Puebla debe seguir en condiciones de semáforo naranja: Miguel Barbosa

 El cambio de semáforo no nos debe llevar a bajar la guardia El gobernador Miguel Barbosa reconoció el comportamiento social responsable de los poblanos que los ha llevado a situarse en el semáforo amarillo de la Federación,...

28 de septiembre, 2020

 El cambio de semáforo no nos debe llevar a bajar la guardia

El gobernador Miguel Barbosa reconoció el comportamiento social responsable de los poblanos que los ha llevado a situarse en el semáforo amarillo de la Federación, pero manifestó que deben permanecer en condiciones de semáforo naranja en tanto no bajen de manera sensible, los contagios en la zona metropolitana, “nos ha ido bien a partir de decisiones claras y firmes, nos estamos cuidando, lo vamos resolviendo con diálogo con empresarios, con la sociedad, teniendo hasta la evidencia científica… la decisión es quedarnos un plazo más como naranja” exhortó.

El mandatario poblano aseguró que el cambio de semáforo no los debe llevar a bajar la guardia, ya que les ha permitido evolucionar, “seamos conservadores en nuestro comportamiento y no nos desboquemos a actuar como si las cosas estuvieran resueltas, mantengamos las restricciones, así como las cuestiones de prevención en la higiene, y sigamos pensando que el pacto comunitario es el entendimiento para cuidarnos” subrayó.

Barbosa Huerta confirmó que está de acuerdo con el semáforo federal, ya que la definición de color es  partir de muchas variables, como el número de contagios, el control de fallecidos, la capacidad hospitalaria, el comportamiento social; sin embargo, complementó señalando que existe un semáforo estatal de seguimiento, “para nosotros es necesario mantener las medidas restrictivas en color naranja, por el nivel de contagios que existe en la zona metropolitana, específicamente en el municipio de Puebla”.

El mandatario poblano señaló que, si fuera necesario, se emitiría un decreto, sin que representé desacato a la opinión del semáforo federal; en este sentido, señaló que se debe equilibrar la decisión con las necesidades de los sectores productivos, por ejemplo con los cines que ya están preparándose, y reiteró que negocios nocturnos como antros, aún no se tiene contemplada su reapertura de actividades.

