CARTAS A TORA 253

Un alienígena arriba a la Ciudad de México y, convertido en gato, llega a vivir a una vecindad. Le escribe a Tora, quien lo espera en su planeta natal, sus impresiones de lo que ve ahí.

7 de enero, 2022 CARTAS A TORA 253

Querida Tora:

Hay que ver lo que es la vanidad de la gente. ¿Qué crees que se le ocurrió al portero? Hacerse una estatua. Y que la pusieran en el centro del patio, para que se viera desde la calle.

Pero no se atrevió a mandarla hacer él, y encargó al señor del 58, que es un gran adicto suyo, que la hiciera por su cuenta. Y se mostró muy sorprendido el día que el del 58 anunció que iba a hacer la inauguración.

La estatua es de cuerpo entero, con traje y corbata (que el portero jamás usa), con la mano en alto, como para bendecir (¿Con qué derecho?, me pregunto). Y, además, le hicieron un copetito que se hace el portero cuando la Flor lo viene a visitar en la noche (cosa que los vecinos han notado desde hace mucho tiempo, y da lugar a muchos comentarios). Y allá se presentó el portero de saco y corbata (alquilados a bajo precio), con una sonrisa beatífica que proclamaba a las claras su satisfacción, del brazo de la Flor (lo cual fue muy criticado por las señoras de la vecindad); y pronunció un discurso regularmente escrito por el guarura que sí terminó la secundaria. Después se sirvió un “vino de honor”, que nadie sabía lo que era, pero que fue ovacionado cuando vieron que era “chupe” gratis. Y estuvieron hasta altas horas de la noche brindando y chismorreando. Al portero se le deshizo el copetito, y parece que la Flor se retiró muy temprano por esa razón.

El día siguiente, el portero lo pasó entero en el patio, contemplando su estatua y poniendo de relieve los aciertos en la escultura, como el parecido y lo bien que estaba reproducido su copetito. Y se acostó muy tarde esa noche. ¿Pero qué crees? Al día siguiente, que se levantó al amanecer para ir a saludar a la estatua, no la encontró. ¡Durante la noche, la escultura había desaparecido!

Y se armó la gorda. No la señora del 33, que ya pasó los 200 kilos, sino que así se dice cuando ocurre algo inusitado y sorprendente. Los guaruras revolvieron  la vecindad, entraron a todas las viviendas, hurgaron en el agujero del patio, en las ruinas de los lavaderos y en las “habitaciones” de los ninis, en busca de la escultura. Y fueron  encontrando pedazos por aquí y por allá, casi todos en el agujero del patio. Pero el copetito no apareció en ninguna parte. Las narices, sí: estaban en uno de los baños en “proceso de reconstrucción”.

El portero estuvo tres días en cama, con suero; y la enfermera al lado suyo, limpiándole la frente perlada de sudor y la boca de espumarajos de rabia. Al cabo de ese tiempo logró salir al patio, se subió a un cajón y dijo que “el crimen se iba a perseguir, y se castigará al criminal, sea quien sea”. Cuando terminó de decir eso tuvieron  que ponerle unos chiquiadores de ruda, porque estaba a punto de desfallecer. Muchos vecinos pensaron que se moría; pero no, sobrevivió al tremendo golpe, y se fue a Acapulco a reponerse, acompañado por la Flor, y tras haber cobrado una “colaboración extraordinaria” a los vecinos para solventar los gastos, (aquí entre nos, te diré que los vecinos se negaban a dar la “colaboración”, pero se corrió el rumor de que si no la daban les iban a cortar el agua y el gas, y prefirieron no arriesgarse).

Y durante varias semanas, los vecinos han vivido bajo la vigilancia  constante y hasta insultante de los guaruras (Es que no pueden ir ni al baño sin someterse a un minucioso interrogatorio). Pero no se ha podido averiguar nada. Y eso que el portero ofreció una “recompensa” por el copetito que no encontraban. Pero esta vez, ni el dinero logró el milagro.

Yo creo que  nunca se va a saber quién o quiénes destrozaron la estatua. Porque los vecinos no lo saben, o porque quieren  proteger al “criminal”. Y es que ya se están cansando de los abusos del portero. Ojalá que ésto no derive en una revuelta o cosa parecida. Sería muy triste para todos.

