Amir y Hakim

Aun y cuando una multitud de vendedores que ofrecían alimentos, textiles, especias, joyería, animales domésticos y otros artículos un tanto menos atractivos así como sus potenciales clientes se apretujaban en las polvorientas calles del centro de Damasco,...

27 de octubre, 2022 Amir y Hakim

Aun y cuando una multitud de vendedores que ofrecían alimentos, textiles, especias, joyería, animales domésticos y otros artículos un tanto menos atractivos así como sus potenciales clientes se apretujaban en las polvorientas calles del centro de Damasco, llamada también “la ciudad del jazmín”, buscando un espacio para realizar sus transacciones comerciales aquél día caluroso y seco de mayo, Amir y Hakim no habían conseguido obtener más allá de unas pocas liras y eso que habían recorrido desde la Puerta de la Liberación o Bab al-Rafaj (situada al norte de la ciudad) hasta aquella llamada Bab Kisan, situada en el suroeste por donde, supuestamente, Saulo de Tarso mejor conocido como San Pablo salió huyendo en los albores del siglo I d.C. 

Lo cierto es que los tiempos habían cambiado y aunque aquella metrópoli seguía siendo populosa ya no gozaba de la plenitud económica que había tenido en décadas y, sobre todo, siglos anteriores.  Tampoco es que la gente que pasaba apresurada frente a ellos buscando intercambiar bienes se muriera de ganas de darle algo de dinero a aquel par de andrajosos mendigos, pero había días en que gozaban de mayor fortuna y otros en que no había tanta. 

Hoy había sido de estos últimos. 

Lo que habían obtenido, sin embargo, les permitió adquirir algo de pan y unos pocos dátiles para ambos, lo cual al menos lograría aminorar el hambre que hacía que sus tripas rugieran. Concluida la jornada, el alto y espigado Hakim y el pequeño y jorobado Amir atravesaron la multitud de puestos comerciales que se asientan en la calle de Bab Sharqui y se acomodaron en un pequeño rincón de esta, no muy lejos de la Capilla de Ananías, que unos años atrás aún funcionaba como bodega, con algunas cobijas viejas y un par de trastes que eran sus únicas posesiones, dispuestos a pasar ahí la noche. 

Amir: (volviéndose hacia Hakim) Caray, que mal día.

Hakim: Muy malo diría yo, caluroso como el infierno y fastidioso, sin conseguir más que unas pocas monedas; si no fuera porque nos topamos a Nabila, yo lo hubiera considerado un total fracaso en todo sentido. 

Amir: Coincido, pero es lo que hay. Por cierto, la comida la pusiste en la bolsa que está a tu izquierda, apúrate que muero de hambre. 

Hakim pasa la mano por el suelo a su siniestra y finalmente, tras algunos segundos, logra dar con la bolsa de tela roja que contiene el pan y los dátiles. La abre y los reparte en partes iguales, dejando la porción de Amir cerca de donde éste se encuentra sentado.

Hakim: En el nombre de Allah y con las bendiciones de Allah, yo empiezo a comer. 

Amir: (se persigna y toma un poco de pan) ¿Por qué crees que Dios o Allah permita el sufrimiento? Nosotros dos sufrimos a diario, a veces podemos comer y otras no pero también Nabila sufre, pobre y sin marido, también el viejo Samir y si me lo preguntas también el Gobernador debe sufrir, aunque no por las mismas razones. 

Hakim: No lo sé Amir, pero desde que tengo memoria recuerdo pocas cosas tan bien como aquellas relacionadas con el sufrimiento: el hambre, el asunto de mis ojos, la muerte de mis padres cuando era muy pequeño. Cuando tenía siete u ocho años me mordió una de esas malditas víboras de arena; iba caminando, descalzo obviamente, junto con mi hermana (Allah la tenga en su gloria) cerca de un sembradío por donde vivíamos los dos en aquél entonces cuando de pronto, detrás de una roca, ella vio a ese animal agazapado, esperándonos. 

Gritó como una loca y trató de apartarme con su brazo, yo sentí como el corazón casi se me salía, con la boca completamente seca. Todo sucedió en apenas un segundo, la serpiente se abalanzó sobre nosotros y como yo me encontraba más cerca, lo único que pude hacer fue tratar de saltar hacia un lado cuando sentí el impacto en mi pierna. Afortunadamente no logró cogerme del todo, de modo que aquello fue sólo un roce, pero aun así fue suficiente para tenerme en cama durante días, incapaz de levantarme por el mareo y la hinchazón, sangrando y sangrando. 