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cantidad de ciudadanos inconformes con las decisiones y el actuar del ejecutivo y los gobiernos estatales de Morena, misma que ha mostrado su sentir en las elecciones de la capital del país, así como durante la marcha en defensa del INE, por mencionar sólo dos eventos específicos y recientes. Gran parte de la clase media mexicana ha visto una merma notoria en sus bolsillos como consecuencia de las decisiones gubernamentales y ha escuchado el ataque a sus aspiraciones y convicciones desde el púlpito presidencial un día sí y otro también. Al mismo tiempo, miembros del sector empresarial, así como algunos políticos de oposición y numerosos medios se han encargado de poner en entredicho las palabras que emanan de boca del ejecutivo cada mañana con respecto al “avance” del país.   Hay que mencionar también las derrotas que ha sufrido el presidente y su séquito en sus empresas más recientes: la imposición de la plagiadora Yasmín Esquivel para ocupar el lugar que dejaba vacante el otro incondicional del ejecutivo que es Arturo Saldívar en la SCJN, la Reforma Electoral, etc.  Si bien lo anterior es cierto y hay millones de inconformes, hay más, muchos más, que avalan y defienden al presidente y su partido. Ahora bien, poniendo atención a las condiciones, encuestas, señales y momentos de cara al proceso electoral del año que viene, ¿resulta posible que Morena deje la presidencia en 2024? La respuesta es no. Morena llegó y como la humedad, deshacerse de ellos no será nada fácil. Y aquí están las razones:  1) Comencemos por el principio: López será muchas, muchísimas cosas, pero un demócrata o un hombre apegado a lo que dicta la ley, jamás; los hechos que lo sustentan van desde la expropiación de un predio privado cuando era jefe del gobierno capitalino, la clasificación de asignaciones y obras en la Ciudad de México durante su mandato hasta su autoproclamación como “presidente legítimo” en el 2006. Lo que dicta la constitución, las leyes y reglamentos le quedan “guangos” al actual ejecutivo y sirven sólo cuando le acomoda, como por ejemplo cuando el INE corrobora su triunfo electoral. Cuando pierde, acusa fraude. ¿Y es que acaso un hombre que buscó activamente la presidencia del 2006 al 2018, que dejó al PRD y a sus mentores al borde de la extinción en aras de su propósito, va a permitir que Morena se haga a un lado en la próxima elección, sabiendo de que el área, dependencia e institución que se revise será un hervidero de irregularidades y corrupción? No, no hay manera. Tomando en consideración lo que se encuentra en juego en el 2024, podemos no sólo prever sino tener la certeza de que el Estado, con todas sus herramientas, instituciones e influencia estarán ahí, para salvaguardar el principio fundamental del poder: no perderlo. Y aquí entran todas las trampas imaginables en materia electoral: campañas anticipadas, desvío de recursos, compra de votos, amenazas, acarreo y demás prácticas conocidas. ¿Seis meses de becas anticipadas, un año? Para eso sirve el presupuesto no ejercido y los guardaditos de la actual administración. Dinero sobra para ello, aunque en materia de educación, salud, seguridad, infraestructura, el país se esté cayendo a pedazos.    2) Popularidad: Aún para los menos interesados en los vericuetos de la política (que es la mayoría de la población) el presidente resulta un personaje identificable y no sólo eso, también cercano. Millones de mexicanos se ven representados en sus formas, maneras, en cómo se viste, en cómo actúa y sobre todo, en aquello que dice. Aunque no sea más que una burda pantomima, el presidente interpreta bien su papel:  habla mal, desdeña a los ricos, los estudiados, los privilegiados, come garnachas, saca estampas de santos para “protegerse” de la COVID, y demás etcéteras. Nadie en la oposición se acerca a los números de Morena (desde Sheinbaum hasta Adán Augusto, todos ellos duplican o triplican las preferencias de Lily Téllez, Luis Donaldo Colosio e incluso Mariana Rodríguez). Ni qué decir del presidente, que cuenta con un porcentaje cercano al 60%. No hay duda de que si se les pregunta a 10 mexicanos al azar: ¿con quién se identifica más, con el presidente o con digamos, Enrique de la Madrid o Ildefonso Guajardo? La respuesta será clara. El que salga día a tras día a soltar una cháchara interminable e inconexa no hace sino incrementar su presencia y mantiene su discurso vigente, resonando en aquellos que lo siguen por la radio, la televisión o por medios digitales, sin ir más allá. Peor aún, muchísima gente es capaz de perdonar o pasar por alto la eliminación de estancias infantiles, escuelas de tiempo completo, refugios para mujeres, de dejar sin medicamentos a niños con tal de “creer” que ese tipo que les cae bien está haciendo algo distinto de los gobiernos anteriores. Lo cual nos lleva al punto siguiente.  