En cuestiones de Estado, el peor pecado, antes incluso que la corrupción, es la improvisación. Esto lo padecimos en México con el advenimiento de un oportunista que vio la forma de acceder a los negocios en grande. Este fue Vicente Fox que antes que empresario con múltiples fracasos en sus incursiones a los ramos de la agroindustria, fue un alto ejecutivo de una empresa trasnacional, en la cual sus refrescos se venden prácticamente solos. Por su parte, EEUU también padecería de una figura empresarial en su presidencia: Donald Trump.
Ambos personajes ganaron sus campañas presidenciales con enemigos que evocaban lugares comunes y abstractos: “China, México y el muro”, por parte de Trump; “los dinosaurios y peces gordos a encarcelar” por parte de Vicente Fox, además del eslogan “sacar al PRI de Los Pinos” (hoy museo del oprobio nacional).
Una particularidad de Trump fue el de haberse presentado a las elecciones de 2016 como un OUTSIDER, un personaje externo al sistema que lleva ya décadas monopolizado el poder político en un puñado de Familias, mismas que han dejado de lado el interés general por el de una pequeñísima élite financiera especulativa, dueña, socia o comparsa de los gigantes de los medios de comunicación masiva.
Por su parte, si bien con no pocos fracasos en sus emprendimientos de negocios, como una bebida alcohólica propia con su marca “TRUMP” (un vodka), una universidad, una aerolínea y hasta un juego de mesa, entre otros, Trump ha sido muy exitoso en el ramo inmobiliario. Pero en fin, el hecho que nos atañe es el lastimoso final de las administraciones de estos dos tipos, ya que tuvieron en sus últimos meses una similitud al entregar el poder, que da miedo por su semejanza.
Trump, a diferencia de Fox, cuando menos tomó algunas banderas del pueblo norteamericano INDIGNADO, que vaya que también lo hay, y logró construir una importante base político-electoral, cosa que Fox hizo a la inversa: admirado, popular, aceptado y aplaudido en la campaña; repudiado y sin partidarios reales al final del mismo. Sin embargo, las escenas del Congreso mexicano en el año 2006 y del Capitolio gringo hace unos días (enero de 2021), nos recuerdan la lección de “zapatero a tu zapato”, o puede que también nos evoque a una de las sentencias más famosas pronunciadas por el icónico líder uruguayo de izquierda, Don Pepe Mújica de “si te gusta la plata, ándate al comercio o a la industria; aléjate de la política”, ya que el servicio público precisa de una mística que es un “avis raris” en el sector privado” (un ejemplo seria en Profesor Hank, en el Siglo ya pasado).
Nuevos actores, a manera de los “espontáneos” que saltan a los ruedos en las corridas de toros, solo pueden provocar caos y turbulencia al asemejarse a chivos en cristalería. La osadía de algunos barones del dinero incursionando en terrenos desconocidos para ellos, como las delicadísimas tareas de Estado, solo pueden representar, incluso, un crimen público. No hay que olvidar también que, precisamente, el eje principal de la cuarta transformación, es ir volviendo a delinear una clara frontera entre Estado y mercado.
EL OTRO ESTRECHO
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