Recuerdo que fue horrible, mi pobre hermana pensó que iba a morirme y si me lo preguntas, yo también lo creí. Pero dentro de todo, tuve suerte, amigo mío. Supongo que la vida es así, hay multitud de cosas malas y unos pocos momentos en que tenemos que agradecer nuestra buena fortuna. La vida es cruel y, sin embargo, maravillosa. Hay que ver que a nosotros los hombres la vida no nos resulta más difícil que a cualquier ave o bicho, sino más hermosa, si aceptamos su crueldad y la muerte que es inevitable. De cualquier manera, todo esto es temporal. Cuando hayamos muerto, nos espera algo mejor. 

Sin dejar de masticar, Amir levanta la vista al cielo, que luce particularmente despejado. 

Amir: ¿Qué crees que nos espera en el paraíso amigo mío? ¿lejos de todo esto?

Hakim: (masticando un dátil) Es diferente en tu caso y en el mío.

Amir: Lo sé, por eso creo que es buen tema para pensar, de otra manera, si hablamos de los eventos del día ¿recuerdas al idiota que casi nos tira saliendo del Midhat Pasha o lo atestada que se encontraba la fuente hoy?

Hakim: Cierto, maldito tipejo, un empujón un poco más fuerte y los dos hubiéramos terminado con las narices en el polvo, además hacía demasiado calor y ni la más mínima brisa; bien pues, en mi fe como bien lo sabes, te reciben ángeles y no existe daño alguno, ni dolor ni miedo ni vejez como tampoco vergüenza. Absolutamente cada uno de tus deseos es colmado con creces, con trajes y joyas y perfumes y banquetes de frutas, carne y vinos aromáticos, acompañado de tus seres queridos en vastos y hermosos jardines. Ahí estarán mi hermana y mis padres. Y hermosas huríes para acompañarte en las noches solitarias (lo dice sonriendo).  

Amir: Lo de las huríes me parece un poco excesivo, pero lo demás no suena nada mal; en mi caso el paraíso no es necesariamente un lugar sino un estado de gracia y comunión con Dios Todopoderoso, donde tampoco existe el sufrimiento o la guerra o conflicto alguno, todo se encuentra en perfecta armonía y el alma de los justos, familiares, amigos, estarán ahí, en un estado de perpetua felicidad. 

Difícil saber cuál de los dos estará en lo correcto. 

Hakim: Yo, por supuesto. 

Amir: (ríe un poco) JA JA , ¡qué va! negando a Jesús o Isa como ustedes le llaman, no amigo, no hay manera. 

Hakim: Bueno, si vamos a eso, MI profeta tuvo una vida larga y plena, con numerosos hijos; del tuyo ni siquiera se sabe bien a bien si estaba casado y además murió joven. 

Amir: ¿Eso qué tiene que ver?

Hakim: Que todas las religiones necesitan fieles y adeptos y la procreación es parte fundamental en ellas; además, mi fe no condena el goce o placer carnal dentro de lo lícito, al contrario. Como dice el bardo: “La rama más hermosa es aquella, que se encuentra revestida por las flores, tú en cambio, eres más hermosa cuanto más desnuda”. 

Amir: ¿Tú qué sabes de placer carnal, awra estúpido?

Hakim: Más que tú, desgraciado, de eso no hay duda, de hecho una vez, hubo una mujer.. 

Amir: De acuerdo, de acuerdo, si ya me sé esa historia, la has contado varias veces. En cuyo caso te diré esto otro: Mi profeta e hijo de Dios tuvo una muerte santa, cuyo sacrificio le brindó gloria y gracia al mundo. El tuyo murió por una indigestión. 

Hakim: Envenenamiento. 

Amir: (Guarda tres dátiles para comérselos después) Da igual. 

Hakim: Además ¿qué es eso de HIJO de Dios? Allah lo es todo y ha creado todo, así como todo es suyo, no necesita andar encarnándose en humanos o transformándose en animales como lo hacían los dioses griegos. 

