Construcción paradigmática de la verdad

El ser humano tiene la necesidad existencial de explicarse el universo en que vive. Un paradigma es una serie de parámetros que permiten “reconocer” e interpretar la realidad inmediata percibida. Es una estructura de ideas, costumbres, conductas...

18 de noviembre, 2022

Hace miles de años, antes de que conociéramos los aspectos más elementales del funcionamiento del planeta, el ser humano le atribuía a la naturaleza un cierto nivel de consciencia. Desde aquella perspectiva era posible suponer que un volcán tuviera “ánima”, una especie de vida interior que le permitía ejercer una determinada voluntad, con lo cual entregarle ofrendas para “mantenerlo contento” y así evitar que destruyera la aldea tenía sentido. Desde luego, a ningún vulcanólogo de hoy se le ocurría una solución semejante para salvar un poblado que se encuentra en la trayectoria de una inminente erupción. ¿Eso significa que la tribu del paradigma pre-científico estaba equivocada, que lo que suponían una verdad evidente, no lo era? La respuesta es: depende de cómo se quiera analizar. Si lo vemos desde la experiencia del mundo que se podía tener en aquella época, se trataba de una verdad incuestionable: si ellos estaban vivos y estaban conscientes de sí mismos, no había ninguna razón evidente para que no sucediera lo mismo con el resto del mundo que los rodeaba. Si lo vemos desde nuestra experiencia del mundo, no hay duda que se trata de un juicio erróneo. Pero nada impide que en el futuro, aún sin tratarse de un ánima de la forma en que lo pensaban en el paleolítico, se descubra que la Naturaleza en su conjunto en efecto posee un cierto grado de consciencia y que lo manifiesta y expresa de modos y bajo determinados códigos que hoy no estamos habilitados para descifrar.

Lo cierto es que son muy pocas de las verdades consideradas incuestionables en cada etapa de desarrollo humano que lo continúen siendo para siempre. Eso nos lleva a la pregunta obvia: ¿cuántas y cuáles de las verdades que hoy nos parecen evidentes e irrefutables dejarán de serlo muy pronto? Pero esto no significa que no existan verdades a las cuales asirnos, tan sólo que debemos entender que se trata de las “verdades de hoy”, mismas que eventualmente serán desmentidas.

La tribu que entregaba ofrenadas y sacrificios al volcán estaba tan en lo cierto como lo estaba Newton al publicar su obra: Philosophiae naturalis principia mathematica de 1687, en la que se describe la ley de gravitación universal y se establecen las leyes de la mecánica clásica como absolutas y aplicables en todos los tiempos y cada rincón del cosmos. Estas verdades indiscutibles lo fueron hasta la aparición de Einstein y el descubrimiento de la relatividad. Desde la perspectiva de la física clásica las leyes descubiertas explicaban el funcionamiento básico del cosmos y eran la llave para desentrañar el resto de los secretos que aun no habíamos desvelado. Hasta que, a principios del siglo XX, una nueva generación de científicos articuló un nuevo relato que defendía el hecho de que bajo ciertas circunstancias las leyes de la física tradicional dejaban de operar y eran sustituidas por otras cuyo funcionamiento encarna un cierto grado de misterio al tender a la indeterminación y la incertidumbre, paradigma opuesto al de la física clásica que se apoyaba en la estabilidad y predictibilidad.

¿Qué es un paradigma?

Un paradigma no es otra cosa que una serie de parámetros que permiten “reconocer” e interpretar la realidad inmediata percibida articulándola en una serie de relatos y narraciones que le den forma y cohesión. Es una estructura de ideas, costumbres, conductas que confirman la existencia en ese mundo percibido. Cada uno de ellos busca, lucha y se impone a los otros en una búsqueda frenética por tener razón, por ser un espejo incuestionable de la verdad, lo que hace más complejo un acuerdo con paradigmas distintos.

Si existe alguna característica auténticamente humana, que pareciera estar presente en todos los tiempos y todas las culturas, es la necesidad de explicarnos el universo en que vivimos. Desde luego, esta explicación, como sucedía tanto con la tribu del volcán como con Newton, se concreta a partir de las herramientas, recursos y conocimientos con que se cuenta en cada tiempo y circunstancia. Einstein y Newton encabezaron diferentes paradigmas dentro de la ciencia, y tanto ellos, como la tribu animista del ejemplo del volcán, habitaron mundos regidos por leyes distintas, aun cuando se tratara del mismo planeta Tierra.

