LA CRECIENTE INSEGURIDAD EN LAS CIUDADES MEXICANAS

Ante la inseguridad que impera en el país, surgen nuevas estrategias para combatir la inseguridad donde tanto los ciudadanos como las autoridades puedan participar activamente.

18 de octubre, 2021

Según el semáforo delictivo nacional, la incidencia delictiva, se manifiesta de muy diversas formas, tales como:

  • Robo a casa habitación
  • Robo a negocios
  • Robo de vehículos
  • Narcomenudeo
  • Extorsión
  • Secuestro
  • Homicidio

Estas conductas delictivas no solo siembran miedo, también destruyen vidas y bienes, destruyen patrimonio, afectan la salud, los valores de la sociedad y el tejido social mismo. 

El consejo ciudadano para la seguridad pública y la justicia penal reveló la semana pasada un registro de las 50 ciudades más violentas del mundo. Entre ellas se encuentran nueve ciudades mexicanas.

La segunda urbe más peligrosa del mundo es Acapulco, con un promedio de 142.8 asesinatos por cada 100 mil habitantes, las otras conforme a su aparición son: Torreón, Nuevo Laredo, Culiacán, Cuernavaca, Ciudad Juárez, Chihuahua, Victoria y Tijuana. De ese registro de ciudades, solo Brasil supera a México con 15 urbes contra las 10 de nuestro país.

Los delitos antes descritos también hacen inseguras a otras ciudades entre las que destacan León y Celaya (Guanajuato), Ecatepec (Estado de México), Fresnillo (Zacatecas), Guadalajara (Jalisco), Ensenada (Baja California).  En la CDMX, Tepito es el barrio más peligroso, en cambio la alcaldía de mayor riesgo es Iztapalapa. 

Ante la gravedad de los hechos, algunas ciudades donde la colaboración entre ciudadanos va en aumento y en ocasiones a contrapelo de sus autoridades locales, surgen esquemas como el que está fortaleciéndose en la ciudad de Puebla. Con más de tres millones de habitantes,  Puebla es la cuarta ciudad más poblada del país. El 75% de la comunidad poblana declara sentirse amenazada, los ciudadanos tienen claro que los recursos y el personal operativo están muy por debajo de lo que requiere la ciudad. Ciudadanos y autoridades municipales idearon un plan para mejorar la seguridad urbana. Este considera la instalación de tecnología que todos puedan usar fácilmente, con el ánimo de impulsar la participación comunitaria. Así, nace un programa denominado “ventanas ciudadanas”.

Este plan colaborativo funciona a través de la instalación de una “plataforma unificada” de la empresa española Genetec Security Center. Esta empresa, proveedora de tecnología de seguridad unificada, es la creadora del sistema que consiste en una plataforma que reúne videovigilancia central de acceso, sistemas de reconocimiento de placas de vehículos y un sistema de alertas inteligentes con copia de seguridad de la información de video que utiliza otra plataforma. Gracias a ello, ante la comisión de un delito,  cualquier ciudadano puede activar de forma sencilla una alarma a través de una aplicación móvil (celular) o mediante un botón de pánico ubicado en tiendas o postes en las calles. Al activar la alarma, llega un video en tiempo real a un operador del centro de control de emergencias, quien puede comprobar la ubicación donde se comete el ilícito y recursos y personal operativo cercano ubicados  en un mapa digital  reciben la notificación del delito mediante la aplicación móvil.

Los tiempos de respuesta, ante una emergencia se reducen drásticamente de, en promedio, 40 minutos a solo 4 o 5 minutos en acudir al sitio. Los costos de esta aplicación se reducen en comparación con los proyectos tradicionales de videovigilancia. El proyecto es muy prometedor, pero como siempre sucede ha ido avanzando, aunque con los cambios de administración municipal se va ajustando (no siempre para bien), pero es sin duda un avance mediante el uso de nuevas tecnologías.

En Ciudad Satélite en Naucalpan (Edomex) va funcionando un proyecto denominado “cadena de vecinos” donde se ha logrado hacer participar con éxito a la mayoría de estos, un sistema poco sofisticado de colaboración con medidas simples de participación:

  • Tener actualizada la lista de contactos de vecinos.
  • Portar un distintivo en los autos para identificar los de la colonia y los extraños.
  • Avisarse entre ellos cuando salen de viaje. 
  • Alertas entre ellos y a la policía municipal de vehículos sospechosos.

Estos dos ejemplos reflejan que en las ciudades de nuestro país va surgiendo una preocupación para participar en la prevención del delito y mejorar la seguridad de barrios y colonias, mediante acciones sencillas, pero no por ello menos importantes.

