PEDAGOGÍA DE LA MUERTE, NECESARIA Y RADICAL

La pedagogía de la muerte es una disciplina científica cuyo objetivo es el estudio de la educación que incluye la muerte como parte de la educación de la conciencia (De la Herrán G. 2020). ¿Es necesario incluir...

26 de abril, 2021

La pedagogía de la muerte es una disciplina científica cuyo objetivo es el estudio de la educación que incluye la muerte como parte de la educación de la conciencia (De la Herrán G. 2020). ¿Es necesario incluir la Pedagogía de la Muerte en la educación, en todos los niveles? La respuesta es sí. A continuación, se indican algunos datos que, sin más reflexión, alertan sobre el tema propuesto.

Algunas investigaciones comparten los efectos negativos que está teniendo el confinamiento en los niños y jóvenes respecto al tema educativo en particular y en la salud en lo general. Algunas investigaciones indican que se está viviendo una sindemia, es decir, varias pandemias: la de Covid-19, las enfermedades no tratadas y la social (Medina Mora, 2020), que incluyen la salud mental.

Dentro del ámbito educativo, existen datos que apoyan la necesidad de una reestructuración pedagógica (de forma y de fondo) y la inclusión de nuevos contenidos radicales y básicos para iniciar como paliativo, preventivo y recuperativo ante la crisis actual y las crisis posteriores a la existente. 

Datos presentados por UNICEF (2021) indican que las escuelas en México cerraron sus puertas el 23 de marzo de 2020 y no reabrirán hasta que el semáforo epidemiológico esté en verde.

De marzo de 2020 a febrero de 2021, las escuelas de México han permanecido cerradas durante 180 días, cifra superior al promedio en América Latina y el Caribe (158 días) y el doble de la estimación global (95 días), situación que además, coloca al país en octavo lugar entre los países donde las escuelas han permanecido cerradas por mayor tiempo.

El cierre prolongado afecta negativamente el proceso educativo de 25.4 millones de alumnos y alumnas de educación básica y 5.2 millones de estudiantes de educación media superior, resultando, entre otros, en un aumento en el riesgo de abandono escolar. Según resultados de la encuesta reciente del INEGI para la Medición del Impacto COVID-19 en la Educación 2020, 5.2 millones de personas entre 3 a 29 años no se inscribieron en el ciclo escolar de 2021-2020 por motivos relacionados a COVID-19 o por falta de recursos o dinero, lo que implica a niños/adolescentes en trabajos no permitidos o peligrosos.

Antes de la pandemia, ya existía una “crisis de aprendizaje”: casi el 80% de las niñas y niños mexicanos en primaria no alcanzaban los aprendizajes esperados en las áreas de comprensión lectora y matemáticas 

La encuesta del INEGI (2020) muestra que el 26.6% de los estudiantes dijo que uno de los motivos asociados a la COVID-19 para no inscribirse en el ciclo escolar es que “las clases a distancia son poco funcionales para el aprendizaje”, mientras que el 25,3% señaló que alguno de sus padres o tutores se quedaron sin trabajo y el 21,9% carece de computadora, otros dispositivos o conexión de internet. Las cifras muestran que más de 16 millones de hogares en México no tienen conexión, lo que indica la brecha digital que impide a millones de estudiantes acceder a contenido educativo en línea

El cierre de las escuelas también representó un gasto extra para las familias. El estudio revela que el 28,6% de las viviendas con población de 3 a 29 años que sí se inscribió en el ciclo escolar hizo un gasto adicional para comprar teléfonos inteligentes para que los estudiantes siguieran los cursos a distancia. Un 26.4% tuvo que contratar algún servicio de internet fijo y un 20.9% adquirió mobiliario “como sillas, mesas, escritorios o adecuar espacio para el estudio”.

Sin embargo, el 58.3% de los encuestados ha asegurado que “no se aprende o se aprende menos que de manera presencial” con los estudios desde casa, mientras que el 27% resiente la falta de seguimiento al aprendizaje de los alumnos y un 24% ha dicho que un problema es poca capacidad técnica o habilidad pedagógica de los padres o tutores para transmitir los conocimientos. Esto genera dinámicas difíciles y estresantes. Por ejemplo, un estudio del Dr. Fuentes (2021) indica que el castigo sigue siendo algo aceptable o necesario para gran parte de la población. El castigo que se usa en casa para presionar entrega en tiempo y tareas.

