Reescribiendo narrativas: ampliación de perspectivas

Desde nuestro nacimiento observamos la vida desde un punto de vista, desde el Yo.  Conforme crecemos, ampliamos esa visión hasta alcanzar el punto de vista del Nosotros.  Un método potente para ampliar el universo del Nosotros consiste...

13 de agosto, 2021

Desde nuestro nacimiento observamos la vida desde un punto de vista, desde el Yo. 

Conforme crecemos, ampliamos esa visión hasta alcanzar el punto de vista del Nosotros. 

Un método potente para ampliar el universo del Nosotros consiste en sumergirse en la perspectiva del tú, del él, del ellos y del ustedes. 

 

En el artículo de la semana anterior decíamos que si bien nacemos en un contexto específico, sumergidos en una visión del mundo previamente configurada a lo largo de la historia humana, hoy estamos en la posibilidad de transformar consciente y deliberadamente nuestros relatos de tal modo que construyamos nuevas conductas y maneras de estar en el mundo más constructivas y empáticas.

Hablamos también de proponer dos formas para transformar esas narrativas. Tras plantear como primer mecanismo el desafío de los paradigmas existentes, hoy hablaremos de esa segunda modalidad para reconfigurar la manera de explicarnos el mundo: la ampliación consciente y deliberada de nuestras perspectivas. 

Todos, desde nuestro nacimiento, observamos la vida desde un punto de vista, desde el Yo. Conforme crecemos, ampliamos esa visión para alcanzar el punto de vista del Nosotros. 

Yo, y el grupo al que pertenezco se convierten en mis prioridades, en los únicos sujetos en mi campo de visión y dependerá de lo que consideremos “nosotros” para saber que tan amplio o que tan restringido es ese universo. 

Un método para ampliar ese universo del Nosotros, es decir, considerar cada vez a más y más individuos como nuestros pares, está en sumergirse en la perspectiva del tú, del él, del ellos y del ustedes. 

Este planteamiento que parece tan simple, planteado a partir de los pronombres personales –y que Ken Wilber utiliza con maestría como núcleo básico para desarrollar su Teoría Integral– es una manera de exploración que nos permite paulatinamente extender y ampliar nuestro campo de visión, haciéndonos sistemática y progresivamente capaces de colocarnos en los zapatos de cada uno de ellos, lo que nos permite observar el mundo desde un lugar distinto del nuestro, lo cual, si lo hacemos con seriedad y sensibilidad, implica el asombroso descubrimiento de universos nuevos, inéditos, en ocasiones del todo desconocidos para nosotros.  

A partir de la aceptación de que no es posible saberlo todo con total certeza, que las verdades en que fundamos nuestro conocimiento son parciales y cambiantes y que la diferencia y la diversidad que encontramos en “el otro” no es una amenaza sino una oportunidad para conocer otras perspectivas de la verdad, se abre ante nostros una nueva, inagotable y a veces abrumadora posibilidad para hacer renovadas interacciones con el mundo.   

Pensemos por un momento: si la REALIDAD es una sola y está ahí, frente a nosotros para que la interpretemos, ¿por qué no estamos todos de acuerdo en lo que es verdad y en lo que no lo es? ¿Por qué haría falta “moldear” la realidad con palabras, si resulta tan evidente cuando alguien tiene razón y cuando está equivocado? Desde esta perspectiva sería razonable pensar que ante un escenario concreto específico, todos veríamos lo mismo y las narrativas sobrarían, sin embargo no es así. 

Pongamos un ejemplo que lo ilustre: si tomásemos a cinco individuos de sexo masculino, saludables, de la misma edad y con capacidades cognitivas equivalentes, pero uno perteneciera a una tribu del amazonas, otro a la alta jerarquía musulmana de Arabia Saudita, uno más miembro destacado de la comunidad científica europea, a un próspero comerciante de un país latinoamericano y por último a un sacerdote católico y a los cinco se les colocara frente a la Basílica de San Pedro, en Roma, no tengo ninguna duda de que, aun contemplando el mismo edificio, desde la misma perspectiva, aun cuando cada uno de ellos observaría la misma realidad material, ninguno la interpretaría de la misma forma: cada uno la interpretaría desde su propia visión del mundo.

En cada uno de los casos contemplarían el mismo escenario pero desde niveles de comprensión diferentes, y eso conduciría a que la realidad que cada uno tendría delante, a pesar de su aparente solidez material, sería literalmente distinta. Mientras uno ve rocas apiladas, otro contempla la casa de Dios, con el agregado de que las cinco versiones tendrían una dosis de “verdad” si se analizan desde la perspectiva cultural de cada uno.  

