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Atrapador de Gallinas

Una persona no se atreve a enfrentarse a los demás porque quiera conquistarlos, se atreve porque hay mucho más que sueños en el corazón… Una persona no se atreve a enfrentarse a los demás porque quiera conquistarlos, se...

25 de agosto, 2015
kevin_skinner

Una persona no se atreve a enfrentarse a los demás porque quiera conquistarlos, se atreve porque hay mucho más que sueños en el corazón…

Una persona no se atreve a enfrentarse a los demás porque quiera conquistarlos, se atreve porque hay mucho más que sueños en el corazón, porque no sabe la diferencia entre su vida y las otras, porque no conoce el precipicio donde pudieron haber caído muchos. Mantenerse alejado por temporadas o durante toda la vida de las cosas superficiales, de la tecnología, las novedades, la moda y quedarse rodeado únicamente de amigos y familia, hace que una persona se atreva a caminar un poco más lejos solo por ver lo que hay al otro lado, por curiosidad, sin expectativas.

La sencillez de una persona que no sabe de poses ni estereotipos, alguien que atrapa gallinas en los graneros para ganar el sustento de su familia y espera el atardecer después, sentado en las maderas a la entrada de su casa, enseñándose a sí mismo a tocar la guitarra, atrapar también palabras y momentos para regalar música e inventar sus propias canciones.

Se atreve a enfrentar monstruos porque le parece que será divertido, no sabe que se puedan reír de él, no sabe que su forma de hablar y vestir no es la indicada y no sabe que su físico no encaja en la modernidad. No sabe que lo juzgarán por todo eso, porque él no sabe etiquetar a nadie, él solo sabe cantar y quiere cantar en el foro de concursos que sus amigos y su familia le han señalado.

Mucho nos enseñan las personas que tienen poco que se vea porque sus riquezas no se tocan, sus riquezas se sienten. Yo no sé tantas cosas y no sé suficiente de mi vida, de las vidas de los demás, no tenía idea que existiera por ejemplo, el trabajo de atrapar gallinas que hace Kevin Skinner en su natal Mayfield, KY.

Por eso me gusta la gente que parece lejana, ausente, solitaria, abandonada y hasta triste. Esos a los que fácilmente se les llama “pobres”, “ignorantes”, “vagabundos”, “antisociales”, “sucios”, “amargados o acomplejados”. Me apeno delante de ellos porque existe en mí la necesidad de recordar la esencia del ser humano y la única forma de rescatar lo que olvido por andar viviendo en la jungla de concreto, cables y conexiones, es tomarlos de la mano y sentir su riqueza, recordar la mía.




La historia de Kevin Skinner no es la única en el mundo, no es la única que se conoce, existen millones de historias de personas como Kevin que son simplemente felices con lo que tienen, con lo que son, con lo que les toca vivir, quizá un día triunfen de la forma que el mundo conoce y tengan en la mano la riqueza material y nunca lo sabremos. Quizá se queden viviendo así, sencillamente bien sin necesidad de conocer más.

La modernidad también indica dentro de su libreto, que alcanzar el sueño se traduce necesariamente en fama y fortuna, y a veces pasa. El problema es que se llega a pensar que caminar para conseguir el sueño, significa hacerse millonario, y a veces pasa. ¿Y cuando no? Si la meta era solamente dinero a cambio de talento, la frustración lleva a ese precipicio que Kevin Skinner no conoce.

En el concurso de talentos (America’s got Talent 2009) https://www.youtube.com/watch?v=vYtDEFDtIc4 se rieron de Kevin, le criticaron su forma de vestir y de hablar, tenía además de su guitarra y su voz, la ventaja de no conocer a la sociedad de concreto y piedras, entonces nada de eso le importó.

No sabe cuántos tipos de trabajo existen en el mundo, no tiene idea de cuántas carreras académicas existen en las escuelas.

Los amigos de atardeceres lo impulsan porque creen en él y él solo se divierte, los escucha y se anima a concursar un poco por darles gusto, un mucho por atreverse.

De tener en sus manos un puñado de gallinas a atrapar un millón de dólares como premio no lo cambia, regresa a los escalones de su casa a abrazar a su familia y a compartir el dinero entre sus amigos y su gente.

Graba discos, crea sus propias canciones, hace conciertos y conoce personalidades del mundo de la música, no se preocupa por la educación académica de sus hijos, entre tanta fama tuvo también tiempos de confusión y después de todo Kevin Skinner sigue siendo el mismo granjero de siempre, con algo de dinero en el bolsillo.

