El trumpismo es un neonazismo correspondiente al período histórico 1933 a 1945 cuando gobernó Alemania el Partido Nacional Socialista liderado por Adolfo Hitler. Representa un fascismo new look personificado en grupos de excombatientes, desenchufados de la mundialización y sicarios; todos estos brazos ejecutores del terrorismo de Estado.
He aquí el modelo Trump 2 en lenguaje literario, pero no matemático. Se resume en el epígrafe: neonazismo, desregulación, proteccionismo y privatización:
Desregular a favor del libertinaje de mercado; pero no de una regulación liberal. El anarquismo de mercado no ha existido ni existe más que en la cabeza caliente de algunos ideólogos del fundamentalismo de mercado, o en las mamarrachadas de otros políticos mediáticos. Una regulación liberal de mercado se basa en los costos de las transacciones.
Maximizar el excedente embolsado por Donaldo y sus cortesanos; al mismo tiempo que minimizar la inversión en bienes públicos. Su motivación esencial es el interés excluyente: al contrario del incluyente, este interés representa que cuanto mayor sea la parte del ingreso nacional que recibe el agente económico Donaldo y compañía, mayores serán las pérdidas sociales debidas a la redistribución en beneficio propio (Mancur Olson).
Se basa en la acción social afectiva (Max Weber). Como cualquier populismo, captura las emociones y los sentimientos de las personas; seducción que ejercen ideas reaccionarias presentadas como novedosas, dinámicas y petulantes (Jörg Haider).
Recupera al proteccionismo y acabará con la libertad de comercio exterior; por lo que institucionaliza los aranceles como instrumentos políticos obedientes del proteccionismo indiscriminado.
Privatizar enriqueciendo a la élite populista de mercado; así como empobreciendo al estado. Instrumentación de estas dos variables con; por ejemplo: inflación, sobre endeudamiento público externo, aumento del gasto militar, crisis fiscal del Estado permanente, y rebaja de impuestos a los ricos.
Recuperar el mito creacionista de un Estado surgido de la nada. El Estado gobierno trumpista no surge de la nada, sino de una secuencia histórica originada en 1892 con el Partido del Pueblo, compuesto por militantes campesinos sublevados en contra de los intermediarios acopiadores, quienes obtenían la parte del león en los beneficios mediante la especulación usufructuaria del esfuerzo laboral de los agricultores.
Iniciar con enjundia el camino que lleva a la dictadura estadounidense. La gran alternativa del presente es dictadura o democracia; pero no izquierda o derecha. En contra de los cristalizados en la mentalidad de Guerra Fría siglo XX, esta es la gran disyuntiva del presente para la organización económica, política y social de las naciones, las cuales pueden optar por la autocracia o por el pluralismo.
Es un cesarismo que acaba de entrar en crisis mediante la ridícula disputa entre Trump y Musk, pero que se reciclará con otros personajes cercanos al presidente.
Militarizar la sociedad. Tal sometimiento popular se asume para para reconcentrar el poder en la élite gobernante y autocrática; pero no para asegurar la paz social.
Reconfigurar el paisaje militar internacional a partir del ataque a Irán realizado como fuerza militar seguidora del liderazgo israelí.
Ideologizar notoriamente al discurso oficial. No tiene ninguna importancia que Trump no sepa ni una papa de ideología, porque lo significativo es la práctica cotidiana del poder ejecutivo impregnada de la cultura nacional derivada en la mentalidad correspondiente. Cuanto más dominante es el modelo mental compartido, más se profundiza el sesgo ideológico (Douglass North).
Mantener el principio de las repatriaciones masivas a través de todos los vaivenes imprevistos.
Reorganizar la dominación mundial del dólar a partir de la soberanía monetaria nacional mediante nuevos instrumentos como; por ejemplo: una reserva de bitcoins en el Tesoro estadounidense, sostener a las cripto monedas estables basadas en una canasta de activos y ancladas al dólar.
Designar como terroristas a organizaciones criminales extranjeras para justificar eventuales invasiones extraterritoriales.
Fomentar el juego no cooperativo de todos contra todos en una selva hobbesiana del siglo XXI.
Atacar al multilateralismo para institucionalizar el bilateralismo y la repatriación de empresas. Violar el T-MEC hasta su renegociación furiosamente trumpista o su abandono.
Finalmente, el modelo trumpista es y estará basado en la metodología de la confusión, la inestabilidad y lo imprevisible de las relaciones con el resto del mundo; pero, y en el plano interno; en el terrorismo de mercado instrumentado por el Estado. La filiación nazi fascista de este prototipo es innegable.
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