#UnMundialSinMéxico

 Israel Aparicio nos dice las razones por las cuales el  futbol mexicano no trasciende. 

2 de febrero, 2023 mexico en el ricardo saprissa

Corría el año de 2013 y las eliminatorias de futbol en la zona de Concacaf arrojaban en su última jornada que el poderoso balompié mexicano podría estar condenado a no asistir al mundial de Brasil 2014. En el partido celebrado en el estadio del Ricardo Saprissa, en Costa Rica, la selección mexicana perdía 2-1 en los últimos minutos del partido. En ese momento con la combinación de resultados, la selección de Panamá arrebataba el boleto al repechaje a México que brindaba la última oportunidad de asistir a la justa mundialista que a la postre dejó como campeón al poderoso combinado de Alemania.

La antipatía centroamericana en redes sociales contra el futbol mexicano impulsó el tema de tendencia #UnMundialSinMéxico que estuvo cerca de concretarse de no ser porque la selección de los Estados Unidos, logró recuperarse de un marcador adverso en los últimos minutos para ganar a Panamá en su estadio por marcador final de 2-3. Con este resultado de forma inverosímil la selección mexicana y sus gigantescos intereses económicos alrededor del futbol mexicano, lograba salvar un desastre económico y deportivo (en ese orden) que nadie pensaba posible. Al final de ese ciclo mundialista la selección mexicana sucumbió en octavos de final ante Holanda, cumpliendo con el pronóstico de cada justa futbolística de estar entre los mejores 18 selecciones del mundo.

Ante esta amenaza ya olvidada por la afición, sobre todo por sus poderosos dirigentes, nadie entendió la luz roja que avisaba que el futbolista mexicano estaba bajando su nivel de competitividad internacional y que en algún momento, provocaría un retroceso en sus estándares tradicionales. La tormenta perfecta ocurrió en el pasado Mundial de Qatar 2022 cuando la selección mexicana no pudo clasificarse a octavos de final, cosa que no ocurría desde hace 40 años.

El balompié nacional dominado por empresas poderosas que siempre privilegian la ganancia económica sobre la calidad deportiva, precipitaron las acciones que condenaron la posibilidad de trascender internacionalmente. La multipropiedad de clubes, sumado a la cancelación del descenso del peor equipo en el torneo, pero sobre todo la incorporación de extranjeros sin calidad y su nacionalización exprés, provocaron que los jugadores mexicanos tuvieran menos espacio de desarrollo con la saturación de futbolistas extranjeros.

El mercado mexicano está sobrevalorado económicamente, la materia prima que es el futbolista es tasada internacionalmente en precios que no corresponden a la realidad. A diferencia de países productores de jugadores de gran calidad como Brasil y la recientemente campeona del mundo, Argentina, los futbolistas mexicanos son más caros de vender en el mercado internacional a comparación de las promesas sudamericanas acostumbradas a triunfar en el mejor balompié europeo. Cuando un futbolista mexicano empieza a despuntar luego de su tardío proceso deportivo, al llegar su recontratación en el mismo club, su salario se ve exponenciado provocando que no busque emigrar a otras ligas donde no tienen asegurada su titularidad pero, sobre todo, donde no perciben los jugosos salarios que se pagan en el país. Todo en detrimento de la calidad de la liga mexicana, pero en especial de la inflada economía asociada al futbol nacional.

A diferencia de los jugadores sudamericanos que ven al futbol como una oportunidad de escalar socialmente, además de lograr triunfar en las mejores competiciones europeas, la mayoría de los jugadores mexicanos son conformistas y al lograr una mejora en sus percepciones económicas, su desarrollo deportivo se ve frenado. El deporte más popular en el país es el futbol, pero los resultados deportivos nunca acompañan esa fidelidad de las aficiones, en realidad el verdadero deporte de los pobres mexicanos es el boxeo que ha dado múltiples campeones mundiales. 

La selección mexicana es uno de los mejores productos que se venden en la unión americana al tener millones de connacionales trabajando y enviando remesas que son vitales para la economía nacional. El producto futbolístico en sí mismo es mediocre al estar estancado entre los mejores 15 lugares del mundo, pero que logra una gran integración social entre diferentes estratos sociales e ideológicos. El futbol en México no ha logrado la trascendencia deportiva que acompañe con su nivel de infraestructura y de las aficiones tan arraigadas que existen. 

A raíz del desastre deportivo de Qatar 2022, el futbol mexicano enfrenta las consecuencias de sus terribles decisiones y de sus vicios arraigados que le provocaron estar estancados en la mediocridad. Con la premura de ser sede mundialista junto con sus socios comerciales del Tratado de Libre Comercio, Estados Unidos y Canadá, cuyos representativos deportivos han superado a México. Lejos están las décadas cuando al país se le llegó a denominar como el gigante futbolístico de su atrasada zona futbolística.

El futbol mexicano es una representación de su cultura y sus gobiernos, es en muchas cosas un estado de excepción donde se privilegia a los poderosos clubes y televisoras que hacen y deshacen a su gusto, aún por encima de las leyes que son laxas en su aplicación. Al ser el deporte que más riqueza económica genera, los intereses de muchos participantes como promotores de jugadores, empresas patrocinadoras, la poderosa televisora oligopólica y no pocos políticos, han propiciado que el producto deportivo final haya llegado a una crisis que traería enormes pérdidas para esta oligarquía irracional.

Durante el curso de la semana se presentaron, luego de más de sesenta días de “análisis”, las conclusiones y presuntos cambios en la conformación de la liga mexicana, que es la que nutre a la selección nacional. Al parecer cambios simplemente estéticos, son detalles que en nada cambiarán la ya viciada conformación del futbol nacional, con la hegemonía intacta del poder omnipresente de la televisora preponderante que es la verdadera dueña del “equipo de todos”. Cualquier cambio lógico a realizarse debe pasar por la aprobación de un puñado de dirigentes que no les preocupa mucho el siguiente ciclo mundialista, al ser México sede, y que no se atreven a dejar que sus equipos desciendan del máximo circuito, en la mínima instancia de justicia deportiva, imponiendo su lógica de intereses económicos. 

El que no se haya nombrado a un técnico nacional a estas alturas del proceso mundialista retrata la tragicomedia del futbol mexicano acostumbrado a los escándalos, las transas y los resultados mediocres en contraste con sus fieles aficionados que no merecen el producto deportivo que consumen. El balompié en México es de los pocos fenómenos sociales que aún aglutinan a los connacionales, se le debe cuidar ya que brinda escasas alegrías e ilusiones en un país cada vez más polarizado, con retos económicos gigantescos desde el inicio de la pandemia.

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