Contar un hecho real pero que imprima el vigor emocional de la novela, esto es, narrarse aquella realidad como una ficción; y, por otro lado, caer el juego de la metaficción donde se logre que, como lectores, participemos de un engaño sobre una ficción que pareciera indiscutiblemente real, implica rozar de manera destacada lo márgenes delineados de la creatividad literaria.
El escritor estadounidense Truman Capote nos regaló un texto teñido de “factualidad” con “A sangre Fría”, pese a las salvedades que, como un gesto de libertad, se da el escritor sin alterar los hechos.
Por su parte, Max Aub, nacido en París y nacionalizado español, descarga con “Jusep Torres Campalans” una literatura ficticia presentada como referencial. Y evidentemente, caemos en la trampa de un genio de las formas literarias.
En los años 60 del siglo pasado, como producto de cambios sociales y culturales en los Estados Unidos es reconocido el nacimiento de un híbrido extraño en la literatura, una figura que a través de las palabras da vida a lo que llamo biografía histórica. Truman Capote con su obra “A sangre fría” da la pauta para incursionar en este nuevo género; la novela testimonio (de no ficción) es el punto de partida para conocer una época. Capote inicia en 1959 una investigación profunda que culmina con la publicación de su libro en 1966. Se trata de un caso real: el asesinato de una familia de granjeros del pueblo de Holcomb, Kansas, cometido por dos jóvenes, su móvil fue el robo de una gran cantidad de dinero que, al parecer, estaba guardado en la caja fuerte de los Clutter; no encontraron nada, aun así asesinaron a los esposos Clutter y a dos de sus hijos que se encontraban en la casa. Los asesinatos fueron cometidos por Richard Hickock y Perry Smith; ambos sentenciados, condenados a muerte y ejecutados el 14 de abril de 1965 (Capote, 1965).
La novela de Truman Capote, para muchos, distó de ser un modelo que seguir, la sancionaron de falsa; sin embargo, hubo quien la consideró una obra de arte de la literatura que emergía. ¿Qué prevalece en su esencia?, un relato lo más apegado a la verdad. El escritor asume una gran responsabilidad y compromiso frente al lector y a la historia misma. Capote cuenta con la complejidad de una novela y la sencillez de un reportaje. El argumento descansa en el punto de vista y estrategias del autor quien se ve recompensado cuando coincide con su lector, cuando nos cautiva la veracidad de lo que se cuenta. El periodismo y la literatura se encuentran. Se absorbe la noticia mediante su reconstrucción retórica; pero siempre el terreno es invadido por la subjetividad de la pluma. El escritor nos ofrece, con todos los medios que tiene a su alcance (recursos literarios y elementos de investigación periodística), un hecho que siente la necesidad de dar a conocer de manera sencilla, con lenguaje ágil, planteamiento estético y proponiendo una interesante narrativa con modelos estructurados. Su carácter intertextual se ayuda de diarios, ensayos, cartas y libros.
Max Aub, por su parte, enredó a un lector confiado. Caemos en una literatura ficticia excelentemente referenciada. Hay concurrencia de autor, narrador y personaje. Creó un mundo imaginario, creó pruebas, y nos lo ofreció tan verdadero como lo decidamos (o creamos). Considero que calculó “el pacto” desde el prólogo y apostó a que habría alguien que en algún momento descifraría su laberíntico Campalans a pesar del remarcado realismo que le impuso a su obra con infinidad de afirmaciones con las que podemos llegar a sentirnos “a gusto”, confiados en que conocemos ese mundo que nos presenta. Influenciado por las vanguardias artísticas, dicen algunos críticos, su novela, “Jusep Torres Campalans”, sale a la luz en 1958 y es considerada por muchos como una “broma literaria”, muy buena diría yo.
Finalmente es el lector quien determina si se ha traspasado la delgada línea de la veracidad, y decida creer cada palabra que se aborda en el texto. No podemos negar la marca de agua que deja el escritor en cuanto a su relación personal con lo que escribe, es decir, esa libertad para imaginar, organizar y relatar. Pero está también la intención del lector.
La literatura ha tenido siempre la necesidad de agitar la creatividad intelectual. Se manifiestan géneros tan mezclados como alternativas frente a la posibilidad de ofrecer al lector ficción o no ficción. Truman Capote y Max Aub revolucionaron las técnicas literarias y nos ha tocado disfrutarlas, más aún para aquellos aspirantes a “escritores creativos”.
La literatura de “no ficción”, pues, ocupa y crea espacios sorprendentes dentro del vasto universo literario.
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