Comentarios
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Una vez asentadas en nuestro proceso cognitivo terminan por determinar nuestro comportamiento, nuestros valores y nuestra manera de estar en el mundo. Merece la pena reflexionar acerca del tipo y calidad de metáforas solemos usar para explicarnos la existencia.  Si un buen amigo nos confiesa que, ante una situación, se siente “entre la espada y la pared”, de ningún modo pensaremos que literalmente una espada amenaza con clavarse en su pecho mientras su espalda roza con un muro infranqueable y sin embargo entendemos de inmediato que se encuentra en una disyuntiva apremiante, donde hay pocas alternativas de decisión.    Hemos entrado en el territorio de la metáfora, una figura retórica por medio de la cual se expresa una idea, una situación, un objeto o un concepto poniéndolo en relación de semejanza con otro que lo ilustre y se trata de un concepto indispensable si hablamos de la construcción de narrativas.  Esta manera de expresión implica un proceso cognitivo donde dos conceptos se ponen en relación de tal modo que uno de los términos explica al otro, pero nunca de maneta literal, sino en sentido figurado. Si ambos términos de una metáfora fueran idénticos, al grado de ser intercambiables en cualquier situación o circunstancia, estaríamos ante dos sinónimos.  Pensemos en una de las metáforas más conocidas e influyentes de nuestro mundo actual: “tiempo es dinero”. En términos abstractos el concepto de “tiempo” y el de “dinero” no tienen relación alguna. Si se toman de manera literal no hay forma de articular una idea donde ambos signifiquen lo mismo, sin embargo desde un sentido metafórico, y contextualizado de forma correcta, la relación es muy estrecha y resulta fácilmente comprensible para una persona de occidente educada en un contexto urbano.  En nuestra cultura el “tiempo” es entendido como un recurso limitado y valioso que, bien empleado, sirve para conseguir nuestras metas y generar riqueza; estas características conceptuales las comparte con el “dinero” y por ello, correctamente contextualizados, son términos susceptibles de fundirse en una metáfora.  Hasta ahí el anecdótico juego de lenguaje. El verdadero asunto está en que no solo se trata de construir comparaciones ingeniosas que faciliten la comprensión de conceptos, sino que se trata de un proceso cognitivo tan arraigado, de introyecciones tan profundas –y a tal grado inconscientes– que se confunden con realidades objetivas que terminan por determinar nuestro comportamiento, nuestros valores y nuestra manera de estar en el mundo. En el caso del ejemplo citado: “tiempo es dinero”, mucho más que una consigna perspicaz, puede convertirse en el dogma-motor de la propia vida para infinidad de personas, marcando la manera en que dicho individuo se vincula con el mundo, con los demás y consigo mismo.    Y podemos ir aún más allá: todo nuestro pensamiento está edificado a partir de metáforas. Al menos eso aseguran George Lakoff y Mark Johnson en su insustituible clásico, Methaphors we live by1, traducido al español como Metáforas de la vida cotidiana2 Para estos autores, el ser humano no solo construye metáforas mediante el lenguaje, sino que piensa mediante ellas y por ello resulta medular prestar atención en aquellas que conducen nuestros pensamientos y acciones.  Para Lakoff y Johnson erróneamente las metáforas suelen verse como herramientas del lenguaje, como un mero asunto de palabras, cuando en realidad sucede lo contrario: tanto nuestros conceptos como nuestras actividades están metafóricamente estructuradas y, por lo tanto, el lenguaje también está metafóricamente estructurado.  Las metáforas se vuelven conceptos que, lejos de quedarse en lo abstracto, crean una enorme intensidad emocional una vez que son internalizados como verdaderos. Y esos conceptos metafóricos que gobiernan nuestro pensamiento no son solo asuntos del intelecto, pues estructuran aquello que percibimos tanto del mundo como de la forma en que nos relacionamos con los demás. Por ello rigen nuestro funcionamiento cotidiano al nivel de los detalles más mundanos.  Si la mayor parte de quienes trabajan en la Bolsa de Valores piensan de verdad que “el mercado financiero es una jungla”, su manera de comportarse en ese ámbito determinará que así sea. Lo que Lakoff y Johnoson afirman es su texto no es que las metáforas describan una realidad preexistente, sino que a partir de configurar e internalizar el concepto “mercado financiero” como equivalente a una “jungla” es que éste se convierte en en una.  Literalmente no hay parecido alguno entre el “mercado financiero” y una “jungla”. Lo que hacemos es abstraer algunas características de la jungla –pasando por alto todas las demás– y retratamos con ellas al mercado financiero. La simplificación que queda tras retirar la complejidad real de ambos conceptos para utilizar solo unos cuantos de sus elementos suprime su esencia genuina. Por lo tanto una metáfora no retrata la realidad, sino una interpretación parcial de ella, aunque, desde luego, funcionan muy bien para reforzar la percepción que buscamos alimentar del concepto sujeto de la figura retórica.  Caracterizar a la Covid como un enemigo contra el que estamos en guerra o equiparar el debate con una pelea de box en la que hay que derrotar al oponente son comprensiones metafóricas que una vez internalizadas determinan la manera como encaramos las circunstancias de la vida.   