Otros factores:

  • Rezago educativo. Rezago de aprendizaje, acceso limitado.
  • Estrés, ansiedad, tristeza. No interacciones interpersonales con sus compañeros. 
  • Sin escuela se afecta el desarrollo cognitivo (principalmente pre escolar) y desarrollo físico. Baja nutrición, uso excesivo de la pantalla, sedentarismo, falta de sueño, sueño irregular.
  • Violencia familiar, el Informe anual de Unicef 2019 señaló que más del 63% de los niños han sufrido violencia en el hogar, para octubre del 2020 se presentaron 20 mil 590 denuncias. Eso quiere decir 664 hogares al día, 28 familias que vivieron un incidente de violencia cada hora., Se registraron 58 834 llamadas por violencia familiar; 19 742 por violencia de pareja, y 21 349 por violencia contra la mujer, es decir, 132 mujeres pidiendo ayuda cada hora, 102 241 denuncias por abuso sexual (49 diarias).
  • Cambio radical de la dinámica familiar, cambio en la dinámica familiar si se vive pérdida y/o enfermedad. Efectos emocionales frente a pérdidas, niños huérfanos, duelos no cerrados, duelos crónicos. Experiencia con la muerte directa o indirecta.
  • Aprende en casa: donde el encierro es agobiante, señala el Dr. Fuentes (2020) esto implica: 40% de niños pequeños no vacunados, donde el 48% de las familias viven en la economía informal, 11.5 millones de personas habitan viviendas con hacinamiento, 6.88 millones no tienen agua entubada en sus viviendas, 2.07 millones de personas no cuentan con drenaje, en 6.4 millones de viviendas no se recolecta basura y 935 mil hogares solo se comía una vez al día y a veces ninguna. 

Preparar a los niños para lo que van a vivir en un momento u otro a lo largo de toda su vida no es malo, es humano (Parra, B. s/f) educar para vivir la realidad de una manera plena y consciente de su ser, de su finitud; educar para cambiar la vida de cómo estamos educando es la asignatura pendiente.

La situación actual ha desarrollado el interés por la Pedagogía de la Muerte, que ya en algunos países –hace algunos años– se está trabajando desde lo teórico y lo práctico para incluir la muerte en la educación. Para hacerlo, dice de la Herrán (2020) es imprescindible considerar la educación que incluye a la muerte, junto con otros temas radicales, prácticamente inéditos (ego humano, el amor, la conciencia, el autoconocimiento, la meditación, la humanidad). Es un tema radical e incluyente. Uno de estos retos radicales es la conciencia de muerte y finitud; desde la perspectiva radical e inclusiva, si la educación se discerniese con mayor complejidad de conciencia, no se educaría para la vida, tal y como habitualmente se hace, por dos razones: porque normalmente se excluye a la muerte, y, si no se incluye a la muerte en la vida ¿sobre qué estaremos educando? Y porque la vida humana, tanto social como personal, es globalmente un desastre, parcialmente relacionado con la educación que se prodiga, continúa el autor, por tanto, tendría más sentido educar para cambiar la vida y hacerlo, además, radicalmente (De la Herrán, 2020)

 Radical también porque, como la educación sexual, al principio son temas tabúes, temas que se abordaban en otros ámbitos (cultural, familiar, religioso) y no en la educación/escuela. Es incluyente porque como tema transversal se debe incluir en la educación a través de la Didáctica de la Muerte “que se hace realidad a través del conocimiento y la comunicación desarrollada en contextos educativos, contemplados desde la perspectiva de la planificación y el currículo, la metodología didáctica, sus recursos, la evaluación, la investigación de la enseñanza-aprendizaje, la creatividad, la conciencia la (trans) formación del profesorado” (De la Herrán y Cortina, 2007). 

Siguiendo la Propuesta de Arnaiz (2003), la temática del sufrimiento en general y de la muerte en concreto puede enfocarse desde dos vertientes: una vertiente, que se llama Pedagogía del Duelo, que busca dar herramientas para minimizar el efecto de desconcierto que provoca la pérdida y el sufrimiento. Otra vertiente, que se llama Pedagogía de la Muerte, que facilita la conciencia de la muerte como una presencia llena la vida de sentido y de valor. Propone hacer evidente que la muerte no solo existe cuando perdemos a alguien. Esta vertiente, dice Arnaiz, exige la coherencia de hablar de la muerte cuando se habla de la vida porque una y otra pertenecen al mismo mapa conceptual (2003). Esta vertiente exige incluir la existencia humana en la conciencia de ciclos que el conocimiento hace evidentes: el ciclo del agua, el ciclo del día y de la noche, el ciclo de las estaciones… Esta vertiente, por último, exige poner sobre la mesa que la historia no acaba en el presente porque dentro de unos años esté presente también será historia (Arnaiz, 2003).

