A principios de 2019 escribí sendas columnas periodísticas acerca del posible doble papel del Dr. Juan Ramón de la Fuente al frente de la misión diplomática de México en la ONU. Bien pudiera ser un as bajo la manga del presidente Andrés Manuel López Obrador en el caso de un escenario de crisis que pusiera en peligro a las cartas más visibles rumbo a la carrera sucesoria de 2024. Al parecer ese potencial escenario de crisis se ha adelantado significativamente, y hoy involucra al actual Canciller y ex jefe de Gobierno de CDMX, Marcelo Ebrard, y a la jefa actual, la Dra. Claudia Sheinbaum Pardo.
Y es que en la estrujante tragedia del Metro, la 4T no tiene para dónde señalar culpables. Aquí todos los caminos llevan a Roma, desde su atropellada y opaca construcción, hasta las negligencias en el mantenimiento y las advertencias desoídas en cuanto a alguna posible y hasta inminente tragedia. Solo lo acontecido en la jefatura mancerista se aleja un poco de la responsabilidad política, e incluso jurídica de estos dos personajes antes mencionados. Mancera utilizó a dicha línea del sistema de transporte colectivo como objeto propagandístico, desde la supuesta corrección exitosa en las fallas de origen en su construcción y después del terremoto en 2017, hasta la ridícula decisión de retirar las placas históricas referentes al creador original del Metro: el expresidente Gustavo Díaz Ordaz.
Independientemente de los resultados en los peritajes, el daño es ya irreparable, o así cuando menos luce ante la opinión pública hacia Ebrard y Sheinbaum, punteros (empatados) en toda encuesta o sondeo serio hacia 2024. Quizás sería buen tiempo de integrar al Dr. de la Fuente al gabinete en algún momento; tres años ya casi de total blindaje en la sede de la ONU en Nueva York al desgaste natural de gobernar, parecerían suficientes.
Es un sello del presidente cubrir a sus piezas clave. Así lo hizo ya con el mismo Ebrard, cuando se daba por hecho que Héctor Vasconcelos sería el titular de Relaciones exteriores, siendo ya Senador, para evitarle así a Ebrard el golpeteo; también son senadores con licencia la secretaria de Gobernación, Olga Sánchez Cordero y Alfonso Durazo (ex secretario de Seguridad pública, y hoy candidato a la gubernatura en Sonora), pero no son los únicos así protegidos.
Hoy, repito, la eventual crisis impacta ya a los más visibles aspirantes a la sucesión, y la impecable trayectoria de de la Fuente (ex rector de la UNAM y ex secretario de Salud) y sus cartas académicas y capacidad, lo deberían ya poner en la carrera sucesoria, pero no de una forma escondida, sino ya de manera abierta. A nadie le conviene dos punteros a la presidencia en 2024 que estén salpicados por un escándalo de corrupción y negligencia de colosales proporciones.
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