Lunes, inicio de mes, sol, lluvia y agitación social por todas partes. Todos corriendo hacia una meta en particular o en general, si hablamos de sobrevivencia.
El pasado lunes 25 de mayo, las redes explotaron con la publicación de la carta encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV, para conocer su contenido basta con hacer click en el enlace. El debate se mantuvo presente en todos los medios, los memes surgieron por montones, el documento se hizo viral, pero ¿Qué hay en el fondo? ¿Cuál es el otro mensaje además del que se puede leer en el texto de referencia? La iglesia católica hace un llamado a la humanidad en estricto apego a la religión católica; sin embargo, ha ganado la empatía incluso de los ateos, lo cual significa un logro en términos políticos.
El documento no descubre ningún hilo negro, pero es oportuno en tiempos de incertidumbre, caos, violencia y falta de esperanza en el futuro. Digamos que es el momento más oscuro en este momento de la historia y la encíclica llega como un faro de luz.
Lo que se lee, obliga a revisar la filosofía griega clásica por sus coincidencias de pensamiento con Platón (el bien, la verdad y la belleza) y Aristóteles, al centrarse en la dignidad humana y considerar a la tecnología como un instrumento al servicio de la comunidad. Por otro lado, pone el dedo en el renglón al considerar al ser humano en su dimensión frágil y limitada lo cual permite el cuidado, la templanza y la justicia entre la humanidad, en lugar de mirarnos en una dimensión robótica omnipotente. Es un llamado a la toma de conciencia, al sentido de la vida como lo escribió Víctor E. Frankl.
Entre los muchos análisis, resalta la idea de una IA que contribuya a que la vida sea más humana y no más eficiente en términos de enfocar la mirada sí y sólo sí en la productividad mal entendida que deriva en el consumo excesivo e indiscriminado y propone, una IA que ayude al desarrollo humano de cara a una tecnología que insiste en reducirnos a ser el medio que la alimente.
Este espacio ha propuesto desde su origen voltear la mirada a las pequeñas cosas, se escribe desde lo cotidiano y de manos de una ciudadana de a pie. No incluye datos estadísticos, no hace disertaciones especializadas ni se ha viralizado porque se trata de lo común, de lo que nos atraviesa como humanidad y sobrevivientes de una pandemia. Eso que está a simple vista y que nadie parece mirar en realidad. “Nacer tiene su tiempo, morir tiene su tiempo, matar tiene su tiempo, sanar tiene su tiempo, llorar tiene su tiempo, reír tiene su tiempo, buscar tiene su tiempo, callar tiene su tiempo, hablar tiene su tiempo, amar tiene su tiempo, soñar tiene su tiempo, odiar tiene su tiempo. Los hombres están cada vez más aturdidos y no pueden escuchar nuestro mensaje. Somos los mensajeros que acercan a los que están lejos. El mensaje es el amor.” (Fragmento de diálogo del filme “¡Tan lejos, tan cerca!” – Wim Wenders, Alemania, 1993)
¿Seremos capaces de salvar lo que nos queda de humanidad o sucumbiremos a manos de una IA que nos utiliza como medio para alimentarse y empoderarse, aunque no pueda igualarnos? ¿La esencia humana es nuestra virtud o nuestra debilidad? ¡Nos leemos a la próxima!
Elizabeth Cruz Ramírez
VIVIR MEJOR
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“And if you look, you look through me. And when you talk, you talk at me. And when I touch you, you don’t feel a thing.” – Faraway, so close! / U2
Lunes, inicio de mes, sol, lluvia y agitación social por todas partes. Todos corriendo hacia una meta en particular o en general, si hablamos de sobrevivencia.
El pasado lunes 25 de mayo, las redes explotaron con la publicación de la carta encíclica Magnifica Humanitas del Papa León XIV, para conocer su contenido basta con hacer click en el enlace. El debate se mantuvo presente en todos los medios, los memes surgieron por montones, el documento se hizo viral, pero ¿Qué hay en el fondo? ¿Cuál es el otro mensaje además del que se puede leer en el texto de referencia? La iglesia católica hace un llamado a la humanidad en estricto apego a la religión católica; sin embargo, ha ganado la empatía incluso de los ateos, lo cual significa un logro en términos políticos.
El documento no descubre ningún hilo negro, pero es oportuno en tiempos de incertidumbre, caos, violencia y falta de esperanza en el futuro. Digamos que es el momento más oscuro en este momento de la historia y la encíclica llega como un faro de luz.
Lo que se lee, obliga a revisar la filosofía griega clásica por sus coincidencias de pensamiento con Platón (el bien, la verdad y la belleza) y Aristóteles, al centrarse en la dignidad humana y considerar a la tecnología como un instrumento al servicio de la comunidad. Por otro lado, pone el dedo en el renglón al considerar al ser humano en su dimensión frágil y limitada lo cual permite el cuidado, la templanza y la justicia entre la humanidad, en lugar de mirarnos en una dimensión robótica omnipotente. Es un llamado a la toma de conciencia, al sentido de la vida como lo escribió Víctor E. Frankl.
Entre los muchos análisis, resalta la idea de una IA que contribuya a que la vida sea más humana y no más eficiente en términos de enfocar la mirada sí y sólo sí en la productividad mal entendida que deriva en el consumo excesivo e indiscriminado y propone, una IA que ayude al desarrollo humano de cara a una tecnología que insiste en reducirnos a ser el medio que la alimente.
Este espacio ha propuesto desde su origen voltear la mirada a las pequeñas cosas, se escribe desde lo cotidiano y de manos de una ciudadana de a pie. No incluye datos estadísticos, no hace disertaciones especializadas ni se ha viralizado porque se trata de lo común, de lo que nos atraviesa como humanidad y sobrevivientes de una pandemia. Eso que está a simple vista y que nadie parece mirar en realidad. “Nacer tiene su tiempo, morir tiene su tiempo, matar tiene su tiempo, sanar tiene su tiempo, llorar tiene su tiempo, reír tiene su tiempo, buscar tiene su tiempo, callar tiene su tiempo, hablar tiene su tiempo, amar tiene su tiempo, soñar tiene su tiempo, odiar tiene su tiempo. Los hombres están cada vez más aturdidos y no pueden escuchar nuestro mensaje. Somos los mensajeros que acercan a los que están lejos. El mensaje es el amor.” (Fragmento de diálogo del filme “¡Tan lejos, tan cerca!” – Wim Wenders, Alemania, 1993)
¿Seremos capaces de salvar lo que nos queda de humanidad o sucumbiremos a manos de una IA que nos utiliza como medio para alimentarse y empoderarse, aunque no pueda igualarnos? ¿La esencia humana es nuestra virtud o nuestra debilidad? ¡Nos leemos a la próxima!
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