8 de marzo: ¿cómo lo conmemoramos?

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2 de marzo, 2021

 

 

8 de marzo: ¿cómo lo conmemoramos?

En 1975 cursaba yo el tercer año de la carrera de Medicina, y el 8 de marzo era un día muy importante: cumpleaños de mi mejor amiga que, para mi buena fortuna, lo sigue siendo hasta ahora. Por vez primera celebrarían en la facultad el Día Internacional de la Mujer, que acababa de decretar la ONU.  Sin mucho por escarbar, celebré por partida doble: el cumpleaños de mi mejor amiga y el Día de la Mujer. Ya más adelante, al investigar, me topé con una realidad que indicaba que no era una fecha precisamente para hacer fiesta.  El Día Internacional de la Mujer tenía un origen trágico que todos estamos en obligación de conocer.

Remontándonos en tiempo, a los antecedentes de lo que voy a relatar, hay un personaje que me resulta glorioso, a pesar de que tuvo un final terrible en la guillotina y, para acabarla de torcer, con el desconocimiento público de su hijo único. Se trata de Olympe de Gouges, una activista francesa que tuvo la valentía —estamos hablando de finales del siglo XVIII— de hacer pública lo que ella llamó la “Declaración de los derechos de la mujer y la ciudadana”, como réplica a la recién promulgada “Declaración de los derechos del hombre”, producto final de la Revolución, con lo que Europa transitó del Medioevo a la Edad Contemporánea. Ejecutaron a Olympe a finales del siglo XVIII, y los siguientes 100 años poco ocurrió con la defensa de la mujer, si acaso  brotes aislados en demanda de mejores condiciones laborales para trabajadores de ambos sexos y de todas edades.  

En el caso de los derechos de la mujer hubo una marcha importante el 8 de marzo de 1857 en Nueva York, por parte de las trabajadoras de la industria textil para exigir mejores condiciones de trabajo. A partir de ello se integró el primer sindicato de trabajadoras textiles en Norteamérica.  Y hacia  1908 se organizó una  movilización histórica  de 15 000 mujeres para exigir seguridad personal y económica, bajo el lema de “Pan y rosas”. Así llegamos a marzo de 1911, en un suburbio de Nueva York: En los últimos tres pisos de un edificio de 10 se asentaba la fábrica de blusas femeninas denominada “Triangle Shirtwaist Factory”. En ella laboraban ese día 600 trabajadores, en su gran mayoría mujeres, entre 14 y 43 años, fundamentalmente inmigrantes indocumentadas, sin dominio de la lengua inglesa. Cubrían horarios laborales, entre semana de 12 horas y el fin de semana de siete horas.  Los salarios rondaban a lo que hoy en día correspondería a un promedio de tres a seis dólares por hora. Los dueños de la compañía eran unos señores de apellidos Blanck y Harris quienes, según veremos más adelante, cuidaban por encima de todo su dinero. Las condiciones del área física tenían grandes fallas de seguridad: no contaban con el número de extinguidores requerido; de los cuatro elevadores que conducían a esos pisos, solo uno funcionaba debidamente; de las dos escaleras internas, una estaba clausurada, para evitar robos. La escalera exterior para incendios era demasiado angosta.  Las autoridades ya  habían señalado la necesidad de mejorar las condiciones de seguridad, pero los dueños hicieron caso omiso. Los trabajadores organizaron una huelga en demanda de mejores condiciones, misma que los patrones consiguieron abortar, con apoyo de la policía local.  

Así llegamos al 25 de marzo de 1911, cuando se inició un incendio en una de las áreas de producción.  Alguno de los supervisores intentó sofocarlo con una manguera de agua, misma que se torció, bloqueando el flujo del líquido, haciendo que la presión de la parte proximal de la manguera llevara a que ésta se desprendiera de su base, la cual se hallaba oxidada por falta de mantenimiento. Llegaron los bomberos; la escalerilla de su máquina alcanzaba hasta el séptimo piso, uno por debajo del siniestrado.  A un mismo tiempo los bomberos desplegaron una red, instando a las mujeres a lanzarse a ella; a la primera de cambios se lanzaron tres obreras a la vez, rompiéndola.  Las trabajadoras buscaban escapar por la única escalera interna útil, formando una avalancha en su precipitación, a su vez las que intentaron bajar por el elevador eran tantas, que la caja se desprendió y cayó por el cubo.  Algunas más intentaron por la escalera para incendio, misma que para ese momento, por efecto de las altas temperaturas comenzó a desprenderse del muro.  Ya en su desesperación, las últimas intentaron salvarse del fuego lanzándose al vacío, ya por el cubo del elevador, ya por las ventanas a la calle.  De todo el personal en aquellos pisos, solo unos cuantos salieron ilesos. La cuenta siniestra fue de 123 mujeres y 23 hombres fallecidos, algunos quemados, otros aplastados, politraumatizados por la caída o asfixiados por gases.  Los dueños, Blanck y Harris y unos cuantos trabajadores, escaparon por la azotea de su edificio  al edificio adjunto.  A la compañía le fue fijada una multa de 20 dólares por cada trabajador herido o muerto, monto que pagaron sin problema, pues  la aseguradora los indemnizó con 400 dólares por cada evento. 