 

Los ciudadanos tenemos que participar en las tareas de seguridad del sitio donde vivimos con algunas acciones sencillas pero efectivas, destaco algunas:

  • Relacionarnos más con nuestros vecinos para fomentar la auto vigilancia.
  • Apropiarnos con grupos vecinales del espacio público para cuidarlo y disfrutarlo.
  • Denunciar actos de violencia intrafamiliar.
  • Denunciar el expendio de drogas en sitios dedicados al narcomenudeo.
  • Organizar el acceso y salida de las escuelas con otros padres de familia.
  • Priorizar entre nuestros hijos la actividad física y el deporte organizado.
  • Reportemos luminarias fundidas.

 

Los ciudadanos trabajando juntos en beneficio de nuestras ciudades.

 

Comentarios
object(WP_Query)#17663 (51) { ["query"]=> array(5) { ["cat"]=> int(15) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(71674) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "03-11-2021" ["before"]=> string(10) "01-12-2021" ["inclusive"]=> bool(true) } } } ["query_vars"]=> array(65) { ["cat"]=> int(15) ["posts_per_page"]=> int(2) ["orderby"]=> string(4) "rand" ["post__not_in"]=> array(1) { [0]=> int(71674) } ["date_query"]=> array(1) { [0]=> array(3) { ["after"]=> string(10) "03-11-2021" ["before"]=> string(10) "01-12-2021" ["inclusive"]=> bool(true) } } ["error"]=> string(0) "" ["m"]=> string(0) "" ["p"]=> int(0) ["post_parent"]=> string(0) "" ["subpost"]=> string(0) "" ["subpost_id"]=> string(0) "" ["attachment"]=> string(0) "" ["attachment_id"]=> int(0) ["name"]=> string(0) "" ["pagename"]=> string(0) "" ["page_id"]=> int(0) ["second"]=> string(0) "" ["minute"]=> string(0) "" ["hour"]=> string(0) "" ["day"]=> int(0) ["monthnum"]=> int(0) ["year"]=> int(0) ["w"]=> int(0) ["category_name"]=> string(18) "opinion-y-analisis" ["tag"]=> string(0) "" ["tag_id"]=> string(0) "" ["author"]=> string(0) "" ["author_name"]=> string(0) "" ["feed"]=> string(0) "" ["tb"]=> string(0) "" ["paged"]=> int(0) ["meta_key"]=> string(0) "" ["meta_value"]=> string(0) "" ["preview"]=> string(0) "" ["s"]=> string(0) "" ["sentence"]=> string(0) "" ["title"]=> string(0) "" ["fields"]=> string(0) "" ["menu_order"]=> string(0) "" ["embed"]=> string(0) "" ["category__in"]=> array(0) { } ["category__not_in"]=> array(0) { } ["category__and"]=> array(0) { } ["post__in"]=> array(0) { } ["post_name__in"]=> array(0) { } ["tag__in"]=> array(0) { } ["tag__not_in"]=> array(0) { } ["tag__and"]=> array(0) { } ["tag_slug__in"]=> array(0) { } ["tag_slug__and"]=> array(0) { } ["post_parent__in"]=> array(0) { } ["post_parent__not_in"]=> array(0) { } ["author__in"]=> array(0) { } ["author__not_in"]=> array(0) { } ["ignore_sticky_posts"]=> bool(false) ["suppress_filters"]=> bool(false) ["cache_results"]=> bool(true) ["update_post_term_cache"]=> bool(true) ["lazy_load_term_meta"]=> bool(true) ["update_post_meta_cache"]=> bool(true) ["post_type"]=> string(0) "" ["nopaging"]=> bool(false) ["comments_per_page"]=> string(2) "50" ["no_found_rows"]=> bool(false) ["order"]=> string(0) "" } ["tax_query"]=> object(WP_Tax_Query)#17662 (6) { ["queries"]=> array(1) { [0]=> array(5) { ["taxonomy"]=> string(8) "category" ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(15) } ["field"]=> string(7) "term_id" ["operator"]=> string(2) "IN" ["include_children"]=> bool(true) } } ["relation"]=> string(3) "AND" ["table_aliases":protected]=> array(1) { [0]=> string(21) "rt_term_relationships" } ["queried_terms"]=> array(1) { ["category"]=> array(2) { ["terms"]=> array(1) { [0]=> int(15) } ["field"]=> string(7) "term_id" } } ["primary_table"]=> string(8) "rt_posts" ["primary_id_column"]=> string(2) "ID" } ["meta_query"]=> object(WP_Meta_Query)#17669 (9) { ["queries"]=> array(0) { } ["relation"]=> NULL ["meta_table"]=> NULL ["meta_id_column"]=> NULL ["primary_table"]=> NULL ["primary_id_column"]=> NULL ["table_aliases":protected]=> array(0) { } ["clauses":protected]=> array(0) { } ["has_or_relation":protected]=> bool(false) } ["date_query"]=> object(WP_Date_Query)#17672 (5) { ["queries"]=> array(4) { [0]=> array(6) { ["after"]=> string(10) "03-11-2021" ["before"]=> string(10) "01-12-2021" ["inclusive"]=> bool(true) ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["column"]=> string(9) "post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["relation"]=> string(3) "AND" } ["relation"]=> string(3) "AND" ["column"]=> string(18) "rt_posts.post_date" ["compare"]=> string(1) "=" ["time_keys"]=> array(14) { [0]=> string(5) "after" [1]=> string(6) "before" [2]=> string(4) "year" [3]=> string(5) "month" [4]=> string(8) "monthnum" [5]=> string(4) "week" [6]=> string(1) "w" [7]=> string(9) "dayofyear" [8]=> string(3) "day" [9]=> string(9) "dayofweek" [10]=> string(13) "dayofweek_iso" [11]=> string(4) "hour" [12]=> string(6) "minute" [13]=> string(6) "second" } } ["request"]=> string(463) "SELECT SQL_CALC_FOUND_ROWS rt_posts.ID FROM rt_posts LEFT JOIN rt_term_relationships ON (rt_posts.ID = rt_term_relationships.object_id) WHERE 1=1 AND ( ( rt_posts.post_date >= '2021-11-03 00:00:00' AND rt_posts.post_date <= '2021-12-01 00:00:00' ) ) AND rt_posts.ID