Contar una historia personal que toque a lectores en distintas circunstancias, llevándolos a vivir eso que el escritor narra, sin lugar a duda es un acierto. Hay ejemplos muy diversos de narrativas autobiográficas que lo logran con mucho éxito. Incluso escritores con una situación personal muy particular que la mayoría de los lectores no vive en su propia vida, pero que alcanza a identificarse a través de la palabra escrita. Hay grandes testimonios como los de quienes sufrieron la terrible experiencia en campos de concentración nazis, o quienes tienen un estilo de vida que pocos comparten, pero que, de alguna manera, al leerlos, nos permite hermanarnos a través de sus historias.
En esta ocasión quiero hablar del libro de memorias de la escritora irlandesa Maggie O’Farrell intitulado Sigo aquí. Consiste en 17 historias narradas en primera voz, sobre situaciones de vida que la situaron cerca de la muerte. Comienza su historia siendo una niña con un cuadro neurológico que la deja con secuelas funcionales de consideración, que la marginan de su grupo de pares, tanto en la escuela como en los sitios públicos. La reflexión que la autora se hace en todo momento es cómo aquella circunstancia que se avizoraba en su momento tan terrible le permitió reintegrarse a una vida normal y productiva a la vuelta de los años.
En el relato arriba descrito vivimos con la escritora los momentos de desasosiego, de incapacidad motriz y de angustia existencial, pues aun siendo una niña, ella no lograba descifrar qué le sucedía y hasta dónde dicha situación sería permanente. A pesar de ser una situación muy particular de la autora, nos permite introducirnos con nuestras propias inquietudes a vivir con ella esos años de su propia infancia. En palabras de la propia autora: “Cuando eres pequeña nadie te dice que vas a morir. Tienes que averiguarlo por ti misma.”
En un capítulo llamado “Causa desconocida” O’Farrell narra su experiencia bastante desastrosa frente a su hijo recién nacido, en particular su fracaso al intentar amamantarlo. La serie de pensamientos que le atraviesan la cabeza frente a algo que, según ella misma refiere, es tan simple para el resto de las mujeres. El nudo de la historia ocurre en el campo, a la orilla de la carretera, cuando dos hombres desconocidos intentan violentar a la madre y al hijo en su trayecto de una ciudad a otra. Algo así de simple como terrible, da pie a grandes digresiones por parte de la madre-escritora, que nos llevan desde su expectativa de un parto amable y casero hasta lo que resultó ser una jornada hasta cruenta en un medio hospitalario. Afortunadamente el desenlace inesperado es favorable para ellos.
Quizá el capítulo que más me atrapó es el último que habla sobre su hija quien sufre de un cuadro alérgico del tipo de la anafilaxia, en el que, el mínimo contacto con determinados alergenos puede llevar a la pequeña a la muerte. La escritora se encuentra nuevamente en compañía de su familia en algún tramo carretero de la campiña francesa, cuando la pequeña comienza con un cuadro alérgico que por momentos se acrecienta hasta colocarla en riesgo inminente de muerte. La autora tiene el acierto de narrarnos el cuadro médico de la pequeña desde sus primeros signos externos al nacimiento, hasta lo que ha llegado a ser un patrón sistemático de rastreo de productos alergénicos a los que se expone la pequeña en un medio ambiente determinado, y todo lo que tienen que llevar a cabo, tanto la paciente como su familia inmediata, para alejarla de riesgos. Nos coloca al lado de una madre que ha aprendido a identificar, conocer y descartar aquellos elementos capaces de enfermar a su pequeña.
El ensayo personal autobiográfico es un estilo de narrativa muy humana, que nos lleva a ponernos al lado de quien narra una experiencia de su vida. Lejos de incitarnos a la conmiseración lectora, nos lleva a entender los desafíos que el escritor enfrenta, los pensamientos que le acompañan y las ilusiones que le impulsan a salir adelante, siempre adelante. Otros libros de este mismo corte son los de Sei Shonagon, Marguerite Duras o el propio Proust. Ya de tiempos más recientes está la obra de Piedad Bonnett, Joan Didion y Vivian Gornick; la escrita por Margarita García Robayo acerca de su padre, o la de Joe Brainard con su icónica obra “Me acuerdo”. Todos los anteriores ejemplos de escritura del yo que, pese a las circunstancias personales de cada lector, alcanzan a rozarlo.
La literatura nos ofrece una vastísima variedad de escritos con los cuales disfrutar e identificarnos. La narrativa de lo propio es una excelente plataforma de autoconocimiento para el lector que busca hallarse y entenderse en las páginas de un libro.
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