¿Cómo justificar, si no, la inaplazable educación para la sostenibilidad y el equilibrio ecológico sin evidenciar que lo que está en juego es la vida misma? Pregunta Arnaiz.

Ambas vertientes, la Pedagogía de la Muerte y la Pedagogía del Duelo, son complementarias. La Pedagogía de la Muerte, como la educación para la vida, como la educación sexual, como la educación para la paz…, afecta de lleno a la escuela. No corresponde únicamente a la escuela, pero la escuela debe integrarla. La Pedagogía del Duelo no es propia de la escuela; sin embargo, la escuela muchas veces tiene el deber de escuchar el sufrimiento. Cuando alguien sufre dentro de la escuela no podemos hacernos los sordos ni mirar hacia otro lado. Nos corresponde el deber de amigo: acompañar y apoyar (2003) y el deber de docente: acompañar, apoyar, desarrollar, concientizar, enseñar a amar la vida desde la finitud.

Indican Rodríguez, Herrán y Cortina en el valor formativo de la muerte para la evolución como ámbito perenne del ser humano, en la normalización de la muerte en la educación, en la intervención educativa paliativa o en el análisis de experiencias didácticas y de formación de profesorado (2012). Especialistas como Poch (2009), argumentan que abordar el tema de la muerte en la escuela no puede ser fruto de la improvisación. Por ello, son múltiples las propuestas, recursos o materiales diseñados para este fin y varios los autores (Colomo y Oña, 2014; Colomo, 2016; Cortina y Herrán, 2011; Feijoo y Pardo, 2003; Herrán y Cortina, 2009; Poch y Herrero, 2003) que destacan el papel del educador por su vínculo directo con el discente, tanto en el acompañamiento en las situaciones de duelo (trabajo paliativo) como en el proceso formativo para concienciar sobre la finitud humana (trabajo preventivo). La muerte forma parte de la vida y es una realidad que no puede quedar al margen del contexto pedagógico (Wass, 2004).

Los autores Herrán y Cortina (2008) invitan a pensar la pedagogía de la muerte o la didáctica de la muerte desde la conciencia sensible, de la otredad, con creatividad y técnica, basada en el incremento de la generosidad y conciencia aplicada al conocimiento de la situación, de uno mismo y del otro. No se refiere a implicar consejos para hacer, significa crear, en el proceso -en espiral- orientando, reflexionando, desde la otredad de la situación.

La Pedagogía de la Muerte abre el espacio a la reflexión desde lo más humano, desde la esencia del ser para comprender el mundo que habitamos y cómo lo estamos habitando.

REFERENCIAS:

Los datos estadísticos se pueden verificar en las siguientes referencias:

Areta, Itxaro (25 noviembre 2020), recuperado de:

https://www.animalpolitico.com/2020/11/octubre-rompe-record-de-violencia-familiar-hubo-mas-de-20-mil-denuncias-en-mexico/

Arnaiz V. (2003) Diez propuestas para una pedagogía de la muerte Aula de Infantil. Revista Aula de Infantil 12

Colomo, E. (2016). Pedagogía de la Muerte y proceso de duelo. Cuentos como recurso didáctico. REICE. Revista Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación, 14(2), 63-77. doi: http://dx.doi.org/10.15366/reice2016.14.2.004

Colomo, E. y Cívico, A. (2018). La necesidad de formación del profesorado en Pedagogía de la Muerte. Revista Electrónica Interuniversitaria de Formación del Profesorado, 21(1), 83-94. doi: http://dx.doi.org/10.6018/reifop.21.1.279961

Colomo, E. y Oña, J.M. (2014). Pedagogía de la Muerte. Las canciones como recurso didáctico. REICE. Revista Iberoamericana sobre Calidad, Eficacia y Cambio en Educación, 12(3), 109-121. Disponible en: http://www.redalyc.org/articulo.oa?id=55131318007

De la Herrán (2020) La Pedagogía de la Muerte en el contexto de la Pandemia; una mirada radical e inclusiva. Revista Educare, Volumen 24, Suplemento especial 2020, 1-4

De la Herrán y Cortina M. (2007) Fundamentos para una Pedagogía de la Muerte. Revista Iberoamericana de Educación, 41 (2), 1-12

      -(2008) La Práctica del acompañamiento educativo desde la tutoría en situaciones de duelo. Tendencias Pedagógicas, 13, 157-173.