NOT IN (71674) AND ( rt_term_relationships.term_taxonomy_id IN (15) ) AND rt_posts.post_type = 'post' AND (rt_posts.post_status = 'publish') GROUP BY rt_posts.ID ORDER BY RAND() LIMIT 0, 2" ["posts"]=> array(2) { [0]=> object(WP_Post)#17659 (24) { ["ID"]=> int(72510) ["post_author"]=> string(2) "84" ["post_date"]=> string(19) "2021-11-12 11:56:09" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-11-12 16:56:09" ["post_content"]=> string(9343) "La empatía es mucho más un tema de nosotros para con nosotros mismos que de nosotros para con el otro. Reconocer el sufrimiento y la vulnerabilidad de alguien que desprecio y actuar para con él dentro mis parámetros de generosidad y justicia no es un mero acto de amabilidad gratuito, sino una manifestación de coraje y valentía, de aceptación y humanidad que nos coloca en un nivel muy distinto del que solo aprecia y aprueba lo que lo conmueve de forma natural y cómoda.   En las semanas anteriores hablábamos de que el ser humano está en el umbral de una nueva Era y que para transitar hacia ella se requerían, entre otras, de la herramienta de la empatía.  La definición más simple de ella es conocida por todos: “ponerse en los zapatos del otro”. Se refiere a sentir el sufrimiento ajeno como si fuera propio y actuar compasivamente hacia aquel que sufre. En principio es una manera de verlo, pero se enuncia mucho más fácil de lo que se consigue.  Más que decir si somos o no empáticos, como si se tratara de un botón de encendido y apagado, se trata mucho más de un asunto de grado, de logro progresivo que conlleva diversas etapas y que suelen ser distintas dependiendo del destinatario. Podemos ser más o menos empáticos y de forma distinta con diferentes grupos e individuos. Lo importante en primera instancia es aceptar la capacidad de serlo y la posibilidad de que desarrollar esa facultad pudiera ser producto de una decisión consciente.   La empatía que nos resulta más fácil de sentir es aquella que experimentamos hacia un individuo o un grupo de individuos con los que no tenemos demasiado apego emocional.  Si vemos un documental que muestre injusticia y sufrimiento lejano –que puede ser al otro lado del mundo o a la vuelta de nuestra casa, pero con gente con la que no tenemos nada que ver– o nos enteramos de una catástrofe natural que dejó a infinidad de personas en la miseria, podemos llegar hasta donar dinero o incluso nuestro tiempo con el propósito de ayudar a quienes están en apuros. Sin embargo, aunque de alto valor, a este tipo de expresiones yo las llamaría “simpatía”: somos capaces de imaginar lo que otro sufre, nos condolemos de ella, él o ellos, compartimos una parte marginal de nuestros bienes y nuestro tiempo, incluso proyectamos sincero sufrimiento propio, padeciendo realmente tras re-vivir una situación análoga de nuestra biografía, pero no sentimos realmente el dolor del otro, sino compartimos con el otro nuestro dolor y desde ahí nos conectamos con ella, él o ellos.     No hay duda de que este nivel de simpatía es un sentimiento encomiable y que haríamos muy bien en manifestarlo con mayor intensidad y frecuencia, pero a mi juicio es insuficiente para impulsar el nivel de transformación que los seres humanos necesitamos materializar para, por un lado salvarnos del inminente apremio ecológico en que estamos cada vez más comprometidos, pero sobre todo para encontrar la fuerza para, como especie, abordar los problemas, como la desigualdad o la inequitativa distribución de la riqueza a nivel global, que nos tienen al borde del colapso moral, económico y humano.  Un extraordinario ejemplo de con qué facilidad confundimos la simpatía con la empatía nos lo regala, en su único libro, Lo contrario de la soledad, publicado tras su trágica muerte cuando apenas contaba con veintidós años, Marina Keegan. En dicho texto la autora reflexiona acerca de cómo los seres humanos sentimos una preocupación muy real hacia los animales, al mismo tiempo que nos despreocupamos de los otros seres humanos que padecen a nuestro alrededor. Explica Marina:    “A veces me preocupa que los humanos teman ayudar a los humanos. Con los animales hay menos riesgos, menos miedo al fracaso, o a involucrarse demasiado. En las películas bélicas, miles de soldados pueden morir de la forma más atroz, pero cuando le disparan al caballo al público se le parte el alma1”. (P. 155) Enseguida nos cuenta lo que ocurre cuando un grupo de ballenas aparecen varadas en una playa: la comunidad entera se vuelca a “salvarlas”, pero…: “Cuándo nos enteramos de que la vecina tiene cáncer, no acude todo el pueblo a su casa. Nos pasamos el día empujando, excavando y humedeciendo ballenas, y luego volvemos a casa atravesando el centro y pasamos junto a vagabundos acurrucados en bancos –arrastrados a la cuneta cual ballenas–. La luna los ha hecho emerger y boquean en busca de aire entre las alcantarillas. Ellos también se están asfixiando, pero no hay cadena humana de comida en el pueblo. No se respira una palpable urgencia, ni despegan aviones.  