Sin embargo es posible comprender que una metáfora (y en general el uso interpretativo del lenguaje) tiene límites en su efectividad y veracidad y que además son susceptibles de ser reinterpretados: aun cuando la conceptualización de un debate como una pelea de box es eficaz para cierto tipo de contienda verbal, nos hace concentrarnos excesivamente en la idea de competencia, nos obsesiona con la relación ganar-perder como eje conductor de la estrategia discursiva, dejando de lado la propósito real de un debate: la búsqueda de la verdad sin importar cuál de las partes esgrima un porcentaje mayor de ella.  Al encararlo exclusivamente desde la contienda, los participantes en un debate quedan imposibilitados para reconocer que dicho intercambio verbal también puede ser cooperativo, propositivo, enriquecedor, puede mostrar diferentes perspectivas de un problema y lo más inaudito de todo: un debate puede ser un extraordinario vehículo para cambiar de opinión, para dejarse tocar por las ideas del otro, para reconocer que hay argumentos mejores que los propios o que nuestra percepción estaba sesgada o incompleta, pero nada de esto ocurrirá mientras el centro de la metáfora con que lo conceptualizamos sea la lucha en vez del intercambio.  Continuemos con este ejemplo. Técnicamente un debate consiste en confrontar dos posturas distintas –una tesis y una antítesis– con el propósito de encontrar la verdad –la síntesis–. Pero si pensamos en un debate entre candidatos a la presidencia y los contendientes asumieran, en vez de esa postura beligerante y descalificadora, una de cooperación, diálogo e intercambio que los llevara a conciliar sus ideas y alcanzar un acuerdo o cuando menos reconocer la validez de la postura ajena, el primer desilusionado sería el público votante. Y esto ocurre porque tenemos profundamente internalizada la idea de que un debate es una contienda donde para que uno gane, el otro tiene que perder, uno tiene que tener razón y el otro estar equivocado. A partir de la metáfora –un debate es una batalla– se ha caracterizado el concepto. Aún cuando este tipo de “contiendas” suelen ser muy atractivas para el público, es muy poco lo que dejan en la práctica en términos de ideas y soluciones.   Las metáforas no contienen en sí mismas significados independientemente de los contextos en que se usan y los hablantes que se identifican con ellas. Por eso no son auténticas herramientas para entender la realidad, sino tan solo una posible interpretación de ella.  Si, por ejemplo, dentro de una pareja, uno de los miembros visualiza internamente el matrimonio como “dos viajeros que comparten una gran aventura”, mientras el otro ha internalizado el compromiso como “una camisa de fuerza que limita su libertad”, aun cuando nunca verbalicen sus convicciones internas, podemos estar seguros de que, independientemente de las condiciones y contextos externos, los problemas y desacuerdos no tardarán en llegar. Ambos individuos relacionan el concepto “pareja” con metáforas muy distintas y por ende sus comprensiones de lo que puede y debe esperarse de una relación sentimental serán muy distintas.  Es por eso que la conceptualización metafórica importa, y mucho, para construir los relatos con que nos explicamos el mundo y nuestra relación con los otros y con nostros mismos. Por su conducto llegamos a inferencias, sacamos conclusiones y concretamos comportamientos. Puesto que razonamos en términos metafóricos, las metáforas que usamos –aun sin ser conscientes de ellas– determinan en gran medida cómo vivimos nuestra vida. Y a ti, ¿qué metáforas te mueven? Si tuvieras que responder con dos o tres palabras o con un refrán popular, cómo completarías las siguientes frases: La vida es…  El amor es… El dinero es… El trabajo es… La gente es…   Las metáforas e imágenes verbales que hayas utilizado hablan mucho de tu manera de entender el mundo y tu propia existencia. Ahora sigue el preguntarse cómo esas convicciones llegaron ahí, y en caso de no gustarte, ¿cómo cambiar esas metáforas por otras más satisfactorias? La semana siguiente continuamos.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir   1 Lakoff, George, Methaphors we live by, Estados Unidos, The University of Chicago Press, 2003, Págs. 276 2 Lakoff George y Johnson Mark, Metáforas de la vida cotidiana, Tercera Edición, España, Cátedra, 2018, Págs. 303 LEE: Liderazgo y el carácter global de la civilización humana / por Juan Carlos Aldir | Ruiz-Healy Times (ruizhealytimes.com)" ["post_title"]=> string(51) "La Metáfora como materia prima de nuestros relatos" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(50) "la-metafora-como-materia-prima-de-nuestros-relatos" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-07-16 07:17:45" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-07-16 12:17:45" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=68118" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#17753 (24) { ["ID"]=> int(67642) ["post_author"]=> string(3) "182" ["post_date"]=> string(19) "2021-07-05 08:48:27" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-07-05 13:48:27" ["post_content"]=> string(20625) "Víctor Argüelles Ángeles es poeta, escritor, artista plástico, académico, ponente, gestor cultural independiente, estudioso permanente del conocimiento, espíritu inquieto, observador, a veces solitario, y creador desde distintos ámbitos. Su amplia trayectoria lo define y esta vez está concentrado en la fase final de su nuevo libro que podría titularse Inventario de enfermedad poética