Presentan Óscar Tamez y Karla del Carmen Lara su libro “Fundamentos para escritores principiantes”

Fuente: Cortesía de MCP. Óscar Tamez Rodríguez. Uno de los retos para todos aquellos que deseen escribir con claridad y rigor metodológico es conocer y aplicar los diferentes manuales de estilo que coadyuvan a la escritura académica....

24 de junio, 2021

Fuente: Cortesía de MCP. Óscar Tamez Rodríguez.

Uno de los retos para todos aquellos que deseen escribir con claridad y rigor metodológico es conocer y aplicar los diferentes manuales de estilo que coadyuvan a la escritura académica.

En Monterrey, con gran éxito, los autores MCP. Óscar Tamez Rodríguez y Mtra. Karla del Carmen Lara May presentaron su libro titulado Fundamentos para escritores principiantes y asimismo ofrecieron un curso-taller gratuito bajo la modalidad Zoom dirigido al público interesado en la temática con el propósito del desarrollo de las habilidades de escritura académica.

El escritor Óscar Tamez señaló que su obra pretende “Ser un aporte metodológico que contribuya a estudiantes universitarios, tesistas, investigadores, docentes y en general, a toda persona interesada por escribir contenidos académicos”.

Tamez y Lara abordan con claridad y precisión los siguientes temas:

-Ortografía, redacción y sintaxis




-La acentuación

-Elementos de la redacción

-El párrafo

-Otros elementos de la redacción

-Cuándo usar minúsculas y mayúsculas

-La escritura de números y cifras

-Notas, citas, referencias y bibliografía

-Las Notas

-La Citación

-Estilo APA

-Estilo Chicago

-Estilo Sistema Latino

-Estilo MLA

-La referenciación de las citas

-La utilización de Word

-La Bibliografía y las Referencias Bibliográficas

-El Estilo recomendado

-El uso de imágenes, gráficos, mapas o tablas

 

 Aporte del texto

El autor Óscar Tamez agregó:

“El aporte del texto consiste en señalar que el escritor no necesariamente debe conocer a pie juntillas las características de un manual de estilos.  Saber que el procesador de textos más utilizado (Word), puede facilitar al escritor en el momento de cumplir con los requisitos metodológicos que exigen las convocatorias  para realizar publicaciones impresas o digitales, ya sean escolares, publicaciones en revistas o ediciones de libros”.

El libro tiene como sello editorial de Centro de Estudio Políticos y de Historia Presente, (CEPHIP). Para mayor información enviar su mensaje a [email protected]