Cincuenta ballenas varadas son una crisis tangible con una solución visible. Hay camaradería en el proceso, una fantasía estilo Liberen a Willy, una imagen de Flipper en la cabeza de todos y cada uno de los implicados. Nada tiene de romántico, en cambio, despertar a un hombre tumbado en el banco de un parque y acompañarlo a un albergue. La pequeña dosis de farisaica satisfacción procede de enviar un cheque a Oxfam International2”. (P. 155)   Hasta aquí las palabras de Marina Keegan. Desde luego que no está mal en absoluto comprometernos con el cuidado del planeta y del resto de las especies, en especial cuando somos en gran medida nosotros, los humanos, quienes devastamos los ecosistemas. Simplemente aquí, al hablar de empatía, pareciera que el proceso natural de expansión de la misma pasa primero por aceptar, proteger y cooperar con nuestros iguales.  El problema radica en que, mientras damos la vida por otras especies, entre nosotros nos despellejamos; es entonces que dicha empatía da una potente impresión de falsedad o de inmadurez.  Pareciera que tras estas conductas compasivas ocultamos nuestro miedo a la interacción humana profunda. Es muy difícil pensar en una genuina conciencia planetaria, que incluya tanto a la biosfera como al resto de las especies y que nos lleve a transformar nuestra manera de vivir de forma sustentable y masiva, que no parta de apreciarnos a nosotros mismos, de respetar a nuestros cercanos, de valorar a nuestros prójimos y de aceptar y colaborar con aquellos con que no coincidimos.   La empatía verdadera de la que hablamos aquí, esa que habrá de ayudarnos a hacer un alto en la autodestrucción y retroceder ante el abismo inminente que como humanidad se abre ante nosotros, es un sentimiento expansivo que parte de la aceptación incondicional del propio yo y va ampliándose en esferas cada vez más extendidas y abarcadoras y no un sentimiento selectivo, enfocado solo en aquellos que consideramos dignos de él.  No se trata de caer en la ingenuidad o en el buenismo simplón, pero recordemos que en nuestra búsqueda como especie por mantener nuestra viabilidad en el planeta, o nos salvamos todos o no se salva nadie. Y sin una empatía genuina este propósito será imposible de cumplir.  La siguiente semana profundizaremos más en la búsqueda de una empatía más profunda, que vaya más allá del mero acto generoso y filantrópico para sacudirnos de verdad hasta lo más hondo. Solo desarrollando una empatía como ésta conseguiremos salir del callejón sin salida existencial en que nos hemos metido.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir   1Keegan, Marina Evelyn, Lo contrario de la soledad, Primera Edición, Primera Reimpresión, España, Alpha Decay, 2015, Pág. 155 2Keegan, Marina Evelyn, Lo contrario de la soledad, Primera Edición, Primera Reimpresión, España, Alpha Decay, 2015, Pág. 155  " ["post_title"]=> string(42) "La empatía como motor evolutivo (parte 1)" ["post_excerpt"]=> string(181) "Popularmente la simpatía se identifica como “ponerse en los zapatos del otro”. En principio, es una manera de verla, pero se enuncia mucho más fácil de lo que se consigue. " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(39) "la-empatia-como-motor-evolutivo-parte-1" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-11-12 11:56:09" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-11-12 16:56:09" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=72510" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } [1]=> object(WP_Post)#17616 (24) { ["ID"]=> int(72915) ["post_author"]=> string(2) "59" ["post_date"]=> string(19) "2021-11-25 11:39:53" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-11-25 16:39:53" ["post_content"]=> string(8239) "El decreto que emitió hace unos días el presidente López Obrador para “blindar” sus proyectos estratégicos, es tan ilegal como los narcóticos ilegales. No se espante, estoy usando la hipérbole como recurso narrativo, pero el decreto es ilegal y voy explicar las razones. El pasado lunes 22 de noviembre se publicó este decreto en el Diario Oficial. El texto ordena que los proyectos y obras del gobierno federal (aeropuerto Felipe Ángeles, refinería Dos Bocas, Tren Maya y lo que el presidente añada y quiera) son declarados de “interés público” y “seguridad nacional”, “estratégicos” y “prioritarios”, y por tal motivo se “blindan” contra trabas administrativas. El presidente invoca la facultad reglamentaria que le confiere el artículo 89 constitucional en su fracción primera. ¿Qué lugar ocupa este “decreto” dentro de la jerarquía normativa nacional? Como usted sabe, el pináculo del sistema jurídico es la constitución y los tratados en materia de derechos humanos. En un segundo nivel están los tratados internacionales en general, y en un tercer nivel, ocupando la misma jerarquía, tenemos al derecho federal, por un lado, y a los derechos de los Estados, por otro lado. En un nivel todavía inferior estarían los reglamentos, que son emitidos por el presidente de la república o por los gobernadores, según se implementen para mejor proveer en la esfera administrativa federal o estatal.  