¿Cuál de las cinco realidades sería “más real”? ¿Cuál de los cinco “Yos” tendría razón a la hora de describir lo que está viendo? Me animo a responder que los cinco tendrían algún nivel de “razón”, porque los cinco contemplan una parte verdadera de la realidad. El truco está en que si bien cada una de las interpretaciones es verdadera, también hay que decir que cada una es parcial, y por lo tanto incompleta. Si los cinco compartieran entre sí sus respectivas interpretaciones, los cinco terminarían por tener una visión más completa y por lo tanto, más verdadera de lo que observaron. Una vez concluido el ejercicio de conversación el “nosotros” de los cinco “yos” sería más amplio que antes de compartir sus visiones. Con la ventaja de que cada uno de los “yos” individuales incluiría en su relato posterior algún apunte recibido de la narración de los otros cuatro, con lo cual su visión sería más amplia y, por ende, más verdadera.  

Por eso es tan complicado articular relatos en común, que nos hagan sentido a todos, que los aceptemos como verdaderos de manera universal. Y por eso la pandemia en que estamos inmersos puede ser, a pesar de sus costos inmensos en todos sentidos, un catalizador para comenzar a articular narrativas que nos incluyan y suscribamos todos. 

Esta es la base de la propuesta: al saber que no poseemos LA VERDAD porque solo podemos percibir partes, puntos de vista, perspectivas limitadas de la realidad total, todo lo que damos como cierto lo es seguramente en alguna medida, pero siempre reconociendo que nuestra comprensión y nuestro punto de vista es parcial y que una aceptación seria del Otro nos puede permitir ampliar nuestros paradigmas y con ello conseguir que nuestra visión sea paulatinamente más verdadera. 

La REALIDAD –con mayúscula– es tan intrincada, tan compleja, tan amplia que nos resulta imposible percibirla o conocerla en su totalidad. El ser humano nace con ciertas facultades –sensación, percepción, emoción, sentimiento, razón– que le permiten relacionarse con el entorno, pero sus capacidades son limitadas y se amplían justamente con la acumulación y reescritura de las narrativas que nos contamos conforme las nuevas son más amplias, profundas e incluyentes. 

Se trata de una actitud, de una aceptación profunda, en una palabra: de una narrativa que se funda en la consciencia de que la realidad en general y las realidades humanas en particular son tan complejas que resultan inabarcables para un solo individuo y por lo tanto encarar la interacción con el otro desde la humildad de reconocer que cada experiencia y cada comprensión aporta algo a la REALIDAD TOTAL enriquece la propia visión y la propia capacidad de entendimiento. 

Las narrativas de los diferentes tiempos, de las diferentes cosmovisiones significan aprendizajes. Son el escalón donde apoyamos un pie para poder subir el otro y escalar en la evolución humana. Sin las etapas, narrativas y construcciones culturales previas, no podríamos trascender los viejos paradigmas por la sencilla razón de que no existirían. Para poder abolir la esclavitud, uno de los mayores saltos evolutivos del ser humano desde el punto de vista ético y moral, primero debió haberla. Pero ese cambio no fue fácil. Abolir la esclavitud no fue solo un bonito pensamiento humanitario. Se requirió transformar la economía –altamente dependiente de la mano de obra esclava–, transformar la política –otorgarles derechos civiles a los esclavos que se emanciparían–, transformar las estructuras sociales y culturales y un largo etcétera. Incluso hoy, bien entrado el siglo XXI, en naciones como los Estados Unidos quedan todavía muchas rebabas por pulir en la integración igualitaria plena en la sociedad por quienes son descendientes de aquellos esclavos “liberados”. Este es un ejemplo de que la pura narración lingüística no es suficiente y se requieren “narrativas conductuales” que confirmen lo que aseguramos con palabras.  

Tenemos la responsabilidad de ser críticos con las visiones y comprensiones heredadas, pero siempre sin olvidar que de no haber existido, jamás habríamos podido llegar a donde estamos. Y ampliar nuestra capacidad de asimilación y empatía. Y entender que, a pesar de la renovación, no alcanzaremos la VERDAD sino una perspectiva verdadera y coherente que habrá de convivir y cohabitar con muchas otras perspectivas igualmente coherentes, que también serán verdaderas a su manera. 