Algunos de sus poemas se han traducido al neerlandés, portugués, italiano e inglés. Es promotor y coordinador de los Festivales Escritores en Resistencia desde el Cerro del Viento y el Festival Internacional de Poesía Palabra en el Mundo (en su versión local en Ecatepec, Estado de México). Víctor Argüelles está trabajando en lo que será una recopilación de poemas que han sido publicados en revistas o antologías colectivas, que desea presentar como una suma que sintetice un periodo creativo de trabajo a través de una antología personal de textos, y no descarta que en esta antología personal se incluyan poemas inéditos. Sin involucrarse demasiado con las editoriales, sabe que será un proyecto independiente. Es un panorama al que hay que abrirse para tener resultados, son muchos los retos que la actividad impone. Refiere que son textos originales, considera que por los tiempos podría estar listo quizá antes que finalice el año, noviembre o diciembre, y la propuesta de título dependerá de aprobaciones, entre otras cosas. No llevan un orden cronológico. Al analizarlo responden en su momento a algo que estaba viviendo en ese tiempo, es el lenguaje que uno lo trae como una huella de nacimiento, lenguaje visual, poético, plástico, el lenguaje está atravesado de anomalías, no es perfecto, y la enfermedad poética es como una dicotomía, como actúo no es perfecto, muchos piensan como al estilo de los barrocos en la literatura que el poema clásico debe ser medido, tiene su métrica y hay quienes defienden la poesía como una experiencia, una eventualidad, estoy tratando de buscarle consonancia con el conjunto de textos. “Agradezco lo logrado”, afirma en su libro anterior, Signos de espera, poemario de 2018. 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Este proyecto nació cuando la palabra cuarentena sonaba como un eco interminable que pesó mucho; entonces lo sublimó a través de una dinámica de crear un dibujo diario, completando los 40 días del encierro. Cuando terminó se dio cuenta que los días seguían y siguen avanzando en torno a este fenómeno que está marcando la historia de la humanidad. Las letras del maestro Víctor Argüelles conquistaron al poeta Fa Claes, quien tradujo sus poemas al neerlandés en 2007, donde fue gratamente sorprendido cuando su trabajo temprano llamó la atención del Doctor en Lenguas Germánicas, quien presentó su trabajo en la revista Decontrabas (en español significa El contrabajo) y quedó en el blog de Fa Claes, autor de poemarios en holandés y traducciones al español. Alessandro Atanes es otro poeta que quedó enganchado con las letras de Víctor Argüelles, a raíz de la publicación de la antología colectiva Poesía para el fin del mundo (Kodama cartonera, Tijuana B.C 2012) en la que ambos poetas fueron publicados. Específicamente tradujo al portugués “Balsas”. Este gesto se volvió a repetir con “Poema para luz diurna”, traducido en 2014. Ambos poemas se pueden encontrar en: https://ruidorojo-menteenblanco.blogspot.com/search?q=alessandro+atanes . En esta travesía también fue traducido al inglés el poema “Emblema vacío”, que meses antes había sido incluido en la antología coordinada por Ana Matías Rendón (Los 43 poetas por Ayotzinapa, Ciudad de México, 2015), el mismo poema ve una tercera publicación que respondió a la edición coordinada por Lucía Cupertino, traducida al italiano (43 Poeti per Ayotzinapa, edizioni Arcoiris, Salerno, Italia, 2016). Este libro se puede adquirir impreso y apoyar a las madres de los estudiantes. Su entrega total a lo que hace, está visiblemente marcada desde que era estudiante, incluso antes de llegar a cursar la Licenciatura en Artes Plásticas en la Universidad Veracruzana, de Xalapa, donde sus obras fueron parte de exposiciones colectivas (1996-2001).  Empezó a exponer desde 1989 cuando vivía en Tuxpan (Veracruz) donde formaba parte del taller Diego Rivera, que fue una escuela de arte inicial establecida en aquel puerto; posteriormente, en 1993, estudió en la Casa de Cultura de Poza Rica, en la que permaneció hasta 1995. Las primeras exposiciones colectivas fueron posibles de manera local. Nos comparte que su primera experiencia dando clases fue en el Festival Cumbre Tajín en 2001, donde impartió un breve taller de gráfica y creatividad a niños y adolescentes que visitaron el festival celebrado en El Tajín, Papantla, Veracruz. Al año siguiente estaba incorporado a la Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas (UNICACH) como maestro de pintura y dibujo. “Tuve un periodo muy afortunado –nos revela– cuando en la Universidad Veracruzana aprovechó los cinco años, aprendió a investigar y poner en práctica sus conocimientos como artista plástico”. Por otra parte, los festivales que coordina son iniciativas en las que ha participado y en los últimos años decidió instalarlos en otra zona geográfica en la que se siente motivado, y con la intención de que eventos culturales identifiquen a Ecatepec (Estado de México). El Encuentro de Escritores en Resistencia desde el Cerro del Viento en 2020 fue virtual, por razones que todos conocemos. Este proyecto es de alguna forma la prolongación del Encuentro de Escritores por Ciudad Juárez donde se originó para hacer visible el fenómeno de violencia. Tiene como antecedente un encuentro que se realizó en 2013, iniciativa que nació en Ciudad Juárez y que generó interés.  