En cada etapa del desarrollo humano se han fijado las conclusiones inferidas en una serie de relatos que, al articularse entre sí, conforman una estructura, un andamiaje narrativo que le otorga sentido y dirección al grupo que lo ha elaborado y asumido como verdadero. Hasta que, de pronto, algo ocurre.

De una forma súbita e inesperada emerge un nuevo conocimiento o se descubre algo que siempre había estado ahí pero que les resultaba invisible para el relato existente. Como si viniera de la nada, como si de pronto se hubiese descubierto un nuevo mundo, se consolida una comprensión que renueva el universo hasta entonces conocido y que permea en todos los ámbitos –económico, político, social, ético, moral, científico, etc.–

Esta innovadora forma de explicar la realidad no sólo es incompatible con el metarrelato hegemónico previo sino que lo hace colapsar, con lo cual la narrativa emergente se cristaliza como la nueva vanguardia que no tardará en asumirse como la verdad que constituye los cimientos de un nuevo metarrelato dominante.

Pensemos, como ejemplo, en un diminuto invento que detonó una revolución social y transformó los paradigmas de convivencia de su tiempo: la píldora anticonceptiva.

En julio de 1961, el laboratorio Searle, con la venia de la Administración de Alimentos y Medicamentos de los Estados Unidos (FDA– Food and Drug Administration) inició la comercialización del Enovid 5 mg, la primera píldora diseñada propiamente con fines anticonceptivos.

Desde luego que una transformación del calado de la que experimentó el mundo en la década de los sesenta del siglo XX no ocurre como consecuencia de un sólo cambio o estímulo. Pareciera que cada paradigma consigue su plenitud y una vez que sus narrativas se consolidan y es entonces que se precipita en una lenta pero constante decadencia, donde las corrientes internas cambian poco a poco de dirección asumiendo una nueva tendencia general, una especie de caldo de cultivo que favorece la formación de nuevas comprensiones que paulatinamente se manifiesta en todos lo ámbitos, dando lugar a una nueva comprensión general, un nuevo metarrelato que sustituye al anterior.

Mientras la píldora anticonceptiva se utilizó como la punta de lanza para una liberación sexual en ciernes, se construye un célebre muro en Berlín, los Beatles aseguran que “all you need is love”, una crisis de misiles amenaza la continuidad de nuestra especie, Marilyn Monroe canta las mañanitas a Kennedy, es asesinado Martin Luther King por tener un sueño de igualdad, Juan XXIII convoca al Concilio Vaticano II, aparecen las minifaldas y el bikini, toma forma una nueva variedad de conflicto global: la guerra fría, surge la contracultura como contrapeso a las convenciones de la tradición, entra en funcionamiento ARPANET –abuelo de nuestro actual Internet–, tienen lugar las protestas de mayo del 68 en París, la primavera de Praga y revolución cultural en China, se realiza el primer transplante de corazón, estallan las protestas antibélicas contra la guerra de Vietnam, se consolida el movimiento por los derechos civiles en los Estados Unidos, inicia la migración masiva del campo a las ciudades –lo que da lugar a nuevas formas de urbanismo– y se corona la  carrera espacial con la llegada del Apolo 11 a la Luna.

Podríamos seguir por muchas páginas señalando los cambios que se dieron en todos los aspectos de lo humano durante esa década, y si bien es posible enumerarlos como si se tratara de eventos aislados, lo cierto es que si los observamos como hilos de un gran tapiz, podemos percibir un espíritu de conjunto que explica los potentes cambios paradigmáticos que tuvieron lugar en la década de los sesenta y se consolidaron en la siguiente. Luego de este periodo, el mundo jamás volvió a ser el mismo. Las verdades sólidas que dieron sentido y estructura a las décadas precedentes lucían de pronto caducas y anticuadas y parecían desmoronarse como castillos de arena. En apenas unos lustros la familia, la democracia, la política, el trabajo, las relaciones humanas, el ocio, la moda, y un larguísimo etcétera, comenzaron a conceptualizarse de manera diferente.

