Qué bonito escribe el señor diputado

Cuando a Charles de Gaulle le preguntaron quién era su escritor favorito, con enorme sorna dijo mon négre (mi negro): el anónimo autor que escribía los textos y discursos que luego el general firmaba; una broma tal...

4 de mayo, 2021

Cuando a Charles de Gaulle le preguntaron quién era su escritor favorito, con enorme sorna dijo mon négre (mi negro): el anónimo autor que escribía los textos y discursos que luego el general firmaba; una broma tal vez, porque se dice que en sus mocedades escribió todo lo publicado en la época por Pétain.

Extraño aunque común oficio, antiguo como la compleja relación entre el poder, la cultura y desde luego, la necesidad. Al escritor fantasma recurrieron algunos como Churchill, Washington o Franklin; se dice, porque el mundo de los fantasmas lo es siempre de sombras y suposiciones. El anónimo amo de la pluma no saldrá nunca de la oscuridad, no por su propio pie, a menos que una fuerza muy poderosa lo empuje.

En 2004 Jennie Endal rompió ese pacto de silencio. Publicó Escritora en la sombra, peculiar libro de memorias que se lee como una buena y sencilla novela, donde reveló cómo durante 20 años escribió novelas, reportajes, entrevistas y hasta cartas de amor, bajo la firma de Naim Attallah, quien entonces fuera un próspero editor y autor de buena fortuna. Presionada por una relación profesional sofocante, bajo el peso de un éxito del que no le correspondía ningún laurel, se reveló con el único elemento que tenía –literalmente– a la mano: la pluma.
Attallah respondió tres años después con un amargo libro de memorias, todavía no traducido al español, Fulfilment and Betrayal, pero el enorme daño a su prestigio y aún a su patrimonio, ya estaba hecho; hoy corren tiempos distintos, del deschongue cultural digamos y si lo que alguno quiere es producto, también se puede, cómo no. Paris Hilton “escribió” su autobiografía, faltaba más y digo, cómo no se va a revolucionar el mercado del negro literario si un “influencer” de 20 años quiere escribir su interesantísima y sagaz autobiografía, o las existencialísimas reflexiones del “YouTuber” que se ha jubilado a los cuarenta. No solo eso, la necesidad de dejar huella en un mundo y un tiempo en el que la fama es más rápida y más efímera requiere del talento para labrar un mausoleo a prueba de olvido o al menos que eso prometa, Rick Mayston, el director de Getty Images, afirma con razón que un buen escritor fantasma es casi un psiquiatra que puede hacer que su cliente recuerde aún lo que no ha sucedido y es que en el otro extremo del trato, o de la balanza, si se quiere, está el comprador que luego de una somera lectura y la corrección de una coma sentirá que el trabajo lo ha escrito él mismo y unos años después, en la charla memorable de una sobremesa augusta recordará la tarde lejana en que … bueno, se acordará cuando escribió las célebres líneas homenajeadas por sus contertulios.

Pero el drama, o el problema se inscribe en otras trincheras, en el debate sobre Shakespeare y Marlowe, los sesenta y tres negros –una tribu caníbal entera– que sirvieron a Dumas; o de manera dramática, en el servidor del Señor Diputado, de su Excelencia el Empresario, así con mayúsculas reverenciales que también le viene el tiempo de dejar su legado y hacernos enjugar nuestras impías lágrimas de derrotados perpetuos mientras leemos, conste que por nuestra propia voluntad, la epopeya del “yernísimo”, nacido en pañal de seda y sonajero de plata que nos dice cómo salir de la miseria y empoderarse hasta el infinito previo matrimonio que en lugar de salir en sociales cotiza en bolsa.

Independientemente de los juicios morales, siempre a destiempo y siempre parciales. Esta penosa situación nos lleva a preguntarnos ¿quién es el escritor: el que en efecto escribe o el que publica? ¿Cuál es la ecuación válida, la del talento y el trabajo o la del nombre y la fama? y en tal sentido ¿a quién corresponde la gloria?
Nadie crea para otro solo por gusto. En la práctica del oficio de servir al ego de los demás siempre hay una amarga sombra, pero también una enorme esperanza: la del que confía en que algún día le llegará su turno de ser tocado por la diosa fortuna y desde luego, también un gigantesco y solitario placer: el de crear y ver plasmado aquello que, de otra manera, tal vez nunca habría pasado por las imprentas.

En todo el mundo publican dos tipos de autores: los que sirven a los libros y los que se sirven de ellos. Para los primeros escribir es un duelo a muerte entre la vocación y la necesidad. Para los segundos, un traje a la medida y un catalizador de carreras mejor remuneradas. La necesidad y la vocación por un lado, y la perversidad del juego entre el poder y el nombre por el otro, no siempre es revelada pero siempre resuelta patética en ambos extremos.
Algún día escribiré una ficción que me traigo entre manos desde hace mucho: la historia de la rebelión de los negros, de los fantasmas literarios que una vez decididos a liberarse, pusieran en la pluma y en la voz de sus amos, los más soberbios disparates, las historias más inverosímiles y las promesas más absurdas; que dieran a conocer así, no solo una ridícula realidad de emperador desnudo, sino crearán tal caos que ni el talento de sus maquinadores fuera capaz de detener.

Cuando uno encuentra historias como la de Erdal y Attallah, sucede lo mismo que cuando a uno lo asaltan en la calle, después de eso pasa mucho tiempo antes de que uno deje de ver en todos los rostros una cara de malo.

@cesarbc70

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César Benedicto Callejas
César Benedicto Callejas. Licenciado en Derecho, por la Universidad Iberoamericana, Doctor en Derecho por la UNAM. Título de Especialista en Argumentación Jurídica por la Universidad de Alicante, España. Miembro del Taller de creación literaria de la Capilla Alfonsina. INBA. Ha desarrollado cargos de asesoría y consultoría en el gobierno federal, la Facultad de Derecho y la Oficina del Abogado General de la UNAM, el Instituto Nacional del Derecho de Autor. Académico en diversas instituciones nacionales y extranjeras por más de veinte años. Conferencista en México otros países. Ha dirigido y producido el blog literario “Cisterna de Sol” por más de diez años. Autor de los libros: “Argumentación Jurídica en la formación y aplicación de Talmud”, “Siete ensayos de interpretación sobre la utopía latinoamericana”, “Cisterna de sol” y “Los minutos de Ulises”; se encuentran en preparación para próxima publicación: “Digno es el cordero”, novela negra, “La niña que esperó al rey de Inglaterra”, ensayos biográficos y “Los frutos del desastre”, novela futurista sobre las consecuencias de la pandemia en México. Colaborador de Ruiz-Healy Times y Excésior.

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