Evolución del todo indiferenciado, al cuerpo, a la mente

El dualismo cuerpo-mente ha sido discutido desde Descartes (1596-1650) hasta filósofos más contemporáneos como Ken Wilber (1949).

2 de septiembre, 2022 pensadores

El pensador norteamericano Ken Wilber asegura que a lo largo del desarrollo psicológico el Yo se va identificando con distintos aspectos conforme transita de un estadio evolutivo siguiente. Cuando un humano nace, no experimenta un Yo, sino que se encuentra completamente fundido con el mundo material. De ahí se identifica con su cuerpo, para luego hacerlo con su pensamiento.

Hace un par de artículos atrás, hablábamos de la visión propuesta por René Descartes donde el ser humano, en aras de asumir una nueva postura centrada en la razón y el discernimiento, comenzó un lento, pero profundo proceso de disociación del resto de sus funciones básicas, como es el caso de la emociones, el cuerpo, los sentimientos, los impulsos, entre otros. 

Lo cierto es que pensadores posteriores han concluido que, lejos de una disociación patológica, se trata de un proceso natural de desarrollo; sin embargo, para poder continuar con las nuevas etapas, es menester entender las anteriores, las que nos han traído hasta aquí.  

El pensador norteamericano Ken Wilber, en su libro Una visión Integral de la Psicología1, asegura que a lo largo del desarrollo psicológico el yo de un estadio de desarrollo se convierte en el mí del siguiente. 

Esta declaración que, en principio puede parecer un galimatías verbal, tiene que ver con la evolución del ser humano desde que nace hasta que alcanza la madurez y, desde la visión Wilberiana, el mismo razonamiento y los mismos estadios son atravesados por la humanidad como colectivo. 

Para Wilber, en cada etapa del desarrollo el Yo como sujeto está identificado con aspectos que al pasar a una siguiente etapa evolutiva se convertirán en objetos. Cuando un individuo humano nace, no experimenta nada parecido a un Yo; por el contrario ese pequeño ente se encuentra completamente fundido con el mundo material. En esta etapa el recién nacido es uno con su madre y con el medio y está tan identificado con la experiencia total de existir que carece de la posibilidad de diferenciar aún su propio cuerpo del de su madre o del mundo que lo rodea. Por lo tanto, carece de sensación de identidad separada. 

Contrario a lo que afirma una amplia corriente del new age, que supone dicho estado de fusión como una especie de paraíso en la tierra, donde el individuo está “fundido con el todo”, Wilber aclara que no hay tal edén de plenitud, sino que se trata de estado de fusión indiferenciada e inconsciente que no le permite al individuo entender su propia experiencia de estar vivo.  

Wilber afirma que es sobre los 4 meses de vida que el niño entra en un periodo que llama de “eclosión”, donde aprende a diferenciar su cuerpo del entorno físico que lo rodea, pero sin poder todavía diferenciar su “yo emocional” del “yo emocional” de los demás. En esta subfase el pre-individuo experimenta una especie de “unidad dual” con su madre donde no están claras aún las fronteras entre ambos. 

En la siguiente etapa el cuerpo emocional se diferencia de las emociones y sentimientos de los demás, con lo cual comienza a advertir una diferencia entre su yo, el de su madre y el del entorno que lo rodea. Wilber lo llama el “nacimiento psicológico”, puesto que tiene lugar  el surgimiento de un primitivo Yo separado, gobernado principalmente por las emociones primarias –tristeza, asco, miedo, enfado, alegría y sorpresa–. 

De ahí el ser humano pasa a una siguiente etapa donde comienza a desarrollar el “Yo mental”, con lo cual se colocan los primeros ladrillos de lo que será el Ego o persona. Poco a poco consigue diferenciarse del cuerpo, de los impulsos, de los sentimientos, y de las emociones y trata de integrarlos en un nuevo yo conceptual. El desarrollo continúa hasta alcanzar el pleno estadio que Wilber llama “Operacional Formal”, capaz de reflexionar sobre las reglas y normas de cualquier sociedad, juzgándolas desde principios universales. Y, aun cuando este proceso implica una cierta “crisis de identidad”, el Yo que emerge ya no depende de lo que diga papá o mamá, sino de la propia conciencia profunda. 

La posibilidad de un “yo global”

Más adelante, en el libro ya citado, Wilber asegura que este dualismo mente–cuerpo no puede resolverse en términos exclusivamente racionales. Lo que desde su perspectiva nos impide resolver esta disociación es el hecho de que sólo puede trascenderse desde niveles evolutivos transracionales de desarrollo, es decir, comprensiones existenciales que entiendan los límites naturales de la razón y sean capaces de ir más allá del lenguaje y de las funciones primarias del pensamiento. 

Por el momento no parece haber aún la masa crítica de humanos asentados en este estadio como para que se convierta en la corriente de pensamiento dominante, aunque con el surgimiento, cada vez más sólido y mejor fundamentado del pluralismo, el multiperspectivismo y la consciencia ecológica comienza a dar visos de consolidarse como corriente de pensamiento de vanguardia. 

Wilber asegura que lo que cada uno de nosotros denomina “yo”, es al mismo tiempo una función constante que articula y gestiona los diferentes “mís” que nos componen (mis emociones, mis impulsos, mi cuerpo, etc.), y también funciona como una corriente evolutiva que, si la trabajamos adecuadamente, nos lleva al siguiente nivel, que Wilber llama “El yo global, y que podríamos considerar una amalgama de todos esos “mis” mencionados y que nos constituyen: desde el Yo mental –que visto desde el Yo Global se convierte en “mi pensamiento”–, así como los diversos “Yo objeto”, a los que caracterizamos con la proposición “mi”: mi cuerpo, mis emociones, mis sentimientos, mis impulsos, etc. Todos ellos, juntos, participan de nuestra sensación de identidad y son fundamentales para comprender nuestra existencia.

Este “Yo Global” o “Yo Trascendental”, como también lo llama, Wilber lo considera el fundamento mismo de la conciencia humana. 

 

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1 Wilber, Ken, Una visión integral de la psicología, Primera Edición, México, Alamah, 2000, Págs. 468

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Y es urgente que se impulsen condiciones para que esto suceda, de lo contrario, la ambigüedad discursiva de los políticos no sirve, de lo contrario, la pedagogía de la violencia continuará su normalización con todos los impactos negativos para el individuo y la sociedad que ya hemos estado sintiendo.  El proyecto es viable y el llamado a involucrarse  es para toda persona." ["post_title"]=> string(42) "Educación para la Paz: un proyecto viable" ["post_excerpt"]=> string(104) "Construir una pedagogía para la paz, es uno de los grandes pendientes de la educación del siglo XXI. 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Educación para la Paz: un proyecto viable

Construir una pedagogía para la paz, es uno de los grandes pendientes de la educación del siglo XXI.

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