No es un secreto que la sociedad se encuentra polarizada por cuestiones políticas y económicas, que la tolerancia cada vez se nota menos y que la opinión pública es cada vez más agresiva cuando alguien se atreve a exponer un punto de vista diferente al propio.
Las discusiones ya no se quedan en el plano de los insultos sino que trascienden a la violencia física, parece que nos hemos olvidado de las buenas maneras y del respeto al prójimo, de la conocida frase: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.
La segregación tampoco ayuda, están los rudos y los técnicos, las que visten de morado y se pintan el cabello, las privilegiadas, los politiquillos, los mafiosos, los corruptos, los fanáticos, los que visten de negro, los austeros y los ostentosos, pero olvidamos que en esencia, todos somos iguales, que las formas de pensamiento y las ideologías son sólo eso: procesos mentales.
En tiempos de sismo y de pandemia, la solidaridad se hizo presente y el esbozo de una nueva forma de agrupación y colaboración comunitaria era posible; sin embargo, pasados los efectos del caos todo volvió a la normalidad. Sí, a esa terrible normalidad que nos afirma y reafirma que si el otro opina diferente es enemigo.
¿Hasta cuándo? Estar a favor de los rudos o técnicos sólo tiene sentido en un contexto de duelo arriba de un ring, en una pelea cuerpo a cuerpo. ¿Cuál es la razón para pelear? Más aún ¿Se consigue algo?
El equilibrio está justo en la capacidad de convivir con lo bueno y lo malo, no existe lo totalmente bueno ni lo totalmente malo, existen matices que hoy parecen no existir más.
La unión hace la fuerza, en tiempos de ruptura de paradigmas, estar aislado y pretender que la causa personal es lo único que importa, nos volverá débiles ante lo que nos depara el futuro. Es en comunidad que se puede hacer frente a los embates de la vida, si es que se piensa en el futuro, de lo contrario, el pensamiento se queda a nivel de un click y de pasar al siguiente contenido en la red social. ¡Nos leemos a la próxima!
Elizabeth Cruz Ramírez
VIVIR MEJOR
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“A la cachi cachi porra, a la cachi cachi porra. Pin pon porra, pin pon porra politécnico, politécnico” – Mambo del Politécnico / Pérez Prado
No es un secreto que la sociedad se encuentra polarizada por cuestiones políticas y económicas, que la tolerancia cada vez se nota menos y que la opinión pública es cada vez más agresiva cuando alguien se atreve a exponer un punto de vista diferente al propio.
Las discusiones ya no se quedan en el plano de los insultos sino que trascienden a la violencia física, parece que nos hemos olvidado de las buenas maneras y del respeto al prójimo, de la conocida frase: “El respeto al derecho ajeno es la paz”.
La segregación tampoco ayuda, están los rudos y los técnicos, las que visten de morado y se pintan el cabello, las privilegiadas, los politiquillos, los mafiosos, los corruptos, los fanáticos, los que visten de negro, los austeros y los ostentosos, pero olvidamos que en esencia, todos somos iguales, que las formas de pensamiento y las ideologías son sólo eso: procesos mentales.
En tiempos de sismo y de pandemia, la solidaridad se hizo presente y el esbozo de una nueva forma de agrupación y colaboración comunitaria era posible; sin embargo, pasados los efectos del caos todo volvió a la normalidad. Sí, a esa terrible normalidad que nos afirma y reafirma que si el otro opina diferente es enemigo.
¿Hasta cuándo? Estar a favor de los rudos o técnicos sólo tiene sentido en un contexto de duelo arriba de un ring, en una pelea cuerpo a cuerpo. ¿Cuál es la razón para pelear? Más aún ¿Se consigue algo?
El equilibrio está justo en la capacidad de convivir con lo bueno y lo malo, no existe lo totalmente bueno ni lo totalmente malo, existen matices que hoy parecen no existir más.
La unión hace la fuerza, en tiempos de ruptura de paradigmas, estar aislado y pretender que la causa personal es lo único que importa, nos volverá débiles ante lo que nos depara el futuro. Es en comunidad que se puede hacer frente a los embates de la vida, si es que se piensa en el futuro, de lo contrario, el pensamiento se queda a nivel de un click y de pasar al siguiente contenido en la red social. ¡Nos leemos a la próxima!
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