Contacto

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Habló de los escenarios dentro de los cuales se desarrolla su novela Tristes Sombras (Paraíso Perdido, 2021). Dichos escenarios corresponden al manicomio “La Castañeda” y la cárcel de Lecumberri, ambos edificios construidos en la Ciudad de México y sus inmediaciones. Su plática estuvo aderezada con presentaciones digitales que dan cuenta de la historia de la fundación de cada uno de los complejos arquitectónicos; las expectativas que se tenían para uno y otra; su historia natural y su terminación.  En el caso de La Castañeda, la escritora profiere una frase muy significativa: “México no estaba preparado para algo de tal envergadura”. Inaugurada por Porfirio Díaz en 1910, además de los problemas intestinos de la institución, tuvo que enfrentar las asonadas de la Revolución Mexicana, lo que llevó al psiquiátrico a atravesar  diversas crisis, en particular alimentarias.  La atención fue bajando de calidad, y en 1968, con la construcción del Periférico de la Ciudad de México resultó obligado derruir el inmueble, logrando rescatarse la fachada. Esta última fue a dar a un predio particular en Amecameca, Estado de México, para hermosear un señorial salón de fiestas, que años después fue vendido al grupo de los Legionarios de Cristo. “De médico, poeta y loco, todos tenemos un poco”, reza el refrán popular. Así como La Castañeda conserva historias de personajes singulares que vivieron dentro de ella, de igual forma en las ciudades de menor tamaño, tenemos nuestra colección de individuos que rompen con la llamada “normalidad”, para revelarnos elementos que, igual llega a haber en nuestro propio interior.  Cuando leemos una novela, amamos sobre todos los demás a los personajes entrañables, ésos que se hermanan con  nosotros, con quienes compartimos defectos, tropiezos y desatinos.  Por su parte, los del género telenovela comercial, guapos, ricos y talentosos, no despiertan en nosotros esa empatía. Si repasamos desde los personajes de un Lazarillo de Tormes o las Novelas Ejemplares de Cervantes, disfrutamos más las travesuras y la picardía de ésos que nos atrapan y nos llevan a pensar que, a pesar de esa falta de cualidades por las que se distinguen, son capaces de emprender actos trascendentales. Recién terminé la obra de Guillermo Fadanelli, ganadora del Premio Grijalbo 2012: Mis mujeres muertas.  Narra la historia de tres hermanos: un médico, un abogado y un “bueno para nada”.  Conforme se avanza en su lectura, este último personaje se vuelve entrañable.  A la muerte de la madre, sus hermanos de buena posición económica le encomiendan una única misión: mandar hacer y colocar la lápida en la tumba materna.  A lo largo de la obra vamos descubriendo los motivos que no le permiten cumplir con su cometido único.  Ubicados en tiempo presente conocemos la historia de Domingo, el personaje en cuestión, con el cual terminamos por simpatizar y solidarizarnos.  Regresando a la charla de Lola Ancira: Me parece de lo más acertado el nombre del libro. Antes de la locura y detrás de ella, en cada enfermo hay sombras que no terminan nunca por revelarse del todo.  Hay historias de patología familiar  y de maltrato; de genialidad que no es apoyada ni promovida por el círculo cercano al enfermo.  Hay sombras oscuras detrás de la forma como muchas veces son “tratados” o retirados de la vía pública. Como desechos sépticos de los que nadie quiere hablar para no contaminarse. Una persona con alteración en sus facultades mentales  la identificamos por su aspecto, su mirada, tal vez sus expresiones guturales cuando busca comunicarse. La señalamos por su vestimenta y en particular por su olor corporal.  Luce descuidada y actúa de modos poco o nada compatibles con lo aceptable, como si viviera en un mundo paralelo, donde importan poco los juicios que el entorno haga sobre su persona. A ratos pienso que es una forma de libertad que el resto de nosotros, sujetos a los cánones sociales, no seríamos capaces de experimentar.  Hasta donde sé, la colección fotográfica más completa que circula fue integrada por Porfirio Díaz y alojada en el INAH; sin embargo, hay otros álbumes que han venido a complementar al primero. En alguna visita al Museo Amparo en la ciudad de Puebla tuve oportunidad de ver una exposición temporal de la fotógrafa húngara nacionalizada mexicana Kati Horna, que despliega en su trabajo las muchas caras del manicomio en cuestión.  El complejo arquitectónico se inauguró en 1910, en los albores de la psiquiatría mundial. En sus inicios fue atendido por 15 médicos generales deseosos de especializarse en psiquiatría, y fue sólo durante una etapa  cuando contaron con un asesor de la especialidad, un francés de nombre Jean Étienne Esquirol. El sistema de internamiento puso a convivir a pacientes mentales con delincuentes no psiquiátricos y personas en situación de calle, entre ellos muchos niños pequeños abandonados.  Lo heterogéneo de la población en dicho centro psiquiátrico, aunado a la sobrepoblación de sus instalaciones y la escasez de víveres, devino en caos. La exclusión social es el concepto detrás de estos sistemas, que inician con los leprosarios referidos en la Biblia, según señala de manera acertada Lola Ancira.  Es una forma de no tener próximos a los contaminados, tanto por razón de imagen urbana, como por liberación de culpas ciudadanas.  Pasa el tiempo y avanzan las concepciones que se desarrollan con el fin de evitar que la sociedad “sana” se tope con estos personajes.  Acotación mía: La verdad es que todos los humanos poseemos, en alguna proporción, elementos de locura y suciedad mental.  El sistema social se empeña en que lo olvidemos. 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Las salinas de Zapotitlán

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