Los actores como agentes culturales

La pandemia ha cambiado drásticamente nuestra realidad social y cultural. Nuestro estilo de vida está siendo cuestionado por cada uno de nosotros, consciente o inconscientemente. Decía Aristóteles y muchos filósofos después de él, que el ocio y...

28 de agosto, 2020

La pandemia ha cambiado drásticamente nuestra realidad social y cultural. Nuestro estilo de vida está siendo cuestionado por cada uno de nosotros, consciente o inconscientemente. Decía Aristóteles y muchos filósofos después de él, que el ocio y el asombro son el principio de acción para la actividad filosófica; sin embargo, no es la mayor cantidad de humanos que se sienten impelidos a realizar esta introspección con completa entrega. Es cierto que, por razones evidentes, la menor preocupación que tienen muchos sectores es la reflexión profunda; más bien, el objetivo es idear un plan de acción inmediato que les ayude a sobrevivir esta crisis, lo cual, curiosamente, ha provocado un replanteamiento de su modo de vivir y todas las decisiones que los han llevado a enfrentar esta contingencia con el presente que viven. Negocios y oficios penden de un filo hilo. No hay una fecha final a la cual aferrarse con determinación que cause cierto consuelo. Hay una ausencia de respuesta política y económica que provoca una incertidumbre angustiante para todas las esferas sociales. Sin gente que consuma, ¿cómo se puede pretender vivir? El mundo escénico, no es la excepción. 

Dentro de este contexto, ¿se ha de optar por cesar toda jornada y actividad artística? Pues nos preguntamos con relativa facilidad, ¿quién es el actor si no tiene auditorio? Si nos dejamos persuadir por esta intuición, concluiremos que no hay espacio para el actor dentro de esta crisis sanitaria. Por lo tanto, continuando esta argumentación, el mundo escénico tendría que cesar y entrar en un paro total. Entonces, ¿de qué van a vivir todas las actrices y los actores en este paro? Habrá que consultar al dáimon socrático a ver con qué genialidad nos sorprende. 

Sin embargo, si refinamos el rol del intérprete escénico como no solo aquel individuo quien actúa en un escenario físico, sino como un (perdónenme el ornamento filosófico-moral) agente cultural, quizás llegaremos a otra conclusión. ¿Qué podemos entender por “agente cultural”? Para mí sería la actriz, el actor, el músico, el director, la escultora, la poetisa, y todo aquél que ejerce una influencia cultural a partir de la práctica artística. Propongo el ejemplo claro de un escritor. Si su esfera creadora solo se remitiera al objeto concreto de su profesión, un libro, se estará restringiendo su capacidad como agente cultural. En cambio, si este escritor utiliza otros foros como redes sociales, conferencias, entrevistas y talleres –por mencionar unos cuantos ejemplos– se convierte en un agente cultural que impacta varias comunidades intermedias dentro de la esfera pública. De la misma manera, el actor que realiza ejercicios de improvisación en formatos digitales o escribe reseñas y críticas fílmicas, está interpretando su rol como agente cultural en muchos escenarios no tradicionales.

Retomo entonces la pregunta, ¿el mundo escénico ha de entrar en paro total? Mi respuesta es un rotundo y definitivo no. El mundo escénico, y en realidad, todo el mundo artístico mexicano, tiene mucho trabajo que hacer. Más aún en estos tiempos tan inciertos donde las personas necesitamos de buena actividad cultural. Incluso, me permito un paso más allá. Pienso que esta crisis presenta la perfecta oportunidad de sincerar a todos los interlocutores que forman parte del mundo artístico y reflexionar sobre lo que ha sido el espectáculo, las artes y su estudio durante los últimos cincuenta años: ¿Cómo se manejan las producciones? ¿Qué tipo de artistas estamos educando los mexicanos? ¿Qué audiencia tenemos? En pocas palabras, tenemos que aprovechar este cambio de escenario, del foro tangible al foro informático, para realizar una crítica dialógica acerca del mundo escénico.

