AUTORIZA GOBIERNO DEL ESTADO AFORO DEL 50% PARA EL ENCUENTRO PUEBLA-SANTOS: MBH

-El gobernador reiteró que Protección Civil Estatal mantendrá una vigilancia estricta para que se cumplan las medidas sanitarias -Reiteró que esta medida es derivada de que el número de contagios de COVID-19 ha disminuido, así como la...

19 de mayo, 2021

-El gobernador reiteró que Protección Civil Estatal mantendrá una vigilancia estricta para que se cumplan las medidas sanitarias

-Reiteró que esta medida es derivada de que el número de contagios de COVID-19 ha disminuido, así como la hospitalización

CIUDAD DE PUEBLA, Pue. – Derivado de que la entidad sigue con una tendencia a la baja en el número de contagios y hospitalización por COVID-19, el gobernador Miguel Barbosa Huerta anunció que está autorizado el aforo del 50 por ciento para el encuentro entre los clubes Puebla y Santos en el Estadio Cuauhtémoc, a realizarse el domingo 23 de mayo.

En videoconferencia de prensa, el titular del Ejecutivo resaltó que Protección Civil Estatal mantendrá una vigilancia estricta para que se cumplan las medidas sanitarias y de higiene como la sana distancia, el uso de cubrebocas o aplicación de gel antibacterial con el objetivo de garantizar la salud de las y los poblanos.

Aclaró que con esta decisión también se crearán condiciones para el libre esparcimiento y que no ocurra algún tipo de inconveniente con alguna otra autoridad.

Barbosa Huerta reiteró su deseo porque el Club Puebla sea campeón del Torneo Clausura 2021 de la Liga MX, por lo que dijo que como poblanas y poblanos hay que apoyar al equipo, el cual ha demostrado su buen juego y que es un digno candidato para levantar la copa: “que la pasión se desborde libremente, vamos a apoyar al Puebla, arriba La Franja, La Franja campeón”.

