Por muchos lustros el poder económico sometía al poder político por encima de los intereses de las y los mexicanos, era una constante que los empresarios más poderosos del país mangonearan al gobierno federal como una costumbre en favor de sus intereses.
Esta situación se acentúo con la llegada del neoliberalismo en tiempos de las privatizaciones que realizaron los gobiernos abusivos, digamos que fue muy notorio desde 1988, donde las ambiciones de políticos y empresarios se vieron superadas por las necesidades de todos los mexicanos.
Había una sensación de poder tanto económico, como político, porque existía una justificación de ideas capitalistas, un proyecto económico-político de clase y no solamente un programa de políticas públicas que llevo a la privatización, la entrega en remate de tantas como muchas empresas privadas y estatales, que habían sido subsanadas con recursos de todos los mexicanos.
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La realidad es que se estaba favoreciendo a los grandes empresarios, pero de manera gradual y en lo ‘oscurito’, que en muchos casos son socios con prestanombres de esas mismas empresas que a la fecha, les da para vivir holgadamente, además de los intereses oscuros que esconden para controlar el país.
Una posición unilateral que velaba solo por los intereses de los grandes empresarios o lo que es lo mismo, un proyecto de clase (capitalista), el cual se ha venido expresando a través de una estrategia de acumulación de bienes en unas pocas manos.
Aunque el neoliberalismo profesa una ideología de libre mercado, en la práctica, ha subvertido la economía y al Estado para ponerlos al servicio del capital financiero y con un verdadero propósito de mantener el predominio de las finanzas en la economía contemporánea, incluso si esto requiere la violación de los principios del libre mercado que supuestamente serían su base ideológica.
Lo que estamos viendo ahora, con las diferencias entre el segundo empresario más rico del país y el presidente Andrés Manuel López Obrador no es otra cosa, que esa separación sana que debe de haber entre el poder político y el poder económico para ponderar el interés de todas y todos los mexicanos.
Germán Larrea hizo lo que prácticamente todos los grandes empresarios del país deben hacer en una República que va en camino de la transformación, ceder, porque está antes el interés de la nación, que el interés personal.
Sin duda, sus malas decisiones económicas, sus desplantes autoritarios y jugar a arreglarse con el presidente en lo individual, en lo oscurito y pensando que no lo toquen ni a él ni a sus intereses porque los grandes empresarios estaban acostumbrados a un trato digno y diferente, se topo con pared frente a un jefe del ejecutivo, que gobierna para todos.
En el futuro, empresarios de su calibre deben aprender la lección y entender estas acciones; concebir que lo que se hizo no es una expropiación sino un ‘estate quieto’ para abrir paso a una negociación, porque está por encimar el interés del país, en beneficios de todas y todos los mexicanos.
Es entender que no es el poder político, contra el poder económico, ¡no! es dejar claro esa división sana que debe de existir entre los intereses de los hombres del dinero y las personas de a píe que día a día, se esfuerzan con su trabajo.
@larapaola1
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