3) La gran mayoría de la población mexicana está condicionada no sólo por un enorme desconocimiento, sino también por numerosos sesgos y no, no me refiero únicamente a aquella con menos oportunidades (educativas y laborales). La realidad es que en nuestro país nunca permeó el pensamiento crítico y hasta el día de hoy, en pleno siglo XXI, tanto los hechos como los mitos, las supersticiones y las creencias conviven con total naturalidad, aún entre la población con un mayor grado de escolaridad, sin distinción de tonos de piel o estratos sociales. Dado lo anterior a nuestra sociedad la conforman tanto algunos especialistas médicos de alto nivel como miles que recetan Herbalife y remedios homeopáticos o productos “milagro”. También científicos de renombre así como coaches de vida que creen en los duendes y el mal de ojo e individuos con doctorados en el extranjero que creen que el aumento al salario mínimo, como medida gubernamental, realmente habrá de incrementar el poder adquisitivo de los ciudadanos en un entorno inflacionario. Los sesgos acumulados a través del tiempo no permiten generar una conciencia crítica de las cosas y la inmediatez de las redes, las fake news y otros eventos similares no han hecho sino diluir la brecha entre realidad y fantasía.  Los mexicanos en lo general no somos gente atraída por la racionalidad, por contrastar datos precisos, es más, ni por leer ni por las matemáticas ni nada que se le parezca; la navaja de Ockham, el método científico y hasta el más elemental sentido común nos hacen lo que el viento a Juárez.  Debido a ello y la política no es excepción, poco nos importan la viabilidad y la probabilidad y dejamos de lado lo complejo y riguroso por lo fácil e inverosímil: por los Chapuceros, las Mañaneras, la uña de gato, los horóscopos, los amarres, el Santo Niño Futbolero, los geles “chupa panza”, el dinero “gratis” y los políticos de izquierda que se convierten, más pronto que tarde, en tiranos. En resumen, elegimos siempre algo que se asemeje a lo que queremos o quisiéramos creer, aunque ello se oponga a la realidad misma.  4) Oposición: Simplemente no hay quién. Lo cierto es que absolutamente todos los políticos de todos los partidos han brincado de acá para allá y tienen un largo historial tras de sí, tanto los del PRI como los del PAN y por supuesto, los de MORENA. Ninguno de los miembros de la oposición, salvo tibiamente, han salido a enfrentar al presidente en estos cuatro años puesto que todos tienen esqueletos en el clóset, aún aquellos que apenas incursionaron en la política de alto nivel, de manera independiente o como parte de un partido de reciente creación. Pero aún si no los tuvieran, saben que quien resulte el ganador de la rifa del tigre de cara a la elección presidencial tendrá que verse las caras con la FGR que comanda Gertz Manero (que ahora aparentemente tiene Adán Augusto) y la UIF de Pablo Gómez, sobradamente capaces de inventar cualquier excusa y sembrar cualquier cantidad de evidencia (como pasó con Rosario Robles) para amedrentarlos y/o quitarlos del camino.  Los mismos gobernadores salientes de la oposición, sabiendo lo débiles que son sus liderazgos partidistas, han buscado la salvación personal y optado por la vía de la concordia con el ejecutivo, recibiendo la promesa de un retiro sin persecución o incluso de una embajada o un consulado a cambio de entregar sus entidades al partido del presidente.  La única posibilidad sería que algún paladín solitario e impoluto emergiera espontáneamente de la sociedad civil; si lo hiciera y lograra sobrevivir los embates de la prisión preventiva de la FGR y la UIF, aún tendría que evitar tanto él como su familia, los del narco, punto que trataremos en el punto 6, para lograr colocarse a la cabeza de las preferencias y obtener la mayor votación de la historia del país, con excepción de la de Obrador, que lo logró con 20 años de campaña ininterrumpida. Todo esto en escasos doce meses (o menos) acorde con los tiempos electorales.  