Uno de los análisis más agudos que he encontrado respecto al artista y su rol en la sociedad mexicana es el del maestro Héctor Azar: en México aún no se comprende la razón de ser de los artistas frente al grupo social al que pertenecen. Herencia absurda del siglo XIX es la de contemplar a los artistas como seres exóticos, dedicados a malcultivar su presencia injustificada en el proceso social; a exaltar con su manera de vivir las fases narcisísticas elementales, que hacen que el público se entretenga y se distraiga del propósito veraz del arte, para quedarse en el dengue estereotipado del farsante1 .   

Coincido con el maestro Azar. ¿Cuánto no nos dejamos impresionar por tales ademanes y presencia exagerada bajo la pretensión que así deben ser los artistas? ¿De qué nos ayuda privilegiar este tipo de conductas cuando, en muchas ocasiones, no aportan valor cultural a la comunidad? Pareciera que su mayor objetivo es ser protagonista de los programas de mal gusto de chismes y de ‘farándula’. Cuando, en realidad, el artista debería ser un gestor de la cultura. Pues, ¿quién mejor que el artista escénico para presentar y ahondar en profundidad la realidad antropológica y social a través del arte teatral? 

Ahora, es importante pensar en los medios que tienen las actrices y actores para generar sus propios espectáculos, si queremos que sean gerentes y “administradores” de la cultura. Una gran actriz que tengo la fortuna de llamarle mi amiga, llegó a concursar por becas y financiamientos artísticos logrando montar su propia temporada con una obra escrita, dirigida y representada por ella misma. Cuando asistí a la función estelar, todavía me acuerdo con orgullo el gran mérito que acometió. Sin embargo, me increpó de pronto una duda: ¿por qué no enseñan a los futuros actores a ser sus propios productores? Éste es un mal predominante en la educación mexicana en general. ¿Por qué no existen materias de finanzas o emprendimiento? Más importante aún, deberían programar materias de ética profesional, de estética e historia del arte y del pensamiento. 

Por dos años consecutivos, tuve el honor de actuar con una gran actriz, Angélica Aragón. Nunca olvidaré los consejos que libremente me compartió. Entre ellos, el siguiente: “El actor debe ser el más erudito del estudio artístico; ha de ser un entusiasta de la historia, de la filosofía y de la investigación. Debe tener hambre por conocer.” En esa misma producción actué al lado de uno de mis maestros del oficio teatral, Juan Ignacio Aranda, quien, en una plática postensayo, me comentó: “El trabajo del actor es 90% de escritorio, 10% en el escenario”. 

Por lo tanto, si tomamos en serio sus palabras, el agente cultural, por su propia formación, debería ser un intérprete y gestor de la cultura. Alguien que se nutra constantemente de lo mejor del pensamiento humano a través del tiempo y lo sepa sintetizar en la escena. Es decir, que este agente ha de ser el primer autor de lo que el maestro Azar denominó el “guion cultural”:

[es] la reunión de “formas dramáticas aceptadas y expresadas que surgen de una sociedad”. “Al igual que los argumentos teatrales, los guiones culturales poseen temas, personajes, roles esperados, dirección escénica, decorados y telón final. Los guiones culturales reflejan lo que se denominado el carácter nacional”2

No es de oscuro conocimiento que Vasconcelos fue además, mecenas de varios artistas. Fue su política que sirvió de partera al movimiento muralista mexicano. Este es un claro ejemplo de cómo se relacionan ambos ámbitos. Cuando se propicia la mente creativa y artística, hay un crecimiento en la cultura. Pocos se atreverán a aseverar que el muralismo mexicano no es un gran tinte en la sazón cultural mexicana. Cultura y arte dejan de ser simples adornos en la pared, sino que se personifican dentro del imaginario narrativo mexicano. Vasconcelos mismo era partidario de esta idea. A mayor arte, mayor enriquecimiento cultural:

“Vasconcelos ofrecía al pueblo conciertos, murales, ballet, teatro, involucrándolo directamente, o solo como participante, en esas realizaciones, para que se alejaran de sus vicios como el alcoholismo y la pereza, “mientras haya pulque y corridas, no habrá teatro mexicano, ni arte mexicano, ni civilización mexicana”3.