Comentarios
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Un individuo con capacidades limitadas en el uso del lenguaje no sólo tendrá problemas para expresarse de forma completa y correcta, sino algo mucho más serio: le faltarán ladrillos para construir conceptos, engranes para articular ideas, piezas para acoplar argumentos, colores para dibujar matices; en una palabra, estará imposibilitado para pensar de forma compleja y profunda y estará condenado a vivir preso en un mundo estrecho y chato.   En cierto sentido es verdad que una imagen vale más que mil palabras. Puede contener símbolos, remitir a infinidad de significados, amplificar los estímulos, retratar una amplia gama de tonalidades y todo a partir de un solo golpe de vista, de una sola impresión.  Sin embargo esta aparente verdad puede esconder una terrible trampa: para que una imagen valga más de mil palabras, lo primero que el observador debe tener en su almacén cognitivo son precisamente “las mil palabras” en cuestión. 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Esas imágenes sólo comunican en función del conocimiento pre-adquirido y los contextos culturales adecuados para decodificarla de manera profunda.  Imaginemos que “escroleando” Facebook nos aparece la fotografía de un individuo de cierta edad vestido de blanco al que una multitud de ancianos le lanza huevos. Si no tengo ningún otro contexto me parecerá una escena humorística sin mayores implicaciones. Pero si dentro de mi bagaje de conocimiento me doy cuenta de que el sujeto de la agresión es el Papa Francisco y quienes lo agreden son un grupo de indignados Cardenales, y si además estoy familiarizado con las últimas declaraciones del pontífice, donde definde la validez espiritual de las uniones matrimoniales de personas del mismo sexo, entonces la imagen me dirá mucho más que al principio.  La imagen puede, en efecto, contener una enorme riqueza de contenido, matices, texturas y dimensiones susceptible de ser captados de forma inmediata, pero accederemos a ese núcleo de significados en función a nuestra capacidad lingüística para discernir y conceptualizar lo que cada uno de estos elementos significa. 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Ante esas manifestaciones de Anaya, el presidente pidió en su “mañanera” a la Fiscalía General de la República (FGR) que hiciera pública la causa de acusación contra el panista. En “cumplimiento” a la petición, la Fiscalía "autónoma" emitió un comunicado, en el que se lee: “... Emilio "N", en su denuncia de 2020, señaló que recibió instrucciones "superiores" para entregar 6 millones 800 mil pesos a Ricardo "N", para que votara a favor de la Reforma Energética que privatiza la producción petrolera mexicana, en favor de las empresas extranjeras como Odebrecht Brasil (…) Según consta en diligencias ministeriales, dicha cantidad le fue entregada a Ricardo (...) en el año 2014 (…) Posteriormente (...) quedó constancia de que Ricardo "N" votó a favor de la misma.  “La secuencia de todas las diligencias señaladas (...) evidencian una línea clara y consecuente de hechos delictivos que tuvieron por objeto entregar el patrimonio petrolero del país a intereses y a empresas extranjeras, con todas las consecuencias económicas y sociales que México ha sufrido...” Lo expuesto por la FGR es de lo más aberrante jurídicamente que puede darse en un Estado de Derecho, ya que en su comunicado público se advierte que se inició una investigación en contra del ex candidato a la presidencia de la República, Ricardo Anaya, por haber recibido dinero (es hipótesis) para votar en favor de la reforma energética constitucional, promulgada en diciembre del año 2013 y publicada en el Diario Oficial de la Federación el día 21 de ese mismo mes y año, sosteniéndose en la acusación que, tal acto, constituye el delito de cohecho, lo que de acreditarse sería cierto.   En efecto, el cohecho es una conducta delictiva que se traduce en la recepción de dinero u otros bienes por parte de un servidor público, por hacer o dejar de hacer sus funciones, resultando, en este caso de muy difícil comprobación, en cuanto a que habría que demostrarse que, antes de la votación a esas reformas, se le ofreció a Anaya un pago por su voto, siendo extraño que, según la propia carpeta de investigación, en la parte que se ha hecho pública, ese pago se le hizo varios meses después de que emitió su voto, a saber, el voto en diciembre de 2013 y el pago en agosto de 2014.  Además de tal hipótesis, relativa al delito de cohecho, se expuso en el comunicado de la FGR, que la reforma a la constitución, tuvo por objeto la entrega del patrimonio petrolero a los extranjeros y que tal, le ha traído consecuencias de sufrimiento social y económico a México, lo que resulta en una opinión insostenible e ilegal. Así es, la reforma a la Carta Magna en materia energética de finales de 2013, se realizó en cumplimiento al artículo 135 de la misma Constitución que determina que, para su reforma, debe aprobarse por las dos terceras partes del Congreso, es decir, de cada cámara legislativa, lo que se conoce como “mayoría calificada” y, adicionalmente, se requiere el voto de por lo menos la mitad de los congresos de las 32 entidades federativas, para que, en su conjunto, Congreso Federal y legislaturas de los Estados, formen el “Poder Constituyente”, único que puede reformar nuestro Máximo Cuerpo Legal. En el caso, se modificó la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos, con una votación en el Senado con 95 votos a favor y 32 en contra y, posteriormente en la Cámara de Diputados se aprobó la reforma con una votación de 354 a favor y 134 en contra, y uno de esos trescientos cincuenta y cuatro votos fue el de Ricardo Anaya Cortés. Después de ello, el proyecto de reforma se turnó a los Congresos de los Estados, emitiéndose votaciones en cada una de las legislaturas locales, para que al final la reforma constitucional quedara aprobada por la votación a favor de 26 Estados de la República.    