5) El INE: Como bien sabemos, el intento de Reforma Electoral del presidente y Morena no llegó a buen término al no contar con la mayoría calificada, pero su alternativa si lo hizo, el llamado “Plan B” (con la ayuda del Partido Verde y del Partido del Trabajo). El paquete de leyes compacta la estructura del instituto (desaparecen las secretarias ejecutivas y el servicio profesional de carrera), limita su alcance territorial (sus órganos distritales pasan de 300 a 260 y serán temporales, no permanentes) y suaviza las sanciones contra partidos y servidores públicos (quitar candidaturas y limita las facultades del Tribunal Electoral para castigar actos anticipados de campaña) al mismo tiempo que busca eliminar el famoso PREP (Programa de Resultados Electorales Preliminares). Para peor, las dos figuras más importantes del Instituto, mismas que se han encargado de ponerle el pecho a las balas y proteger no sólo lo que el INE es y representa sino los cimientos más elementales de la democracia per se, Lorenzo Córdova y Ciro Murayama, salen en este 2023.  Sabedor de lo anterior, el presidente hará todo lo posible por imponer en el Instituto a sus incondicionales (como lo hizo en el Conacyt, la Suprema Corte, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, etc). El árbitro imparcial que garantizó la legalidad en el 2018 llegará disminuido a las próximas elecciones presidenciales.  5) Por último, pero no menos importante, Morena y el presidente tienen de su lado la FUERZA necesaria para utilizarla si así se requiere: a su diestra al Ejército Mexicano y a su siniestra, a los Cárteles del narcotráfico. A los primeros, en lugar de emplearlos en el combate de los grupos delictivos que azotan el país, los mantiene ocupados y satisfechos mediante jugosos contratos y actividades que van desde la construcción de aeropuertos hasta la “vigilancia” del Metro de la Ciudad de México. A los segundos, permitiéndoles operar sin inconveniente alguno a lo largo y ancho del país no sólo en lo referente al trasiego de droga sino también a las múltiples actividades relacionadas: trata, secuestro, extorsión, huachicol, etc. Cabe hacer mención que hay entidades donde, como en las elecciones del 2021, los distintos grupos delictivos ya operaron a favor de Morena donde resultaron vencedores. Hoy en día, 21 entidades son controladas por Morena, entre ellas Guerrero, Sinaloa, Veracruz y Tamaulipas. Ya sea por la vía legal o la ilegal, el presidente tiene la fuerza suficiente para apretar a cuántos quiera, en el momento que quiera y como mejor convenga.  Con suficiente anticipación (2016-2017) escribí y publiqué en numerosos artículos la debacle en que se vería inmerso el país en caso de ganar el “voto masivo” que pedía Obrador; lo anterior lo abordé desde distintos ángulos: lo que representaba el voto joven, que no había conocido épocas de entornos deficitarios o de alza inflacionaria constante, con políticas retrógradas y un partido hegemónico, como lo planteaba López en su Proyecto de Nación. Lo hice también mencionando los antecedentes específicos de Obrador y su paso por la capital del país, el PRD y el PRI e incluso más atrás. También escribí acerca del marketing político y el efecto de los sesgos cognitivos en las campañas electorales, que funcionaban a favor de un candidato repleto de premisas falsas o llanamente equivocadas, pero “diferente” con respecto al sistema. Y muchos otros.  Sobra decir que mis advertencias y las de muchos otros cayeron en oídos sordos. A casi siete años de distancia de aquellos escritos y a poco más de un año de la elección presidencial, a menos que se presente un evento catastrófico que logre mermar al presidente (y por consiguiente a su partido) y confluyan varios golpes de suerte simultáneos, no resulta viable la victoria en el 2024, sobre todo porque las condicionantes antes expuestas no harán sino dificultar la consecución del objetivo con cada día y mes transcurrido. Desearía equivocarme, pero lo cierto es que Morena llegó, infestó y exterminarlos no será tarea fácil, ni ahora ni en el futuro.  El ejemplo está esparcido por toda Latinoamérica.  