Concluyo por ello que cuando se impulsa el arte se logra una mejor cultura, y como se alcanza apreciar en esta cita, un perfeccionamiento del pensamiento crítico y la condición humana. Es por ello que propongo que los actores, actrices y todos los géneros de artistas emprendan su rol como agentes culturales para:

“Utilizar el teatro como un medio para penetrar en la realidad psicológica que nos abruma y en su condición sociológica que nos rodea. Subrayar con todo ello la importancia del grupo sobre el individuo; prepararnos, mediante el juego del teatro, para el juego de la democracia…”4

Bibliografía:

  • Azar, Héctor: Obras, dramaturgia y teoría escénica II; compilación y prólogo de Pedro Ángel Palou, FCE: México, 1998.
  • “José Vasconcelos y la función del arte en su proyecto educativo.” Encontrado en: https://musicaenlahistoriamx.wordpress.com/2011/12/13/23/
1 Azar, Héctor, Obras, dramaturgia y teoría escénica (DF: FCE, 1998), 149.
2 Azar, Héctor, Obras, dramaturgia y teoría escénica, 140.
 3 “José Vasconcelos y la función del arte en su proyecto educativo.” Encontrado en: https://musicaenlahistoriamx.wordpress.com/2011/12/13/23/
4 Azar, Héctor, Obras, dramaturgia y teoría escénica, p. 173
Comentarios
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We didn't start the fire It was always burning, since the world's been turning We didn't start the fire No, we didn't light it, but we tried to fight it

– Billy Joel (1949), cantante y compositor estadounidense.