INEGI (2020). Panorama sociodemográfico de México. Censo de población y vivienda 2020. México: autor.

INEGI (2020). Censo de Población y Vivienda 2020. Tabulados del Cuestionario Básico. Disponible en: https://www.inegi.org.mx/programas/ccpv/2020/default.html#Tabulados

ttps://elpais.com/mexico/2021-03-23/la-pandemia-deja-a-cinco-millones-de-estudiantes-fuera-de-la-escuela-en-mexico.html

Medina Mora, Fuentes M.L. (octubre, 27,2020) Webinar: Pandemia COVID-19 y salud Mental. Academia Nacional de Medicina de México.

Parra B (2017) la pedagogía de la muerte en el ámbito escolar. Trabajo final de grado, universidad de Navarra

Poch, C. y Herrero, O. (2003). La muerte y el duelo en el contexto educativo. Barcelona: Paidós

Rodríguez, P., Herrán, A. y Cortina, M. (2012). Antecedentes de Pedagogía de la Muerte en España. Enseñanza & Teaching. Revista Interuniversitaria de Didáctica, 30(2), 175-195.

UNICEF 2021: COVID-19 and School Closures: One year of Education Disruption. https://data.unicef.org/resources/one-year-of-covid-19-and-school-closures/

Wass, H. (2004). A Perspective on the Current State of Death Education. Death Studies, 28(4), 289-308. doi: https://doi.org/10.1080/07481180490432315

 

