Mi intención es ubicarme en un diálogo con el escritor para llegar a sus cuentos. En entrevistas he visto sus rostros, su lenguaje corporal, escuchado su voz. Me he dado la oportunidad de intentar percibir su alma, y con ello tratar de leer la significación, intensidad y tensión en sus narraciones. El cuento que exploremos debe vencernos y dejarnos aturdidos al final para, como bien dice Schweblin, dejarnos parados en un punto distinto del que estábamos cuando iniciamos su lectura. Dudar si todo es un sueño, si estamos dentro de él.
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Veo a Julio Cortázar, lo escucho. Sus labios se mueven para ir al encuentro con la curiosidad de otra voz. Entonces me sorprende, sus labios revelan que todo es simplemente una secuencia de sueños vertidos en papel. Preguntémosle a Freud, nos dice, a la tía Juanita o al león, al gato o a su hermana. O profundicemos en el état second que arroja al escritor a un “estado de máxima plenitud creativa”.
Buscaba los alcances de las palabras y me he topado con “la perspectiva semiótica” del texto (corto), esa disposición dentro del sistema de comunicación del escritor que, para mí, fusiona ágil el mundo de los sueños y la realidad. En los textos cortos de corte fantástico reina Julio Cortázar, y como parte de su sistema de comunicación nos ofrece, entre líneas, cigarrillo y cigarrillo, tres elementos que deben ser concurrentes y poderosos: la significación, la intensidad y la tensión.
Estos elementos nos previenen y anuncian lo sorprendente. Para el lector receptivo que es seducido por el escritor son promesas cumplidas. Así, los conceptos cortazarianos que identifican su obra se multiplican en el tiempo y trascienden para darnos a probar sus cuentos, ya sean fantásticos, cargados de realismo posmoderno, de lo extraño o de todo junto con tanta fineza como dominio sobre el “átomo” mismo. Cuentos que cumplen en sus formas con espacios cerrados. Estimulan al lector desde sus primeras líneas en las que se “juegan la vida” y sabemos entonces que no “morirán por asfixia” (loando el Decálogo de Andrés Neuman).
Cada tema es extraordinario, se rompen límites y con ello la significación se guarece en el ánimo sensorial del lector. La estructura se estiliza a través de la intensidad, recortando lo que se aleje de la función primaria. El lector se fascina mientras el escritor contenga la tensión con lo mínimo e indispensable y nos acerque, sin darnos cuenta, al desenlace.
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“La casa tomada”
Julio Cortázar
Así me has ido tomando poco a poco, primero la habitación de mi conciencia, después el depósito de mi lóbulo frontal derecho, de mi razón, de mi cordura, de mis manos, de mis dedos sobre el teclado; todo ello habitando mi cuerpo.
Lo has dicho. Todo surgió de un sueño. Lo simplificaste con una intensidad que me llevó a comerme cada palabra. Freud, los analistas y críticos tienen una explicación, aunque no sabes si tu subconsciente te llevó a la espontaneidad de descifrar el contexto social que te invadía en ese tiempo. Entonces, ¿realidad o fantasía?, sabes anegarnos en tu realismo mágico, en tu lógica de espacio y tiempo.
La primera persona en “La casa tomada” nos pone en los zapatos del protagonista, los que calzabas en tu sueño. Tenía que haber otro personaje que le diera a la historia más sentido de humanidad y creaste a Irene. Nos creemos la ficción, nos la das desmenuzada, y cada renglón leído nos pone en guardia para el que viene. Los dos hermanos quieren sostener lo que fue un hogar a fuerza de mantener en pie sus muros. Esta casa los protege.
Recurres a la descripción como elemento que ayuda a intensificar el efecto que cada habitación guarda sobre los personajes, el retrato de cada uno de los hermanos, el de la casa como protagonista. Con los murmullos entra la tensión. ¡Son unos cuchicheos!, sonidos, arrastres, pisadas, todo se acerca poco a poco. No importa lo que hagan, los van acechando. Lo etéreo en el relato juega con nosotros.
La trama nos engulle. La puntuación manipula nuestra mente. Y al final, sin revelarnos el secreto, nos lo dices todo. No hay nada que hacer, los han invadido; y los hermanos, como la diáspora ineludible de un país arrebatado, se ven forzados a partir. ¿Será a la libertad?
Así pues, te gustó el contexto histórico de los críticos. Supiste transmitir lo que padecía todo un pueblo en la Argentina peronista (según Juan José Sebrelli). Y todo gracias a un sueño que escribes sin descuidar la unidad y esfericidad que se van anticipando desde las primeras frases.
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