¿Sabes que la palabra escrita guarda el legado de toda una era? Hoy agoniza y lucha por permanecer en las hojas de una libreta, en las páginas de un libro, pero cada vez los lectores son más escasos.
Agoniza el texto del escritor que, inspirado por la travesía de la vida, se queda rezagado, como pidiendo auxilio para no desaparecer. La palabra escrita se extingue y con ella también nuestras palabras consonantes que salen de nuestra boca. Algunas ya hacen en la disonancia del olvido.
Cada palabra que es borrada de la hoja que le dio permanencia, es una palabra que dejará de resonar en nuestro idioma. Así, el lenguaje también sufre la contracción de la extinción pues nadie volverá a leerla nadie podrá conocer esa palabra que dejaste de escribir que dejaste de pronunciar.
Nuestras palabras están siendo sustituidas por símbolos sencillos, por gráficos que no necesitan una interpretación intelectual, sino simplemente el entendimiento austero de una mirada vacía. Qué decir de las oraciones que hoy son abreviaturas usadas por moda para sintetizar una frase con el fin de escribir “sin perder tiempo”.
La poesía, ni hablar de ella, es cada vez más escasa. A nadie gusta lo cursi del romanticismo y por si fuera poco estorba la magia de la indirecta de la proposición oculta que invita al amor. Ya no hay frases por debajo de la mesa esas que te decían todo con palabras adornadas, pero siempre con estilo y elegancia.
La historia… ¿Qué hay de ésta? ¿Dónde quedará? No habrá evidencia escrita del pasado. La IA tendrá los datos de nuestro origen. Datos fríos y manipulados por un grupo en el poder con palabras sencillas que evitaran que razones pienses y saques conclusiones.
La palabra escrita pasará a ser un grupo de símbolos que nadie entenderá y al paso del tiempo no quedará vestigio de ella tal como la conocemos.
Las conversaciones cada vez son más cortas, simples y vacías, pues solo se usarán unas cuantas palabras básicas para evitar la fatiga del razonar. Hoy preferimos el video simplista que entretiene que el libro que lleva la magia del autor y el sentir de un corazón.
Las canciones también sufren, pues el autor al no entender el idioma tampoco entiende el sentimiento, protagonizando una parca y burda expresión de los instintos carnales que no seducen solo ofenden. Pero engaña al escucha con el falso mensaje de la “sinceridad”.
Así nuestra palabra sufre la devastación de la extinción de manera silenciosa y, lo más cruel, sin poder gritar “¡AUXILIO!”, pues nadie la escucha. Agoniza en el olvido en la oscuridad de una biblioteca en el sonido del silencio.
¡Injusta mediocridad que devastas la inteligencia del ser humano con el disfraz del minimalismo literario!
Hoy la escritura llora en el abandono sin que nadie la acompañe en su decadencia.
“ESTA ES LA NATURALEZA DE MI SER”.
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