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hace apenas un mes, el no menos dramático acontecimiento en una secundaria de Iztapalapa… No podemos negar, que, si bien antes de la pandemia ya existía gran preocupación entre padres de familia, docentes y personal administrativo de los colegios por la violencia (accidental o premeditada) dentro de los planteles, después del confinamiento, la atención prestada a este asunto de tanta importancia para la seguridad de todos, debe ser aún mayor. La punta del iceberg… La escuela es mejor en la escuela y es un hecho innegable para todos que el regreso a las clases presenciales es lo mejor que pudo suceder para restablecer el bienestar integral de nuestros niños y jóvenes. No obstante, hoy, que llevamos ya varias semanas de clases efectivas, nos encontramos con que, más allá de preocuparnos por el rezago académico, el foco debe centrarse en recuperar, atender y fortalecer su estabilidad emocional. Hoy ya tenemos un panorama claro de cómo están regresando: percibimos los miedos y angustias no digeridos, percibimos las emociones desbordadas, nos damos cuenta de la dificultad para reencontrar su lugar y, lo que es más importante, somos testigos de la agresividad que los invade (producto de esos mismos miedos, ansiedades, tristezas y aislamiento que no están sabiendo expresar o manejar adecuadamente). La realidad es que si no actuamos ya y lo hacemos bien, esto sólo será la punta de un iceberg que irá emergiendo lentamente para mostrarnos que las pérdidas que la pandemia dejó no sólo deben medirse en términos de vidas humanas o crisis económicas. Mochila segura: lo más importante es identificar qué “cargan” nuestros hijos Aunque el programa mochila segura surgió como un esfuerzo de prevención ante posibles actos de violencia en las escuelas durante el gobierno de Calderón, luego fue suspendido en el periodo de Peña por diversas causas y hoy aún no ha sido reactivado (a pesar de las peticiones de padres de familia y de una real necesidad de retomarlo, al menos por un tiempo). Lo cierto es que el verdadero origen de estas situaciones no está en lo que niños o jóvenes puedan llevar en la mochila, sino en todo lo que cargan a nivel emocional, psicológico y espiritual (de más estar volver a mencionar que es ahora, como nunca antes, cuando sus “mochilas emocionales” están sobrepasadas por todo lo vivido). Lo más importante de esto es que con programa de revisión de mochilas o no, hoy las escuelas y, de manera aún más significativa, las familias, debemos hacernos responsables, partiendo de la certeza de que un niño emocionalmente sano, no llena su mochila de objetos de riesgo; de que el primer filtro de precaución se encuentra en casa; y de que las cosas no pasan por casualidad, sino que son consecuencia de muchos factores que, en su mayoría, se pueden prevenir. Focos rojos… ¿Cómo detectarlos? Hay diversas señales que nuestros hijos nos envían cuando algo no está bien en su universo: conductas o comportamientos fuera de lo normal, actitudes violentas o de indiferencia, cambios en sus hábitos o intereses. Situaciones que pueden ser realmente alarmantes o en ocasiones tan sutiles que es casi imposible notarlas. Lo importante es que nuestros vínculos con ellos sean fuertes que esos indicadores, señales, y conductas o factores de riesgo, nunca pasen desapercibidos. ¡Observar, observar y observarlos más! Algunas de estas señales son:
  1. Comportamientos extraños, cambio de rutinas, alteraciones de hábitos alimenticios o de sueño.
  2. Abandono de amistades o intereses (por ejemplo un hobbie o deporte que antes disfrutaban mucho).
  3. Aislamiento y adicción a videojuegos violentos.
  4. Maltrato a los demás, comúnmente a hermanos o amigos.
  5. En casos más graves, manifestaciones de crueldad hacia seres más vulnerables.
  6. Constante búsqueda de situaciones de peligro o de conductas de alto riesgo.
  7. Búsqueda de “información” o material inadecuado en internet o redes sociales.
  8. Fracaso o deserción escolar.
  ¿Cómo saber cuál es la causa? Son muchas las razones que pueden desencadenar estos graves problemas en nuestros hijos, pero definitivamente el factor clave en la mayoría de los casos es que ellos se sienten “invisibles”, por ello es de vital importancia hacerles saber que siempre estamos para ellos, que tenemos tiempo y voluntad para escucharlos, que son importantes para nosotros y que, sin importar qué, su casa y su colegio son los lugares más seguros que pueden encontrar. Otras causas importantes son:
  • Rechazo afectivo.
  • Sentimientos de abandono o de soledad.
  • Falta de atención.
  • Falta de límites.
  • Carencia de un modelo a seguir.
  • Cero tolerancia a la frustración.
  • Exceso de uso de redes sociales, videojuegos y/o plataformas de streaming como YouTube, Netflix o Prime.
  • Exceso de bienes materiales de acuerdo a su edad.
  • Familias ausentes (por negligencia o descuido).
  • Familias y/o amistades tóxicas (con altos grados de violencia, abuso físico o emocional, maltrato, adicciones o autodestructivas).
