Justicia para María Elena Ríos

María Elena Ríos Ortiz es una saxofonista que sufrió un ataque de ácido que le desfiguró gran parte de la cara y cuerpo el pasado 11 de septiembre de 2019. Su caso sigue en la palestra nacional...

26 de enero, 2023

María Elena Ríos Ortiz es una saxofonista que sufrió un ataque de ácido que le desfiguró gran parte de la cara y cuerpo el pasado 11 de septiembre de 2019. Su caso sigue en la palestra nacional al mantener el estigma de la impunidad hacia el autor intelectual, el priista Juan Vera Carrizal, también expareja de la víctima y quien presuntamente habría contratado a dos personas para atacar a la mujer con el líquido corrosivo en su pequeña agencia de viajes.

El exlegislador oaxaqueño es un prominente empresario gasolinero de la entidad con importantes contactos políticos y económicos que le ayudaron a evadirse de la justicia hasta su captura en abril de 2020. El PRI le hizo un tragicómico procedimiento para expulsarlo de sus filas partidistas, cuando el escándalo subió de tono y se volvió políticamente incorrecto para la alicaída institución política. Los abogados de Vera Carrizal han realizado toda clase de triquiñuelas legales para alargar el inicio del juicio, además de aprovechar la pandemia por Covid-19 para evitar que el proceso legal avance de forma natural. Es de conocimiento público que el acusado aunque sigue su proceso en el penal de San Francisco Tavinet, ha tratado de buscar que un juez, reclasifique el delito para poder ser liberado y se minimice el intento feminicida.

En el último intento por lograr la prisión preventiva para Vera Carrizal, el juez Téodulfo Pacheco Pacheco había dictaminado la prisión domiciliaria en contra de toda lógica y en detrimento de la seguridad de la sobreviviente del ataque con ácido. Ante el escándalo mediático del caso, la jueza de control del Circuito Judicial de Valles Centrales, Martha Santiago Sánchez, dejó sin efecto la prisión domiciliaria del exdiputado del PRI, Juan Antonio Vera Carrizal, por lo que la saxofonista exigió la renuncia del juzgador Pacheco.

Dicho juzgador no le importó haber llevado el desaseado proceso de más de 60 horas, donde no se permitió a la víctima hacer uso de la palabra, levantarse al baño, sufrió tener que encarar vía electrónica a su agresor, tampoco se le  permitió a la defensa el tiempo de revisión necesario de los números documentos que habrían sido fundamentales para otorgar la prisión domiciliaria al exlegislador priista, con la agravante de revelar datos que deberían haber sido confidenciales para la seguridad de la víctima. 

El caso de intento de feminicidio llegó hasta la conferencia mañanera del presidente Andrés Manuel López Obrador, quien aseguró que el presunto agresor continuaba en el penal de Oaxaca, así como ofrecer que la Fiscalía General de la Nación pudiera coadyuvar en el terrible caso. 

El mismo gobernador Salomón Jara se había manifestado en contra de la resolución del juez Pacheco al no dar una perspectiva de género a su fallo, sumado a la terrible imagen que deja en la ya muy deteriorada percepción de la justicia en México. Sobre todo en cuanto a feminicidios y violencia contra la mujer, ya que por desgracia, la revictimización y la falta de empatía es una regla en cada caso que se denuncia. 

Como se recordará Rubicel H. R, extrabajador del exlegislador Vera Carrizal, declaró que acudió a la casa de la saxofonista para atacarla cobardemente al presentarse como cliente de la agencia de viajes instalada en su mismo domicilio. Mientras preguntaba por un trámite de visa, aprovecho su indefensión para verterle encima una cubeta con un litro de sustancia corrosiva que le dejó quemaduras a las que sobrevivió, pero que le mantienen en largos y dolorosos tratamientos. Juan Antonio Vera Hernández, hijo del legislador, está prófugo ya que se le considera coautor intelectual. Se mantienen presos Rubicel H.R, Ponciano H, Rubén L. C. El caso no había recibido la atención requerida hasta que la presión social hizo que la Fiscalía oaxaqueña actuara en contra de los agresores. 

Los ataques con ácido contra las mujeres son los atentados más cobardes que existen dentro de los delitos que padecen las féminas en el país. Durante mucho tiempo el delito no estaba debidamente tipificado, su persecución se encontraba en el limbo jurídico, hasta que con la reforma de la fracción II del artículo 6 de la Ley General de Acceso de las Mujeres a una Vida Libre de Violencia, publicada en octubre de 2022, existen mayores elementos para castigar tan lamentables atentados. A pesar de este avance, las adecuaciones siguen siendo insuficientes según ha expresado la misma María Elena Ríos. 

