Sentado en la banca de un jardín observaba una bella mujer que caminaba hacia mí con gracia y sensualidad. Mis ojos recorrieron su ser sin darme cuenta de que ella me observaba también.
El balanceo de su andar me hipnotizó. Subí la mirada poco a poco hasta que mis ojos chocaron con los suyos. En ese momento nuestras miradas se convirtieron en una sola. Su rostro mostró una bella sonrisa, la cual como un hechizo me llevó hacia ella. Comenzó una agradable con conversación. Poco a poco nuestras manos se fueron estrechando, podía sentir la suavidad de las suyas.
De pronto entre palabras nuestras bocas se fueron atrayendo segundo a segundo… estaba tan cerca que podía sentir su aliento y el aroma de su piel.
En un instante, nuestros labios se juntaron convirtiéndose en uno solo despertando nuestros instintos.
Los cuerpos exigieron privacidad… Y no pudimos negársela. Allí en la intimidad comencé a dibujar su cuerpo con mi boca, rincón a rincón centímetro a centímetro.
Así pasamos de una mirada, al clímax de una aventura, aventura que nos llevó a encontrar el amor.
Han pasado los años y seguimos reviviendo ese momento. Con certeza te digo: Cupido no tiene tiempo ni plan en nuestras vidas, simplemente tira la flecha en el momento más inesperado llevándonos de la mano a encontrar nuestro destino, nuestra otra mitad, esa que complementa el alma y le da sentido a la vida.
“ESTA ES LA NATURALEZA DE MI SER”.
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