Ese terrible episodio en la historia norteamericana llevó a instituir el Día Internacional de la Mujer por parte de la ONU.  Para 1948, cuando se funda la Organización al término de la Segunda Guerra Mundial, las condiciones laborales habían mejorado en el mundo, pero es hasta 1975 cuando la fecha se oficializa.  Dato curioso, en los EEUU se reconoce la fecha casi 20 años después, hasta 1994, cuando el “edificio café”, nombre con el que era conocido el inmueble siniestrado, se modificó para levantar un memorial para recordar los sucesos.  Existen todavía muchas asignaturas pendientes, pero eso sí, cada 8 de marzo, cuando a las mujeres  nos quieran “felicitar” por nuestro día, invitemos a la reflexión, a honrar la memoria de quienes perdieron la vida en la lucha por mejores condiciones laborales para nosotras.




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Sin duda alguna, se modificaron las dinámicas familiares, impactando de manera directa la convivencia diaria y, en muchos casos, desgastando los vínculos y aumentando los niveles de violencia física y psicológica. Hace un año, por ejemplo, cada miembro de la familia tenía sus propias actividades y espacios determinados para socializar con otras personas, pero durante el tiempo de confinamiento todos hemos tenido que adaptarnos a una nueva forma de vida. Si bien es cierto que para algunos estos momentos han permitido una mayor integración y convivencia, para otros (quizá más de los que quisiéramos) se convirtieron en un catalizador de problemas preexistentes o que han ido surgiendo en el camino, los cuales cada vez se hacen más grandes y más difíciles de resolver.  Aunque todavía es muy pronto para contar con estadísticas absolutas al respecto, según datos de la DGCS de la UNAM, la Confederación de Colegios y Asociaciones de Abogados de México y otras instancias noticiosas y gubernamentales, el número de divorcios ha aumentado significativamente durante el confinamiento (los datos cambian según el estado y nivel socioeconómico de las parejas, pero las estimaciones oscilan entre cuatro y siete veces más que en circunstancias normales). El origen Además del ya mencionado cambio de rutinas y dinámicas familiares, los problemas económicos (desempleo, disminución de salarios, cierre de negocios, etc.), los factores sociales (ausencia de redes de apoyo y convivencia social, desigualdad de oportunidades, tener que acompañar la formación de los hijos ante el cierre de escuelas, falta de seguros de salud, etc.), y las afectaciones psicológicas (duelos inesperados, ansiedad, depresión, intolerancia, frustración, agresividad a diversos niveles e incluso enfermedades mentales mayores) han provocado graves fracturas en los matrimonios, por lo que para muchos de ellos, la única solución es la separación temporal o definitiva. Las consecuencias El divorcio es un proceso que puede durar mucho tiempo. A lo largo de él, existirán sentimientos de ambivalencia, desconfianza, indecisión o miedo al futuro y al escándalo, en el cual, tanto las parejas como los niños, viven en una constante inseguridad. Por esta razón es importante estar atentos a las conductas de todos los integrantes de la familia y, en caso de ser necesario, buscar ayuda profesional para manejar adecuadamente las circunstancias. Solo por mencionar un ejemplo, antes los hijos encontraban en el colegio un espacio para desahogarse y distraerse de los problemas de casa. Ahora, en el confinamiento y debido a que las clases son por televisión o, en el mejor de los casos, en línea, se ha vuelto más difícil para ellos encontrarlo y poder expresar lo que les pasa. Esto, aunado a las problemáticas propias de la pandemia, ha incrementado el aislamiento de niños y adolescentes, y que, en consecuencia, busquen refugio en videojuegos o redes sociales, o se muestren dispersos y poco atentos en las clases y parezcan desmotivados en sus actividades diarias.  Otros casos Una situación diferente, pero que puede influir de la misma forma (positiva o negativamente) en la estabilidad emocional de los niños son los casos de las familias que, en vez de separarse, deben volver a unirse porque el dinero ya no es suficiente para mantener dos hogares, ya sea por la situación laboral o porque la situación emocional o de salud de alguno de los hijos lo requiere. En estos casos es importante también estar atentos a los comportamientos o comentarios y buscar herramientas o estrategias que ayuden a sobrellevar los cambios de la mejor manera, evitando confusiones mayores para nuestros hijos. ¿Cuáles son los signos a los que debemos poner atención? Algunas de las “banderas rojas” más significativas y que nos indican que los hijos no la están pasando bien, no están digiriendo fácilmente el cambio o no se están adaptando fácilmente al proceso son: Tips y estrategias Algunas acciones que podemos poner en marcha para proteger la estabilidad de nuestros hijos durante un proceso de divorcio son:
  • Mantener rutinas diarias, estructuradas en tiempos y con actividades que, aunque deban permanecer dentro de casa, no deben perderse.
  • Buscar espacios en los que podamos compartir una actividad en común con ellos: pasear al perro, practicar algún deporte, tocar instrumentos musicales, jugar un videojuego, ver una película. 
  • Mantener las vías de comunicación abiertas, validar sus emociones, mostrarles comprensión, ser consistentes y consecuentes con los límites. 
  • Ser amorosos, llenarlos de abrazos y besos. 
  • Estar presentes y hacerles saber que, ante cualquier circunstancia, siempre seremos sus padres y siempre estaremos con ellos y siempre contarán con nuestro amor y apoyo.
  • Darles la seguridad de que esta situación, no solo la pandemia, sino la adaptación a nuevas rutinas, nuevos estatus emocionales e incluso a la nueva dinámica familiar, va a pasar.
Como dice el refrán. “Dar tiempo al tiempo” … No hay duda de que hoy, en medio de los difíciles momentos que vivimos, todo se ve a través de una lupa que magnifica los problemas, por lo que es claro que tomar decisiones a partir de la desesperación, la ansiedad, el miedo o la incertidumbre no es el mejor camino. Por ello, y si nos es posible, lo mejor es procurarse largos momentos para reflexionar, esperar a que pasen las crisis internas y externas y hacer una valoración profunda de los pasos que queremos dar, para evitar así consecuencias que afecten profundamente a nuestras familias. No obstante, sí es inevitable enfrentarnos a una separación, es importante también hacer un trabajo personal que nos ayude a procesar las circunstancias de la mejor manera, para poder aceptar los cambios y tomar decisiones asertivas que pongan el bienestar de nuestros hijos, siempre, en primer lugar." 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Desde el budismo, la fe es parte esencial de las enseñanzas de Gautama Buda y se describe como la convicción de que algo es una determinación de lograr las metas personales que da como resultado un estado de dicha y satisfacción.  Tras un año de confinamiento total o parcial según se esté viviendo, es oportuno preguntarse si hemos sobrevivido gracias a nuestra fe cualquiera que esta sea, a pesar de los contagios, del desempleo, de la crisis económica, de las defunciones, de las múltiples pérdidas que hemos sufrido en mayor o menor grado. Hace algunos años asistí a un evento que consistía en una serie de ponencias en torno a la maternidad. Ahí escuché a una reconocida maestra de yoga que cerró su intervención diciendo: hay algo allá arriba (gráficamente sobre nuestra cabeza) que nos trasciende, pueden llamarlo Dios, universo o energía pero es lo que nos mantiene vivos más allá de respirar y existir. 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Es en #laspequeñascosas que se haya la sustancia de la vida, la fe no se refiere únicamente a lo religioso, es primordial tener fe en nosotros mismos, en nuestra capacidad para encontrar soluciones y aprovechar oportunidades para seguir adelante, siempre adelante.  " ["post_title"]=> string(23) "Las pequeñas cosas: fe" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(21) "las-pequenas-cosas-fe" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-04-05 14:33:46" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-04-05 19:33:46" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=63406" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(11) ["max_num_pages"]=> float(6) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "cb39542024362ba655112f3b0c97e693" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

Las pequeñas cosas: fe

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