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Antecedentes de la posverdad

Desde el siglo XVIII, o incluso antes, comenzó a intuirse que el contenido de la psique ejerce una influencia importante sobre la percepción, la cognición y el comportamiento humano. La forma en que entendemos lo que nos rodea se vuelve determinante para manifestar una conducta, con lo cual comenzó a entrar en crisis la idea de que la realidad es sólo aquello que ocupa un lugar en el espacio-tiempo para comenzar a darle una cierta importancia a lo que sucede en la subjetividad. Freud lleva todo esto un paso más allá y diseña sus potentes teorías acerca del inconsciente y de ahí podríamos hacer un seguimiento de todo el desarrollo de la psicología del siglo XX.  Sin embargo, quizá el más claro antecedente, tanto del posmodernismo como de su manifestación patológica que conocemos como posverdad, lo tengamos en el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, quien en el siglo XIX aseguró que “no hay hechos, sino sólo interpretaciones”. La verdad dejó de ser algo objetivamente válido para todos y pasó, tras el abuso perverso de quien la lleva hasta la posverdad, a convertirse en una propiedad particular, donde la verdad es lo que yo interpreto como ocurrido sin importar datos, testimonios o referencias que lo desmientan.  Quienes en su momento defendieron el Brexit no basaron su postura en los hechos, sino en la creencia inducida por quienes defendían esa narrativa, de que Inglaterra estaría mejor fuera de la Unión, aunque no hubiese ningún dato objetivo que lo probara esa hipótesis.   Ken Wilber asegura que la generación Boomer, la inmediata posterior a la Segunda Guerra Mundial y primera posmoderna, educó a sus hijos, no tanto enfocados en defender la verdad, pues sabían que ésta era una construcción, sino centrados en enseñar y promover la autoestima. Sentirme validado es mucho más importante que prestar atención a los hechos. La autoestima enfocada así, asegura Wilber, no hace sino fomentar el narcisismo3 Si bien puede considerársele a Donald Trump como el rey de la posverdad, lo cierto es que se trata de una práctica mucho más extendida y popular de que se supone. Este narcisismo del que habla Wilber se manifiesta de muchas formas. Quizá la más inocua sea la representada por la “cultura selfie”, donde la realidad directamente se retoca sin pudor para que la imagen personal se adapte, no a lo que veo, no a lo que es, sino a lo quisiera ver y es esa imagen “renovada” la que se muestra como verdadera. Las redes sociales se convierten entonces en cajas de resonancia para trasmitir posverdades complacientes y reconfortantes. Pero es cada vez más habitual, y mucho más dañino para la construcción de un mundo en común, participar en discusiones que terminan con frases como esta: “yo tengo mi verdad y tú tienes la tuya”. Ante esta forma de entender la realidad no sólo no consideramos necesario esforzarnos por encontrar puntos en común y buscar un acuerdo, ni siquiera nos interesa lo que el otro pretende decirnos con “su verdad” ni que parte de esa versión podría servirnos para ampliar o complementar la nuestra.  Estamos tan identificados con nuestras creencias y es tan frecuente encontrar voces que confirman nuestra visión, que resulta muy difícil cuestionarlas. Como asegura Rutger Bregman en Utopía para realistas4, se requiere ser tremendamente valiente para cambiar de opinión porque muchas veces implica rectificar nuestra comprensión de las cosas: “Cuando la realidad choca con nuestras convicciones más profundas, preferimos recalibrar la realidad que corregir nuestra visión del mundo. No sólo eso, nos volvemos aún más inflexibles que antes en nuestras creencias” (Bregman, Utopía para realistas, 2017, P. 217-218).   Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir  1Youtube, NBC News, Meet the press, “Kellyanne Conway: Press Secretary Sean Spicer Gave 'Alternative Facts’”. Enero 2017 https://www.youtube.com/watch?v=VSrEEDQgFc8 Consulta: 16 marzo 2022 2Oxford English Dictionary (2016) y definido como <relating to or denoting circumstances in which objective facts are less influential in shaping public opinions than appeals to emotion and personal belief>. Tomado de: Jiménez Huertas, Carme, Estamos hechos de lenguaje, Primera edición, Estados Unidos, Amazon, 2019, Pág. 238 3 Wilber, Trump y la posverdad, 2018, P. 45 Wilber Ken, Trump y la posverdad, Primera Edición, España, Kairós, 2018, Pág. 45 Wilber Ken, Trump y la posverdad, Primera Edición, España, Kairós, 2018, Págs. 202 4Bregman, Rutger, Utopía para realistas. A favor de la renta básica universal, la semana laboral de 15 horas y un mundo sin fronteras, Primera Edición, España, Salamandra, 2017, Págs. 300." ["post_title"]=> string(52) "La posverdad, el extremo de la patología posmoderna" ["post_excerpt"]=> string(141) "Quien ejerce la posverdad no asume estar mintiendo. Se basa en una premisa simple: la verdad no existe, sólo existen las interpretaciones. 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Gran parte de la clase media mexicana ha visto una merma notoria en sus bolsillos como consecuencia de las decisiones gubernamentales y ha escuchado el ataque a sus aspiraciones y convicciones desde el púlpito presidencial un día sí y otro también. Al mismo tiempo, miembros del sector empresarial, así como algunos políticos de oposición y numerosos medios se han encargado de poner en entredicho las palabras que emanan de boca del ejecutivo cada mañana con respecto al “avance” del país.   Hay que mencionar también las derrotas que ha sufrido el presidente y su séquito en sus empresas más recientes: la imposición de la plagiadora Yasmín Esquivel para ocupar el lugar que dejaba vacante el otro incondicional del ejecutivo que es Arturo Saldívar en la SCJN, la Reforma Electoral, etc.  