Claves para entender por qué EE.UU. UU. Tendría muy complicado hacerse con el control de Groenlandia

En los últimos días, el caso venezolano ha vuelto a colocar en el centro del debate internacional una cuestión fundamental: ¿hasta dónde están dispuestas a llegar las grandes potencias cuando consideran que sus intereses estratégicos están en...

8 de enero, 2026

En los últimos días, el caso venezolano ha vuelto a colocar en el centro del debate internacional una cuestión fundamental: ¿hasta dónde están dispuestas a llegar las grandes potencias cuando consideran que sus intereses estratégicos están en juego?Las discusiones sobre soberanía, control de recursos y legitimidad de la intervención han reabierto interrogantes que parecían superados tras el final de la Guerra Fría. En este clima de tensión y de normas cada vez más disputadas, ideas que antes se consideraban inverosímiles comienzan a circular con mayor naturalidad en el discurso político.Recientemente, y después de atacar algunos enclaves en Venezuela y de detener a Nicolás Maduro, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, ha dejado muy claros sus intereses : “Necesitamos a Groenlandia por motivos de seguridad nacional”. Las alarmas han saltado.

Es en este contexto donde reaparece una pregunta que, hace solo unos años, habría parecido absurdo: ¿podría Estados Unidos intentar hacerse con Groenlandia? La cuestión no surge de la nada. Forma parte de un escenario internacional en el que la competencia por recursos estratégicos y el control de espacios clave vuelven a ocupar un lugar central.La posibilidad de que Estados Unidos adquiera Groenlandia es muy limitada, ya que existen obstáculos legales claros. Desde 2009, cuenta con un amplio autogobierno dentro del reino de Dinamarca. Cualquier cambio de soberanía requiere el consentimiento de su población, un principio protegido por el derecho internacional.También existen límites políticos relevantes. Una presión unilateral no solo dañaría la relación con Dinamarca, sino que además afectaría al conjunto de sus aliados. No debemos olvidar que Dinamarca es miembro de la Organización del Tratado del Atlántico Norte (OTAN). Un conflicto interno debilitaría a la alianza en un momento de alta competencia global.

Groenlandia podría actuar entonces como punto de apoyo logístico. Su territorio facilitaría tareas de aprovisionamiento y mantenimiento, función que incrementaría su valor económico y estratégico.Y desde una perspectiva militar, la isla ocupa una posición central: se encuentra entre Norteamérica, Rusia y Europa. Además, controla el acceso entre el océano Ártico y el Atlántico Norte. Este control tiene implicaciones para la seguridad marítima y aérea e influye en la vigilancia del espacio polar. Por ello, Groenlandia sigue siendo relevante para la defensa occidental.Pieza clave en la seguridad estadounidenseComo decía más arriba, en 2019, Donald Trump ya planteó públicamente la posibilidad de comprar Groenlandia , una propuesta que se dirigió al Reino de Dinamarca. Aunque tanto Dinamarca como las autoridades groenlandesas rechazaron la idea, el episodio reveló un interés persistente. Estados Unidos nunca ha sido ajeno a la isla.La presencia estadounidense se remonta a la Segunda Guerra Mundial. Durante la Guerra Fría, Groenlandia apoyó un papel central en la defensa del hemisferio norte, una lógica estratégica que sigue vigente.La base aérea de Thule, que continúa operativa, forma parte del sistema de alerta temprana y defensa antimisiles. Su función está directamente ligada a la seguridad estadounidense. La continuidad de esta base muestra que el interés no es coyuntural: responde a una visión estratégica de largo plazo. Groenlandia sigue siendo una pieza clave.Más allá de TrumpPero el debate sobre Groenlandia va más allá de Donald Trump. Refleja un cambio profundo en la política internacional donde la geografía vuelve a ocupar un lugar central.El deshielo del Ártico abre nuevas rutas y oportunidades y, al mismo tiempo, intensifica la rivalidad entre potencias ganando valor político los recursos estratégicos.A pesar del revuelo mediático de estos días, Groenlandia no es Venezuela. Una anexión de Groenlandia por parte de Estados Unidos es poco probable, pero la situación actual muestra cómo cambian los límites del debate internacional. Así, el Ártico se consolida como uno de los escenarios clave del siglo XXI.

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