Ya te contaré lo que ocurre.

Te quiere

Cocatú

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Resulta que en el 47 vive una mujer ya grandecita (no sé su edad con certeza, pero calcúlale alrededor de los 40), sola, sin hijos ni “detalles” conocidos. Y la noche del sábado, le llevaron serenata. Así como lo oyes. ¿Quién? Un compañero de trabajo que se “aventó” a hacerle la corte. Como a la una de la mañana se empezó a escuchar al mariachi. Y la señora del 7, que es muy metiche y siempre anda de ofrecida, corrió a abrir la puerta de la vecindad. Hacía muchos años que no nos llegaba un entretenimiento de ese calibre. No es necesario decirte que todos los vecinos se levantaron, entusiasmados; y más al enterarse de que era para la “soltera irredenta” (Así le dicen las malas lenguas a la del 47). La pobre mujer salió al patio, con su pudorosa bata de hija de familia a saludar, temblando de emoción, a su audaz pretendiente. ¡Cómo la aplaudieron! Y más, al novio (Ya todo el mundo lo calificaba así). Ah, pero el portero…. No sé por qué ese individuo se tiene que meter en donde no lo llaman (Es decir, en todo). Cuando mayor era el entusiasmo de los vecinos, apareció en calzones (Así como te lo cuento) y echó dos balazos al aire. Ahí se acabaron las felicitaciones y los gritos de alegría. Y cuando la mujer se plantó ante él con aires de protestante heroica, el portero se acercó y le puso la pistola en la frente (Todos sabemos que sólo tiene chinampinas, pero el cañón estaba muy frío), y le dijo que estaba atentando con “el sagrado derecho de los vecinos al descanso”; y que si su “amiguito” (Lo dijo con  un desprecio rayano en la insolencia) no se iba al instante con  su mugre mariachi, la pistola iba a cumplir con el cometido para el cual fue construída. Nadie se arriesgó a que funcionaran las chinampinas (Por si acaso), y el pretendiente se fue, con  la cola entre las patas, diciendo a su adorada que se verían en el trabajo a las nueve en punto de la mañana. Y todos se fueron a acostar. Todos menos el portero, que se quedó haciendo guardia en el patio para asegurarse de que sus órdenes se cumplieran. Esto a mi se me hizo  muy extraño, pues siempre manda a sus guaruras que hagan ese tipo de trabajos, y me quedé cerca de la portería, a ver si averiguaba algo. Y sí: averigüé un poco más que “algo”. Lo  que pasó fue que el portero tenía de visita a la Flor esa noche; pero hasta la una de la mañana no había podido hacer nada, por más que se esforzaba. Ya había inventado todo tipo de pretextos más o menos creíbles, cuando oyó el escándalo, y le pareció una oportunidad inmejorable para zafarse del compromiso, aunque ya le había pagado a la Flor con largueza desacostumbrada. Y se quedó en el patio a ver si cuando se le pasara el coraje, o con el relente de la noche, empezaba a funcionar. ¿Pero qué crees? Que nada. Y la Flor durmió todo lo que quedaba de noche y parte de la mañana en la camota que tiene el portero, feliz y con  dinerito en el bolsillo. Porque aunque el portero le pidió que se lo devolviera, ella se negó rotundamente. Y le dijo que lo necesitaba para pagar el alquiler de su departamento “¿O acaso quieres que se lo pida a otros señores?”. Eso es algo que el portero no puede aceptar, aunque sabe perfectamente que la Flor tiene otros señores que la ayudan con sus gastos, y le dijo que se quedara con él, pero que esperaba que la próxima vez se lo recompensara “con creces”. Ella contestó que eso le correspondía a él más que a ella, y se vistió y se fue. El portero se bebió unos buenos tragos de tequila “para quitarse el frío”, y durmió el resto del día y toda la noche siguiente. Y ya no se enteró de que la mujer del 47 se fue de la vecindad y se casó ese mismo día con el milagroso novio que había encontrado. ¿Qué te parece? Te quiere. Cocatú" ["post_title"]=> string(17) "CARTAS A TORA 254" ["post_excerpt"]=> string(188) "Un alienígena arriba a la Ciudad de México y, convertido en gato, llega a vivir a una vecindad. 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La ceguera del odio. Una breve reseña de “Caín” de José Saramago

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