Si bien lo anterior es cierto y hay millones de inconformes, hay más, muchos más, que avalan y defienden al presidente y su partido. Ahora bien, poniendo atención a las condiciones, encuestas, señales y momentos de cara al proceso electoral del año que viene, ¿resulta posible que Morena deje la presidencia en 2024? La respuesta es no. Morena llegó y como la humedad, deshacerse de ellos no será nada fácil. Y aquí están las razones:  1) Comencemos por el principio: López será muchas, muchísimas cosas, pero un demócrata o un hombre apegado a lo que dicta la ley, jamás; los hechos que lo sustentan van desde la expropiación de un predio privado cuando era jefe del gobierno capitalino, la clasificación de asignaciones y obras en la Ciudad de México durante su mandato hasta su autoproclamación como “presidente legítimo” en el 2006. Lo que dicta la constitución, las leyes y reglamentos le quedan “guangos” al actual ejecutivo y sirven sólo cuando le acomoda, como por ejemplo cuando el INE corrobora su triunfo electoral. Cuando pierde, acusa fraude. ¿Y es que acaso un hombre que buscó activamente la presidencia del 2006 al 2018, que dejó al PRD y a sus mentores al borde de la extinción en aras de su propósito, va a permitir que Morena se haga a un lado en la próxima elección, sabiendo de que el área, dependencia e institución que se revise será un hervidero de irregularidades y corrupción? No, no hay manera. Tomando en consideración lo que se encuentra en juego en el 2024, podemos no sólo prever sino tener la certeza de que el Estado, con todas sus herramientas, instituciones e influencia estarán ahí, para salvaguardar el principio fundamental del poder: no perderlo. Y aquí entran todas las trampas imaginables en materia electoral: campañas anticipadas, desvío de recursos, compra de votos, amenazas, acarreo y demás prácticas conocidas. ¿Seis meses de becas anticipadas, un año? Para eso sirve el presupuesto no ejercido y los guardaditos de la actual administración. Dinero sobra para ello, aunque en materia de educación, salud, seguridad, infraestructura, el país se esté cayendo a pedazos.    2) Popularidad: Aún para los menos interesados en los vericuetos de la política (que es la mayoría de la población) el presidente resulta un personaje identificable y no sólo eso, también cercano. Millones de mexicanos se ven representados en sus formas, maneras, en cómo se viste, en cómo actúa y sobre todo, en aquello que dice. Aunque no sea más que una burda pantomima, el presidente interpreta bien su papel:  habla mal, desdeña a los ricos, los estudiados, los privilegiados, come garnachas, saca estampas de santos para “protegerse” de la COVID, y demás etcéteras. Nadie en la oposición se acerca a los números de Morena (desde Sheinbaum hasta Adán Augusto, todos ellos duplican o triplican las preferencias de Lily Téllez, Luis Donaldo Colosio e incluso Mariana Rodríguez). Ni qué decir del presidente, que cuenta con un porcentaje cercano al 60%. No hay duda de que si se les pregunta a 10 mexicanos al azar: ¿con quién se identifica más, con el presidente o con digamos, Enrique de la Madrid o Ildefonso Guajardo? La respuesta será clara. El que salga día a tras día a soltar una cháchara interminable e inconexa no hace sino incrementar su presencia y mantiene su discurso vigente, resonando en aquellos que lo siguen por la radio, la televisión o por medios digitales, sin ir más allá. Peor aún, muchísima gente es capaz de perdonar o pasar por alto la eliminación de estancias infantiles, escuelas de tiempo completo, refugios para mujeres, de dejar sin medicamentos a niños con tal de “creer” que ese tipo que les cae bien está haciendo algo distinto de los gobiernos anteriores. Lo cual nos lleva al punto siguiente.  3) La gran mayoría de la población mexicana está condicionada no sólo por un enorme desconocimiento, sino también por numerosos sesgos y no, no me refiero únicamente a aquella con menos oportunidades (educativas y laborales). La realidad es que en nuestro país nunca permeó el pensamiento crítico y hasta el día de hoy, en pleno siglo XXI, tanto los hechos como los mitos, las supersticiones y las creencias conviven con total naturalidad, aún entre la población con un mayor grado de escolaridad, sin distinción de tonos de piel o estratos sociales. Dado lo anterior a nuestra sociedad la conforman tanto algunos especialistas médicos de alto nivel como miles que recetan Herbalife y remedios homeopáticos o productos “milagro”. También científicos de renombre así como coaches de vida que creen en los duendes y el mal de ojo e individuos con doctorados en el extranjero que creen que el aumento al salario mínimo, como medida gubernamental, realmente habrá de incrementar el poder adquisitivo de los ciudadanos en un entorno inflacionario. Los sesgos acumulados a través del tiempo no permiten generar una conciencia crítica de las cosas y la inmediatez de las redes, las fake news y otros eventos similares no han hecho sino diluir la brecha entre realidad y fantasía.  Los mexicanos en lo general no somos gente atraída por la racionalidad, por contrastar datos precisos, es más, ni por leer ni por las matemáticas ni nada que se le parezca; la navaja de Ockham, el método científico y hasta el más elemental sentido común nos hacen lo que el viento a Juárez.  Debido a ello y la política no es excepción, poco nos importan la viabilidad y la probabilidad y dejamos de lado lo complejo y riguroso por lo fácil e inverosímil: por los Chapuceros, las Mañaneras, la uña de gato, los horóscopos, los amarres, el Santo Niño Futbolero, los geles “chupa panza”, el dinero “gratis” y los políticos de izquierda que se convierten, más pronto que tarde, en tiranos. En resumen, elegimos siempre algo que se asemeje a lo que queremos o quisiéramos creer, aunque ello se oponga a la realidad misma.  