Cuando un metarrelato se ha configurado se convierte en una manera general y totalizadora de entender el mundo, un pacto tácito que sus miembros –muchas veces de manera inconsciente– suscriben. Aún sin darnos cuenta, el entretejido de narrativas en que estamos inmersos moldea nuestra manera de relacionarnos, las normas morales que aceptamos como válidas, nuestra apariencia externa, el tipo de lugares a los que asistimos, el tipo de casa, coche y trabajo que deseamos tener y hasta la clase de persona de quien soñamos enamorarnos. Las metanarrativas funcionan como las grandes estructuras sobre las que ejercemos nuestra libertad: estructuran el pensamiento y limitan lo que consideramos posible y verdadero.

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Para los que vivimos en la capital y para mucha gente decir “Tamarindos” es sinónimo de situación económica y social alta, de elite y de exclusividad. Ubicado en la zona de Santa Fe, es una calle en donde el metro cuadrado vale una fortuna y solo se pueden dar el lujo de vivir ahí un sector muy selecto de la población. El robo fue contra un automovilista. Casi en tiempo real empezaron a correr por todas las redes sociales videos que tomaron otros automovilistas desde sus coches y que publicaron para denunciar los hechos y exigir la inmediata respuesta de las autoridades. Efectivamente, el mismo día ya había sido detenido el presunto ladrón. La policía apoyada por los testigos y por las cámaras de seguridad actuó de forma impecable y dio con el culpable quien, sin duda alguna, será juzgado y castigado con todo el peso de la ley. 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Uno de ellos, sobre todo por el hecho de que su máxima popularidad se alcanza entre niños y jóvenes, son los retos virales. Aunque no todos estos retos son peligrosos y algunos incluso tienen la ventaja de ofrecer herramientas que permiten practicar matemáticas o idiomas y desarrollar la creatividad, la realidad es que la mayoría de ellos son peligrosos porque además de poner en riesgo la privacidad de los menores o de aprovechar sus estados de depresión, aislamiento o ansiedad, implican fuertes riesgos físicos o psicológicos, promueven la violencia e incluso, en el peor de los casos, incitan al suicidio. ¿Qué son los retos virales? Se trata de videos en los que, con la premisa de tratarse de un simple “juego entre amigos” se promueve alguna acción peligrosa o violenta que debe ser realizada por quien recibe el reto, grabada en un nuevo video y compartida con el mayor número posible de amigos o seguidores, que a su vez deberán hacer lo mismo. Se han popularizado en internet (ya sea por supuestos “influencers” o bien por chicos comunes) y son compartidos principalmente a través de redes sociales como Instagram, Tik-Tok, Facebook o Whatsapp. Los datos duros En México, 50% de las niñas y niños entre 6 y 11 años son usuarios de internet o de una computadora y en el caso de los adolescentes de 12 a 17 años, entre el 80 y 94% usan internet o una computadora. Un estudio de abril de 2022 de la aplicación TikTok indicó que un 21% de usuarios de entre 13 y 19 años habían participado en retos online. Los adolescentes reconocen que realizan los retos virales para sentirse integrados o aceptados por su grupo de amigos. Gran parte del éxito de las publicaciones virales se debe a la cada vez mayor implicación de los rostros famosos, celebrities o influencers, en este tipo de contenido viral. Algunos de los retos que han tenido como consecuencia la muerte de niños o adolescentes son: -Benadryl Challenge (que consiste en ingerir una decena de pastillas de dicho fármaco y grabar un vídeo bajo sus efectos de alucinación). Joven de 15 años en Oklahoma, 2020, y otros… -Blackout Challenge (autoasfixiarse hasta perder el conocimiento.). Nylah Anderson (10 años), Philadelphia, 2021; Zoé (9 años) y Sinachi (11 años), Oaxaca, 2021, y otros… -Chroming (inhalación de productos como desodorantes). Brooke Ryan (16 años), Australia, 2022, y otros… Algunos retos virales actuales y pasados Algunos de los retos virales más famosos y que más daño han causado entre niños y adolescentes (tomado de gaptain.com):
  1. Momo. Igual que la ballena azul, consiste en superar pruebas que en ocasiones llevan al menor a autolesionarse e incluso inducen al suicidio, a la vez que aterroriza a los más pequeños.