Hubo otros encuentros en distintas ciudades y en otros países, con la particularidad de protesta con el tema de la violencia hacia las mujeres que en los años 90 se destapó con acontecimientos terribles en el norte del país. Después de esto, en Ecatepec crea el Encuentro de Escritores en Resistencia desde el Cerro del Viento en 2016, que se ha fortalecido durante cinco ediciones. Ahora se prepara para organizar la sexta edición que ha destacado como un encuentro de manera local, sobre todo de una promoción libre, reuniendo los recursos de manera independiente, ya que no existen patrocinios por parte de ninguna institución; esto ocurre con muchos de los proyectos que se desarrollan en Ecatepec. Las dos iniciativas de las que Víctor Argüelles es coordinador, nacieron fuera, y son de alguna manera una prolongación. Organiza el Festival Internacional de Poesía Palabra en el Mundo, en el que se involucró desde 2016. Abrió una convocatoria este año de la que recibió buena respuesta de poetas de Ecuador, Brasil y Venezuela, además de voces poéticas de nuestro país, y se llevó a cabo en un evento virtual. En el centro regional de cultura de Ecatepec, en 2018 llevó a cabo en San Pedro Xalostoc un festival que ha sido otra de las iniciativas internacionales que nace con otros poetas de Chile y España.  Víctor se siente genuinamente comprometido con la cultura y el arte. Piensa que es necesario que identifiquen una presencia positiva de Ecatepec (Estado de México), porque en los ámbitos informativos este lugar es considerado una periferia con historias que tienden a lo negativo, que hacen referencia a la inestabilidad social y nosotros (poetas, escritores, artistas plásticos) estamos interesados en fomentar la cultura. Este vínculo con Ecatepec se fue tejiendo poco a poco cuando fue su lugar de residencia por el año 2009 en el que se instaló para colocarse en un trabajo, si bien es de origen veracruzano, sus estudios y trabajo lo han llevado a cambiar de domicilio necesariamente, como ocurrió al tener que tomar por hogar temporal de 2018 a 2020 Cuernavaca, para estudiar la Maestría en Estudios de Arte y Literatura, en la Universidad Autónoma del Estado de Morelos. El camino recorrido como gestor cultural le llevó a tocar puertas y recibió apoyo al principio del INAH a través del Centro Comunitario Ecatepec Casa Morelos, que les acogió en 2013 con una respuesta favorable. En el trayecto fue necesario permitirse explorar nuevos caminos en la cultura, al comprender a través de las experiencias que no todo tiene que ser ligado a las instituciones de gobierno. Fue de alguna manera empujado a involucrarse como gestor cultural independiente, al vincularse con los cafés culturales y otros espacios, además de conseguir recursos que finalmente se convierte en una aportación suya y de las personas que participan, con quienes se ha logrado algunos objetivos, afinando el proyecto para que en tres o cuatro años más tenga una permanencia. Son difíciles todos los proyectos independientes porque la responsabilidad es totalmente de quien promueve los festivales, haya o no haya recursos, actualmente es posible a través de lo virtual, es una ventaja como lo hicimos en 2020 con el Encuentro de Escritores en Resistencia desde el Cerro del Viento. “Se están abriendo nuevos horizontes en la cultura, creo en la cultura”, reflexiona,  y recuerda que cuando empezó no los veía como ahora que hay más personas involucradas.  Ecatepec al ser colindante con la Ciudad de México llama la atención la migración diaria, que es parecida a lo que ocurre de Tijuana a Ciudad Juárez y Estados Unidos. En Ciudad Neza, hay un proyecto que registra las migraciones, pasar las vías, esa migración la hacemos todos y me interesa, la voy a estudiar, expresa Víctor.  Él mismo ha sido migrante a lo largo de su vida, al terminar su carrera en el 2001 viajó a Chiapas para trabajar. En ese desplazamiento se ve el cambio de contextos: es muy visible de un lugar a otro, los fenómenos culturales provocan que nos preguntemos qué hay detrás de esto que obligan a abrir otros caminos a nivel cultural y artístico; se tiene el compromiso de registrar todas las eventualidades. Alguien que es de Ecatepec o vive ahí, lo refleja, y es notorio, lo mismo con artistas de la Ciudad de México, los artistas visuales lo muestran en su trabajo. El maestro Argüelles es consciente de que el tiempo debe ser aprovechado como una inversión y todos los años está estudiando, preparándose en cursos, diplomados, y posgrados, con miras a cultivarse. Confiesa que ha dejado un poco la producción plástica. Refiere que es necesario entregarse a lo que está haciendo, que por este tiempo son poemas y proyectos culturales, que de alguna manera lo han vinculado entre académicos y la interculturalidad que es una divergencia de conocimientos que practica.    Trayectoria de  Víctor Argüelles Cuenta con los diplomados de 2009 a 2010 en el Programa Escritura Creativa, Universidad del Claustro de Sor Juana, Ciudad de México, y Creación Literaria, Centro de Creación Literaria Xavier Villaurrutia, Ciudad de México 2013-2014.  En 1997 recibió la beca “Jóvenes Creadores” por parte del Instituto Veracruzano de la Cultura, de Xalapa, Veracruz; en 2009 recibió el Primer premio de poesía IV Certamen Literario “Palabra en el viento” del Centro Regional de Cultura José María Morelos y Pavón, Instituto Mexiquense de Cultura, Ecatepec, Estado de México; de 2014 a 2015 recibió el Financiamiento del Padrón Nacional de Posgrados de Calidad del CONACYT para estudios de Posgrado, Especialización en Literatura Mexicana del Siglo XX, UAM Azcapotzalco, Ciudad de México; de 2018 a 2020 obtuvo el Financiamiento del Padrón Nacional de Posgrados de Calidad del CONACYT para estudios de Posgrado, Maestría en Estudios de Arte y Literatura, Universidad Autónoma del Estado de Morelos, Cuernavaca, Morelos. Cuando terminó la maestría siguió por la línea de la investigación para conocer los fenómenos artísticos, culturales, y considera que continuará por esta vía además de su trabajo literario.  