El falso dilema de los antivacunas

“Cada vez que alguien me dice que no se va a vacunar me da una alegría infinita… cada persona que se niegue es una oportunidad más para mí…”. Así versa el texto lapidario de Olgahelena Fernández, periodista...

8 de enero, 2021

“Cada vez que alguien me dice que no se va a vacunar me da una alegría infinita… cada persona que se niegue es una oportunidad más para mí…”. Así versa el texto lapidario de Olgahelena Fernández, periodista colombiana con la cual comparto el sentir. He escuchado mil y una veces “no a la vacuna” porque no sabemos qué tiene, porque nos quieren poner un microchip, porque la élite mundial nos quiere gobernar, y un muy largo etcétera. 

Llevamos la vida comiendo cosas que no son saludables, quesos que no son 100% lácteos, azúcar que no es realmente azúcar, etc. Comemos garnachas fritas en aceite digno de un vehículo automotor, frituras con glutamato monosódico, saborizantes artificiales sabor chile y queso, frutas, bebidas negras espumosas y ahora nos preocupamos sobremanera por la fórmula de una vacuna que según los que saben puede ser una opción viable para evitar que la gente que sigue comiendo de esa manera, sin cuidar de su cuerpo como corresponde, deje de morir por covid.

Y la mayor ironía de todas cuando Pfizer, uno de los laboratorios que desarrollaron una de las fórmulas de la vacuna contra el COVID, lanzó al mercado el “Viagra, nadie cuestionó nada. Se la tomaron y ya. Ahora, en cambio, dudan de ese laboratorio”. El colmo, bien dice Fernández es que “PARA MUCHOS PARAR EL COVID NO ES TAN IMPORTANTE COMO PARAR OTRA COSA”. Damos más crédito a lo que potencia la sexualidad que a lo que potencia la expectativa de vida. Algo así como vale un minuto de placer que una vida sin ello. ¡Vaya ironía! 

Creen que una faja resolverá el problema de la obesidad, que un shampoo mágico devolverá el cabello perdido, que las caderas grandes desaparecerán con un gel potente o peor aún con una píldora, y ahí nunca se cuestionan sobre el origen y contenido. Pero eso sí, cuando gente con cierto nivel de conocimiento científico aboga por una fórmula-vacuna, hay críticas y descalificaciones atroces. No vacilemos más, la panza no se baja por arte de magia, se necesita conciencia en la alimentación y ejercicio,  así como el COVID no se irá con la brisa matutina después de aplicar las vacunas necesarias a la población, se necesitarán medidas complementarias. 

Pensando en la posibilidad de acceder a una de esas vacunas  (AstraZeneca o Pfizer), en México se ha comenzado por la comunidad médica, los que están en la primera línea del frente de batalla contra el COVID, ya vimos que hasta en las mejores familias hay problemas. En el Estado de México un director de hospital manejó sus influencias para así vacunar a toda su familia, ¿quién puede culparlo? Sí, éticamente es condenable, pero moralmente no, ¿quién no desea salvar a los suyos de un mal de este tamaño? Después a los adultos mayores, personas con padecimientos preexistentes, luego a los niños y después a personas de mi edad sin enfermedad preexistente alguna, es decir, para cuando llegue la vacuna a la franja a la cual pertenezco será ya finales del 2021, si es que se cumplen los rigorosos protocolos establecidos (fue sarcasmo). ¡Oh! Y qué decir de los integrantes del Congreso y del Senado, bueno, en ese caso seguramente será que me corresponda hasta inicios o mediados de 2022. Por eso, y concuerdo con Olgahelena: cada vez que alguien dice que no se va a vacunar es una oportunidad más para mí de vacunarme antes.

¿Y qué pasará con los vacunados? Hemos visto efectos secundarios, sí, son riesgos que hay que correr, como el salir a la calle todos los días a trabajar o conducir un vehículo rumbo al supermercado y el riesgo de morir atropellado o chocar terriblemente. Valorar los riesgos es algo que se debe calcular a título personal, cosa que la ciencia no puede hacer. Es muy complicado valorar riesgos individuales por eso se calculan, a nivel científico, riesgos en poblaciones. Innumerables artículos científicos han hablado sobre ello. Cada persona tiene riesgos diferentes dependiendo de su edad, condiciones de vida, país, etc. Aquí lo que corresponde analizar es el riesgo de hacer o no hacer algo. En este caso el riesgo de aplicarse o no aplicarse la vacuna.




Las vacunas salvan a seis millones de personas al año y a diferencia de casi todos los medicamentos, se aplican a personas sanas disminuyendo el riesgo de propagación del virus. Cuando hay un alto número de personas vacunadas en una población, las personas no vacunadas también están protegidas. La decisión personal de vacunarse o no, tiene repercusiones en la sociedad, en la humanidad en su conjunto. Yo en lo personal sí lo haré, porque al hacerlo me protejo y te protejo a ti y a los tuyos.

Sin embargo, lo que me preocupa es el exceso de confianza que habrá posterior a la aplicación masiva de la vacuna, así como la actitud de los no vacunados por motivos ideológicos. Temo que se baje la guardia, que todo lo avanzado en materia de precaución sanitaria quede en el olvido por el afán imperioso de volver a lo que conocíamos hasta marzo de 2020 como “normalidad”. Eso ya no podrá ser, debemos tenerlo en la cabeza, por lo menos y según los que saben hasta entrado el año 2023 no podremos volver a salir sin cubreboca, ni abrazar al otro con la confianza de antes. La vacuna no es la solución al problema de la falta de conciencia del cuidado de nuestra salud más allá de un piquete o un tratamiento. Pero analizando los riesgos y probabilidades, es un coadyuvante a disminuir la transmisión del virus que ha infectado al 1.24% de la población mundial a la fecha. Por ello, insisto, yo sí me vacunaré cuando llegue el momento. Espero que sea más temprano que tarde. Por eso, por favor, si tú piensas que es preferible no correr riesgos, entonces no conduzcas tu auto, no saques a pasear al perro, no comas paletas hielo, no te levantes de la cama descalzo, no masques chicles, no te bañes diario, no comas con Doña Pelos, no subas escaleras, no hagas deportes, no andes en bici, no escales montañas, no respires, ¡ah! y NO TE VACUNES.

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