  ¿Cómo solucionarlo? Afortunadamente, así como son muchas las causas que encontramos, también son muchos los factores de prevención, protección y/o solución a estas preocupantes conductas, es por eso que es importante que como padres, seamos constantes y amorosos y llevemos a cabo las siguientes estrategias:  
  • Hacer saber a nuestros hijos que son amados, vistos, escuchados y tomados en cuenta a cada momento, manteniendo una comunicación abierta y efectiva con ellos. Hablar menos y escucharlos más.
  • Promover la convivencia familiar sana, buscando actividades que todos disfruten y brindando tiempo de calidad.
  • Construir y fortalecer vínculos de amor y confianza con ellos.
  • Acompañarlos en cada parte de su desarrollo físico y emocional (identificando las características de cada etapa para poder notar cualquier indicador fuera de lo común).
  • Conocer a sus amigos (incluyendo sus familias y valores) y procurar que pasen tiempo en espacios seguros (de ser posible nuestro propio hogar).
  • Evitar cualquier tipo de violencia en casa.
  • Hacerlos responsables de sus cosas y de su persona (aunque no debemos dejar de revisar sus cosas y espacios de vez en cuando).
  • Limitar el uso de dispositivos (no darles más que lo que de verdad sea necesario), establecer reglas para el uso de la tecnología y supervisar continuamente el uso de redes sociales, internet, videojuegos y plataformas de streaming.
  • No darles más dinero en efectivo del que necesitan.
  • Recordar que la revisión de mochila empieza desde casa (estar pendientes de que por ningún motivo tengan drogas, vapes, alcohol, pornografía, ni mucho menos acceso a armas blancas o de fuego (incluyendo de diábolos, balines o de imitación).
  Prevención=Bienestar Ser conscientes de lo que cargan nuestros hijos y alumnos es importante, pero lograr que esa carga sea ligera y (aún mejor) sana, lo es aún más. Estemos ahí para ellos, conozcámoslos y observémoslos, educando desde valores que los hagan fuertes, trabajando en una alianza casa-colegio que les de seguridad y estableciendo límites amorosos que les den la certeza de lo que se espera de ellos. ¿Queremos seres humanos íntegros, éticos, morales, conscientes, asertivos y responsables de sus acciones?  Empecemos ya a llenar sus “mochilas” de contención emocional, acompañamiento, guía, ejemplo, confianza y amor por sí mismos, por los que los rodean, por su país y por el mundo. ¡ Conócenos ya y descubre por qué nos distinguimos por ofrecer la amalgama perfecta entre excelencia educativa, innovación tecnológica y desarrollo socioemocional!          " ["post_title"]=> string(69) "Mochila segura: ¿sabemos realmente qué “cargan” nuestros hijos?" 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Han pasado ocho años desde aquél inesperado inicio como columnista semanal y me alegra haber leído las palabras de Eduardo después de una larga pausa por la defunción de mi padre: “Vuelve a escribir” y sí, regresé a la escritura, lo cual agradezco profundamente porque al igual que la danza, escribir requiere de disciplina y a la vez nos vuelve disciplinados y comprometidos. Puede ser que parezca que estoy divagando y puede que realmente sea así como en una coreografía contemporánea en la que el cuerpo sigue el compás de la música realizando movimientos que parecen extraños pero que están contando una historia con sus pausas, sus largos y sus cortos así como es la vida: a veces precipitada, otras rutinaria pero siempre en movimiento. La danza ha sido parte de mi vida desde siempre, tengo recuerdos muy claros de mí siendo apenas una niña bailando, bailando, bailando; aprendí a hacerlo a muy corta edad (todos en la familia por línea materna fueron bailadores) y siendo la última generación familiar aprendí casi todos los ritmos. Con los años llegué a la disciplina de la danza por mandato escolar en el primer grado escolar de secundaria y ahí ocurrió el click porque desde entonces, la danza se convertiría como en un amante secreto al que disfruté por muchos años casi en secreto y sin expresar a mil voces mi pasión porque sí, una no puede negar que se educó en una familia tradicionalista y la danza no era bien vista, el deber ser mandaba que debía estudiar “algo más productivo” y olvidarme de todo ese ambiente que me fascinaba y que ocupó mi mente 24 por 7 durante al menos 6 años, tiempo durante el cual vi decenas de presentaciones dancísticas, leí diversos textos, aprendí de técnicas y coreografías, monté coreografías infantiles para festivales escolares, pisé escenarios, realicé cambios de vestuario, me peiné de trenzas y chongos altos y sentía la emoción desbordar mi ser cuando la música empezaba a sonar y mis pies sólo seguían el ritmo como si de un extraño hechizo se tratara. Entonces no existía nada ni nadie más, solo la música y el movimiento de mi cuerpo. Es por demás aclarar que no fui bailarina profesional y aunque por mucho tiempo el sentimiento respecto a la danza fue un tanto nostálgico, con el paso del tiempo se ha convertido en un pretendiente que de vez en cuando sale a mi encuentro y me guiña el ojo, entonces en lo más profundo de mí una vocecita me dice: “Has de regresar a la danza. No morirás sin volver a pisar un escenario.” Y sé que así será porque no hay límites. De cara a la realidad se hace necesario recordar que no se vive de ser bailarina profesional, a menos que el ímpetu sea tal que se recorra el mundo aprendiendo y buscando un lugar en las mejores compañías dancísticas, lo cual tiene fecha de caducidad porque el tiempo de mayor esplendor para los bailarines termina alrededor de los 30 ó 35 años y después de ese tiempo no queda más que la docencia.     