Incómodos, radicales, tenaces, inquisitivos, irritantes, problemáticos, irreverentes y –especialmente– críticos. Tales son los adjetivos con los que la gran mayoría de la sociedad suele describir a todos quienes nos dedicamos a la filosofía –al menos, los más decorosos–. Y es que no solo se trata de una carrera que te licencia para hacer filosofía "profesionalmente", se trata de una cierta marca existencial, algo que nos caracteriza hasta la médula.  La filosofía se ha definido de mil y un maneras durante la historia humana. Comparto la idea de que ésta es la ciencia que busca encontrar, a partir de una constante apertura existencial, aquellas causas y principios que operan en la realidad. Es decir que no se reduce a un mero proceso intelectual –una disciplina mental–, sino que se trata de una auténtica manera de ser. Si bien, todo ser humano es capaz de filosofar –buscar los principios que operan en una realidad concreta–, considero que hay una distinción muy significativa entre una reflexión profunda eventual y una introspección constante. Se trata del anhelo íntimo de encontrar la verdad en todo momento. No me refiero solo a una verdad particular en ciertas ocasiones, sino a tener un compromiso auténtico con lo auténtico; una existencia que, honestamente, está siempre en la búsqueda de lo real y objetivo. Por ello, así como un médico se atiene al famoso juramento hipocrático de nunca dañar a sus pacientes, el filósofo jura un compromiso vital con la verdad. Lo cual, implica una constante apertura en cualquier dimensión de la vida para descubrir la verdad, empezando por uno mismo. Este compromiso existencial es una actitud que siempre incomoda a muchas personas, ya que estar predispuesto a la reflexión constante implica una apertura sin clausura de estar inspeccionando los hechos más aceptados –sin ser necesariamente verdaderos–, así como estar contrastando y "problematizando" aquellas ideas, nociones, usanzas y tradiciones que muy pocas personas siquiera se plantean dudar. Sobre todo en el mundo contemporáneo, donde el relativismo intelectual y moral siguen estando en boga, las personas que se preguntan por la verdad objetiva, no solo en los hechos, sino en los principios y causan que la originan, suelen ser confinados a la academia pero excluidos de asuntos "prácticos". Y es que en el mundo de las Fake News, donde ya no hay un interés en dialogar en comunidad y solo se procura el estar en lo cierto, la filosofía es estimada como una ciencia de la antigüedad, un saber que solo causa problemas sin dar soluciones "en el aquí y ahora".  Por supuesto, aunque la filosofía no es para todos, vaya que sí es necesaria. Como la historia lo ha comprobado, no todo se centra en el mero hecho –el factum– y lo presente. Al final, tal como lo expuso Isaiah Berlin, las ideas son las que mueven al mundo a actuar1. La aceptación de esta verdad es la que nos lleva a conmemorar el Día Mundial de la Filosofía cada año, celebrado el pasado 18 de noviembre. Este breve escrito busca presentar una apología concreta que demuestre la importancia de la filosofía en la vida de cada ser humano para formarse un criterio objetivo que permita construir una sociedad más justa.  Sin lugar a dudas, uno de los mayores rockstars de la filosofía es Sócrates. A más de dos mil años de su vida, continúa siendo uno de los grandes maestros de la humanidad. Para él, la filosofía debe ser la constante interrogación que busque, a través del diálogo, contrastar definiciones y realidades para encontrar la verdad. El símbolo que utilizó fue el tábano, un mosquito que "aguijonea" a la sociedad: “[…] que necesita ser aguijoneado por una especie de tábano, según creo, el dios me ha colocado junto a la ciudad para una función semejante, y como tal, despertándonos, persuadiéndonos y reprochándonos uno a uno, no cesaré durante todo el día de posarme en todas partes2. Así, la labor filosófica se centra precisamente en lo que hoy entendemos como "formación del criterio". Un análisis racional y emocional de los sucesos que ocurren a nuestro derredor donde cada persona sea capaz de inteligir entre lo bueno y lo malo, entre lo falso y lo real. Es precisamente esta conciencia la que nos permite resistir los terrores imaginarios de las propagandas políticas3, por ejemplo. Ideas conspirativas, ciega fe a líderes espirituales y políticos, Fake News, son algunos de los más destacados ejemplos donde el pensamiento filosófico se convierte en un auténtico defensor de lo justo. El común denominador detrás de todos estos fenómenos es, como bien afirmó Sócrates, "que resulta evidente que están simulando saber sin saber nada"4. Precisamente cuando nos cerramos a no dialogar y estar dispuestos a reconocer el error, caemos en los extremos vicios morales que tan bien han identificado los filósofos desde la Antigüedad.  