  2. La ballena azul. Uno de los juegos virales que más conmoción y alarma social han causado. Los administradores dan una serie de tareas a completar por los jugadores. Algunas de ellas incluyen hacerse cortes. La última misión de este juego es el suicidio.
  3. Balconing. Este reto es, quizás, el más conocido. Se trata de lanzarse a una piscina desde un balcón o terraza. Arriesgando la integridad física e incluso la vida por superar a otros. Cada año se contabiliza alguna muerte a causa de este reto.
  4. Tide Pod Challenge. Consiste en comer, cocinar o morder cápsulas de detergente como si fueran dulces.
  5. The Shell Challenge. Se basa en comer cualquier alimento o producto con su propio envoltorio o cáscara. Como por ejemplo, un huevo, naranja…
  6. Juego de la asfixia. Consiste en inducirse el desmayo por medio de la asfixia intencionada. El objetivo es conseguir una sensación placentera de verdadera euforia.
  7. Train surfing. Juego extremo en el que el objetivo es grabarse mientras se viaja por fuera de un tren. Sujetándose en los costados, debajo de las ruedas, en el techo…
  8. El juego de la muerte. Consiste en asfixiar a otra persona hasta que esta cae inconsciente, grabarlo en video y subirlo a redes sociales. Es uno de los retos virales de moda entre los adolescentes. Dejar sin oxígeno un cerebro puede ocasionar convulsiones, daños neuronales irreparables e incluso la muerte. 
  9. Vodka en el ojo. Consiste en verter vodka dentro del ojo por la creencia de que el alcohol llega antes al torrente sanguíneo a través de las venas oculares. El objetivo es embriagarse lo más rápido posible. Esta teoría, además de ser absurda, provoca inflamación y coagulación de los vasos sanguíneos oculares. Ya que el ojo no tiene un revestimiento, como el estómago, para protegerse.
  10. Hot water Challenge. Consiste en arrojar agua ardiendo a alguien mientras está totalmente desprevenido. Un joven de 15 años resultó herido gravemente cuando su amigo le lanzó agua hirviendo mientras dormía.
  11. Flaming cactus Challenge. Se trata de comerse un cactus en llamas. A la vez puedes beber cerveza para evitar el sabor y sobre todo para no quemarte.
  12. Cockroach Challenge. Es otro de los retos de moda que invita a los usuarios a fotografiarse con cucarachas en la cara. 
  13. El abecedario del diablo o abecedario chino. Consiste en que un niño rasca el dorso de la mano a otro mientras este recita las letras del abecedario de la A a la Z y dice una palabra que comienza con cada letra. A cada palabra la  ‘rascadaes más fuerte, acabando la mayoría de las veces con heridas graves que dejan marcas y cicatrices para toda la vida.
  14. In My Feelings Challenge. Reto que incita a bajarse de un coche en marcha y bailar. Miles de personas se sumaron a este desafío, entre ellas decenas de famosos, que ayudaron a viralizarlo. Sin duda una práctica peligrosa para la seguridad vial
  15. Knockout. Consiste en atacar a un peatón cualquiera por la calle, golpearlo y dejarlo inconsciente mientras se graba. Todo ello con el objetivo de compartirlo en redes sociales.
  16. Reto de la canela. En 2012 se puso de moda tragar una cucharada de canela en polvo. ¿El resultado? Jóvenes sufriendo colapsos pulmonares, irritaciones de garganta y problemas respiratorios. El objetivo es expulsar la canela por boca y nariz, una acción llamada el aliento del dragón”. El problema es que al consumir esta especia sin ningún líquido y de manera acelerada, provoca daños en los pulmones y otros órganos.
  17. Neknomination. El objetivo es emborracharse con licor, realizar alguna acción peligrosa y luego retar a otra persona a hacerlo. Una competición para ver quién supera a quién. Fue muy popular hasta que varias personas fallecieron por su causa.
  18. Ice and salt Challenge. Consiste en poner sal en la piel para luego presionarlo con hielo. La combinación produce una reacción química que hace descender la temperatura del hielo provocando quemaduras de segundo y tercer grado.
  19. Reto del fuego. ¿Qué hay más peligroso que unir alcohol y fuego? Este reto consiste en rociarse alcohol por el cuerpo y prenderse fuego cerca de una piscina o bañera para poder apagarlo pronto. Varios jóvenes han sufrido quemaduras graves.
