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¿Por qué nos alegra la desgracia ajena?

Bárbara Lejtik nos explica por qué a veces nos alegramos por las desgracias ajenas, sobre todo si se trata de gente de poder o con dinero.

27 de junio, 2023 ¿Por qué nos alegra la desgracia ajena?

Esta inconformidad de la gente y burla nace de la crítica del pensamiento: ”¿Por qué debería preocuparme de la muerte de gente millonaria y privilegiada, cuándo gente pobre muere cada día en situaciones horribles y nadie habla de eso?”.

El hundimiento del submarino Titán, que impactó al mundo por ser una expedición fallida a visitar los restos del Titanic, y que resultó en una tragedia, ha generado cientos de memes en las redes sociales. Reírse del hundimiento del submarino Titán se puede considerar como una insensibilidad a la muerte de otros seres humanos. 

Como si no hubiésemos todos los seres humanos a través del tiempo intentado conocer un poco de nuestra historia visitando sitios legendarios. Basta con echar un vistazo a todos los monumentos históricos que reciben a diario cientos de miles de investigadores, turistas y estudiosos intentando comprender a través de las ruinas la Historia de nuestra especie.

Muestran su desinterés al tema con humor negro. Aparte de hacer burla de las condiciones por las que el submarino Titán se hundiera, como no tener las condiciones necesarias, o ser manejado por un control de videojuegos. Mientras que a las personas que no les causa gracia, expresan en redes las razones por las que bajo ninguna circunstancia deberíamos burlarnos.

Schadenfreude es un término que surge de la unión de las palabras alemanas ‘Schaden’ y ‘Freude’. La primera se traduce como desgracias o infortunios y la segunda como alegría, por lo que al unirlas se habla de ‘regocijo’ por el mal ajeno. La complejidad de la expresión está en que hace alusión a una emoción que indica un disfrute genuino ante las pérdidas, dolores, o desgracias que otras personas sufren. En países de habla hispana el término ya se usa para hablar de una situación ligada a lo clínico.

 

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Origen del Schadenfreude

Investigaciones recientes indican que este tipo de emociones nacen de nuestro sentido evolutivo y hasta se ha determinado que alegrarse por el mal ajeno a veces libera dopamina en nuestro cerebro, lo que provoca sensación de placer y recompensa. Nos referimos a perfiles de personas que se muestran incorruptibles o infalibles en su vida pública y que, cuando “tropiezan” o se equivocan, generan esa sensación de alivio en quienes les rodean. Por ejemplo, el político que “pelea” por los derechos laborales y se descubre que no tiene contratada a su empleada doméstica; el jefe tirano que es humillado públicamente por su esposa; el encuentro con una ex pareja que nos reclamaba estar más pendientes de nuestra apariencia personal, y que ahora luce notoriamente descuidada, etc.

En el 2014, los investigadores de Shamay-Tsoory, Ahronberg-Kirschenbaum y Bauminger-Zviely realizaron una observación sobre niños de dos años de edad en los que evidenciaron el Schadenfreude como una emoción natural. Los autores establecieron que esta emoción estaba asociada a la idea de justicia, en el sentido que al pasarle algo malo a alguien que se había portado de manera injusta las circunstancias retomaban su orden natural al recibir un “castigo”.

“Imagina que tienes un jefe que te trata mal, que no te valoriza, y que se tropieza cuando va pasando a tu lado. No vas a tener empatía por su sufrimiento, vas a sentir placer. Eso es schadenfreude” (Agustín Ibáñez, doctor en Psicología e investigador del Centro de Neurociencias).

Cuando el Schadenfreude debe preocuparte…

Ya hemos dicho que sentir Schadenfreude es natural, pero si se convierte en una constante y estamos pendientes de “ver caer” a los demás para burlarnos, entonces es necesario revisar las posibles causas que se esconden tras el placer por el mal ajeno:

Baja autoestima. Al no sentirnos confiados con nosotros mismos, o no saber cómo superarnos, podemos sentir Schadenfreude. Ver que alguien falla nos permite verlo como un igual. Estudios han demostrado que las personas con baja autoestima disfrutan más de los errores de otros pues se sienten cómodos viendo a sus pares como “fracasados”. Si este es tu caso te invitamos a consultar nuestro listado de psicólogos expertos para superar tus dificultades.

Envidia. Anhelar muchas cosas, no hacer nada para obtenerlas y ver que otros sí las alcanzan, es el comportamiento típico de la gente envidiosa. Es común que ellas pierdan el tiempo y las energías deseando lo que otros tienen y que por ende les alegre que lo pierdan, pues creen que el otro no lo merecía pensando cosas como “si yo no lo puedo tener, mejor que el otro tampoco”.

Rivalidad. Estos escenarios se dan con frecuencia en espacios deportivos donde hay una alta competitividad. Incluso cuando nuestro juego no se afecta para nada por el penalti o una falta sancionada, se puede sentir Schadenfreude con la falsa idea de que si pierde hay más posibilidades de que ganemos, aunque haya muchos más participantes de por medio. No necesariamente hay maldad en estas reacciones, pues a veces se trata más del alivio de ascender en la tabla de posiciones a raíz de la descalificación del otro.

Alivio. Ver a otro tropezarse o hacer el ridículo nos produce alivio porque no somos nosotros los que lo estamos viviendo. “Si me pasara a mí me muero de la vergüenza” es uno de los pensamientos o expresiones más rápidos en quien experimenta Schadenfreude

Venganza. Un mal comportamiento suele dejar un mal sabor. Si creemos que alguien se portó mal y se merece un castigo, surge la idea de la venganza o la justicia que da lugar al Schadenfreude, cuando algo malo le pasa.

“Se lo merece” es lo que se viene a la mente en medio del Schadenfreude, que se traduce en ese alivio de sentir que la ‘vida les pagó’ eso que le debía. En realidad, la vida no siempre es justa y por eso ver a alguien arrogante o malintencionado pasar por un mal momento da la sensación de alegría a más de uno. ¿Lo has vivido? Tranquilo, muchos (o todos) lo hemos vivido.

Como ves, sentir Schadenfreude no es algo inusual en nuestro día a día, pero también debemos pensar que puede afectarnos al sentir culpa por disfrutar de las desgracias ajenas. Es natural que se nos cruce por la mente que somos “malas personas” pero debemos ser un poco más moderados y no llevar esta culpa al extremo si se trata de algo leve y pasajero.

Además, si la desgracia es grave la emoción suele transformarse en compasión. Que alguien se enferme gravemente o pierda a un ser querido no significa una alegría para nadie.

Si bien todos los días mueren de forma terrible y dolorosa, miles de personas en situaciones adversas impulsadas por la migración, el hambre, la guerra y las epidemias, que cinco personas hayan muerto por falta de oxígeno en el fondo del mar no hace justicia a los demás.

 

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Barbara Lejtik
Soy Bárbara Lejtik, Queretana Licenciada en ciencias de la comunicación, columnista, poeta, Mujer de mediana, que busca el punto medio entre la media vida Y la vida a medias, medio entiende y medio olvida que la clase media es como la media talla medio parece medio no convence y las medias tintas a medias permanecen. Facebook: Bárbara Lejtik Twitter: barbarlejtik Instagram: Labarbariux Sitio web: www.barbara Lejtik escribe.com
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