Somos lo que leemos | “Los justos” de Camus: ¿es posible fundamentar el bien desde el ateísmo?

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7 de noviembre, 2022

No sabía qué libro de Camus compartir con ustedes. Sí, uno de Camus, porque en noviembre (hoy) se conmemora su natalicio. Estaba entre La peste, El extranjero y Los justos. Finalmente me decanté por Los justos, pues, además de ser una obra de teatro, el planteamiento es tan profundo que harían falta varios volúmenes de filosofía para explicarlo: ¿es posible fundamentar el bien sin Dios? 

Los pensadores religiosos, principalmente los católicos, dirían que no. Y he ahí la famosa frase de Dostoievsky (“Los hermanos Karamazov”) que suelen citar, “Si Dios no existe, todo está permitido”, lo cual, a contrario sensu, significa que Dios es el fundamento último del bien, de modo que, suponiendo su no existencia, no habría forma de distinguir el bien del mal.

Los existencialistas, especialmente Sartre y Camus, pensaron que esta máxima era falsa, y se propusieron demostrarlo, cada uno a su modo: Sartre y su idea de que el existencialismo es un humanismo (dado que era ateo, habría que afinar el sentido de la frase y decir que el existencialismo ateo es un humanismo, o, en corto, que el ateísmo es un humanismo); y Camus, a través de Los justos.

Muy brevemente: unos terroristas planean el asesinato de un alto funcionario del Zar, que representa la injusticia y la opresión que vive el pueblo ruso. Kaliayev se encargará de arrojar la bomba. Llegado el momento, Kaliayev es incapaz de lanzar la bomba porque el funcionario va acompañado de sus pequeños sobrinos. Kaliayev, que es ateo y terrorista, no es capaz de matar también a los niños, a fin de cuentas inocentes, porque aún en estas circunstancias tan extremas, sabe que matar a un inocente es intrínsecamente malo, aunque se trate de un efecto no querido en sí mismo, sino implícito irremediablemente en la acción justa de quitar la vida a un tirano. 

El contraargumento lógico que esgrime Federov, su compañero terrorista, es que si tanto le preocupan a Kaliayev las vidas de los niños inocentes, no haber matado al funcionario del Zar, aunque hubieren muerto dos niños, implicará que muchos niños más del pueblo morirán por causa de la opresión y la injusticia. Y además, cuando los inocentes sobrinos del funcionario crezcan, oprimirán al pueblo y matarán a muchos niños, igual que el tío. ¿Vale más la vida de esos niños, sobrinos del opresor y destinados a ser también opresores, que la vida de los niños oprimidos de Rusia?

A través de esta obra de teatro Camus mostrará que, aún si Dios no existiera, es posible fundamentar el bien.

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Colmado de brincolines donde puedes jugar “quemados” y “basquetbol”; también el local cuenta con una Kid Zone, un Camino al Cielo y un Foam Pit. Mucho que hacer, durante tu estancia.  2) Granja Las Américas (Hipódromo de las Américas):  Un parque didáctico destinado al entretenimiento al aire libre, acompañado de enseñanza, aventura y amor a los animales. Muy familiar y segura, en La Granja las Américas los niños y los adultos se divierten en partes iguales, en sus diferentes experiencias. Muy recomendable…  3) Kidzania (Centro Comercial Santa Fe):   Un concepto 100 % mexicano; un increíble lugar donde los niños juegan a ser adultos. Kidzania es la réplica de una ciudad real, que incluye edificios, hospitales, restaurantes, discotecas, tiendas y más, donde tus hijos trabajarán, se esforzarán y, sobre todo, gozarán por unas horas ser mayores y responsables. Por eso mismo, está marca de entretenimiento educativo ha tenido una gran aceptación desde hace muchos años.  4) Chuck E. 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Las canciones pop que grabó sonaban extrañas, a medio camino entre el camp y el vaudeville, con sintetizadores de fondo (en una época que pasaba del glam y el disco al punk y al rock de estadio o anthem rock), sus presentaciones en vivo tenían reminiscencias retro futuristas y las piezas operísticas tampoco se prestaban para alcanzar un público masivo. La prensa europea, siempre a la vanguardia, denominaba su música “como algo entre Elvis Presley y María Callas”. Lo cierto es que el éxito lo eludía y el dinero no llegaba como hubiera deseado; para empeorar las cosas conforme el año 1982 fue avanzando, se hizo notorio que Klaus no se encontraba bien de salud, presentando diversos síntomas desde fiebres y resfriados hasta un cansancio permanente.   Aun así, firmó un contrato con RCA France y en noviembre de 1982 salió a la venta su segundo álbum como solista titulado “Simple Man”. Debilitado y probablemente consciente de que le restaba poco tiempo de vida, a finales del mismo año, Klaus logró reunir la poca fuerza que le quedaba para emprender una breve gira europea con un repertorio clásico. De dicho tour, su última presentación en vivo (en el Ebergard Schoener´s Classic Rock Night en Munich) quedó grabada y puede encontrarse en Youtube. Para dicha ocasión, eligió el aria denominada “Cold Genius” de Henry Purcell. La misma, cierra así: “Apenas puedo moverme o respirar / Déjame, déjame congelarme de nuevo hasta la muerte”.  Las sutiles fallas vocales, la intensidad de la interpretación, sus movimientos sobre el escenario y la expresión en su rostro hacen de esta actuación la más sublime de todas las que quedaron registradas para la posteridad. Lo que vino después resulta verdaderamente desgarrador. Los rumores en Nueva York hablaban de un “cáncer gay” que mataba a sus portadores y sus síntomas se parecían demasiado a los que Klaus padecía desde hacía más de un año. El miedo y el desconocimiento acerca de los medios de contagio hicieron que buena parte de sus amigos y conocidos se alejaran y sus últimos meses transcurrieron en la más absoluta soledad.  El 6 de agosto de 1983, poco más de una década después de haber llegado a Nueva York y menos de cuatro años después de presentarse en SNL, Klaus Nomi dejó de existir, siendo una de las primeras víctimas fatales de una enfermedad muy poco conocida para la época: el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, en el Sloan Kettering Hospital Center de NY, a los 39 años de edad.  Existen distintas formas de abordar la vida y obra de Klaus Nomi: la primera de ellas es viéndolo como un artista trágico que se convirtió, tras su muerte, en una figura de culto en lugares tan dispares como Nueva York y París y que influyó en músicos como Morrissey y Garbage, además de artistas plásticos, la industria de la moda y peformances de todo tipo.  Otra es volviendo a revisar su música (resaltando “Total Eclipse”, “After the Fall” y “Simple Man”), sus videos promocionales y presentaciones en vivo (todo ello disponible en la red y en las plataformas de streaming) que continúan resultando, hoy en día, tan bellas y extrañas como debieron haber sonado a finales de los años setenta y principios de los ochenta.  Mi preferida es a través de aquella actuación en diciembre de 1979, hace más de 43 años, cuando junto con Bowie, se presentó ante millones de telespectadores lleno de vida, de ideas, ofreciendo un espectáculo que combinaba lo extraño y el sinsentido con la potencia del rock, en un momento en que parecía que la suerte estaba de su lado y la vida no tenía más que ofrecerle sino triunfos y éxitos en los años venideros.    " ["post_title"]=> string(35) "Klaus Nomi: el alienígena de Bowie" ["post_excerpt"]=> string(171) "Tras su muerte, Klaus Nomi se convirtió en una figura de culto en lugares tan dispares como Nueva York y París. 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