Con publicaciones propias y en trece antologías de distintos lugares es difícil publicar y con todos los esfuerzos no se ha logrado mucho, no hay todavía una resonancia, solo puedo decir que tengo la fe de que ocurrirá algo.  “La gestión cultural independiente es una de las partes que vas aprendiendo cuando te cierran las puertas las instituciones, fue como una contraposición –pensó–, si no me dan espacios, pues los voy a generar como consecuencia de vivir una serie de rechazos hacia mi trabajo”. Se planteó seriamente abandonar la timidez, abrir espacios para él y los demás, al principio se cruzó la incertidumbre y por necesidad consiguió la fortaleza para considerarse organizador de eventos de poetas, recitales y exposiciones de obras plásticas.  “Actualmente hay personas especializadas que tienen estudios de Gestión Cultural, pero en los años 90 y 2000 fueron tiempos difíciles en que muchos artistas fuimos creyendo en nuestros propios proyectos, nuevas brechas para los productos que se van a consumir productos culturales y no todos tenemos las condiciones, hemos tenido que afrontar las consecuencias y crear las condiciones en las que queremos trabajar”.  Fue demandante su trabajo de 1996 al 2005 como artista plástico. Actualmente sigue pintando, es solo que ocupa sus trazos para dar un servicio, ya que desde hace algunos años ha privilegiado a la literatura, es cierto que arrastra a la pintura durante los eventos de lectura poética al realizar una exposición y los asistentes pueden ver sus obras. Víctor Argüelles ha participado en más de cincuenta exposiciones colectivas y más de diez exposiciones individuales de arte desde 2002, entre las que mencionaremos “Panóptico”, pinturas, Universidad de Ciencias y Artes de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; “Ligamentos” (2004), pinturas y dibujos, Universidad Autónoma de Chiapas, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; “Ruido rojo” (2005), pintura, proceso, acción. “El Taller” Arte y Galería, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; “Focus rojo” (2007), pinturas, Universidad Autónoma de Campeche, Campeche; “Fluir” (2008) [Nuevos brotes de pintura], Centro Cultural Jaime Sabines, Tuxtla Gutiérrez, Chiapas; obra plástica 07-12 (2012), Centro Cultural y Recreativo de Ecatepec, Ecatepec, Estado de México; Memorial de la tinta (2015), Coordinación de Servicios de Información, UAM, Azcapotzalco, CDMX; “Pintura y Caos” (2017), Galería de Arte Contemporáneo Casa de la nube, Tlaxcala, Tlaxcala; “Pintura y acción” (2018), Revolucionarios Café, San Pedro Xalostoc Ecatepec, Estado de México. Seguirá con exposiciones cada año, en los caminos todavía no recorridos. Independiente de que pueda generar ingresos por las ventas de sus cuadros, el maestro Argüelles sigue pintando en las condiciones que sus compromisos se lo permitan y lo acompaña de poesía, hay días y momentos en los que se programa en la mañana para pintar y las noches y madrugadas para escribir, han sido años de esta práctica, además de la gestión de eventos culturales y las investigaciones, algo que también le interesa.  Desde 2002 inició en la docencia a nivel licenciatura con distintas experiencias en el ámbito académico en el que se tiene que ser disciplinado para proyectarlo, inyectarle al alumno la necesidad de profesionalizarse, como maestro se ha fortalecido en las clases: “Fue curioso porque tenía una formación didáctica, en ese tiempo no se conocía la curaduría, se iba abriendo en los años 90 y a pesar de la ausencia de una formación pedagógica, mi llamado ha sido por la vocación, que el alumno aprenda a tener paciencia,  tenemos que ir viendo los tiempos que lleva cada proyecto, ir analizando de todo, hay estudiantes que desean ser diseñadores, otros quieren ser artistas, algunos interesados por el cine o la fotografía, y a cada uno le he prestado atención para mostrarles el camino y las capacidades”. Es en este tiempo que se dedicó a la investigación como actividad académica. Le entusiasma que en talleres libres comenzará a dar clases, la docencia es algo que disfruta. “He tenido los trabajos que he querido, es cierto que no tengo una plaza y soy freelance, es complicado, hay quienes tienen un lugar, un puesto, un salario”. En su peregrinar casi durante diez años en el Estado de México, iba de un lugar a otro intentando trabajar, recibiendo respuestas de desinterés por parte de las instituciones, y a pesar de todo eso, siguió su camino como docente en distintos niveles, incluso con niños y jóvenes deseosos de aprender, fue parte de una formación que les ayudó a que se comprometieran en un área de su vida, dando un vuelco a su creatividad.  