Luego entonces, casi cien Senadores, que sumados a más de trescientos cincuenta diputados y otros cientos de legisladores estatales, aprobaron las reformas constitucionales. ¿Y así la Fiscalía General de la República pretende que se sancione penalmente a Anaya y, al parecer a otros investigados, por votar a favor de la reforma energética? Una pretensión aberrante ya que, como está plenamente documentado en el proceso legislativo, esta reforma se aprobó por el “Poder Constituyente”. La Constitución Política, siendo la Ley Suprema es incuestionable jurídicamente, esto es, que no existe ninguna autoridad, ni organismo público, ni autónomo, ni de cualquier especie, que tenga facultades para que, oficialmente, en el ejercicio de sus atribuciones y competencia, pueda tachar de incorrectas o ilegales las reformas constitucionales; es más, la propia Suprema Corte de Justicia de la Nación está impedida para emitir resolución alguna que determine que alguna Norma Constitucional es ilegal, incorrecta o dañina para el país, ni siquiera emitir opinión que la descalifique, ya que la principal función de la Corte es la de ser el Órgano Máximo de Control Constitucional, que le obliga a defender nuestra Carta Magna en su integridad y sin calificarla de buena o mala. 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No defiendo ni a Anaya Cortés ni a nadie que se esté investigando por haber votado favorablemente las reformas constitucionales, sino al Estado de Derecho, pues, en el caso, no solo se está imputando que hubo una colusión delictiva para aprobar las reformas constitucionales en materia de energía, sino también se está acusando, denostando y contraviniendo a la propia Constitución vigente, lo que se ha hecho en actuaciones oficiales, tanto por la Fiscalía General de la República, como por el Juez de Control, resultando en una verdadera aberración jurídica, pues la Constitución Política de los Estados Unidos Mexicanos no puede ser motivo de descalificación oficial para sostener tal acusación. Esto ya es, repito, ¡ABERRANTE y de MIEDO!" 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La capacidad de comunicarnos, de generar vínculos, de construir conocimiento depende de nuestra competencia en la construcción de narraciones.   El lenguaje, en tanto mediador entre nuestra experiencia directa de la realidad y la capacidad de interpretarla, es fundamental y no creo que haya forma de exagerar su importancia tanto para construir una imagen razonable y amplia del mundo que nos rodea y con el que estamos en permanente interacción, como para diseñar y gestionar ese mundo interior del que emerge nuestra personalidad, nuestro carácter y nuestra identidad. Es en el lenguaje donde se articulan los pensamientos: sólo puedo pensar aquello que soy capaz de nombrar, razonar y convertir en una narración.   ¿Cómo se relaciona todo esto con el lugar común que afirma que una imagen vale más que mil palabras? Si a un hombre arcaico le enseñásemos una imagen a todo color de una calculadora científica, de una impresora, de una pelota de golf o una foto de la Tierra vista desde el espacio, serían imágenes que no le significarían nada, porque carecería de referencias para interpretarlas y de las palabras necesarias para nombrarlas. Para poder reconocer la riqueza conceptual de esas figuras se requiere conocer el signo, entender su significado y funcionamiento y poseer la capacidad narrativa y la calidad y cantidad de lenguaje suficiente para expresar su significado.   No se trata de defender obviedades, del tipo: es necesario mejorar los programas de lengua española para niños de primaria y secundaria –cosa que no estaría mal–, pero esto va mucho más allá. Un individuo con capacidades limitadas en el uso del lenguaje no sólo tendrá problemas para expresarse de forma completa y correcta, sino algo mucho más serio: le faltarán ladrillos para construir conceptos, engranes para articular ideas, piezas para acoplar argumentos, colores para dibujar matices; en una palabra, estará imposibilitado para pensar de forma compleja y profunda y estará condenado a vivir preso en un mundo estrecho y chato.   En cierto sentido es verdad que una imagen vale más que mil palabras. Puede contener símbolos, remitir a infinidad de significados, amplificar los estímulos, retratar una amplia gama de tonalidades y todo a partir de un solo golpe de vista, de una sola impresión.  Sin embargo esta aparente verdad puede esconder una terrible trampa: para que una imagen valga más de mil palabras, lo primero que el observador debe tener en su almacén cognitivo son precisamente “las mil palabras” en cuestión. Si quienes vemos la imagen carecemos de ellas y sólo tenemos, digamos, doscientas –es decir, que desconocemos conceptos implícitos o explícitos de la imagen, pasamos por alto valores simbólicos, no estamos empapados del contexto histórico que dio lugar a la escena, etc.