2020 fue un año terrible, maldito, dicen incluso algunos. Por lo menos fue inesperado y sorprendente. Dejó en claro que todo puede pasar en un mundo hiperconectado y totalmente globalizado. La pandemia contagió todos los lugares del mundo en escasos tres meses. Nada detuvo a la pandemia. Arrasó y superó a todos los gobiernos, ricos y pobres, y a organizaciones profesionales y científicas. Nos mostró de nuevo nuestra debilidad humana.
Pero también es cierto que pese a este escenario catastrófico, la ciencia y la tecnología salieron al paso y permitieron que el mundo siguiera en operación, limitada, accidentada, pero en pie. Me explico.
La ciencia y la tecnología permitieron dimensionar el tamaño de la crisis sanitaria que enfrentaríamos. Diversas universidades y organismos nacionales e internacionales especializados compartieron sus investigaciones y estudios, pronósticos e iniciaron explorando medidas de contención.
De ahí el éxito de los países asiáticos, incluida China, que en pocos semanas controlaron la expansión del virus a través de la aplicación masiva de pruebas, el rastreo de contagiados y potenciales, identificación de zonas de riesgo, uso de aplicaciones digitales inteligentes, medidas de distanciamiento social y restricción de actividades, y acciones estratégicas para reconvertir hospitales a la atención de la enfermedad. También la ciencia y la tecnología salieron a darle una opción al cierre de miles de escuelas y universidades en el mundo, donde millones de niños y jóvenes tuvieron que cambiar su espacio natural de clases a sus casas.
No es lo mismo y es probable que no sea la misma calidad, pero no se detuvo la instrucción educativa. Cientos de miles de maestros, directivos, millones de alumnos y padres de familia finalmente adoptaron la tecnología como medio. Se acabaron las resistencias y se empezaron a ver las conveniencias. Aquí jugaron un papel decisivo las plataformas como Zoom, Google Classroom y Microsoft Teams.
La tecnología permitió igualmente que los negocios continuaran operando a través del comercio electrónico, con el uso de plataformas digitales de trabajo y colaboración, así como de videoconferencias para seguir en contacto con sus colaboradores, proveedores, clientes, socios y aliados.
Todo ello hizo posible que grandes, medianas, pequeñas y micro empresas y emprendedores individuales siguieran dando la lucha por sobrevivir y atender la demanda de productos y servicios de un mercado que no paró del todo. Y, por si fuera poco, la tecnología nos dio una opción de entretenimiento ante el encierro. Sería muy difícil imaginar soportar el quedarse en casa sin las plataformas digitales de entretenimiento basadas en el streaming. Han sido grandes aliados del esparcimiento y la salud mental. Destacan Netflix, Amazon Prime, Disney Plus y HBO Go.
Pero tal vez algo más destacado del rescate del desastre de la pandemia es la aportación de los grupos científicos y de los laboratorios de salud especializados que han logrado, primero, poner en el mercado tratamientos cada vez más efectivos para tratar la covid-19 y, recientemente, en tiempo récord, la fabricación de una vacuna con niveles aceptables de eficacia (90%).
La fabricación de la vacuna contra covid-19 es un tema único e impresionante, al acortar los tiempos de un promedio de cinco años a 10 meses, al unir a grupos de cientificos y expertos dispersos, al abrir la colaboración entre laboratorios y centros de investigación y desarrollo, y sumar los recursos financieros necesarios (más de 10 500 millones de dólares de inversión entre recursos públicos y donaciones).
Y, además, la ciencia y tecnoliogía nos dejaron un beneficio adicional a la democracia: exhibieron a quienes buscaron manipular la pandemia con fines ideológicos y/o políticos. Es probable que ello haya sido la principal razón de la derrota del presidente Donald Trump en la reciente elección de Estados Unidos.
Pronto entraremos a nuevos retos, como es el caso de la vacunación masiva contra la covid-19 y los retos de la evolución del virus. También de la reapertura social y económica de las regiones y los países.
Lo que esperamos es que de algo haya servido tanto sufrimiento y pérdidas. Una de ellas puede ser darle de nuevo el valor que deben de tener la ciencia y la tecnolgía en las agendas de los países y del mundo. Ojalá.
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