El caso de la saxofonista oaxaqueña ha trascendido muchas fronteras y también ha visibilizado estos cobardes ataques contra las mujeres, el reclamo de justicia a muchas víctimas llegó hasta la popular banda de rock mexicano “La Maldita Vecindad”, que permitió a Ríos Ortiz participar en sus conciertos del Vive Latino y en la plancha del zócalo en julio del 2022.

En la alerta de género que existe a nivel nacional, los ataques con ácido son los más devastadores por su odio feminicida, así como las graves secuelas que dejan en las víctimas que los sobreviven. Sumado al terror psicológico del ataque padecido, las mujeres violentadas enfrentan una larga recuperación con tratamientos dolorosos, difíciles, con secuelas físicas que no siempre son superadas con éxito. Un rostro desfigurado por un arma química es un estigma injusto que las mujeres, bajo ninguna circunstancia, deberían enfrentar, ante la cobardía extrema de un feminicida que decide destruir la vida de una mujer, en la forma más despiadada y alevosa posible. 

El caso de la saxofonista Ríos Ortiz debe ser emblemático para que la justicia le repare los años de lucha, sufrimiento, revictimización por parte de juzgadores cómplices y del sistema jurídico en general, que es un agresor más contra este tipo de víctimas. Las amenazas recibidas por el presunto culpable son intolerables y demuestran que nuestro sistema judicial no atiende las demandas de justicia de sus mujeres que tienen la desdicha de padecer agresiones e intentos de feminicidio que cuestan la vida a más de 10 mujeres cada día. El estado de indefensión que desde hace varios sexenios, padecen nuestras ciudadanas mexicanas se ha prologado de forma impune y es la amenaza más grande al debilitado tejido social.

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Aquí resulta trascendental la nueva propuesta paradigmática que nos ofrece Hans Jonas: “Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra”; o expresado negativamente: “Obra de tal modo que los efectos de tu acción no sean destructivos para la futura posibilidad de esa vida; o simplemente: “No pongas en peligro las condiciones de la continuidad indefinida de la humanidad en la tierra”; o, formulado, una vez más positivamente: “Incluye en tu elección presente, como objeto también de tu querer, la futura integridad del hombre1 Esta propuesta goza de la ventaja de que puede aplicarse a los tres ámbitos sugeridos anteriormente: para conmigo mismo, para con los demás y para con el mundo que me rodea y al cual pertenezco como un engranaje más de esa portentosa complejidad biológica que forma al planeta en su conjunto. Desde luego que para que estas ideas se apliquen es necesario empezar por definir la “auténtica vida humana” que debe “preservarse”. ¿Qué es una vida humana auténtica? Yo la imagino como una existencia plena, una vida material donde cada individuo pueda pensar, sentir y actuar según su conciencia y conviviendo en absoluta armonía con los demás y con el entorno. ¿Es mucho pedir? Quizá, pero es lo justo: que cada uno de nosotros podamos aspirar a “una vida humana auténtica”. ¿Por qué tendríamos que conformarnos con menos? Aquí es donde se hace necesario ampliar los conceptos que se tienen de sí mismo y de los demás. Si uno supone que “preservar la auténtica vida humana” consiste en imponer mis ideas, mi “verdad”, ya se habrá partido de una ética equivocada, donde fundamentalistas de distintas ideologías encuentren justificación para cualquier atrocidad que consideren acorde con ese concepto de “auténtica vida humana”.  Pero si por otro lado consideramos que preservar la “auténtica vida humana” consiste en defender lo más profundo de la humanidad en lo esencial, comprenderemos que se trata de defender el derecho a ser libres, a la vida como tal, a un trato respetuoso y digno, a pensar, creer y sentir en función de los propios códigos éticos y morales y que el otro, en tanto ser humano igual que yo, posee los mismos derechos y obligaciones; y que todos, tanto yo como el otro, residimos en un planeta y un entorno que es indispensable preservar para garantizar nuestro futuro como especie. Hans Jonás, en su libro El principio de la responsabilidad expone no sólo el principio ya citado párrafos atrás, sino que deja claro que así como el imperativo categórico kantiano estaba dirigido al individuo, su principio de responsabilidad está dirigido también a la implementación de la política pública que lo haga obligatorio y le dé marco y sentido: “El nuevo imperativo apela a otro tipo de concordancia –en relación a lo propuesto por Kant–; no al acto consigo mismo, sino a la concordancia de sus efectos últimos con la continuidad de la actividad humana en el futuro.[…] Esto añade al cálculo moral el horizonte temporal que falta en la operación lógica instantánea del imperativo kantiano: si este último remite a un orden siempre presente de compatibilidad abstracta, nuestro imperativo remite a un futuro real previsible como dimensión abierta de nuestra responsabilidad2”. Pero entonces, la gran pregunta está en definir qué postura es ética, social y culturalmente más amplia y apropiada para aplicarse en los tiempos que corren. Yo considero que la postura apropiada, debe avanzar en dos distintas vertientes, con lo cual se trataría de un Humanismo que sea al mismo tiempo multicultural y universalista. Demos entonces una sintética ojeada a lo que esto implicaría.   Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir 1 Jonas Hans, El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica, Barcelona, Herder, 1993, Pág. 41. 2 Ídem.  

