CARTAS A TORA 317

Cocatú, un alienígena en forma de gato, llega a vivir a una vecindad de la CDMX. Diario le escribe cartas a Tora, su amada, quien lo espera en una galaxia no muy lejana.

14 de agosto, 2023 cartas a tora

Querida Tora:

El otro día alguien echó un montón de hojitas de propaganda en la vecindad, que alborotaron el cotarro. ¿Sabes qué anunciaban? La creación de la primera “Universidad Porno”  en la ciudad. Dan cursos para enseñar a las muchachas a actuar en esas películas “que cada día se venden más”, decía el folleto, a conocer todos los vericuetos de la pornografía suave y la dura, a perder la modestia y el recato (así, con esas palabras lo anunciaban) para alcanzar el éxito en la profesión del futuro. Y daban un teléfono para comunicarse con ellos.

Las madres reaccionaron, escandalizadas, y recogieron todas las hojitas para quemarlas. Pero se les escapó una, que la más grande de las chavas del 37 escondió. ¿Y crees que habló a ese número, y pidió que viniera alguien a explicarle el programa de estudios con detalle? Pero le dijeron que para una sola alumna no podían enviar a una persona, y le exigieron que hiciera un grupo de unas 10 muchachas. Pues ésta les dijo que sí, y que se verían tal día a tal hora en la azotea, “porque allí podían hablar más a gusto”.

Yo estuve muy pendiente, y a la hora señalada ya estaba en la azotea haciéndome el dormido. A poco subió la chava con todas sus amigas y un hombre desconocido (el enviado de la Universidad), que enseguida sacó un montón de folleros con fotografías más que picantes para que vieran la calidad de la escenografía y de la fotografía. Claro que los ninis se enteraron, y allá fueron al mitote, y preguntaron si ellos también podían estudiar eso.. El agente dijo que también había cursos para hombres, para enseñarles a estar siempre dispuestos, porque muchas veces al momento de filmar los actores no tenían ganas o estaban aguados, y tenían que repetir las tomas 10 o 12 veces, con las consiguientes molestias para las estrellas femeninas; y que habían desarrollado un método llamado “el perro panteonero” que daba muy buenos resultados, sobre todo con los tímidos. Y que a todos, hombres y mujeres, se les daban cursos de educación física para hacer algunas acrobacias, que siempre tenían muy buen efecto. También les daban cursos de nutrición, para que aprendieran a comer sano y no engordaran ni se hicieran fodongos cuando tuvieran tanto dinero que los criados les sobraran. Y que todos iban a salir de la Universidad con su título de Licenciatura, que los ayudaría a sobresalir en un mercado cada vez más competitivo.

Todos quisieron ingresar, pero el agente les dijo que primero tenían que aprobar un examen de ingreso, para ver cuáles eran sus conocimientos y saber en qué curso los iban a inscribir. Y que del examen se ocupaba él. Y ya estaba haciendo la lista de aspirantes cuando subió el muchacho que trabaja en televisión y en cuanto vio al agente empezó a decir que era un tratante de blancas (y de blancos) de lo más asqueroso, que los iba a engañar a todos. El agente se defendió ensalzando las bondades de la Universidad, nombrando a los alumnos distinguidos que habían salido de ahí y que dominaban las páginas de Internet. Y empezaron a discutir, y ya estaban llegando a las manos cuando subió a la azotea la Flor (No me explico qué hacía ahí a esas horas, pero traía un  bulto de ropa bastante grande), que dijo que ese individuo había estado en la cárcel por lenocinio cuatro o cinco veces, que no le creyeran nada, que era una influencia nefasta para toda muchacha (y muchacho) que escuchara sus “cantos de sirena”, y que a ella le había arruinado la vida varias veces (No sé qué quiso decir con eso, pero causó efecto en los muchachos), y que les iba a contar lo que le hizo la última vez que tuvo la desgracia de toparse con él.

Al llegar a ese punto, el “agente” de la Universidad recogió sus bártulos y se fue, muy digno, lamentando que “una mujer como esa” les impidiera “abrir los ojos al conocimiento” y dejarlos en “el lodo de su ignorancia y su miseria”. Algunas muchachas quisieron detenerlo, pero ni la Flor ni el chavo actor lo permitieron, y les dijeron que las universidades de verdad  no tenían que anunciarse en folletos misteriosos, ni se dedicaban a ese tipo de actividades, que estudiaran como lo habían hecho sus padres y no quisieran tomar atajos que sólo llevaban al despeñadero. (Eso del despeñadero lo dijo la Flor, y causó bastante efecto, porque ella sabe ser muy dramática cuando la ocasión lo amerita).

Los muchachos tardaron en dispersarse, pero creo que la mayoría comprendieron lo que les dijeron. Ojalá les sirva para planear bien su futuro.

Ah, pero la chava del 37, que parece ser tan desgraciada como su padre, se guardó uno de los folletos y lo estuvo leyendo y releyendo hasta altas horas de la noche. Yo estaba tan indignado, que me metí por la ventana y se lo robé. ¿Crees que hice bien?

Te quiere

Cocatú

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