De esta manera, la filosofía tiene esta naturaleza de estar vigilando qué tanto nos estamos desviando de la verdad objetiva. Por supuesto, el ideal siempre ha sido la búsqueda por la verdad en sí misma como fin, no como medio. Sin embargo, la verdad exige que seamos congruentes con nosotros mismos. Por ello es que la filosofía también tiene la naturaleza de introspección personal –además de la reflexión social o comunitaria expuesta arriba–. Ya lo decía san Agustín: "Quien conoce la verdad, conoce esta luz, y quien la conoce, conoce la eternidad"5. Estar abierto a entender nuestra realidad –en tanto la verdad que conforma la identidad de cada persona, así como su naturaleza humana– es la condición necesaria para ser, no solo mejores personas, sino aspirar a la auténtica felicidad6. Esta examinación interna –que forma el criterio personal– es solo posible cuando emprendemos una actividad filosófica hacia el interior de cada uno de nosotros. Gracias a nuestra racionalidad simbólica que nos permite distanciarnos de nosotros mismos y entendernos –como señala José Antonio Marina 7– narrativamente, es como opera la filosofía. Con su distintivo método de la interrogación y el contraste –así como similitud– el pensamiento filosófico nos posibilita a que accedamos a la verdad interna: Se llaman soliloquios, y con este nombre quiero designarlas, porque hablamos a solas. Nombre tal vez nuevo y duro, pero muy propio para significar lo que estamos haciendo. Pues siendo el mejor método de investigación de la verdad el de las preguntas y respuestas…8 Estos diálogos internos –soliloquios–, sin embargo, son el principio del descubrimiento de la verdad. Son el inicio del viaje vital que emprendemos a diario en búsqueda de la felicidad. Así, anhelamos bienes, alegrías y prosperidades que, al menos en un primer momento, prometen la felicidad. Sin embargo, la mente crítica que desarrolla el pensamiento filosófico advierte que hay bienes que, aunque aparentan serlo, en realidad no lo son. Pero no solo es la reflexión personal lo que permite un crecimiento individual, sino que la persona requiere de los demás para encontrar esta felicidad. Así, la búsqueda por la verdad empieza en uno mismo y se compagina con la verdad comunitaria y la verdad objetiva. Tal como lo explica Alasdair MacIntyre: La honestidad, sobre todo la sinceridad con respecto a uno mismo y también hacia los demás, es la virtud indispensable para que una persona llegue a conocerse así misma en el grado necesario y tenga la capacidad para resistir todas las influencias que contribuyen al autoengaño. Esa honestidad se ejercita no sólo en el autoexamen, sino también en la responsabilidad para con aquellos otros que tienen razones para esperar que les ayudemos a satisfacer sus necesidades, reconociendo frente a ellos nuestras deficiencias y fracasos cuando sea pertinente hacerlo9 No se trata de que la filosofía dé las respuestas concretas a toda situación que enfrentamos; sin embargo, la filosofía sí se encarga de que, entre las múltiples tentaciones que ofrece la vida, las personas no caigamos en los extremos del mal –a partir de la duda y, como ya se ha dicho, de la constante reflexión–. Por eso es que nos ven como "incómodos", "radicales" o "rebeldes". Y, como profesional de la filosofía, confieso que es un orgullo serlo. Pues la verdad no busca agradar los apetitos banales de las autoridades, ni se adapta a las sensibilidades frágiles, ni quiere subyugarse ante las posiciones extremistas, todas estas visiones que prefieren vivir en la cómoda y placentera mentira antes que mirar el desorden interior que cargan. La verdad simplemente es.  Por último, frente a la acusación de que la filosofía solo causa más problemas, considero que, más bien, habría que preguntarse ¿por qué es malo dudar? Nadie posee la verdad absoluta y quien afirma lo contrario es un embustero. Las soluciones sencillas, meramente prácticas y al momento, no resuelven nada aunque aparentan hacerlo. Más que causar problemas, la filosofía es este bisturí –fino y preciso– que, como la enfermedad en el cuerpo, extrae las explicaciones banales envueltas en falsedades para abrir el camino hacia la verdad; y con ésta, hacia la construcción de un mundo mejor. Así, al no conformarse con cualquier explicación del mundo, la filosofía está en constante desafío de las imposiciones ideológicas y enfrenta el mal colectivo que las redes del terror político extremo esparcen por el mundo. Ya lo dice el Evangelio, "y la verdad os hará libres"10. 