¿Se acuerda que hace unas semanas le decía que estábamos a punto de iniciar el segundo semestre del 2026? Pues el día llegó ya partir de hoy, le restan poco más de un centenar de días productivos al año, antes del periodo de vacaciones invernales y las lluvias no ceden, al contrario se intensifican como si la naturaleza ya no sólo reclamara su territorio sino se propusiera demandar la falta de gobernanza en una de las ciudades más grandes del mundo y que, hace un mes lució “como nueva” pintada de tonos morados y ajolotes por todas partes, pero que la noche de ayer dejó inundada, con granizo y fuertes rachas de viento con árboles y ramas caídos a la zona norte de la ciudad de México.
Lo llamativo ya no son los daños colaterales por las intensas lluvias sino la forma en que se ha normalizado lo que ocurre con un temporal que dejó de ser atípico para convertirse en el pan de cada día.
Lo grave es que, las autoridades sigan fingiendo que no pasa nada y que vivimos en algo así como el país de las maravillas con todo y su malvada reina roja incluida, que solo pensaba en cortarle la cabeza a todo aquel que se atreviera a contradecirla.
Lo blanco y lo negro de las lluvias es que hacen visible la falta de un plan correctivo y de uno preventivo. En septiembre del 2025, en este mismo espacio escribí sobre el tramo de barda perimetral que se derrumbó a causa de la caída de un árbol en la escuela primaria en la que estudiaba mi hijo. La escuela, en conjunto con la autoridad correspondiente de la alcaldía, se limitó a colocar mamparas de madera en lugar de los muros y anclarlas con vigas del mismo material. Así, pasaron todo el ciclo escolar y ni autoridades locales ni escolares se ocuparon de podar el resto de árboles en peligro de caída a causa de las “lluvias atípicas” que han azotado la ciudad en los últimos tiempos.
En la comunidad donde se ubica la escuela en mención, se encuentra una gran familia de pinos, jacarandas y pirules de más de sesenta años de vida; árboles frondosos, robustos, gigantes en altura y llenos de ramificaciones en peligro de derrumbes sobre las casas habitación que custodian y hasta hace apenas algunos días, la autoridad local representada por una autoridad territorial autorizó la poda de algunos ejemplares arbolados.
La pasada tormenta de la noche del sábado causó la caída de numerosos árboles y ramas provocando daños materiales, la respuesta de la autoridad fue inmediata, la pregunta es si serán capaces de (ahora sí) tomar acciones concretas y trabajar en un plan de acción que resuelva la problemática de raíz (textual y literalmente).
La otra interpretación del asunto es que, la naturaleza no se puede controlar y por tanto, es impredecible y que, no estamos preparados para una respuesta tan extrema y salvaje de cara al cambio climático.
La de anoche, fue un fuerte llamado de atención para revisar, planificar y resolver un tema que no tarde en convertirse en un problema de consecuencias lamentables sino se atiende con un equipo de trabajo sólido que involucre a todos los órdenes de gobierno, habitantes afectados y especialista en materia de riesgos y daños por “lluvias atípicas” ¿Será mucho pedir? ¡Nos leemos a la próxima!
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