4) Oposición: Simplemente no hay quién. Lo cierto es que absolutamente todos los políticos de todos los partidos han brincado de acá para allá y tienen un largo historial tras de sí, tanto los del PRI como los del PAN y por supuesto, los de MORENA. Ninguno de los miembros de la oposición, salvo tibiamente, han salido a enfrentar al presidente en estos cuatro años puesto que todos tienen esqueletos en el clóset, aún aquellos que apenas incursionaron en la política de alto nivel, de manera independiente o como parte de un partido de reciente creación. Pero aún si no los tuvieran, saben que quien resulte el ganador de la rifa del tigre de cara a la elección presidencial tendrá que verse las caras con la FGR que comanda Gertz Manero (que ahora aparentemente tiene Adán Augusto) y la UIF de Pablo Gómez, sobradamente capaces de inventar cualquier excusa y sembrar cualquier cantidad de evidencia (como pasó con Rosario Robles) para amedrentarlos y/o quitarlos del camino.  Los mismos gobernadores salientes de la oposición, sabiendo lo débiles que son sus liderazgos partidistas, han buscado la salvación personal y optado por la vía de la concordia con el ejecutivo, recibiendo la promesa de un retiro sin persecución o incluso de una embajada o un consulado a cambio de entregar sus entidades al partido del presidente.  La única posibilidad sería que algún paladín solitario e impoluto emergiera espontáneamente de la sociedad civil; si lo hiciera y lograra sobrevivir los embates de la prisión preventiva de la FGR y la UIF, aún tendría que evitar tanto él como su familia, los del narco, punto que trataremos en el punto 6, para lograr colocarse a la cabeza de las preferencias y obtener la mayor votación de la historia del país, con excepción de la de Obrador, que lo logró con 20 años de campaña ininterrumpida. Todo esto en escasos doce meses (o menos) acorde con los tiempos electorales.  5) El INE: Como bien sabemos, el intento de Reforma Electoral del presidente y Morena no llegó a buen término al no contar con la mayoría calificada, pero su alternativa si lo hizo, el llamado “Plan B” (con la ayuda del Partido Verde y del Partido del Trabajo). El paquete de leyes compacta la estructura del instituto (desaparecen las secretarias ejecutivas y el servicio profesional de carrera), limita su alcance territorial (sus órganos distritales pasan de 300 a 260 y serán temporales, no permanentes) y suaviza las sanciones contra partidos y servidores públicos (quitar candidaturas y limita las facultades del Tribunal Electoral para castigar actos anticipados de campaña) al mismo tiempo que busca eliminar el famoso PREP (Programa de Resultados Electorales Preliminares). Para peor, las dos figuras más importantes del Instituto, mismas que se han encargado de ponerle el pecho a las balas y proteger no sólo lo que el INE es y representa sino los cimientos más elementales de la democracia per se, Lorenzo Córdova y Ciro Murayama, salen en este 2023.  Sabedor de lo anterior, el presidente hará todo lo posible por imponer en el Instituto a sus incondicionales (como lo hizo en el Conacyt, la Suprema Corte, la Comisión Nacional de Derechos Humanos, etc). El árbitro imparcial que garantizó la legalidad en el 2018 llegará disminuido a las próximas elecciones presidenciales.  5) Por último, pero no menos importante, Morena y el presidente tienen de su lado la FUERZA necesaria para utilizarla si así se requiere: a su diestra al Ejército Mexicano y a su siniestra, a los Cárteles del narcotráfico. A los primeros, en lugar de emplearlos en el combate de los grupos delictivos que azotan el país, los mantiene ocupados y satisfechos mediante jugosos contratos y actividades que van desde la construcción de aeropuertos hasta la “vigilancia” del Metro de la Ciudad de México. A los segundos, permitiéndoles operar sin inconveniente alguno a lo largo y ancho del país no sólo en lo referente al trasiego de droga sino también a las múltiples actividades relacionadas: trata, secuestro, extorsión, huachicol, etc. Cabe hacer mención que hay entidades donde, como en las elecciones del 2021, los distintos grupos delictivos ya operaron a favor de Morena donde resultaron vencedores. Hoy en día, 21 entidades son controladas por Morena, entre ellas Guerrero, Sinaloa, Veracruz y Tamaulipas. Ya sea por la vía legal o la ilegal, el presidente tiene la fuerza suficiente para apretar a cuántos quiera, en el momento que quiera y como mejor convenga.  Con suficiente anticipación (2016-2017) escribí y publiqué en numerosos artículos la debacle en que se vería inmerso el país en caso de ganar el “voto masivo” que pedía Obrador; lo anterior lo abordé desde distintos ángulos: lo que representaba el voto joven, que no había conocido épocas de entornos deficitarios o de alza inflacionaria constante, con políticas retrógradas y un partido hegemónico, como lo planteaba López en su Proyecto de Nación. Lo hice también mencionando los antecedentes específicos de Obrador y su paso por la capital del país, el PRD y el PRI e incluso más atrás. También escribí acerca del marketing político y el efecto de los sesgos cognitivos en las campañas electorales, que funcionaban a favor de un candidato repleto de premisas falsas o llanamente equivocadas, pero “diferente” con respecto al sistema. Y muchos otros.  Sobra decir que mis advertencias y las de muchos otros cayeron en oídos sordos. A casi siete años de distancia de aquellos escritos y a poco más de un año de la elección presidencial, a menos que se presente un evento catastrófico que logre mermar al presidente (y por consiguiente a su partido) y confluyan varios golpes de suerte simultáneos, no resulta viable la victoria en el 2024, sobre todo porque las condicionantes antes expuestas no harán sino dificultar la consecución del objetivo con cada día y mes transcurrido. Desearía equivocarme, pero lo cierto es que Morena llegó, infestó y exterminarlos no será tarea fácil, ni ahora ni en el futuro.  El ejemplo está esparcido por toda Latinoamérica.  

