Volatilidad, el gran riesgo

Estamos en una etapa de incertidumbre. Más allá del efecto de una pandemia que castiga los números de las naciones, en su crecimiento primordialmente, la mira del resurgimiento económico no fenece. La recomposición de las economías de...

5 de julio, 2020

Estamos en una etapa de incertidumbre. Más allá del efecto de una pandemia que castiga los números de las naciones, en su crecimiento primordialmente, la mira del resurgimiento económico no fenece. La recomposición de las economías de Europa ante las previsiones de la reunión de Bruselas y las disposiciones del Banco Central Europeo dejan ver una recomposición por encima del 2% en promedio para 2020 en su cierre y una tasa con mayores perspectivas para 2021. 

La recomposición se dio desde la absorción de premisas fiscales y plazos ordenados en conjunto como bloque de comercio que existe. Expresado de otro modo, la recomposición contempló el peor escenario desde los primeros contagios y desde las primeras manifestaciones de alejamiento de las cadenas productivas. La reestructuración de pasivos y la emisión de renovaciones de capital con tasa cero por parte del Banco Central Europeo, naturalmente esperan  efecto favorable en la reconstrucción de las economías.

En las economías emergentes la situación ha sido muy diferente; independientemente del esfuerzo de protección en el terreno fiscal y las prerrogativas de plazo, cada economía adoptó caminos alternos sin atención al efecto regional. La tarea de los Organismos Financieros Internacionales para coadyuvar en esta tarea ha sido encomiable y ha guiado de la mejor manera posible alternativas de deuda y programas de recomposición de mercados internos en el corto plazo.

México reúne situaciones diversas en este tiempo; tradicionalmente, nuestra diferencia en la tasa que elimina variabilidad con respecto a las tasas de ahorro de otras naciones industrializadas, ha permitido captación de mercados de dinero y excedentes de tesorería. El nivel de reservas y la autonomía del Banco de México aunada a la disciplina monetaria, admite esta función de ahorro al tiempo de no intervenir en las variables de la gran economía. Pueden, estas posiciones transitorias, no constituir capitales de plazo pero el paso de las tesorerías a la inversión invita en la calificación del riesgo soberano de la nación. Así ha sido por décadas. Esta vez no resuelve las cosas. 

El gobierno mexicano actual descuidó este entorno de protección durante la pandemia y naturalmente los resultados en la simple apreciación de la marcha económica no nos favorecen. Las calificadoras han realizado su labor de inspección de las expectativas de recuperación y no la ven positiva; la capitalización de la petrolera ha sido desmedida y los efectos de su capitalización han cubierto compromisos de corto plazo y los planes de negocio no son alentadores en la refinación propuesta con una séptima refinería. Una concepción retrógrada, insalvable. 

El descuido en subastas de energía renovable y promoción de energías limpias ha dejado un lastre de consecuencias jurídicas por contrataciones vigentes con el exterior. El efecto de acumulación de errores en la adopción de modelos atrasados y miras de autosuficiencia arrojan un modelo económico antagónico al progreso. La otra mira, la centralista, aleja la competencia y acerca prerrogativas monopólicas que destierran preceptos de actividad global ya inserta en nuestro medio desde 1994. 




La lista de cancelaciones de entidades autónomas y reguladoras en el orden presupuestal es extensa y las interpretaciones asumidas por el gobierno han dejado relegado el contrato social heredado de administraciones anteriores. El reclamo social inunda calles, foros, medios y alcanza una geografía extensa de la nación. La oferta de un crecimiento negativo que ronda un 9 % no resuelve. Ninguna otra nación perderá tanto.

La recuperación y cierta reactivación de la economía vendrán por iniciativa del empresariado mexicano ante la concertación de una facilidad financiera con nuestro banco regional de desarrollo, el Interamericano, bajo un capítulo especial de financiamiento por 11 000 millones de dólares para 30 000 empresas. La reactivación de nuestras cadenas de producción se dará sin estímulos fiscales y sin prerrogativas de plazo en los vencimientos con entidades gubernamentales, cuotas patronales y otras. 

Ante estas condiciones, los caminos de la recuperación se abren en dos vertientes de interpretación: la primera radica en la fuerza interna de producción primaria, de materias primas y abasto interrumpido desde los inicios de la recesión de la economía y los efectos de la pandemia. La siguiente etapa de esta vertiente radica en la contratación o renovación de cuadros de empleo, fase crítica para reanudar los agregados de valor de la cadena productiva y finalmente la consolidación de costos para integrar nuevamente canales de competencia con nuevos precios.

Lo anterior sería la primera vertiente. La segunda es la más compleja porque en ella interviene la política pública que pudiera dar paso a la invitación al capital. Los pasos que inician con la certeza jurídica y el ambiente de inversión en una nación es labor gubernamental y cimentarla toma mucho tiempo y trayectoria. México logró superar todas las posibles desviaciones en la radicación de capital del exterior con otras plazas hasta llegar a convertirse en una de las primeras economías del orbe. Ya no. Esta transición lo deshizo. 

Los años dieron cuenta de la aceptación de inversión hasta llegar a la consideración número 9 de 25 existentes. Esta meta se ha borrado en meses hasta desaparecer de la lista. Con estas circunstancias en contra, el factor confianza deja un espacio de duda y finalmente de subjetividad en la apreciación de calificadoras y de inversionistas. 

Cuando existen circunstancias globales no privativas de un solo entorno, la especulación cunde y afecta la interpretación objetiva real de una economía, pero las condiciones de esperada certidumbre ante los mensajes que puede enviar un gobierno populista inundan un terreno no solamente incierto, de aversión al riesgo, característico de la inversión y de la rentabilidad.

El desconcierto en el rumbo económico se presta a interpretaciones variadas y ante esto, se compromete futuro. Las pausas que obligan a la espera de certeza y de corrección si la hubiera, provocan inquietud y la liga del comportamiento y la conducta de individuos e instituciones empiezan a separarse hasta localizar refugios de mayor confianza para el capital. En el accionar de multinacionales las decisiones de ubicar mercados y oportunidades, puede no resultar tan complejo. En la microeconomía y en las empresas pequeñas y medianas el escenario se convierte en fuente local de información y de decisión.

Las cuestiones económicas obedecen a plazos finitos. Las respuestas esperadas apresuran los tiempos y las indefiniciones de los gobiernos como el actual, alejan los planes productivos, destruyen la confianza y los capitales giran en torno de la especulación sin reglas, eventualmente se alejan de las imperfecciones y de la volatilidad, este último, el mayor de los fracasos en materia de política económica.

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