A minutos de que empiece el mundial, la Ciudad de México parece algo así como una maqueta hecha al aventón un domingo por la noche. Por un lado, las obras sin concluir en las avenidas más importantes o al menos las que serán transitadas por los 5 millones de turistas que se esperan este mes, una línea del metro inhabilitada, el aeropuerto colapsado y cientos de calles en reparación y remozamiento.
Lo que ya está supuestamente terminado se parece más a una guardería infantil por la estridencia de los colores y dibujos que a una ciudad, una cosa es que disimularan el espantoso gris que hasta hace unos meses a nadie le había importado que fuera lo único que viéramos los habitantes de la CDMX y otra que acabara pareciendo esto un balneario. Y de esto sí hablo porque lo he vivido.
Viajar en transporte público este ultimo par de meses es una pesadilla, hay que, de verdad, tener habilidades circenses y una condición física de atleta para escalar por los montes de escombro y rodear las estaciones para encontrar una salida u otro medio para continuar el camino; igual las centrales de autobuses y el aeropuerto, tarimas y andamios hacen verdaderamente peligroso el trabajo de quienes intentan a marchas forzadas entregar el encargo y de quienes tenemos que pasar por ahí; vergonzosas soluciones de falsas fachadas y aparentes anuncios intentan tapar y disimular las partes menos agraciadas de la ciudad y yo me pregunto: si en vez de tapar se hubiese dado solución a la miserable situación en la que se encuentran muchísimas colonias de la ciudad volviendo nuevamente a costumbres de otros gobiernos que el actual presumía superados, tapar lo que no nos conviene o nos avergüenza que vean las visitas.
De verdad no quiero parecer aguafiestas, siempre he sido una entusiasta seguidora de cuanto evento prometa darle alegría a la población. Pero es que en este caso la factura que hemos pagado los habitantes por cinco partidos que se van a jugar ha sido demasiado alta, considerando para colmo que no vamos a obtener ningún beneficio. La gran mayoría de los habitantes no podremos ir a ningún partido, tendremos que pagar por ver los partidos en plataformas privadas, sufriremos por el alta desenfrenada de precios en todo: servicios, hospedajes, restaurantes, artículos básicos, trafico marchas y contaminación. Viviremos inseguridad y caos sin que nuestras economías se vean beneficiadas en absoluto pero sí viendo cómo la corrupción y la negligencia llenan los bolsillos de organizadores, hoteleros y empresarios que difícilmente compartan sus ganancias con el ciudadano de a pie.
Además de que los problemas que aquejan al país no han sido resueltos y las víctimas aprovechan y con justa razón la visibilidad que tendrá México para manifestar sus inconformidades
Los ya mayorcitos recordamos el mundial México 86. Aunque yo era preadolescente recuerdo aquello como un jolgorio en el que nadie se acordó de sus responsabilidades hasta pasando la justa. Fue muy divertido pero también hubo situaciones muy delicadas que apenas comienzo a entender, por ejemplo que en Queretaro, de donde soy originaria y que fue sede después nacieron muchos niños de padres desconocidos y con facciones europeas, rubios y de ojos claros. Y es que un problema gravísimo que se da en los mundiales es que lamentablemente vienen acompañados de personas sin moral que aprovechan estas festividades para cometer delitos como abusos sexuales y trata de personas, peor aun muchas veces los abusos los cometen contra menores de edad; “Empresas” especializadas en reclutar personas para estos fines ya están operando en la clandestinidad esperando cometer el peor de todos los crímenes.
¿Qué podemos hacer nosotros? Sin duda alguna es nuestro derecho disfrutar en medida de lo posible el evento pero también estar alertas y denunciar cualquier anormalidad, unirnos como sociedad y protegernos entre nosotros es la única forma de prevenir la delincuencia; exigir a las autoridades seguridad y seguimiento y de no ser así emplear redes sociales y cualquier medio para denunciar abusos y anomalías, utilicemos la tecnología que no hubo en 1986 para cuidarnos y no permitir que personas que nada tienen que ver con el deporte y que lo que menos buscan es una convivencia amistosa y justa entre países aprovechen la distracción y la euforia para cometer sus perversidades, contribuir cuidando el orden, apoyar con alegría, poner nuestro granito de arena para que nuestro país se luzca y se proyecte internacionalmente como un espacio al que vale la pena venir a conocer e invertir y de este modo ganamos todos.
Y pues nos merecemos también un poco de diversión, compartir con familia y amigos un rato de esparcimiento, disfrutar un evento mundial, vivir la experiencia y que gane el mejor.
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