Los confinamientos provocados por el COVID-19 y sus consecuencias, nos recordaron que estábamos como de fiesta horas antes de un examen profesional. Los primeros meses del famoso “Quédate en Casa” fueron de imperiosa necesidad, para ganar algo de tiempo, en cuanto a ampliación y reconversión hospitalaria, y también en lo relativo al aprendizaje de una enfermedad por completo desconocida hasta entonces.
El “Quédate en Casa” no volvió ya que simplemente se tiene que pensar en la economía. Hay gente (la mayoría) que no sabe de “actividades esenciales o no esenciales”. Simplemente o sale a trabajar o el fantasma del hambre lo acecha. No es casualidad, antes y todo lo contrario, que el doctor Hugo López-Gatell haya leído, por invitación del FCE, un poema de Miguel Hernández titulado “EL HAMBRE”. El poema resultó una metafórica perfecta para los tiempos que aún vivimos. La cruda realidad es una: la disyuntiva entre morir por COVID-19 o por hambre.
El objetivo único, dado el casi nulo control vía algún tratamiento eficaz contra el COVID-19, hicieron que los gobiernos del mundo tengan casi cero margen de maniobra y el mexicano no es la excepción. La meta, pues, era que la gente no muriese en las calles, que sucedieran contagios masivos cuando el virus era más fuerte y letal que hoy, ya que los virus se adaptan fácilmente para no matar tan rápido y así contagiar más, como ya vemos en las nuevas cepas que azotan ya Europa.
La alternativa, para los que culpan al gobierno, era de plano la suspensión de garantías constitucionales; actuar como lo hizo el tan oscuro gobierno chino, con medidas draconianas, por ejemplo, sellar (vía sus fuerzas armadas) edificios completos de departamentos que eran fuerte foco de infección en la Ciudad de Wuhan para que, de plano, la gente muriera, por el virus o de hambre en el encierro y así parar los contagios. Así, perdieron la vida, se estima, cosa de 3000 Ciudadanos chinos.
En México se apostó, después y aún ahora, a la responsabilidad ciudadana, donde se evidenció una sola cosa por parte de un porcentaje considerable de la población: en este sexenio tenemos mucho gobierno para tan poca Ciudadanía. El semáforo epidemiológico es hoy el instrumento de los gobiernos, federal y locales, para regular la salud y la economía. Un buen ejemplo es Guerrero, que cambió su semáforo a amarillo poco antes de la temporada turística de fin de año, pasando a principios de este 2021 al rojo, y que ahora, a vísperas del torneo abierto mexicano de tenis y de la semana santa, se vuelve a cambiar a color amarillo.
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