El decreto del presidente Obrador no es ni siquiera un reglamento. Es un simple y vil acuerdo. No digo “vil” en sentido peyorativo, sino para hacer énfasis en su muy menor jerarquía normativa. Vaya, es prácticamente una circular. Y el problema no es ese. El problema es que a través de este “decreto” el presidente quiere dejar sin efecto el derecho administrativo de la federación. Eso es ilegal como las anfetaminas, o incluso más. ¿Por qué? Porque todo proyecto gubernamental requiere, por ley, permisos, revisiones y dictámenes en lo administrativo, en su viabilidad, en la cuestión ambiental, sanitaria, demográfica, etcétera, y además es susceptible de vulneran garantías y derechos de terceros y de comunidades enteras. Este “decreto” obliga a todas las dependencias y agencias federales a autorizar provisionalmente, “fast track”, y sin revisión alguna, en el plazo de cinco días hábiles, los dictámenes, permisos o licencias necesarias para iniciar los proyectos u obras del presidente. Si transcurre el plazo de cinco días sin que la autoridad resuelva, se entiende que autoriza. Desde el punto de vista jurídico esto es tan ridículo que nadie debería reír. Podría hacer nugatorio el juicio de garantías. Aclaro que lo que estoy diciendo no tiene que ver con las obras insignia de este gobierno. Personalmente veo con beneplácito el Tren Maya, tengo dudas sobre Dos Bocas y me parece un capricho la cancelación del aeropuerto de Texcoco, que supuestamente se canceló por tremenda corrupción, pero no hay nadie en prisión por esos hechos, sino, al contrario, muchos de los contratistas que construían Texcoco, además de ser prolijamente indemnizados, ahora están participando en los mega proyectos presidenciales. Pero eso es otro tema. Lo que me interesa destacar es el desprecio al Estado de Derecho que supone este “decretazo”. El presidente Obrador es muy dado a “decretar”. He visto decretos malos y chirriantes, como aquel de 23 de abril de 2020 (en su momento lo comenté), según el cual, para salir avante en la pandemia, se iban a crear “por decreto” al menos dos millones de empleos para antes de que terminara aquel año. Todos sabemos que no se crearon esos empleos. Al contrario, se perdieron millones. Aquel “decreto” fue producto de la fantasía y muestra lo ridículo que puede llegar a ser el presidencialismo mexicano (no lo digo por Obrador, sino por todos los presidentes mexicanos que son siempre abusivos y ególatras: nacionalizan por decreto, privatizan por decreto, “crean” empleos por decreto, regulan la paridad por decreto, se dan a sí mismos honores, pensiones y seguridad por decreto… etcétera).  Yo entiendo que el presidente Obrador sienta frustración al ver cómo las trabas administrativas y los amparos ralentizan sus proyectos, y tampoco soy tan ingenuo para pensar que muchas de esas trabas y amparos son utilizados por quienes se oponen a dichos proyectos, con la intención de que fracasen y para hacer ver mal al presidente. Pero la forma de combatir este, digamos, “boicot jurídico”, no es un “decretazo” al estilo de república bananera que rompa la jerarquía normativa. Ahí está la normatividad que rige la administración pública federal, y todas esas leyes no pueden ser pasadas por alto a través de una circular o acuerdo del presidente, pues la facultad reglamentaria nunca permite al jefe del ejecutivo ir más allá de las leyes. Y no solo este “decreto” va más allá de las leyes federales, a las cuales de facto deroga, sino también se alza contra la constitución. Mire usted que por mandato constitucional toda obra, todo proyecto, toda acción, todo lo que haga el gobierno federal debe ser absolutamente público y transparente, y solo podrá ser reservada información por razones de interés público y seguridad nacional (artículo 6, A, I). Este “decretazo” es un cheque en blanco, pues faculta al presidente para decir de manera discrecional y sin rendir cuentas a nadie, cuáles de sus obras, acciones y proyectos son de interés público y seguridad nacional, no solo Felipe Ángeles, Dos Bocas y Tren Maya, sino prácticamente cualquier obra o proyecto que el presidente quiera. El “decreto” es una estaca clavada en el corazón de la transparencia, y, por tanto, un salvoconducto a la corrupción, que, según el presidente, es lo más horrible que existe en el planeta. El presidente dice con mucha frecuencia algo que sus seguidores recitan de memoria: “al margen de la ley, nada; por encima de la ley, nadie”, pero el “decreto” mismo está al margen de la ley, y de facto ensalza a Obrador por encima de la ley. Es cuestión de tiempo para que la Suprema Corte de Justicia lo declare anticonstitucional.  Y para terminar, ¿se ha preguntado por qué México está desde siempre estancado, sumido en la violencia, la corrupción y la pobreza? Si es usted simpatizante de Obrador, en automático dirá que por culpa de los conservadores neoliberales, y si usted es de los que no soporta a Obrador dirá, también en automático, que es por culpa de él. A ese nivel está la discusión, la obcecación y la polarización. La historia de México muestra una y otra vez que siempre hay culpables del fracaso perenne: los realistas en la Independencia, los conservadores en la intervención francesa y en la Reforma, los extranjeros, terratenientes y empresarios en la Revolución; la oposición durante el régimen priísta; y ahora los malvados neo-liberales. Es muy fácil señalar culpables cuando tus políticas no funcionan. Insisto, no lo digo por el actual presidente, sino por todos.  