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Lo primero consiste en comprender y aceptar que todos los seres humanos somos parte de la misma especie y tenemos un origen común. Las más recientes investigaciones, apenas publicadas en junio de 2017, en la revista Nature, anuncian el descubrimiento de los restos más antiguos conocidos de Homo sapiens y que han sido hallados en un lugar de Marruecos llamado Yebel Irhoud, a unos 150 kilómetros al oeste de Marrakech. En la nota se destaca que: “La investigación ha sido coordinada por el paleoantropólogo francés Jean-Jacques Hublin, del Instituto Max Planck de Antropología Evolutiva de Leipzig (Alemania). […] Los autores del descubrimiento datan el fósil encontrado en Marruecos en una edad de unos 315.000 años, mientras que los restos hasta ahora conocidos de 'Homo rhodesiensis' o de 'Homo heidelbergensis' databan de 200.000 años atrás. Un resto de cráneo encontrado en Yebel Irhud presenta "un mosaico de características, incluyendo morfología facial, mandibular y dental que alinea ese material encontrado con restos humanos primitivos o considerados anatómicamente modernos1". Este descubrimiento confirma las hipótesis desarrolladas hasta ahora que afirman que todos los seres humanos existentes –mujeres y hombres– descendemos de la misma especie, que todos los seres humanos que han habitado el planeta Tierra somos producto de migraciones que estos mismos antecesores llevaron a cabo desde el continente africano y que más allá de las muy marginales diferencias, como los son raza y el color del pelo, la piel y lo ojos, producida por cambios adaptativos a los diversas condiciones climáticas a lo largo de los milenios, hombres y mujeres somos exactamente iguales en capacidades, potencialidades, género y especie. No hablamos aquí ni de creencias ni de dogmas, sino de hechos y datos verificables dentro de las posibilidades técnicas y tecnológicas actuales de la ciencia.   Aunque pueda parecer baladí, reconocer esto, es reconocer mucho. Se trata de un dato objetivo, científico, que prueba que, en tanto compartimos origen e información genética, las diferencias que existen entre las distintas manifestaciones humanas son de carácter cultural y que estas son, por lo tanto, construcciones, que si bien son valiosas y significativas, no provocan que los miembros de dichas culturas sean intrínsecamente superiores o inferiores entre sí.  Hasta aquí no hablamos por el momento del contenido de la cultura, para centrarnos en el valor intrínseco del individuo humano en específico. Es posible, como de hecho sucede, que haya ideologías, creencias, dogmas, maneras de entender el mundo que son más deseables e inclusivos que otros, pero los individuos son idénticos en valor y dignidad.  Pero ¿qué es, entonces, esa tan mencionada dignidad humana que nos iguala? Veamos ahora los primero dos capítulos de la Declaración Universal de los Derechos Humanos promulgada en Naciones Unidas en 1948:    Artículo 1 Todos los seres humanos nacen libres e iguales en dignidad y derechos y, dotados como están de razón y conciencia, deben comportarse fraternalmente los unos con los otros. Artículo 2 Toda persona tiene los derechos y libertades proclamados en esta Declaración, sin distinción alguna de raza, color, sexo, idioma, religión, opinión política o de cualquier otra índole, origen nacional o social, posición económica, nacimiento o cualquier otra condición. Además, no se hará distinción alguna fundada en la condición política, jurídica o internacional del país o territorio de cuya jurisdicción dependa una persona, tanto si se trata de un país independiente, como de un territorio bajo administración fiduciaria, no autónomo o sometido a cualquier otra limitación de soberanía2. A partir de ellos, en la siguiente entrega profundizaremos en la comprensión de que somos una sola especie y que existen muchas más condiciones que nos unen a las que nos separan.      Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook: Juan Carlos Aldir   1 New York Times, Zimmer, Carl, “Fósiles hallados en Marruecos cambian la historia de nuestra especie”, 8 de junio de 2017 https://www.nytimes.com/es/2017/06/08/espanol/fosiles-jebel-irhoud-homo-sapiens.html y [1] El Confidencial, portal de divulgación científica, Una mandíbula traslada el origen del 'Homo sapiens' de Etiopía a Marruecos, 2017, Noticias de Marruecos: Una mandíbula traslada el origen del Homo sapiens de Etiopía a Marruecos. Noticias de Ciencia.  https://www.elconfidencial.com/tecnologia/ciencia/2017-06-07/marruecos-antropologia-homo-sapiens_1395603/ 2 La Declaración Universal de Derechos Humanos, ONU, 1948, La Declaración Universal de Derechos Humanos | Naciones Unidas,  www.ohchr.org/EN/UDHR/Documents/UDHR_Translations/spn.pdf  