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Morena se va en el 2024

¿Morena se va en el 2024?

¿Resulta posible que Morena deje la presidencia en 2024?

enero 24, 2023
Quien ejerce la posverdad no asume estar mintiendo. Se basa en una premisa simple: la verdad no existe, sólo existen las interpretaciones. Asumiendo como dogma esta declaración, no tiene más que conducir su relato hasta los límites donde las fronteras entre los hechos, las percepciones y lo que le gustaría que hubiese ocurrido se diluyen. En enero de 2017, tras la ceremonia de investidura de Donald Trump como Presidente de los Estados Unidos, el Secretario de Prensa de la Casa Blanca, Sean Spicer, declaró que dicha ceremonia había sido “la más atendida de la historia”, citando números desfasados y negando la enorme cantidad de material fotográfico, videos y datos procedentes de prensa, instituciones y hasta del propio transporte público que mostraban una realidad muy distinta. Más tarde, cuando en entrevista televisiva, le preguntaron a la Consejera de Presidencia, Kellyanne Conway, acerca de dichas declaraciones, respondió, esbozando una enigmática sonrisa, que los datos inventados por Spicer no eran falsos sino “hechos alternativos”, a lo que el presentador de NBC News, Chuck Todd, le respondió: "Los hechos alternativos no son hechos. Son falsedades". Y dicho periodista hizo énfasis en otra cosa más: si en su primera presentación ante la prensa, y acerca de un hecho en última instancia tan intrascendente, el nuevo gobierno era capaz de mentir de un modo tan flagrante y cínico, qué podría esperarles en el futuro. El equipo del expresidente Trump no reconocía estar mintiendo. Paras ellos la nueva versión de la verdad, construida a partir de sus propias percepciones, era tan válida como los conteos objetivos y las referencias históricas de las toma de posesión anteriores. La verdad era producto de la percepción y su validez se asentaba en el hecho simple de considerarla como tal. El Oxford English Dictionary asegura que la posverdad “denota circunstancias en las que los hechos objetivos influyen menos en la opinión pública que aquellos que apelan al emoción y a las creencias personales”. Quien ejerce la posverdad no asume estar mintiendo. De hecho se basa en una premisa muy simple, sostenida en la visión posmoderna que afirma que la verdad no existe, sólo versiones o interpretaciones de la realidad. Tras asumir como dogma esta declaración, no tiene más que conducir su relato hasta los límites donde las fronteras entre los hechos, las percepciones y lo que le gustaría que hubiese ocurrido se diluyen, y es ese territorio ambiguo el individuo se siente con la capacidad de construir una versión de los acontecimientos que reflejen aquello que desea expresar. La verdad ya no es sólo relativa a una perspectiva o un contexto, ya no es que se vea influida por la interioridad, los miedos, las creencias o los deseos de un individuo, sino que simple y llanamente es producto de la voluntad de quien la crea. La Posverdad se ajusta a las conveniencias de quien pretende imponerla y es inmune a cualquier evidencia empírica u objetiva si ésta contradice los prejuicios, ideología, visión del mundo o, incluso, apetencias u odios coyunturales de quien la defiende. Equivale a aceptar que vivimos en un mundo donde los hechos dejan de ser objetivos y se convierten en optativos, donde lo concreto se ajusta a la interpretación personal del momento y, aunque en principio parece cómodo y satisfactorio, a la larga nos obliga a vivir en un mundo incierto donde no hay referentes comunes a los cuales asirse. Antecedentes de la posverdad Desde el siglo XVIII, o incluso antes, comenzó a intuirse que el contenido de la psique ejerce una influencia importante sobre la percepción, la cognición y el comportamiento humano. La forma en que entendemos lo que nos rodea se vuelve determinante para manifestar una conducta, con lo cual comenzó a entrar en crisis la idea de que la realidad es sólo aquello que ocupa un lugar en el espacio-tiempo para comenzar a darle una cierta importancia a lo que sucede en la subjetividad. Freud lleva todo esto un paso más allá y diseña sus potentes teorías acerca del inconsciente y de ahí podríamos hacer un seguimiento de todo el desarrollo de la psicología del siglo XX. Sin embargo, quizá el más claro antecedente, tanto del posmodernismo como de su manifestación patológica que conocemos como posverdad, lo tengamos en el filósofo alemán Friedrich Nietzsche, quien en el siglo XIX aseguró que “no hay hechos, sino sólo interpretaciones”. La verdad dejó de ser algo objetivamente válido para todos y pasó, tras el abuso perverso de quien la lleva hasta la posverdad, a convertirse en una propiedad particular, donde la verdad es lo que yo interpreto como ocurrido sin importar datos, testimonios o referencias que lo desmientan. Quienes en su momento defendieron el Brexit no basaron su postura en los hechos, sino en la creencia inducida por quienes defendían esa narrativa, de que Inglaterra estaría mejor fuera de la Unión, aunque no hubiese ningún dato objetivo que lo probara esa hipótesis. Ken Wilber asegura que la generación Boomer, la inmediata posterior a la Segunda Guerra Mundial y primera posmoderna, educó a sus hijos, no tanto enfocados en defender la verdad, pues sabían que ésta era una construcción, sino centrados en enseñar y promover la autoestima. Sentirme validado es mucho más importante que prestar atención a los hechos. La autoestima enfocada así, asegura Wilber, no hace sino fomentar el narcisismo. Si bien puede considerársele a Donald Trump como el rey de la posverdad, lo cierto es que se trata de una práctica mucho más extendida y popular de que se supone. Este narcisismo del que habla Wilber se manifiesta de muchas formas. Quizá la más inocua sea la representada por la “cultura selfie”, donde la realidad directamente se retoca sin pudor para que la imagen personal se adapte, no a lo que veo, no a lo que es, sino a lo quisiera ver y es esa imagen “renovada” la que se muestra como verdadera. Las redes sociales se convierten entonces en cajas de resonancia para trasmitir posverdades complacientes y reconfortantes. Pero es cada vez más habitual, y mucho más dañino para la construcción de un mundo en común, participar en discusiones que terminan con frases como esta: “yo tengo mi verdad y tú tienes la tuya”. Ante esta forma de entender la realidad no sólo no consideramos necesario esforzarnos por encontrar puntos en común y buscar un acuerdo, ni siquiera nos interesa lo que el otro pretende decirnos con “su verdad” ni que parte de esa versión podría servirnos para ampliar o complementar la nuestra. Estamos tan identificados con nuestras creencias y es tan frecuente encontrar voces que confirman nuestra visión, que resulta muy difícil cuestionarlas. Como asegura Rutger Bregman en Utopía para realistas, se requiere ser tremendamente valiente para cambiar de opinión porque muchas veces implica rectificar nuestra comprensión de las cosas: “Cuando la realidad choca con nuestras convicciones más profundas, preferimos recalibrar la realidad que corregir nuestra visión del mundo. No sólo eso, nos volvemos aún más inflexibles que antes en nuestras creencias” (Bregman, Utopía para realistas, 2017, P. 217-218). Web: www.juancarlosaldir.com Instagram: jcaldir Twitter: @jcaldir Facebook: Juan Carlos Aldir

La posverdad, el extremo de la patología posmoderna

Quien ejerce la posverdad no asume estar mintiendo. Se basa en una premisa simple: la verdad no existe, sólo existen las interpretaciones.

enero 27, 2023




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