En mi opinión, y ya escribiré sobre ello más adelante –estoy preparando un texto grande y sustancioso–, el verdadero problema de nuestro país es el régimen presidencial. La historia no se cansa de mostrarnos que cuando el poder político se concentra tanto en una persona, las posibilidades de abuso, estupidez y error crecen exponencialmente. El régimen presidencial permite a los sujetos que han sido presidentes “decretar” como dioses y gobernar como demonios. Mientras exista nuestro presidencialismo, los mexicanos seguiremos siendo víctimas del abuso, la sinrazón y la prepotencia, y el país seguirá sumido en la desgracia." ["post_title"]=> string(35) "El ilegal decreto de López Obrador" ["post_excerpt"]=> string(124) "El régimen presidencial permite a los sujetos que han sido presidentes “decretar” como dioses y gobernar como demonios." ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(34) "el-ilegal-decreto-de-lopez-obrador" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-11-25 11:39:53" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-11-25 16:39:53" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=72915" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } } ["post_count"]=> int(2) ["current_post"]=> int(-1) ["in_the_loop"]=> bool(false) ["post"]=> object(WP_Post)#17659 (24) { ["ID"]=> int(72510) ["post_author"]=> string(2) "84" ["post_date"]=> string(19) "2021-11-12 11:56:09" ["post_date_gmt"]=> string(19) "2021-11-12 16:56:09" ["post_content"]=> string(9343) "La empatía es mucho más un tema de nosotros para con nosotros mismos que de nosotros para con el otro. Reconocer el sufrimiento y la vulnerabilidad de alguien que desprecio y actuar para con él dentro mis parámetros de generosidad y justicia no es un mero acto de amabilidad gratuito, sino una manifestación de coraje y valentía, de aceptación y humanidad que nos coloca en un nivel muy distinto del que solo aprecia y aprueba lo que lo conmueve de forma natural y cómoda.   En las semanas anteriores hablábamos de que el ser humano está en el umbral de una nueva Era y que para transitar hacia ella se requerían, entre otras, de la herramienta de la empatía.  La definición más simple de ella es conocida por todos: “ponerse en los zapatos del otro”. Se refiere a sentir el sufrimiento ajeno como si fuera propio y actuar compasivamente hacia aquel que sufre. En principio es una manera de verlo, pero se enuncia mucho más fácil de lo que se consigue.  Más que decir si somos o no empáticos, como si se tratara de un botón de encendido y apagado, se trata mucho más de un asunto de grado, de logro progresivo que conlleva diversas etapas y que suelen ser distintas dependiendo del destinatario. Podemos ser más o menos empáticos y de forma distinta con diferentes grupos e individuos. Lo importante en primera instancia es aceptar la capacidad de serlo y la posibilidad de que desarrollar esa facultad pudiera ser producto de una decisión consciente.   La empatía que nos resulta más fácil de sentir es aquella que experimentamos hacia un individuo o un grupo de individuos con los que no tenemos demasiado apego emocional.  Si vemos un documental que muestre injusticia y sufrimiento lejano –que puede ser al otro lado del mundo o a la vuelta de nuestra casa, pero con gente con la que no tenemos nada que ver– o nos enteramos de una catástrofe natural que dejó a infinidad de personas en la miseria, podemos llegar hasta donar dinero o incluso nuestro tiempo con el propósito de ayudar a quienes están en apuros. Sin embargo, aunque de alto valor, a este tipo de expresiones yo las llamaría “simpatía”: somos capaces de imaginar lo que otro sufre, nos condolemos de ella, él o ellos, compartimos una parte marginal de nuestros bienes y nuestro tiempo, incluso proyectamos sincero sufrimiento propio, padeciendo realmente tras re-vivir una situación análoga de nuestra biografía, pero no sentimos realmente el dolor del otro, sino compartimos con el otro nuestro dolor y desde ahí nos conectamos con ella, él o ellos.     No hay duda de que este nivel de simpatía es un sentimiento encomiable y que haríamos muy bien en manifestarlo con mayor intensidad y frecuencia, pero a mi juicio es insuficiente para impulsar el nivel de transformación que los seres humanos necesitamos materializar para, por un lado salvarnos del inminente apremio ecológico en que estamos cada vez más comprometidos, pero sobre todo para encontrar la fuerza para, como especie, abordar los problemas, como la desigualdad o la inequitativa distribución de la riqueza a nivel global, que nos tienen al borde del colapso moral, económico y humano.  