LEE: La vida en rosa ⏐ La voz de los pueblos indígenas | Ruiz-Healy Times (ruizhealytimes.com)" ["post_title"]=> string(34) "La vida en rosa │Trazo y palabra" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(40) "la-vida-en-rosa-%e2%94%82trazo-y-palabra" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-07-05 08:49:21" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-07-05 13:49:21" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=67642" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#17849 (24) { ["ID"]=> int(68118) ["post_author"]=> string(2) "84" ["post_date"]=> string(19) "2021-07-16 07:15:14" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-07-16 12:15:14" ["post_content"]=> string(12569) "Sin ser conscientes de ello, gran parte de nuestra comprensión del mundo se articula por medio de metáforas. Una vez asentadas en nuestro proceso cognitivo terminan por determinar nuestro comportamiento, nuestros valores y nuestra manera de estar en el mundo. Merece la pena reflexionar acerca del tipo y calidad de metáforas solemos usar para explicarnos la existencia.  Si un buen amigo nos confiesa que, ante una situación, se siente “entre la espada y la pared”, de ningún modo pensaremos que literalmente una espada amenaza con clavarse en su pecho mientras su espalda roza con un muro infranqueable y sin embargo entendemos de inmediato que se encuentra en una disyuntiva apremiante, donde hay pocas alternativas de decisión.    Hemos entrado en el territorio de la metáfora, una figura retórica por medio de la cual se expresa una idea, una situación, un objeto o un concepto poniéndolo en relación de semejanza con otro que lo ilustre y se trata de un concepto indispensable si hablamos de la construcción de narrativas.  Esta manera de expresión implica un proceso cognitivo donde dos conceptos se ponen en relación de tal modo que uno de los términos explica al otro, pero nunca de maneta literal, sino en sentido figurado. Si ambos términos de una metáfora fueran idénticos, al grado de ser intercambiables en cualquier situación o circunstancia, estaríamos ante dos sinónimos.  Pensemos en una de las metáforas más conocidas e influyentes de nuestro mundo actual: “tiempo es dinero”. En términos abstractos el concepto de “tiempo” y el de “dinero” no tienen relación alguna. Si se toman de manera literal no hay forma de articular una idea donde ambos signifiquen lo mismo, sin embargo desde un sentido metafórico, y contextualizado de forma correcta, la relación es muy estrecha y resulta fácilmente comprensible para una persona de occidente educada en un contexto urbano.  En nuestra cultura el “tiempo” es entendido como un recurso limitado y valioso que, bien empleado, sirve para conseguir nuestras metas y generar riqueza; estas características conceptuales las comparte con el “dinero” y por ello, correctamente contextualizados, son términos susceptibles de fundirse en una metáfora.  Hasta ahí el anecdótico juego de lenguaje. El verdadero asunto está en que no solo se trata de construir comparaciones ingeniosas que faciliten la comprensión de conceptos, sino que se trata de un proceso cognitivo tan arraigado, de introyecciones tan profundas –y a tal grado inconscientes– que se confunden con realidades objetivas que terminan por determinar nuestro comportamiento, nuestros valores y nuestra manera de estar en el mundo. En el caso del ejemplo citado: “tiempo es dinero”, mucho más que una consigna perspicaz, puede convertirse en el dogma-motor de la propia vida para infinidad de personas, marcando la manera en que dicho individuo se vincula con el mundo, con los demás y consigo mismo.    Y podemos ir aún más allá: todo nuestro pensamiento está edificado a partir de metáforas. Al menos eso aseguran George Lakoff y Mark Johnson en su insustituible clásico, Methaphors we live by1, traducido al español como Metáforas de la vida cotidiana2 Para estos autores, el ser humano no solo construye metáforas mediante el lenguaje, sino que piensa mediante ellas y por ello resulta medular prestar atención en aquellas que conducen nuestros pensamientos y acciones.  Para Lakoff y Johnson erróneamente las metáforas suelen verse como herramientas del lenguaje, como un mero asunto de palabras, cuando en realidad sucede lo contrario: tanto nuestros conceptos como nuestras actividades están metafóricamente estructuradas y, por lo tanto, el lenguaje también está metafóricamente estructurado.  Las metáforas se vuelven conceptos que, lejos de quedarse en lo abstracto, crean una enorme intensidad emocional una vez que son internalizados como verdaderos. Y esos conceptos metafóricos que gobiernan nuestro pensamiento no son solo asuntos del intelecto, pues estructuran aquello que percibimos tanto del mundo como de la forma en que nos relacionamos con los demás. Por ello rigen nuestro funcionamiento cotidiano al nivel de los detalles más mundanos.  Si la mayor parte de quienes trabajan en la Bolsa de Valores piensan de verdad que “el mercado financiero es una jungla”, su manera de comportarse en ese ámbito determinará que así sea. Lo que Lakoff y Johnoson afirman es su texto no es que las metáforas describan una realidad preexistente, sino que a partir de configurar e internalizar el concepto “mercado financiero” como equivalente a una “jungla” es que éste se convierte en en una.  Literalmente no hay parecido alguno entre el “mercado financiero” y una “jungla”. Lo que hacemos es abstraer algunas características de la jungla –pasando por alto todas las demás– y retratamos con ellas al mercado financiero. La simplificación que queda tras retirar la complejidad real de ambos conceptos para utilizar solo unos cuantos de sus elementos suprime su esencia genuina. Por lo tanto una metáfora no retrata la realidad, sino una interpretación parcial de ella, aunque, desde luego, funcionan muy bien para reforzar la percepción que buscamos alimentar del concepto sujeto de la figura retórica.  