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Aquí resulta trascendental la nueva propuesta paradigmática que nos ofrece Hans Jonas: “Obra de tal modo que los efectos de tu acción sean compatibles con la permanencia de una vida humana auténtica en la Tierra”; o expresado negativamente: “Obra de tal modo que los efectos de tu acción no sean destructivos para la futura posibilidad de esa vida; o simplemente: “No pongas en peligro las condiciones de la continuidad indefinida de la humanidad en la tierra”; o, formulado, una vez más positivamente: “Incluye en tu elección presente, como objeto también de tu querer, la futura integridad del hombre1 Esta propuesta goza de la ventaja de que puede aplicarse a los tres ámbitos sugeridos anteriormente: para conmigo mismo, para con los demás y para con el mundo que me rodea y al cual pertenezco como un engranaje más de esa portentosa complejidad biológica que forma al planeta en su conjunto. Desde luego que para que estas ideas se apliquen es necesario empezar por definir la “auténtica vida humana” que debe “preservarse”. ¿Qué es una vida humana auténtica? Yo la imagino como una existencia plena, una vida material donde cada individuo pueda pensar, sentir y actuar según su conciencia y conviviendo en absoluta armonía con los demás y con el entorno. ¿Es mucho pedir? Quizá, pero es lo justo: que cada uno de nosotros podamos aspirar a “una vida humana auténtica”. ¿Por qué tendríamos que conformarnos con menos? Aquí es donde se hace necesario ampliar los conceptos que se tienen de sí mismo y de los demás. Si uno supone que “preservar la auténtica vida humana” consiste en imponer mis ideas, mi “verdad”, ya se habrá partido de una ética equivocada, donde fundamentalistas de distintas ideologías encuentren justificación para cualquier atrocidad que consideren acorde con ese concepto de “auténtica vida humana”.  Pero si por otro lado consideramos que preservar la “auténtica vida humana” consiste en defender lo más profundo de la humanidad en lo esencial, comprenderemos que se trata de defender el derecho a ser libres, a la vida como tal, a un trato respetuoso y digno, a pensar, creer y sentir en función de los propios códigos éticos y morales y que el otro, en tanto ser humano igual que yo, posee los mismos derechos y obligaciones; y que todos, tanto yo como el otro, residimos en un planeta y un entorno que es indispensable preservar para garantizar nuestro futuro como especie. Hans Jonás, en su libro El principio de la responsabilidad expone no sólo el principio ya citado párrafos atrás, sino que deja claro que así como el imperativo categórico kantiano estaba dirigido al individuo, su principio de responsabilidad está dirigido también a la implementación de la política pública que lo haga obligatorio y le dé marco y sentido: “El nuevo imperativo apela a otro tipo de concordancia –en relación a lo propuesto por Kant–; no al acto consigo mismo, sino a la concordancia de sus efectos últimos con la continuidad de la actividad humana en el futuro.[…] Esto añade al cálculo moral el horizonte temporal que falta en la operación lógica instantánea del imperativo kantiano: si este último remite a un orden siempre presente de compatibilidad abstracta, nuestro imperativo remite a un futuro real previsible como dimensión abierta de nuestra responsabilidad2”. Pero entonces, la gran pregunta está en definir qué postura es ética, social y culturalmente más amplia y apropiada para aplicarse en los tiempos que corren. Yo considero que la postura apropiada, debe avanzar en dos distintas vertientes, con lo cual se trataría de un Humanismo que sea al mismo tiempo multicultural y universalista. Demos entonces una sintética ojeada a lo que esto implicaría.   Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir 1 Jonas Hans, El principio de responsabilidad. Ensayo de una ética para la civilización tecnológica, Barcelona, Herder, 1993, Pág. 41. 2 Ídem.  

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