CARTAS A TORA 243

Un alienígena arriba a la Ciudad de México y, convertido en gato, llega a vivir a una vecindad. Le escribe a Tora, quien lo espera en su planeta natal, sus impresiones sobre lo que ahí ve.

1 de octubre, 2021 CARTAS A TORA

Querida Tora:

En el 16 vive una chava muy mona que se viste muy bien y anda siempre a la última moda (dentro de sus posibilidades, claro); y a todo el mundo que se deja, le dice que la vida de la vecindad no es para ella, que va a ser muy rica y poderosa. Claro que nadie se lo cree. Sobre todo, porque es novia del chavo del 27, que tiene todavía menos que ella.

Pues resulta que un día la vinieron a dejar en un coche último modelo, blindado, con todas las comodidades y caprichos que las armadoras han inventado. Todo el mundo salió a ver y la miraron despidiéndose de beso de un muchacho muy guapo, muy bien vestido y con tipo de artista de cine. Y todos dijeron: ésta ya cambió al del 27 por el futuro del que tanto habla.

Pues no: sigue saliendo con el del 27, y si le preguntan a ella o a él qué ha pasado, dicen que nada, que todo va bien. Pero no es cierto, porque yo he visto que el del carrazo la deja a veces a una cuadra de la vecindad, a veces un poco más lejos, para que el del 27 no se entere de que la viene a dejar. Pero el del 27 no es tonto; ya se las olió, y anda patrullando los alrededores a ver si la descubre con el otro.

En la vecindad los chismes andan a todo lo que dan, y hasta se cruzan apuestas sobre quién se va a quedar con la chica, como si fuera película de Hollywood. Y casi todos dicen que se quedará con el pobre (influencia de las películas de la Edad de Oro del cine mexicano). Pero yo vi a la chava con el ricachón el otro día discutiendo, porque él le exigía que se fuera ya con él; y en cuanto llegó a la vecindad, el del 27 le salió con algo parecido. ¿Y sabes lo que hizo ella? Se echó a llorar y se encerró en su vivienda.

Bueno, pues el del cochazo le trajo serenata. Tuvo que convencer (léase untar la mano) al portero, pero trajo un mariachi bastante grande, y lo metió al patio, hasta la ventana de la chica. Y se arrancaron con el repertorio más escogido del romanticismo. Toda la vecindad se levantó y salió a los pasillos y al patio, y cada canción la premiaban con entusiastas aplausos; y cuando se hacía el silencio, volteaban a ver la puerta del 27.

Al cabo de un buen rato, la puerta del 27 se abrió y salió el chavo con sus ropitas de diario y una guitarra; se plantó junto a la ventana del 16 y se puso a cantar un bolero (no de ardido, sino de esperanzado). Para sorpresa de todos, cantó de maravilla, y el aplauso no se hizo esperar. Empezó entonces un duelo entre el mariachi con sus trompetas y estruendo y la voz fina y agradable del chavo. Los vecinos estaban entusiasmados, y cada uno pedía su canción favorita, y al final se habían olvidado de la chava, para gozar del inesperado concierto. ¿Pero qué crees? La ventana del 16 no se abría, y ni siquiera encendían la luz.

A mi me picó la curiosidad, y por la ventana de la cocina me metí al 16. Y allí estaba la chava, a oscuras, porque no quería que los pretendientes se dieran cuenta de nada, llorando y tratando de decidir cuál de ellos le gustaba más. La madre le aconsejaba que escuchara a su corazón, y el padre le urgía a pensar en el coche del ricachón. Pero ella quería a los dos. Así como lo oyes: a los dos. Y la cosa no tenía solución (aparentemente).

La solución vino de donde menos se esperaba. El riquillo (le voy a decir así, porque después de todo me cayó bien) se acercó al del 27 y lo felicitó por la forma en que cantaba. El otro, sin perder seriedad ni aplomo, le dio las gracias (lo cortés no quita lo valiente), y le pidió que saliera con él a la calle para “hablar” más a gusto. Los vecinos se alborotaron, esperando quién sabe qué. Pero el del coche le dijo al chavo que no había necesidad; que él era productor de televisión; y le ofreció presentarlo en un programa folklórico cantando. El chavo se quedó patitieso: era lo que siempre había querido, pero no sabía cómo lograr. Y sin pensarlo mucho, le dijo que sí. Total, que quedaron en verse en la oficina de la televisora hacia mediodía.

Igualito que una película mexicana: el chavo se presentó en el programa, tuvo éxito, y ahora anda por todo el país cantando en palenques, teatros y fiestas particulares. Gana lo que quiere, le sobran las chamacas y ya se olvidó de la del 16. El riquillo no ha vuelto a la vecindad, ocupado en coordinar la carrera del chavo. Y la del 16 sigue trabajando en la misma zapatería de antes, y acariciando sueños de grandeza.

Creo que, aquí, la única que perdió fue ella.

Te quiere

Cocatú

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Enrique Delgado Fresán
Traductor, escritor e Ingeniero Químico por la UNAM, con experiencia laboral de más de 40 años en distintas industrias. Como traductor cuenta con una amplia trayectoria. Ha traducido del inglés al español alrededor de 30 obras de teatro de diversos géneros (comedia, drama, musicales), tales como: “El Hombre de La Mancha”, “El Violinista en el Tejado”, “El Reino de la Tierra”, “Sálvese Quien pueda”, “Sabueso” y “Cabaret” entre otras. Cuenta con la Certificación de Perito Traductor del Tribunal Superior de Justicia del Distrito Federal, con el No. 43 en la lista de Traductores e Intérpretes en Inglés donde en aproximadamente lleva 10 años haciendo traducciones de diferentes tipos. Ha publicado en revistas como “España”, “Mire”, “Aspectos”, “Istmo” y un libro llamado “Los Beatles. Una historia irrepetible”. Es autor de cinco obras teatrales. Ha escrito guiones televisivos para diversos programas. En 2016, la Sociedad General de Escritores de México le otorgó la presea “Caridad Bravo Adams”. Contacto: [email protected]
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