  20. Condom Challenge. Quizás hayáis visto algún vídeo donde arrojan sobre la cabeza de algún joven un condón lleno de agua. Al no romperse, la cara se queda atrapada dentro del condón como si fuera una pecera. Es como ponerse una bolsa de plástico y asfixiarse solo.
  21. Condom Snorting Challeng. Consiste en introducir un condón por la nariz y sacarlo por la boca (inhalando con toda la fuerza posible para que el plástico pase por la faringe hasta llegar a la boca).
¿Cómo puedo proteger a mi hijo? Los retos virales constituyen, hoy por hoy, uno de los mayores peligros a los que se exponen nuestros hijos cuando navegan por internet. La lista anterior es sólo una pequeña muestra de los cientos de ellos que existen actualmente y que día con día se va actualizando. Cierto es que como padres, sabemos que no podemos excluir a los hijos del mundo en el que les ha tocado vivir pero sí podemos darles todo el acompañamiento, atención y guía que nos sea posible para enseñarlos a utilizar la tecnología de forma segura y responsable. Algunas estrategias que pueden ayudarnos: La primera y quizá la más importante es estar informados: conocer a fondo el mundo digital en con el que conviven nuestros hijos, identificar los factores que los atraen hacia este tipo de retos (autoestima, depresión, ansiedad, necesidad de pertenecer, etc.) y prestar atención a cualquier señal de alerta en ellos. Educar con el ejemplo, imprescindible antes de acometer cualquier otra acción. Elegir un colegio que les enseñe a ser ciudadanos digitales responsables. Crear un clima de confianza con tus hijos suficiente para que en caso de que tengan un problema, podamos ser el primer apoyo al que recurran. Mostrar empatía e interés por su actividad digital, interactuar con ellos en este ámbito y evitar censurar y prohibir todo aquello que nos parece inadecuado. Llevar un control de los contactos y contenidos a los que tienen acceso. Estar al día en nuevas plataformas y contenidos para niños para ser capaces de recomendar, orientar su actividad hacia aquello que sea  adecuado para ellos. Estar atentos a lo que publican en redes sociales. Conocer a quién siguen y qué tipo de contenido comparten sus influencers. Regular el tiempo de uso de los dispositivos, (especialmente móvil – tablet y consolas), utilizando una app de control parental como FamilyTime. Hablar con ellos franca, abierta y frecuentemente sobre prácticas inadecuadas y los riesgos que entrañan, como son: el Sexting, las apuestas online, la falta de privacidad, el Ciberbullying, o el consumo de pornografía y contenido hiperviolento. Suscribirse a páginas o plataformas que ayuden a las familias a estar informadas sobre nuevos retos o peligros cibernéticos, así como a gestionar la seguridad digital de hogares y escuelas. Prevención antes que resignación Por desgracia, la única manera 100% efectiva de lograr que nuestros hijos permanezcan lejos de estos peligros, sería mantenerlos apartados de la tecnología y eso, hoy en día, no es una opción. Por ello, nuestra responsabilidad se trata más bien de estar tan presentes como nos sea posible, de darles la certeza absoluta de que no hay ningún lugar más seguro que su hogar y de ofrecerles una formación en valores (tanto en casa como en el colegio), tan sólida, que les permita tener la fortaleza para resistir, la asertividad para decidir y la autoestima para no necesitar la aprobación de quien no la merezca.  Conócenos ya y descubre un modelo educativo que, además de brindar excelencia académica y tecnológica, integra el sentido humano y la educación en valores, para garantizar la formación de ciudadanos responsables en esta era digital." ["post_title"]=> string(76) "Retos virales entre niños y jóvenes: un peligro mayor de lo que imaginamos" ["post_excerpt"]=> string(138) "Los retos virales constituyen, hoy por hoy, uno de los mayores peligros a los que se exponen nuestros hijos cuando navegan por internet. 