Un extraordinario ejemplo de con qué facilidad confundimos la simpatía con la empatía nos lo regala, en su único libro, Lo contrario de la soledad, publicado tras su trágica muerte cuando apenas contaba con veintidós años, Marina Keegan. En dicho texto la autora reflexiona acerca de cómo los seres humanos sentimos una preocupación muy real hacia los animales, al mismo tiempo que nos despreocupamos de los otros seres humanos que padecen a nuestro alrededor. Explica Marina:    “A veces me preocupa que los humanos teman ayudar a los humanos. Con los animales hay menos riesgos, menos miedo al fracaso, o a involucrarse demasiado. En las películas bélicas, miles de soldados pueden morir de la forma más atroz, pero cuando le disparan al caballo al público se le parte el alma1”. (P. 155) Enseguida nos cuenta lo que ocurre cuando un grupo de ballenas aparecen varadas en una playa: la comunidad entera se vuelca a “salvarlas”, pero…: “Cuándo nos enteramos de que la vecina tiene cáncer, no acude todo el pueblo a su casa. Nos pasamos el día empujando, excavando y humedeciendo ballenas, y luego volvemos a casa atravesando el centro y pasamos junto a vagabundos acurrucados en bancos –arrastrados a la cuneta cual ballenas–. La luna los ha hecho emerger y boquean en busca de aire entre las alcantarillas. Ellos también se están asfixiando, pero no hay cadena humana de comida en el pueblo. No se respira una palpable urgencia, ni despegan aviones.  Cincuenta ballenas varadas son una crisis tangible con una solución visible. Hay camaradería en el proceso, una fantasía estilo Liberen a Willy, una imagen de Flipper en la cabeza de todos y cada uno de los implicados. Nada tiene de romántico, en cambio, despertar a un hombre tumbado en el banco de un parque y acompañarlo a un albergue. La pequeña dosis de farisaica satisfacción procede de enviar un cheque a Oxfam International2”. (P. 155)   Hasta aquí las palabras de Marina Keegan. Desde luego que no está mal en absoluto comprometernos con el cuidado del planeta y del resto de las especies, en especial cuando somos en gran medida nosotros, los humanos, quienes devastamos los ecosistemas. Simplemente aquí, al hablar de empatía, pareciera que el proceso natural de expansión de la misma pasa primero por aceptar, proteger y cooperar con nuestros iguales.  El problema radica en que, mientras damos la vida por otras especies, entre nosotros nos despellejamos; es entonces que dicha empatía da una potente impresión de falsedad o de inmadurez.  Pareciera que tras estas conductas compasivas ocultamos nuestro miedo a la interacción humana profunda. Es muy difícil pensar en una genuina conciencia planetaria, que incluya tanto a la biosfera como al resto de las especies y que nos lleve a transformar nuestra manera de vivir de forma sustentable y masiva, que no parta de apreciarnos a nosotros mismos, de respetar a nuestros cercanos, de valorar a nuestros prójimos y de aceptar y colaborar con aquellos con que no coincidimos.   La empatía verdadera de la que hablamos aquí, esa que habrá de ayudarnos a hacer un alto en la autodestrucción y retroceder ante el abismo inminente que como humanidad se abre ante nosotros, es un sentimiento expansivo que parte de la aceptación incondicional del propio yo y va ampliándose en esferas cada vez más extendidas y abarcadoras y no un sentimiento selectivo, enfocado solo en aquellos que consideramos dignos de él.  No se trata de caer en la ingenuidad o en el buenismo simplón, pero recordemos que en nuestra búsqueda como especie por mantener nuestra viabilidad en el planeta, o nos salvamos todos o no se salva nadie. Y sin una empatía genuina este propósito será imposible de cumplir.  La siguiente semana profundizaremos más en la búsqueda de una empatía más profunda, que vaya más allá del mero acto generoso y filantrópico para sacudirnos de verdad hasta lo más hondo. Solo desarrollando una empatía como ésta conseguiremos salir del callejón sin salida existencial en que nos hemos metido.    Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir   1Keegan, Marina Evelyn, Lo contrario de la soledad, Primera Edición, Primera Reimpresión, España, Alpha Decay, 2015, Pág. 155 2Keegan, Marina Evelyn, Lo contrario de la soledad, Primera Edición, Primera Reimpresión, España, Alpha Decay, 2015, Pág. 155  " ["post_title"]=> string(42) "La empatía como motor evolutivo (parte 1)" ["post_excerpt"]=> string(181) "Popularmente la simpatía se identifica como “ponerse en los zapatos del otro”. En principio, es una manera de verla, pero se enuncia mucho más fácil de lo que se consigue. " ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(39) "la-empatia-como-motor-evolutivo-parte-1" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-11-12 11:56:09" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-11-12 16:56:09" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=72510" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(42) ["max_num_pages"]=> float(21) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "786d183b1002e312b2c7ae045d5d8c2e" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }
La empatía como motor evolutivo (parte 1)

