En días pasados, fuimos testigos de varias pifias del sector turístico mexicano en cuanto al tema de la promoción de Acapulco, donde una campaña publicitaria causó un revuelo y una absurda indignación. Debemos de centrarnos en la realidad del primer destino turístico moderno en México.
A principios de la década de los 90s, el icónico gobernador de Guerrero, José Francisco Ruiz Massieu, concibió para Acapulco (entre otras muchas cosas) una nueva autopista entre Cuernavaca y Acapulco, con el fin de aumentar el flujo de visitantes nacionales al puerto, y complementarlo con los internacionales, pero con los años, la Autopista del Sol mostró un inesperado lado negativo: el conformismo a recibir turismo nacional, sobre todo para fines de semana. Por otro lado, se descuidó la promoción del destino en otros países, la diversificación en la oferta turística, la construcción de nuevos hoteles (privilegiando a la de condominios de forma exagerada) y hasta el turismo de cruceros.
No solo Guerrero ha aumentado su dependencia a una sola actividad como la turística, sino que la oferta para el turista se limita a lo que la naturaleza le dio y a la calidad de su vida nocturna. Basta con visitar cualquier otro destino turístico (y hasta no turístico) en el país, y darse cuenta que el turista tiene cada día en el lobby de su hotel 20 opciones para visitar, atractivos de todo tipo, con el esfuerzo de autoridades por ir renovando constantemente la oferta turística.
En Acapulco lo nuevo que hay para el turista en los últimos 20 años son tiendas OXXO en cada esquina, y elefantes blancos como el otrora hermoso y lleno de vida Centro Internacional (de convenciones) Acapulco y (próximamente) el “edificio inteligente, construido en un lugar privilegiado y con la mejor tecnología, que no tarda en convertirse en un monumento a la mezquindad y a la estupidez.
El aeropuerto está ínfimamente subutilizado. Podemos continuar con ejemplos de inversiones en grandes obras y mal hechas, como la marina de Puerto Marqués, que deterioró un ecosistema de forma irreversible, solo basta comparar la nueva marina en Cozumel y la que se construye en Champotón( Campeche), impecablemente en armonía con el medio ambiente. Podemos seguir con que hasta el equipo se futbol (ya con proyecto de estadio y todo) nos lo ganó Cancún. Mientras tanto, los políticos en las colonias pobres lucran con la miseria para brincar al siguiente puesto y seguir “trabajando por Acapulco”. La sociedad civil en Acapulco (o parte de ella) se preocupa y quiere participar, pero solo es tomada en cuenta en temporada de campaña, organizando los candidatos “foros para escuchar propuestas” que solo son usados para tomarse la fotografía y salir en los medios, burlándose de la gente bien intencionada y haciéndola perder su tiempo, no falta el “si no hay dinero para mí, ni vengas” de parte de los tomadores de decisiones en la materia.
Ojalá Acapulco como destino despierte, aunque, hay que decirlo, tenemos varias décadas de rezago en comparación a otros destinos turísticos. No se le puede pedir peras al olmo, promocionando lo que, sencillamente, no se le ofrece al visitante.
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