¿Consumir menos?

La crisis económica y la ambiental nos llevarán necesariamente por fuerza a un solo resultado: el cambio en los patrones de consumo.

22 de septiembre, 2022 consumo de las sociedades

Recientemente, algunos líderes académicos y políticos han vuelto a  levantar su voz en torno a la necesidad de llevar a la sociedad a consumir menos a fin de lograr un mayor efecto en las medidas sobre los problemas ambientales que se están viviendo. En concreto, el planteamiento sobre el decrecimiento está enfocándose a reducir el consumo de forma planeada y programada, especialmente en los países más desarrollados pero ¿Qué hacer con los patrones de consumo de las sociedades del mundo entero? 

Por años, el consumo ha sido incentivado a gran escala y tanto los países desarrollados como las naciones en vías de desarrollo han sido influidos y los patrones de consumo de sus habitantes responden a programas que lo impulsan, tanto a nivel de medios de comunicación como programas financieros. Dejamos el consumo como acto inherente a la vida humana, para llegar al consumismo, como actividad adherida a un sistema económico que debería aumentarlo para sostenerse. 

El modelo de obsolescencia programada se instaló como un criterio para definir la vida útil de los equipos eléctricos anteriormente y hoy los electrónicos; adicionalmente a eso, se promovieron (y estudiaron) hábitos de consumo, estrategias publicitarias, segmentación de mercados y mensajes específicos para generar una mayor activación económica. La crisis del 29 y los problemas económicos de la posguerra apoyaron la creencia de que a mayor consumo, más felicidad y mayor calidad de vida. 

Se difunde el consumo, se persuade a adquirir, pero en realidad no se enseña a consumir y con menor medida aún, generamos una intención de autoaprender. Como si no fuera necesario aprender a consumir porque se da por hecho que comprar más en cantidad o más caro es sinónimo de éxito y estabilidad financiera. 

Un precio muy alto se ha pagado por el consumo poco inteligente, movido por los impulsos y sin sentido ético o social. El solo deseo de tener más, de competir con alguien ha llevado al endeudamiento excesivo, al daño a la naturaleza y consecuentemente a crisis financieras y medioambientales. 

La urgencia por cambiar el paradigma de consumo está planteada, las resistencias a estas ideas también han sido expuestas por parte de los sectores empresariales, aunque en realidad, no son las únicas, hay una resistencia incrustada en la cultura, en las creencias sobre el consumo. Aunque la crisis económica y la ambiental nos llevarán necesariamente por fuerza y radicalmente a un solo resultado: el cambio en los patrones de consumo. 

Transitar hacia una nuevo paradigma con respecto al consumo se asume difícil porque para unos puede ser innecesario, para otros puede ser urgente, otros no tendrán disposición a realizarlo y algunos quizá vean su riqueza comprometida porque la fuente es la adquisición constante de los bienes ofertados. 

En este cambio de mentalidad con respecto al consumo debe iniciar en algún punto del planeta pero no limitarse al bloque de países desarrollados. En las sociedades de menor desarrollo, la construcción de un nuevo paradigma sobre el consumo también es necesario. Aprender a comprar es cambiar las prioridades, comprar a partir de valores éticos, morales y de satisfacción de necesidades reales, modificar hábitos alimenticios, usar lo que se compra con eficacia, informarnos sobre las características técnicas y/o nutricionales sobre lo consumido, reciclar y quizá lo más profundo, cambiar la valoración social sobre la adquisición de bienes e incluso servicios.  

Dicho de otra forma, la estrategia educativa para modificar los hábitos de consumo sociales tendría que iniciar su implementación ya, a partir de una política pública que lleve a mejorar la calidad de vida de los ciudadanos con independencia de si los países son desarrollados o están en vías de desarrollo. 

Consumir menos será una consecuencia de un programa educativo de grandes magnitudes que no se limite solo a las bases del sistema formal y que tenga por objetivo primario enseñar a consumir. El énfasis de la política educativa deberá estar dado por igual en los aspectos cuantitativos y en los aspectos cualitativos del consumo. No se trata de consumir menos una cosa para consumir más en otra, se trata de realizar la adquisición de algo para vivir mejor.  

Ofertas de cursos sobre reciclaje, economía circular, economía familiar, entre otros, se presentan por diferentes organizaciones civiles, gubernamentales y empresariales en internet y en diferentes lugares de forma presencial, los cuales, son elementos valiosos en la educación sobre hábitos de consumo y reutilización de bienes. De igual forma, los programas sobre consumo responsable, Responsabilidad Social Empresarial, certificaciones ambientales a empresas e instituciones hablan, en lo práctico, de un avance hacia nuevos modelos de consumo. 

Pero nos estamos quedando a medio camino y si en lo global el consumo cae, no es por resultado de una acción planeada y mucho menos educativa, sino por el empobrecimiento global y la reducción del poder adquisitivo. 

¿Qué hacer con los patrones de consumo? Cambiarlos a partir de procesos educativos organizados, globales, que definan metas y que nos ayuden a consumir menos para vivir mejor. 

 

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