Acabamos de arrancar en esta frontera un Círculo de lectura no convencional, en el que intercambiaremos nuestra experiencia lectora con otros. No se trata de leer todos la misma obra; para muchos el costo de un libro impreso puede estar fuera de su presupuesto. Idealmente se busca leer libros impresos, partiendo de que la lectura en pantalla es más efímera. Y plasmaremos nuestra experiencia lectora en una ficha, para integrar un fichero virtual abierto al público en general. Y algunos aportaremos obra física para integrar un fondo revolvente para préstamos a los integrantes. Queremos desmontar la idea de que leer es una actividad poco accesible.
Resulta hasta divertido observar cómo ciertas tendencias revierten, a pesar de que la fuerza con la que entraron al mercado parecía imparable. Países del primer mundo como Suecia, Finlandia y Estados Unidos de Norteamérica, y el grupo “Primarium” de países europeos, comienzan a regresar a la escritura a mano en los primeros grados educativos. Lo hacen basados en los efectos positivos de la escritura tradicional para el desarrollo neurológico, según lo marcan estudios psiconeurológicos del 2019 a la fecha.
La tecnología nos ha cautivado, y hasta diría yo, capturado a través de sus aplicaciones. Sentimos que con un aparato tecnológico entre las manos ya podemos conquistar el mundo. Envueltos en ese mercado que a la vez nos vende y nos compra, vamos olvidando utilizar los mecanismos racionales que permiten discriminar la verdad de la mentira. Sucede, como en su momento acontecía con la televisión. Ahora decimos, si está en la red, tiene que ser cierto, cuando en verdad quizá las dos terceras partes de lo que se difunde en redes es parcial o totalmente falso. Pero, como lo presentan personajes que hablan bonito y visten de forma atractiva, simplemente nos convencen hasta de las mayores falacias. Influye enormemente el poder de convencimiento de esas voces a las que hemos erigido como autoridad y de las que no podríamos dudar.
¡Cuánto hemos perdido cuando suponemos que mucho hemos ganado! Incluso se nos olvida aplicar las medidas más elementales de sensatez ante noticias que, con un poco de cordura, resultan absurdas. Pero las creemos a pies juntillas, por provenir de quienes provienen.
El siglo veintiuno avanza a pasos acelerados en todos los sentidos. Simplemente, si nos detenemos un momento a pensar, ya vamos casi entrando a mayo, y apenas dejamos atrás las fiestas decembrinas. Todo va a un ritmo muy acelerado, y así queremos llevar los procesos de pensamiento y asimilación, en contra de los tiempos que su propia naturaleza marca. El regreso a la escritura a mano, con sus pausas correspondientes, resulta entonces una invitación a desacelerarnos, a meditar lo que escribimos, y así poder fijar las ideas que llegan a nuestra consciencia.
Hay controversia en el sentido de si se regresa a la letra cursiva o solamente de molde. Yo recuerdo que allá por los años setenta del siglo pasado se transitó en México de la cursiva tradicional a la de molde, que finalmente pudiera considerarse que en ambos casos el beneficio en el neurodesarrollo se produce. Las cosas se complicaron cuando se abandonó la escritura en papel por la escritura mediante aparatos tecnológicos. Algo similar ⸺me atrevería a sugerir⸺, ocurre entre la lectura en papel y la lectura a través de pantallas.
Vamos de regreso, nos alejamos de los mundos distópicos que sugirieron autores de mediados del siglo pasado, como es el caso de Ray Bradburry en su novela “Farenheit 451”, que describe un mundo en el que los libros están prohibidos. Con esa capacidad imaginativa del autor, él confiesa haber escrito esta obra, entre otras razones, para prevenirnos (en 1953, cuando se publicó) del efecto negativo de los medios masivos de difusión.
Buen momento este, de regresar a prácticas que han tenido su razón de ser y su peso específico, y que nos toca volver a poner sobre la mesa. Una de esas prácticas es la lectura, como elemento generador de conocimiento y empatía, y otra es la escritura a mano, con sus beneficios neurológicos para todos, para los que apenas están aprendiendo a escribir, y para quienes debemos trabajar por no olvidar lo que hoy sabemos.
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