 

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Comentarios
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Si no salieron entre vítores de los afganos agradecidos desfilando triunfantes por las calles  de Kabul, es poco probable que este sábado desfilen como desfiló el general Norman Schwarzkopf después de liderar  la operación Desert Storm. La imagen de las torres gemelas del World Trade Center de Nueva York humeantes y desplomándose sobre sí mismas es conocida por todo mundo. Desde el desplome de ambos rascacielos surgió la sospecha de que su implosión no era explicable como consecuencia del impacto sufrido por los dos aviones comerciales que chocaron contra ellas. Yo no me voy a meter en la polémica sobre si fueron aviones comerciales o fueron drones, porque tengo un mejor parámetro para inferir la autoría de los atentados de aquel día. El World Trade Center NO se limitaba a las Twin Towers: era un conjunto de diez edificios de los que las Gemelas eran el ícono representativo a los ojos del mundo. 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En cuanto a credibilidad se refiere, viendo el mundo con mis ojos que han visto ya de todo, El Único en el que creo, es en Dios.      _____________________________________
  1.  Estados Unidos ha logrado increíbles ganancias a base de episodios como el del 9/11. De esa forma nos arrebató California, Nuevo México y Tejas; así se apoderó de Cuba, Puerto Rico, Guam y Las Filipinas; pudo entrar de lleno al incalculable negocio de la Segunda Guerra Mundial, tendiéndole una trampa a los japoneses en Pearl Harbor.
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Dependiendo del tipo de decisiones que tomemos a este respecto, el mundo en que habitemos será objetivamente distinto.  En el artículo de la semana pasada se planteaba la posibilidad de elegir conscientemente las convicciones que, superponiéndose a prejuicios y miedos, sustituyan nuestras creencias inconscientes para regir con ellas nuestro comportamiento como humanidad. Una vez asumida esta posibilidad, la pregunta que emerge de manera natural sería: ¿Hay unas convicciones mejores que otras o cualquiera que se escoja tiene el mismo valor? Y en caso de que unas sean preferibles a otras, ¿bajo qué criterio se escogen las convicciones “correctas”? Lo primero es decir categóricamente que sí, que en efecto hay convicciones más deseables que otras y por eso el definir criterios para jerarquizarlas resulta fundamental. Uso con toda intención la palabra “jerarquizar” porque, por más que resulte políticamente incorrecto decirlo, hay ideas y valores más deseables que otros. El nazismo hitleriano no es intercambiable en términos de valor con la desobediencia civil pacífica de Gandhi, por más que todo mundo sea libre de pensar lo que quiera.   Tomemos como referencia la primera pregunta del ejemplo anterior para tratar de encontrar algunos elementos objetivos que funcionen como criterios para definir cuál de las convicciones planteadas es más deseable. La pregunta decía así: 1.- Para explicarnos los fenómenos naturales, ¿preferimos un mito o una tradición, o mejor optamos por la investigación científica? Lo primero es plantearse si alguna de las dos alternativas es intrínsecamente mejor que la otra. A mi juicio, la respuesta es: sí. Una primera razón es que la ciencia llega como consecuencia del proceso evolutivo de las ideas humanas. Del mito y de la tradición emerge la ciencia como instrumento para explicar lo que los primeros no podían. E incluso dentro de la propia ciencia el proceso evolutivo no cesa. Debió existir Newton, como máximo exponente de la física tradicional, para que emergiera Einstein y relativizara lo que hasta entonces se consideraba como verdades cósmicas absolutas.  Una segunda razón es porque en el mito no cabe la ciencia. Cuando una verdad se asume como dogma inquebrantable, la duda científica es expurgada. Mientras que en el mundo de la ciencia, la tradición y el mito cohabitan siempre y cuando sea posible cuestionarlos. La ciencia, en tanto producto humano que busca la certeza y la verdad de una vez y para siempre, se articula creando paradigmas, que en cierta forma equivalen a los mitos, sin embargo, a pesar de buscar certezas, la ciencia se permite la duda, la crítica, el cuestionamiento, lo que abre espacio para muchos de esos paradigmas que se creían inamovibles se sustituyan por nuevas comprensiones un poco más “verdaderas”. El mito, por su parte, se asume como la explicación final y definitiva que no permite cuestionamiento ni mejora. En una última instancia, la ciencia podría probar que el mito es verdadero, mientras que desde el mito, el cuestionamiento científico es inaceptable.  El proceso evolutivo del planeta entero tiende a la amplitud, a la complejidad, a la especialización. Cada nueva etapa de la evolución abre un nuevo espacio que integra y abraza a lo existente en el estadio anterior, por eso en el mundo newtoniano la relatividad es inimaginable, mientras que en mundo relativo de Einstein, Newton es el cimiento principal.     