La gran pregunta está en saber si la intuición está siempre en lo cierto y por ello debemos obedecerla de forma ciega o si por el contrario, se puede equivocar. Conforme la vida transcurre y reflexionamos acerca de las buenas y malas decisiones tomadas a lo largo del tiempo, no sorprende que tengamos dudas acerca de su infalibilidad.
Con independencia de si ese “discurso inmediato e infundado” que es la intuición, procede del banco de datos de nuestra especie como si emerge de nuestra propia interpretación producto de aprendizaje, creencias, prejuicios, sabiduría o temores, entre otras muchas posibilidades, lo cierto es que siempre responde a algo. Incluso en las manifestaciones más básicas, como cuando alguien dice, “siento que algo malo va a pasar, pero no sé qué”, la sensación es interpretada como negativa, pero no se trata de un negativo en abstracto, un “malo” en absoluto, sino un acontecimiento “negativo” con relación a ése que experimenta la sensación. Por ejemplo, un delincuente puede sentir la corazonada que algo malo va a pasar y quizá eso “malo” es su aprehensión: es “mala” para él, pero “buena” para la sociedad. La corazonada, el impulso intuitivo no parece referirse a verdades universales sino al individuo en cuestión, lo que favorece la metáfora del iceberg.
La DRAE define intuición como “la facultad de comprender las cosas instantáneamente, sin necesidad de razonamiento”*. Es decir, se trata de un conocimiento que se obtiene de forma directa e inmediata sin que para ello sea necesario construir una secuencia de argumentos.
La gran pregunta está en saber si ese impulso está siempre en lo cierto y por ello debemos obedecerlo de forma ciega. Conforme la vida transcurre y reflexionamos acerca de las buenas y malas decisiones tomadas a lo largo del tiempo, no sorprende afirmar que a veces la intuición se equivoca. Alguien puede darte “mala espina” el día que lo conoces y terminar convertido en tu mejor amigo y, al contrario, alguien que te parece la persona ideal para pasar el resto de tu vida termina por ser tu peor pesadilla. Hay infinitas narraciones de “amor a primera vista”, pero sólo conocemos las historias exitosas: ¿cuántos le dijeron al otro en la primera cita que terminarían casados y felices y después no ocurrió? Lo mismo sucede con los proyectos, los objetivos o la compra, por ejemplo, de un bien inmueble. No serías el primero que ante tres opciones para adquirir el “departamento de sus sueños” termina por escoger la peor alternativa.
La semana próxima profundizaremos en la posibilidad de que la intuición “se equivoque”.
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*Diccionario de la Real Academia Española
Consulta: 14 de marzo de 2023
https://dle.rae.es/intuición?m=form
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