Amir: (comiendo otro trozo de pan) Bueno, no es que Dios vaya por ahí transformándose en una cosa u otra o tenga hijos al azar; además, la Trinidad es un concepto mucho más complejo que eso Hakim, como ya lo he explicado antes. 

Hakim: Pues no lo sé, pero hijos de Dios y aves que también son una encarnación de Dios y ese tipo de cosas no hubieran sido del agrado de los antiguos mensajeros como Moisés o Elías. 

Amir: Moisés y Elías también son parte de mi fe; al final, todos procedemos de Adán y Eva y somos hermanos, querido Hakim. Pero hay cosas en las que diferimos. 

Hakim: Lo sé, lo sé, por cierto ¿aún quedan dátiles?

Amir: Si, unos pocos 

Amir toma los tres que había guardado para después y se los pone en la mano a Hakim para que éste se los coma. 

Hakim: Gracias. 

Amir posa sus ojos en la suave luz del crepúsculo que ahora, comienza a extinguirse; la noche desciende con lentitud y el ambiente se siente un poco más fresco. Otros mendigos llegan a acomodarse en aquella zona de la ciudad antigua y Amir los observa mientras buscan un lugar para descansar; uno de ellos, viejo y enjuto, se acerca a ambos y comienza a increparles en voz alta. 

Samir: ¡Maldito par de maeaqs (término común para referirse a un discapacitado o inválido), saben perfectamente que ese es mi lugar para dormir!

Amir: (sonriendo un poco) No te lo tomes tan a pecho viejo Samir, hoy llegamos un poco antes que tú y no es que esta esquina tenga grabado tu nombre en ella. 

Samir suelta varios improperios en árabe apuntándoles con el dedo; Amir mira fijamente a aquel viejo cuerpo delgado, que parece únicamente hecho de músculo y le responde también en árabe. El anciano se retira sin dejar de observar al pequeño Amir, mascullando algo que no se alcanza a escuchar.  

Amir: (retomando la conversación) ¿Sabes algo? lo importante es que sin importar que exista más allá de esta vida, estoy seguro de que tu podrás ver todas las maravillas del mundo Hakim: los colores y sus tonalidades infinitas, los rostros, a las mujeres hermosas como Nabila, lo agradable que es cuando la primavera siembra de flores los campos.

Una sonrisa se dibuja en el rostro de Hakim, mientras Amir continúa hablando. 

Amir: Si estás en lo correcto, verás jardines y manantiales y flores exóticas, animales domésticos y salvajes de curiosos plumajes y los patrones en su pelaje; los efectos de la luz en el cielo y cuando se filtra a través de los árboles.

Hakim: (asintiendo con la cabeza) Y tú podrás andar y yo ya no tendré que cargarte en mis espaldas todo el tiempo, además no es que te estés volviendo más ligero con el paso del tiempo. 

Amir suelta una fuerte carcajada. 

Amir: JA JA JA, cierto es. Y mira que de mi tamaño podría decirse que apenas rebasa el de un perro pequeño. 

Hakim sonríe un poco y luego comienza a hablar. 

Hakim: ¿Sabes qué agradezco en verdad? El habernos encontrado Amir. No sé qué sería de nosotros lidiando con el mundo por separado. 

Amir: Yo también lo hago, no importa si es a Allah, a Yahvé, a la vida o al destino. Un buen amigo es uno de los mayores tesoros que el mundo tiene para ofrecer; cada día recuerdo cómo eran las cosas antes y cómo han sido desde que andamos juntos (hace una pequeña pausa antes de continuar)

Amir: De entrada, Samir ya nos habría puesto una buena paliza. 

Ambos ríen sonoramente. 

Hakim: JA, JA, JA, pero bueno, creo que es buena hora para tratar de pegar el ojo un rato. 

Amir: Sin duda; mañana será otro día y ojalá que tengamos mejor suerte. 

Hakim: Sin duda. 

As-salamu alaykum, querido Amir.

Amir: Dios te bendiga a ti también, amigo mío. 

La noche ha caído ya sobre la larga y sinuosa calle del centro de Damasco; algunos pocos transeúntes caminan apresurados para llegar a sus casas, la mayoría de dos pisos y pintadas de blanco, de amarillo y de terracota, con sus rectangulares ventanas y redondeados arcos, que bordean aquel sector de la metrópoli. 

Hakim y Amir sueñan con jardines, comida, amigos y familiares y también, piensan el uno en el otro.   

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