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Para los que vivimos en la capital y para mucha gente decir “Tamarindos” es sinónimo de situación económica y social alta, de elite y de exclusividad. Ubicado en la zona de Santa Fe, es una calle en donde el metro cuadrado vale una fortuna y solo se pueden dar el lujo de vivir ahí un sector muy selecto de la población. El robo fue contra un automovilista. Casi en tiempo real empezaron a correr por todas las redes sociales videos que tomaron otros automovilistas desde sus coches y que publicaron para denunciar los hechos y exigir la inmediata respuesta de las autoridades. Efectivamente, el mismo día ya había sido detenido el presunto ladrón. La policía apoyada por los testigos y por las cámaras de seguridad actuó de forma impecable y dio con el culpable quien, sin duda alguna, será juzgado y castigado con todo el peso de la ley. Lo anterior nos demuestra que cuando la sociedad y las autoridades gubernamentales se juntan, el resultado es siempre mayor eficiencia en la persecución y prevención del delito. Así la próxima vez los amantes de lo ajeno se la pensarán mejor antes de intentar asaltar a un importante miembro de la sociedad qué transita por la vida en un Mercedes Benz rojo por una de las calles más exclusivas de la ciudad. El testimonio del presunto agredido circuló también por las redes sociales, sobre todo en los grupos y chats de WhatsApp. El afectado describe al ladrón como un muchachito de entre 15 y 16 años, muerto de miedo y totalmente preso de los nervios, que temblaba y tartamudeaba y fue por eso que el agredido incluso le aconsejó que se fuera corriendo nada más con su reloj. De ninguna manera estoy a favor del robo ni de ningún tipo de acto vandálico, pero en la noche, ya en el silencio de mi recámara y con la cabeza sobre la almohada, no podía dejar de pensar que “a nadie le importa N”. Y es que “como quiera que se llame N”, no es ni siquiera un miembro de la sociedad, no pertenece a ninguna comunidad, tal vez ni siquiera tenga un registro o algún papel que lo identifique; “maldito ratero N” no tiene padres y seguramente paso sus 15 o 16 años viviendo debajo de algún Puente, o dentro de alguna coladera en el subsuelo de este México que se ufana de buscar justicia pronta y expedita para todos. “Hijo de su madre N” come desperdicios encontrados en la basura, jamás ha tenido nada propio ni nuevo, seguramente ha sido violentado y abusado tantas veces que para él ya es parte de la vida; “Desgraciado malnacido N” no merece una oportunidad y debe ser aislado porque representa un peligro para la sociedad, como si “Pobre diablo N” alguna vez hubiese tenido la más mínima oportunidad de una vida distinta. Este ladrón es seguramente hermano o primo o hijo o amigo o compañero de coladera de muchos otros “hijos de nadie” que a diario salen a asaltar gente de bien que se gana la vida con el sudor de su frente, a robar en las esquinas a automovilistas, pero también en los transportes públicos, a muchos otros “sin nombre” que se trasladan todos los días a sus trabajos en Microbuses, peseros, en el metro o en el cable bus o cualquier medio de transporte público. El 61% de los robos con violencia son a estas personas. Tan solo de enero a abril de 2022 se registraron 218 casos de víctimas en carpetas de investigación de la Fiscalía General de Justicia de la Ciudad de México. No he sabido nunca de una respuesta tan ágil y solidaria de la sociedad para estas personas que todos los días son despojadas de sus poquísimos artículos, de su celular y el poco dinero que lleven consigo y que seguramente al llegar a su trabajo después del trago amargo y el terrible susto sean reprimidos y castigados por sus patrones. Pocas veces he sabido de algún patrón o patrona que acompañe a su trabajador a denunciar el robo y que lo apoye mientras se le da seguimiento, por el contrario, de lo que sí me he enterado muchas veces es de la acusación como presunto culpable de alguno de sus trabajadores cuando algo les falta o sospechan que les han robado, independientemente de que pueda ser cierto o no. El primer acusado es siempre el trabajador, el migrante que pide ayuda en la esquina, la madre soltera que acude a hacer el aseo por unos cuantos pesos y hay una sola razón para ello: son pobres. Seguramente muchos no estarán de acuerdo con mi punto de vista. Me tomarán por populista y resentida. No apruebo en ninguna modalidad el crimen. Lo único que de verdad quisiera con profunda inocencia, como un niño pide en sus oraciones de la noche la Paz mundial, es que la justicia, la indignación, el derecho al resarcimiento de daños, la confianza y la presunta inocencia sea la misma para todos." ["post_title"]=> string(22) "Justicia ¿para todos?" 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