La empatía como motor evolutivo (parte 1)

Popularmente la simpatía se identifica como “ponerse en los zapatos del otro”. En principio, es una manera de verla, pero se...

noviembre 12, 2021

El ilegal decreto de López Obrador

El régimen presidencial permite a los sujetos que han sido presidentes “decretar” como dioses y gobernar como demonios.

noviembre 25, 2021




Más de categoría

Fuerzas Armadas poderosas, multipropósito y manejando mucho dinero

Durante la actual administración, las Fuerzas Armadas se han dedicado a muchas cosas para las que no fueron creadas,...

noviembre 30, 2021

El tortuoso camino para erradicar la violencia contra la mujer

El progreso de una sociedad se mide en gran parte por la libertad que tienen las mujeres en su...

noviembre 30, 2021

Nuevo nombramiento de Banxico

El nombramiento de un integrante de la Junta de Gobierno de Banxico ha sido polémico y ha generado incertidumbre.

noviembre 30, 2021
TAMBIÉN HAY ACIERTOS DE LA SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN

TAMBIÉN HAY ACIERTOS DE LA SUPREMA CORTE DE JUSTICIA DE LA NACIÓN

La SCJN suele estar en el ojo del huracán cuando se tocan temas polémicos; sin embargo, constantemente el máximo...

noviembre 29, 2021