1Cfr. Isaiah Berlin, Dos conceptos de libertad (Madrid: Alianza Editorial, 2019), p. 57. 2Platón, Apología de Sócrates, 30 e. 3"La dimensión imaginaria radica en la construcción de un escenario omnipresente donde se enfrentan, por un lado, la civilización occidental democrática avanzada y, por otro, un amplio imperio maligno de otredades amenazantes, primitivas y fanáticas. La reducción de la complejidad política a este esquema binario es sin duda escalofriante, pero inmensamente eficaz para estimular formas renovadas de legitimidad y cohesión". Roger Bartra, Territorios del terror y la otredad (México: FCE, 2018), p. 15. 4Platón, Apología de Sócrates, 23 d. 5 San Agustín, Confesiones: VII: 10; 16. 6"[Como lo señala] san Agustín, el cual subrayó el hecho de que el conocimiento de la verdad ha de ser buscado no con fines meramente académicos, sino porque aporta la verdadera felicidad, la verdadera beatitud". Frederick Copleston, Historia de la Filosofía, volumen I "De la Grecia Antigua al Mundo Cristiano" (España: Ariel, 2017), p. II-42. 7Cfr. José Antonio Marina, Anatomía del miedo. Un tratado sobre la valentía (Barcelona: Anagrama, 2019), pp. 18-32. 8 San Agustín, Soliloquios: II: 7; 14. 9Alasdair MacIntyre, Animales racionales y dependientes (Barcelona: Paidós, 2016), p. 114. 10Juan 8, 32." 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Las personas que estamos defendiendo los derechos humanos de las personas con discapacidad lo vemos, es angustioso cómo se ratifica la etiqueta incluyente al decir que se permite la entrada a personas con discapacidad, lo que es aceptado y no, cuando deberíamos tener normalizada la atención para todas las personas. El Estado está obligado a dar los servicios y oportunidades a todos.  “Fue hace dos décadas que se planteó cómo aplicar la danza contemporánea a personas con autismo, sordera, hiperactividad y otros tipos de discapacidad; cómo visibilizar a cada uno de los que forman parte de nuestra sociedad y tienen los mismos derechos”.   Ella es Brenda Ramos Reyes, nuestra invitada de hoy. Coreógrafa, docente, investigadora y humanista, está comprometida en provocar transformaciones de impacto social a través de la danza contemporánea aplicada a niños y jóvenes con discapacidad, quienes lograron derrumbar sus propias limitaciones, encontrándose de formas impensables hasta entonces.  Recientemente Brenda representó al estado de Veracruz en el Congreso Nacional de Teatro para brindar aportaciones sobre género, gestión y gobernanza en materia de artes escénicas para nutrir el quehacer de todos los actores culturales. Fue invitada a impartir una clase magistral sobre educación artística en personas con discapacidad como parte del Festival Bravo Garzón, organizado por Difusión Artística de la Universidad Veracruzana. De sonrisa cálida y palabra franca, con amplia trayectoria, Brenda Ramos es Licenciada en Artes con opción en Danza Contemporánea por la Universidad Veracruzana; diplomada en Arte Terapia por la Universidad Veracruzana; especialista en Gestión y Políticas Culturales por la Universidad Autónoma Metropolitana y el Centro Nacional de las Artes; maestra en Educación Humanista egresada del Centro de Estudios e Investigaciones Gestálticos.  Es originaria de la Ciudad de México; realizó su primer acercamiento con la danza en el Instituto Nacional de Bellas Artes y con el coreógrafo Marco Antonio Silva; es doctora en Educación Especial por la Universidad IEXPRO de Tuxtla Gutiérrez (Chiapas); consejera Ejecutiva "José Vasconcelos Calderón" en el Consejo Académico para la Calidad Educativa (CACE), de la Red Latinoamericana de Educación.  Hace más de una década que es académica en educación superior en la normal Centro Educativo Siglo XXI, el Instituto de Artes Escénicas Nandehui, la Escuela Superior de Artes de Veracruz y la Universidad Veracruzana en la Licenciatura en Enseñanza de las Artes, donde imparte la Experiencia Formativa de Educación Especial y Psicología del Desarrollo.  