Caracterizar a la Covid como un enemigo contra el que estamos en guerra o equiparar el debate con una pelea de box en la que hay que derrotar al oponente son comprensiones metafóricas que una vez internalizadas determinan la manera como encaramos las circunstancias de la vida.   Sin embargo es posible comprender que una metáfora (y en general el uso interpretativo del lenguaje) tiene límites en su efectividad y veracidad y que además son susceptibles de ser reinterpretados: aun cuando la conceptualización de un debate como una pelea de box es eficaz para cierto tipo de contienda verbal, nos hace concentrarnos excesivamente en la idea de competencia, nos obsesiona con la relación ganar-perder como eje conductor de la estrategia discursiva, dejando de lado la propósito real de un debate: la búsqueda de la verdad sin importar cuál de las partes esgrima un porcentaje mayor de ella.  Al encararlo exclusivamente desde la contienda, los participantes en un debate quedan imposibilitados para reconocer que dicho intercambio verbal también puede ser cooperativo, propositivo, enriquecedor, puede mostrar diferentes perspectivas de un problema y lo más inaudito de todo: un debate puede ser un extraordinario vehículo para cambiar de opinión, para dejarse tocar por las ideas del otro, para reconocer que hay argumentos mejores que los propios o que nuestra percepción estaba sesgada o incompleta, pero nada de esto ocurrirá mientras el centro de la metáfora con que lo conceptualizamos sea la lucha en vez del intercambio.  Continuemos con este ejemplo. Técnicamente un debate consiste en confrontar dos posturas distintas –una tesis y una antítesis– con el propósito de encontrar la verdad –la síntesis–. Pero si pensamos en un debate entre candidatos a la presidencia y los contendientes asumieran, en vez de esa postura beligerante y descalificadora, una de cooperación, diálogo e intercambio que los llevara a conciliar sus ideas y alcanzar un acuerdo o cuando menos reconocer la validez de la postura ajena, el primer desilusionado sería el público votante. Y esto ocurre porque tenemos profundamente internalizada la idea de que un debate es una contienda donde para que uno gane, el otro tiene que perder, uno tiene que tener razón y el otro estar equivocado. A partir de la metáfora –un debate es una batalla– se ha caracterizado el concepto. Aún cuando este tipo de “contiendas” suelen ser muy atractivas para el público, es muy poco lo que dejan en la práctica en términos de ideas y soluciones.   Las metáforas no contienen en sí mismas significados independientemente de los contextos en que se usan y los hablantes que se identifican con ellas. Por eso no son auténticas herramientas para entender la realidad, sino tan solo una posible interpretación de ella.  Si, por ejemplo, dentro de una pareja, uno de los miembros visualiza internamente el matrimonio como “dos viajeros que comparten una gran aventura”, mientras el otro ha internalizado el compromiso como “una camisa de fuerza que limita su libertad”, aun cuando nunca verbalicen sus convicciones internas, podemos estar seguros de que, independientemente de las condiciones y contextos externos, los problemas y desacuerdos no tardarán en llegar. Ambos individuos relacionan el concepto “pareja” con metáforas muy distintas y por ende sus comprensiones de lo que puede y debe esperarse de una relación sentimental serán muy distintas.  Es por eso que la conceptualización metafórica importa, y mucho, para construir los relatos con que nos explicamos el mundo y nuestra relación con los otros y con nostros mismos. Por su conducto llegamos a inferencias, sacamos conclusiones y concretamos comportamientos. Puesto que razonamos en términos metafóricos, las metáforas que usamos –aun sin ser conscientes de ellas– determinan en gran medida cómo vivimos nuestra vida. Y a ti, ¿qué metáforas te mueven? Si tuvieras que responder con dos o tres palabras o con un refrán popular, cómo completarías las siguientes frases: La vida es…  El amor es… El dinero es… El trabajo es… La gente es…   Las metáforas e imágenes verbales que hayas utilizado hablan mucho de tu manera de entender el mundo y tu propia existencia. Ahora sigue el preguntarse cómo esas convicciones llegaron ahí, y en caso de no gustarte, ¿cómo cambiar esas metáforas por otras más satisfactorias? La semana siguiente continuamos.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir   1 Lakoff, George, Methaphors we live by, Estados Unidos, The University of Chicago Press, 2003, Págs. 276 2 Lakoff George y Johnson Mark, Metáforas de la vida cotidiana, Tercera Edición, España, Cátedra, 2018, Págs. 303 LEE: Liderazgo y el carácter global de la civilización humana / por Juan Carlos Aldir | Ruiz-Healy Times (ruizhealytimes.com)" ["post_title"]=> string(51) "La Metáfora como materia prima de nuestros relatos" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(50) "la-metafora-como-materia-prima-de-nuestros-relatos" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-07-16 07:17:45" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-07-16 12:17:45" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=68118" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(15) ["max_num_pages"]=> float(8) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "f911ba9480e4a162e4a63594ac3002c3" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

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