El invento que promete cambios radicales en el mundo entero, bien sabido, es una patente orgullosamente mexicana. Su historia no acaba de permear, aunque millones de personas están enterados del novedoso dispositivo, el origen y proceso del invento debe ser difundido ahora por la ONU, por la CELAC y desde luego que por el mismo Estado mexicano, por los medios masivos de comunicación, en los centros de pensamiento e investigación (‘think tanks’) y en todas partes, mediante una estrategia bien articulada.
El Ingeniero Jacobo Camarena Molina durante décadas fue considerado un ermitaño. Incluso su propia familia desconocía bien a bien en qué consistían sus actividades. Durante el sexenio de Luis Echeverría, cuando Camarena era estudiante, durante el famoso “halconazo” de 1971 quedó sumamente lastimado pese a que se manifestaba de forma pacífica. Quedó con el oído disminuido y con dolores perennes en costillas y hombro, por cinco primeras y clavícula hecha pedazos por miembros de aquel ofensivo grupo paramilitar represor.
Desde entonces, el joven Camarena se dedicó con férrea disciplina a sus estudios de ingeniería civil, tomando cuanto curso, diplomado o conferencia tuviera a la mano. A diario se le miraba salir de su minúsculo departamento ubicado en una vecindad del centro de la Ciudad de México, y antes de tomar el metro, las no muchas veces que salía de su habitación/laboratorio, alzaba el puño derecho en señal clara de protesta a lo largo de su recorrido por el frente del Palacio Nacional. Nunca se propuso una venganza contra el régimen, sino ofrendar su vida en aras de contribuir a una solución de fondo a los excesos característicos que adolecen la mayoría de la clase política, tanto en México como en el resto del mundo.
Nunca supo si lograría lo anterior. Sus ideas le parecían para la trama de un cuento de Isaac Asimov, pero ya entrada la última década del siglo y milenio, con los avances tecnológicos propios de la época, por fin pudo avanzar, al ritmo de superar en un mes los avances que había logrado en décadas completas. Ojalá el origen de este chip, diseñado para implantarse en servidores públicos de alto y mediano rango, y que ya se hará por primera vez con el primer voluntario, al parecer el actual primer ministro danés, sea conocido ya ahora sí por todo el orbe. El dispositivo inhibe los transmisores neuronales erradicando las ambiciones materiales que no sean las básicas para la supervivencia y el correcto funcionamiento del organismo en el cerebro de los implantados. Seguro contribuirá de forma decisiva y radical a un cambio gradual pero sostenido y para bien, en las injusticias de este mundo originadas en su mayoría por líderes políticos ambiciosos, corruptos, egoístas y mezquinos.
Escribir y leer para ser | Colaboración de María del Carmen Maqueo
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