Sé que no se puede regresar el tiempo y por ello es que esta colaboración pretende invitar al movimiento y a sembrar en quienes elijan la danza como profesión una semillita de pasión y amor tales que no claudiquen en el camino porque la danza es no sólo una de #laspequeñascosas que deberían ser obligatorias en la vida sino una forma de autoconocimiento, de reconocimiento, de disciplina, de colectividad, de pertenencia, de tradición y principalmente, de amor; se requiere de mucho amor para entregar el alma en un movimiento y proyectar en cada coreografía la esencia humana. A manera de colofón: del francés danser = bailar, la danza es una manifestación artística que ha evolucionado con el paso del tiempo desde la época de la prehistoria cuyos vestigios se encuentran en las pinturas rupestres como una forma de comunicación a través del movimiento. En su origen se le asocia más con los rituales hasta llegar a las expresiones estilizadas del ballet clásico. El 29 de abril es el Día Internacional de la Danza, se conmemora desde 1982 por la iniciativa del Consejo Internacional de la Danza de UNESCO, se eligió este día por ser el natalicio de Jean-Georges Noverre, innovador y estudioso de este arte, maestro y creador del ballet moderno.   " ["post_title"]=> string(26) "Las pequeñas cosas: danse" ["post_excerpt"]=> string(116) "Se requiere de mucho amor para entregar el alma en un movimiento y proyectar en cada coreografía la esencia humana." 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La punta del iceberg… La escuela es mejor en la escuela y es un hecho innegable para todos que el regreso a las clases presenciales es lo mejor que pudo suceder para restablecer el bienestar integral de nuestros niños y jóvenes. No obstante, hoy, que llevamos ya varias semanas de clases efectivas, nos encontramos con que, más allá de preocuparnos por el rezago académico, el foco debe centrarse en recuperar, atender y fortalecer su estabilidad emocional. Hoy ya tenemos un panorama claro de cómo están regresando: percibimos los miedos y angustias no digeridos, percibimos las emociones desbordadas, nos damos cuenta de la dificultad para reencontrar su lugar y, lo que es más importante, somos testigos de la agresividad que los invade (producto de esos mismos miedos, ansiedades, tristezas y aislamiento que no están sabiendo expresar o manejar adecuadamente). La realidad es que si no actuamos ya y lo hacemos bien, esto sólo será la punta de un iceberg que irá emergiendo lentamente para mostrarnos que las pérdidas que la pandemia dejó no sólo deben medirse en términos de vidas humanas o crisis económicas. Mochila segura: lo más importante es identificar qué “cargan” nuestros hijos Aunque el programa mochila segura surgió como un esfuerzo de prevención ante posibles actos de violencia en las escuelas durante el gobierno de Calderón, luego fue suspendido en el periodo de Peña por diversas causas y hoy aún no ha sido reactivado (a pesar de las peticiones de padres de familia y de una real necesidad de retomarlo, al menos por un tiempo). Lo cierto es que el verdadero origen de estas situaciones no está en lo que niños o jóvenes puedan llevar en la mochila, sino en todo lo que cargan a nivel emocional, psicológico y espiritual (de más estar volver a mencionar que es ahora, como nunca antes, cuando sus “mochilas emocionales” están sobrepasadas por todo lo vivido). Lo más importante de esto es que con programa de revisión de mochilas o no, hoy las escuelas y, de manera aún más significativa, las familias, debemos hacernos responsables, partiendo de la certeza de que un niño emocionalmente sano, no llena su mochila de objetos de riesgo; de que el primer filtro de precaución se encuentra en casa; y de que las cosas no pasan por casualidad, sino que son consecuencia de muchos factores que, en su mayoría, se pueden prevenir. Focos rojos… ¿Cómo detectarlos? Hay diversas señales que nuestros hijos nos envían cuando algo no está bien en su universo: conductas o comportamientos fuera de lo normal, actitudes violentas o de indiferencia, cambios en sus hábitos o intereses. Situaciones que pueden ser realmente alarmantes o en ocasiones tan sutiles que es casi imposible notarlas. Lo importante es que nuestros vínculos con ellos sean fuertes que esos indicadores, señales, y conductas o factores de riesgo, nunca pasen desapercibidos. ¡Observar, observar y observarlos más! Algunas de estas señales son:
  1. Comportamientos extraños, cambio de rutinas, alteraciones de hábitos alimenticios o de sueño.
  2. Abandono de amistades o intereses (por ejemplo un hobbie o deporte que antes disfrutaban mucho).
  3. Aislamiento y adicción a videojuegos violentos.
  4. Maltrato a los demás, comúnmente a hermanos o amigos.
