Es domingo, día de guardar y tal como lo escribí hace una década, se hace necesario pasar de lo fast a lo slow aunque la misión se complique más cada día en medio de la hiper estimulación visual y auditiva en la que vivimos cotidianamente tanto en la realidad como en la virtualidad. Difícil es concentrarse en escribir mientras los vecinos de todas las direcciones contiguas al departamento que habito se empeñan en realizar actividades ruidosas: martillar, escuchar música con alto volumen, dejar ladrar al perro, golpear, gritar, entre otros. Parece que la convivencia sana y civilizada se ha esfumado, que nadie sabe lo que ello significa o que, simplemente es una utopía en una sociedad neurótica.
Quizá por ello es que las experiencias sensoriales se están convirtiendo en una excelente opción para “desconectar” del ruido visual y auditivo. Actividades como el senderismo, el ciclismo de montaña, la meditación al aire libre, las actividades manuales o el teatro, nos obligan a permanecer en tiempo presente sin distractores y nos alejan del cansancio que produce la agitada vida “civilizada” en la que estamos inmersos. Producir, producir y más producir quizá hasta alcanzar el sin sentido.
Para no complicarnos con temas filosóficos o existencialistas me limitaré a decir que, la paz y la tranquilidad originadas en el brevísimo momento de abstracción cuando nos centramos en lo que perciben nuestros sentidos, transforma todo en nuestro sistema nervioso, mente y cuerpo. Lejos de la sobre estimulación, el cuerpo se relaja y entonces llega la lucidez, se abre el espacio necesario para sentir más allá de permanecer en la mente y percibir lo que pasa en nuestro entorno y es entonces que, llega la oportunidad para decidir desde un momento de calma y no desde el estrés.
Escribir a mano es una habilidad que se aleja cada vez más de nuestro cotidiano, hacerlo en la computadora simplifica tiempo, pero requiere concentración y hoy, de cara al exceso de ruido ambiental concentrarse parece un lujo por el cual tendremos que pagar en muy breve tiempo, porque eso será más simple que pedir a los vecinos ruidosos que consideren que habitan en un condominio y no, en una mansión con metros y metros de separación entre una y otra. ¡Nos leemos a la próxima!
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