Una tercera razón es que mientras el mito se explica de forma distinta en cada región del mundo y en cada tiempo, las explicaciones de la ciencia son universales y atemporales. No hay matemáticas americanas, matemáticas rusas o matemáticas islámicas. Lo mismo ocurre con el tiempo, las matemáticas es un lenguaje atemporal, y si bien las desarrolladas en épocas antiguas eran más básicas y elementales, eran parte de un mismo cuerpo de conocimiento que, como buen proceso evolutivo, se ha ido ampliando y complejizando con cada nuevo descubrimiento, pero cuyos fundamentos continúan aplicando hoy, lo mismo que aplicaban en la Grecia clásica. Mientras que, por su parte, las concepciones míticas sí responden al tiempo, espacio e idiosincrasia en que fueron articuladas.  Asumir esta –o cualquier otra– convicción de forma profunda y general conlleva infinidad de consecuencias, porque la forma en que concibamos las cosas –aún sin ser conscientes de ello– determina nuestros actos. Por ejemplo, una vez que aceptamos como humanidad que sea la ciencia la que explique lo relacionado con los fenómenos naturales, ya no habrá lugar para continuar negando el cambio climático, las políticas sanitarias referentes a la Covid-19 –o cualquier otra contingencia de salud– se decidirán desde el criterio médico y no político o económico, los datos estadísticos serán centrales para definir cómo y dónde aplicar determinadas políticas públicas y dónde y cuándo no hacerlo, y un largo etcétera. Por eso las convicciones no son asunto menor. Se trata de fundamentos que rigen las narrativas que decidamos articular, y según sean unas u otras, el mundo en que habitemos será objetivamente distinto.  Y el mismo ejercicio podríamos hacer con las otras dos preguntas del ejemplo, y con muchas más que nos permitirían redefinir nuestras convicciones por encima de las creencias que nos lastran. Pero siempre, para escoger la respuesta más apropiada, lo deseable es tomar como criterio central las características mismas del proceso evolutivo en general y de las tendencias que ha seguido el desarrollo humano a lo largo de los siglos. 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Para explicar hoy de manera razonable lo ocurrido aquel día, es indispensable precisar qué fue lo  que ocurrió con los otros ocho edificios que componían el complejo conocido como World Trade Center. Pues resulta que de aquellos diez edificios, ¡NO nada más  se desplomaron dos, ¡SINO TRES! PERO aunque a la TORRE SIETE no le pegó ningún avión, se desplomó exactamente igual que las Torres Gemelas. ¿Qué importancia tiene la comparación? Es importante porque confirma la teoría del Colegio de Ingenieros de Estados Unidos, de que las torres gemelas se implosionaron como consecuencia de una demolición controlada con explosivos. Quienes afirman que las torres gemelas se vinieron abajo por los avionazos, tendrían que explicar la razón de que LA TORRE SIETE se cayera exactamente de la misma forma, sin que le pegara ningún avión.  El Colegio de Ingenieros de Estados Unidos emitió un peritaje diciendo que el impacto de los aviones contra las torres gemelas, NO FUE LA CAUSA DE SU IMPLOSIÓN. El desplome de la TORRE SIETE sobre sí misma, corrobora lo afirmado por el Colegio de Ingenieros de Estados Unidos. Esto quiere decir que el supuesto atentado terrorista del  9/11 fue un “inside job” cuyo efecto fue un gran negocio de muchísimos billones de dólares. LA TORRE SIETE no recibió entonces ni ha recibido desde entonces la misma atención dada a las Twin Towers, por la sencilla razón de que en este mundo nuestro, solamente es “verdad” lo que puede verse en la televisión. Si la TORRE SIETE pudo desplomarse sobre sí misma al igual que sus gemelas mayores, sin que la impactara ningún avión, es de presumirse que el desplome de las protagonistas de aquella mañana NO SE DEBIERA AL IMPACTO DE NINGÚN AVIÓN. El “atentado” del 9/11 de 2001, NO es ni mucho menos el primero ni el único que los Estados Unidos ha generado para obtener ganancias económicas y políticas extraordinarias (1) Los “atentados terroristas islámicos” del 9/11/2001 también le reportaron ganancias multibillonarias a los contratistas de armamento y proveedores de mercenarios. Hoy, a 20 años de aquellos hechos, ¿perdieron los Estados Unidos en su guerra contra el terror? Los padres y madres estadounidenses que pusieron la sangre de sus hijos en esta guerra de 20 años, no ganaron, pero los que la provocaron como negocio, lograron las ganancias que querían y más.  Si  se trata de explicar  a qué se debió el desplome de las torres gemelas del World Trade Center el 11 de septiembre de 2001, basta con volver los ojos a LA TORRE SIETE. ¿Cómo es posible que nadie se ocupe de explicar qué fue lo que pasó con la torre siete? Con tanta teoría de conspiración; con la manipulación de la que muchos son víctimas, ¿en qué se  puede creer? En cuanto a credibilidad se refiere, viendo el mundo con mis ojos que han visto ya de todo, El Único en el que creo, es en Dios.      _____________________________________
  1.  Estados Unidos ha logrado increíbles ganancias a base de episodios como el del 9/11. De esa forma nos arrebató California, Nuevo México y Tejas; así se apoderó de Cuba, Puerto Rico, Guam y Las Filipinas; pudo entrar de lleno al incalculable negocio de la Segunda Guerra Mundial, tendiéndole una trampa a los japoneses en Pearl Harbor.
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