  5. En casos más graves, manifestaciones de crueldad hacia seres más vulnerables.
  6. Constante búsqueda de situaciones de peligro o de conductas de alto riesgo.
  7. Búsqueda de “información” o material inadecuado en internet o redes sociales.
  8. Fracaso o deserción escolar.
  ¿Cómo saber cuál es la causa? Son muchas las razones que pueden desencadenar estos graves problemas en nuestros hijos, pero definitivamente el factor clave en la mayoría de los casos es que ellos se sienten “invisibles”, por ello es de vital importancia hacerles saber que siempre estamos para ellos, que tenemos tiempo y voluntad para escucharlos, que son importantes para nosotros y que, sin importar qué, su casa y su colegio son los lugares más seguros que pueden encontrar. Otras causas importantes son:
  • Rechazo afectivo.
  • Sentimientos de abandono o de soledad.
  • Falta de atención.
  • Falta de límites.
  • Carencia de un modelo a seguir.
  • Cero tolerancia a la frustración.
  • Exceso de uso de redes sociales, videojuegos y/o plataformas de streaming como YouTube, Netflix o Prime.
  • Exceso de bienes materiales de acuerdo a su edad.
  • Familias ausentes (por negligencia o descuido).
  • Familias y/o amistades tóxicas (con altos grados de violencia, abuso físico o emocional, maltrato, adicciones o autodestructivas).
  ¿Cómo solucionarlo? Afortunadamente, así como son muchas las causas que encontramos, también son muchos los factores de prevención, protección y/o solución a estas preocupantes conductas, es por eso que es importante que como padres, seamos constantes y amorosos y llevemos a cabo las siguientes estrategias:  
  • Hacer saber a nuestros hijos que son amados, vistos, escuchados y tomados en cuenta a cada momento, manteniendo una comunicación abierta y efectiva con ellos. Hablar menos y escucharlos más.
  • Promover la convivencia familiar sana, buscando actividades que todos disfruten y brindando tiempo de calidad.
  • Construir y fortalecer vínculos de amor y confianza con ellos.
  • Acompañarlos en cada parte de su desarrollo físico y emocional (identificando las características de cada etapa para poder notar cualquier indicador fuera de lo común).
  • Conocer a sus amigos (incluyendo sus familias y valores) y procurar que pasen tiempo en espacios seguros (de ser posible nuestro propio hogar).
  • Evitar cualquier tipo de violencia en casa.
  • Hacerlos responsables de sus cosas y de su persona (aunque no debemos dejar de revisar sus cosas y espacios de vez en cuando).
  • Limitar el uso de dispositivos (no darles más que lo que de verdad sea necesario), establecer reglas para el uso de la tecnología y supervisar continuamente el uso de redes sociales, internet, videojuegos y plataformas de streaming.
  • No darles más dinero en efectivo del que necesitan.
  • Recordar que la revisión de mochila empieza desde casa (estar pendientes de que por ningún motivo tengan drogas, vapes, alcohol, pornografía, ni mucho menos acceso a armas blancas o de fuego (incluyendo de diábolos, balines o de imitación).
  Prevención=Bienestar Ser conscientes de lo que cargan nuestros hijos y alumnos es importante, pero lograr que esa carga sea ligera y (aún mejor) sana, lo es aún más. Estemos ahí para ellos, conozcámoslos y observémoslos, educando desde valores que los hagan fuertes, trabajando en una alianza casa-colegio que les de seguridad y estableciendo límites amorosos que les den la certeza de lo que se espera de ellos. ¿Queremos seres humanos íntegros, éticos, morales, conscientes, asertivos y responsables de sus acciones?  Empecemos ya a llenar sus “mochilas” de contención emocional, acompañamiento, guía, ejemplo, confianza y amor por sí mismos, por los que los rodean, por su país y por el mundo. ¡ Conócenos ya y descubre por qué nos distinguimos por ofrecer la amalgama perfecta entre excelencia educativa, innovación tecnológica y desarrollo socioemocional!          " ["post_title"]=> string(69) "Mochila segura: ¿sabemos realmente qué “cargan” nuestros hijos?" ["post_excerpt"]=> string(137) "Alejandra Ruiz nos comparte la importancia de detectar las señales de malestar en los estudiantes en este regreso a clases presenciales." ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(58) "mochila-segura-sabemos-realmente-que-cargan-nuestros-hijos" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2022-04-29 12:14:06" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2022-04-29 17:14:06" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=78361" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(18) ["max_num_pages"]=> float(9) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "b2329955fca91b3fb43ec5858cf0d118" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

Mochila segura: ¿sabemos realmente qué “cargan” nuestros hijos?

Alejandra Ruiz nos comparte la importancia de detectar las señales de malestar en los estudiantes en este regreso a clases presenciales.

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Las pequeñas cosas: danse

Se requiere de mucho amor para entregar el alma en un movimiento y proyectar en cada coreografía la esencia humana.

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