–, para nosotros esa imagen no valdrá mil, sino doscientas palabras.  A pesar de que en los tiempos que corren la imagen ha tomado un papel preponderante gracias a su inmediatez y a su aparente facilidad para ser interpretada, los conceptos, sentimientos, emociones, ideas, esperanzas e ilusiones los solemos caracterizar con palabras. Desde este punto de vista, las imágenes no valen mil palabras, sino que resumen y contienen potencialmente esas mil palabras que quien observa la imagen debe decodificar a partir de su conocimiento previo. Sin poseer a priori las palabras, sin el contexto de conocimiento apropiado, las imágenes dirán muy poco. Esas imágenes sólo comunican en función del conocimiento pre-adquirido y los contextos culturales adecuados para decodificarla de manera profunda.  Imaginemos que “escroleando” Facebook nos aparece la fotografía de un individuo de cierta edad vestido de blanco al que una multitud de ancianos le lanza huevos. Si no tengo ningún otro contexto me parecerá una escena humorística sin mayores implicaciones. Pero si dentro de mi bagaje de conocimiento me doy cuenta de que el sujeto de la agresión es el Papa Francisco y quienes lo agreden son un grupo de indignados Cardenales, y si además estoy familiarizado con las últimas declaraciones del pontífice, donde definde la validez espiritual de las uniones matrimoniales de personas del mismo sexo, entonces la imagen me dirá mucho más que al principio.  La imagen puede, en efecto, contener una enorme riqueza de contenido, matices, texturas y dimensiones susceptible de ser captados de forma inmediata, pero accederemos a ese núcleo de significados en función a nuestra capacidad lingüística para discernir y conceptualizar lo que cada uno de estos elementos significa. Por eso la amplitud de nuestro vocabulario y destreza con que manejemos sus particularidades y matices amplifica o limita nuestra capacidad de entendimiento y de construcción de conceptos e ideas, lo que se traduce ni más ni menos que en nuestra capacidad potencial de pensar.  Un individuo con un vocabulario total de quinientas palabras habita un mundo mucho más estrecho, pobre y descolorido que alguien cuyo acervo es de cinco mil, aun cuando ambos compartan el mismo espacio físico y los mismos estímulos.  Si bien nuestra capacidad cognitiva (I.Q.) es la materia prima de nuestra inteligencia, el potencial creativo y de generación de ideas, relaciones y pensamientos complejos depende directamente de la amplitud de nuestro vocabulario descriptivo y conceptual. Para crear una idea o un concepto necesitamos las palabras adecuadas y suficientes para cincelarlo.    Para que una imagen valga mil palabras, primero hay que tener bien aprendidas las mil palabras y los conceptos que guardan en su núcleo. El lenguaje es una estructura comunicacional que no sólo nos permite hablar con el otro: antes que ninguna otra cosa, nos faculta para hablar con nosotros mismos, explicarnos nuestra vida y el mundo y crear una imagen sólida de quienes somos. Si nos faltan palabras, esa imagen propia resulta endeble e impreciso.      Web: www.juancarlosaldir.com Instagram:  jcaldir Twitter:   @jcaldir    Facebook:  Juan Carlos Aldir" ["post_title"]=> string(39) "Una imagen no siempre vale mil palabras" ["post_excerpt"]=> string(0) "" ["post_status"]=> string(7) "publish" ["comment_status"]=> string(4) "open" ["ping_status"]=> string(4) "open" ["post_password"]=> string(0) "" ["post_name"]=> string(39) "una-imagen-no-siempre-vale-mil-palabras" ["to_ping"]=> string(0) "" ["pinged"]=> string(0) "" ["post_modified"]=> string(19) "2021-09-10 10:30:33" ["post_modified_gmt"]=> string(19) "2021-09-10 15:30:33" ["post_content_filtered"]=> string(0) "" ["post_parent"]=> int(0) ["guid"]=> string(35) "https://ruizhealytimes.com/?p=70284" ["menu_order"]=> int(0) ["post_type"]=> string(4) "post" ["post_mime_type"]=> string(0) "" ["comment_count"]=> string(1) "0" ["filter"]=> string(3) "raw" } ["comment_count"]=> int(0) ["current_comment"]=> int(-1) ["found_posts"]=> int(40) ["max_num_pages"]=> float(20) ["max_num_comment_pages"]=> int(0) ["is_single"]=> bool(false) ["is_preview"]=> bool(false) ["is_page"]=> bool(false) ["is_archive"]=> bool(true) ["is_date"]=> bool(false) ["is_year"]=> bool(false) ["is_month"]=> bool(false) ["is_day"]=> bool(false) ["is_time"]=> bool(false) ["is_author"]=> bool(false) ["is_category"]=> bool(true) ["is_tag"]=> bool(false) ["is_tax"]=> bool(false) ["is_search"]=> bool(false) ["is_feed"]=> bool(false) ["is_comment_feed"]=> bool(false) ["is_trackback"]=> bool(false) ["is_home"]=> bool(false) ["is_privacy_policy"]=> bool(false) ["is_404"]=> bool(false) ["is_embed"]=> bool(false) ["is_paged"]=> bool(false) ["is_admin"]=> bool(false) ["is_attachment"]=> bool(false) ["is_singular"]=> bool(false) ["is_robots"]=> bool(false) ["is_favicon"]=> bool(false) ["is_posts_page"]=> bool(false) ["is_post_type_archive"]=> bool(false) ["query_vars_hash":"WP_Query":private]=> string(32) "24adf837140b0bea74de6bbbf5bf22bc" ["query_vars_changed":"WP_Query":private]=> bool(false) ["thumbnails_cached"]=> bool(false) ["stopwords":"WP_Query":private]=> NULL ["compat_fields":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(15) "query_vars_hash" [1]=> string(18) "query_vars_changed" } ["compat_methods":"WP_Query":private]=> array(2) { [0]=> string(16) "init_query_flags" [1]=> string(15) "parse_tax_query" } }

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