño parecía tan real que me senté al frente de la maquina de escribir y redacté la nota con lujo de detalle.
Llegue muy temprano al diario y mi jefe me recibió con su característico mal humor reprochándome la mediocridad de mis notas, mientras comentaba lo que en la noche anterior había sucedido en las calles de Nueva York.
Con cierto temor le di mi escrito diciendo estuve allí. Aquí esta la nota de primera mano. ¿Es broma? Comentó el repugnante directivo. Solamente léala y si no le convence, la llevare a otro medio donde les interese.
¿Está demente? Esto nos pondrá en la cima, pues nadie ha publicado el altercado. Dijo cascarrabias.
Salí del edificio y me dirigí al bar a reflexionar mi atrevimiento. No podía creer que mis sueños eran presagios y ¿qué vendría ahora? Esperar a que los sueños hicieran mi trabajo era como jugar a la lotería. Así que fui a mi cuarto de azotea y me senté nuevamente a escribir.
Esta vez lo hice de manera consciente, formulé una nota de nivel internacional aproveche la tensión de los países de Europa y redacté la invasión de Alemania a Polonia. Al día siguiente llevé la nota y el amargado me trató de loco, al leer el escrito entre gritos y burlas cuestionándome preguntó: ¿de dónde sacaba tal estupidez?
En eso el teletipo comenzó a escribir mi jefe interrumpió sus insultos y se dirigió hacia él, sus ojos enrojecieron corría sudor en su frente volteó hacia mí con voz baja y tartamudeando expresó: ¡es cierto es cierto, tal y como lo hiciste! Solo puedo decirle que no me gusta revelar mis fuentes, llamó a su secretaria con apuro y voz alta Jeny… Jeny ven pronto.
Diga señor Sterling (Ron Sterling era su nombre). Haz que le suban el sueldo a Jack y que escoja un cubículo de su agrado, tenemos al nuevo líder de redacción del periódico; que coloquen en la puerta su nombre con letras doradas Jack “Palmer”. ¡Ese es mi hombre! Afirmó.
No podía creer lo que estaba pasando. Mi vida había dado un giro de 180 grados. ¿Pero qué pasaría en los días posteriores? Me hice esa gran pregunta, continué de la misma manera escribiendo notas que no existían, pero se convertían en realidad, al parecer adivinada el futuro o simplemente lo manipulaba.
Así mi nueva vida, hasta que un día mi jefe Jack me empezó cada vez a presionar más y más. No tenía problema en darle notas, pero no podía estar imaginando por simplemente hacerlo discutimos y me dijo que entonces le diera mis contactos o me iría del periódico. Ante tal amenaza le conteste con firmeza: No me presiones, puede ser que mañana tú seas la nota, Ron. Me miró con pánico, comprendiendo ampliamente que yo era la fuente. Reí de manera malévola y le dije: parece que viste al diablo. Continué riendo y solamente me dijo: haz tu trabajo, después hablamos. Desde ese día no cuestiona mi labor y se dirige a mí con mucha cautela.
“ESTA ES LA NATURALEZA DE MI SER”.
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