En el Instituto Veracruzano de la Cultura ha dedicado tiempo a desarrollar y promover la educación artística, la atención a grupos de niños y jóvenes con discapacidad. Como parte de su compromiso publicó trabajos de investigación educativa entre los que están el artículo “Hábitos, prácticas y consumos culturales de los alumnos y docentes normalistas del Centro Educativo Siglo XXI, de la Ciudad de Xalapa (Veracruz). Investigación medida a través de instrumentos del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, así como el texto “Cuerpos emancipados”. Ha estado al frente del grupo Independiente de Danza Contemporánea Móviles, integrado por jóvenes con discapacidad, con quienes brindó funciones durante diez años, y el Colectivo Raíz, seleccionado por el montaje coreográfico de su autoría “Mujercitas” basado en La Casa de Bernarda Alba, de Federico García Lorca, como resultado de la convocatoria nacional Voy al Teatro” Sala Virtual Es gestora cultural y tallerista en el Instituto Veracruzano de la Cultura; ejerce como docente, investigadora en el ámbito de las artes escénicas, siendo seleccionada nacional para el Seminario "De la inclusión a la interpelación: escena, discapacidad y política", organizado por la Cátedra Ingmar Bergman, Cultura UNAM, el British Council, y el Instituto de Estudios Críticos.  Su entrega y esfuerzo la llevó a merecer el estímulo a la creación por parte del FONCA a través del Fondo Estatal para la Cultura y las Artes de México. Ha participado en conferencias en la Benemérita Normal Veracruzana, el Instituto Superior de Artes Escénicas NANDEHUI, el Instituto Veracruzano de Cultura, la Secretaría de Educación de Veracruz y la Universidad Autónoma de México.  Brenda Ramos es responsable de realizar el primero y segundo Encuentro de Arte para Sordos: El Primer Inclusivo Masivo, interviniendo el Parque Juárez de la ciudad de Xalapa (Veracruz) con más de 150 personas de todas la edades y condiciones. Organizó el primero, segundo y tercer encuentro inclusivo en donde promueve la participación de todas las personas con y sin discapacidad, sobresaliendo adultos mayores disfuncionales.  Estos son algunos datos de nuestra invitada, quien ha realizado un impresionante trabajo coreográfico para niños y jóvenes en el estado de Veracruz, en Xalapa.  En 1995 tuvo frente a sí su primer gran reto. Dos hermanos: el niño con hiperactividad y la joven con retraso mental. Al ser egresada de la carrera de danza, no pudo hacer mucho y fue en ese tiempo que comenzó a preguntarse qué hacer por otro ser humano.  Hizo un alto para repensar el impacto social del arte, cuáles serían las herramientas. Los aplausos son el alimento, pero no trasciende. El espectador puede ser tocado pero no es una cuestión que sea vital. Así, comenzó a trabajar en escuelas, a conocer la población, no solo en el caso de su potencial sino cómo se estaba manejando la práctica artística desde su posibilidad para las personas con discapacidad. “Era evidente que no se visibilizaba a esta población y comenzó su titánica labor en el año 2000, donde formó un grupo de jóvenes con discapacidad motora, autismo. Como un reto creativo se preguntó: ¿qué es lo que puedo hacer con estos cuerpos diversos?; ¿cómo puedo generar memoria escénica?; ¿cómo puedo hacer que una persona que no escucha se involucre con la música? “Comencé a explorar. Me di cuenta del impacto que estaba generando no solo la creación sino lo que permeaba en otras aristas, en sus familias que les aplaudían, la condición motora no existía, el equilibrio, no podían caminar sin el apoyo de las manos. Fue gratificante para la familia esta experimentación que se estaba asociando al trabajo tan grande del arte, de la danza, para fortalecer la voluntad de los individuos. Esto hacía que quien no podía caminar, caminaran solos gracias a la danza. En este grupo colectivo se ayudaron entre sí.  “Este ejercicio hacia fuera los jóvenes empezaron a ser otros, ya no eran vistos como los discapacitados que había que tenerlos encerrados, como grupo de danza dimos funciones en Xalapa, participamos en Veracruz, en la Ciudad de México en el Día Internacional de la Danza. Se logró que compartieran con el gremio de la danza, convivían con coreógrafos y bailarines profesionales. Eran valorados. Fueron 10 años del “Grupo Independiente de Danza Contemporánea”.  Se transformaban. Se daba un intercambio físico-emocional, nadie quiso ver antes que podían expresarse mediante la danza y emocionarse hasta las lágrimas. Los bailarines somos de condición kinestésica. “Era evidente esta voluntad de luchar contra su propia naturaleza. El que no tenía equilibrio luchaba por tenerlo en escena. El movimiento se convirtió como asunto vital. Les dio presencia, voz. El cuerpo hablaba por sí mismo cuando no había palabras. “Con el trabajo realizado hasta entonces, se logró un intercambio con la Universidad Veracruzana (UV), con el grupo de danza de la UV y Jazz UV, fue como un laboratorio experimental para crear esa sinergia”.  Llega a la memoria de Brenda su alumna Guadalupe Cano: una bailarina nata, quien alguna vez expresó: “Esto es lo más hermoso que me ha pasado”. Se refería a un intercambio entre el público y escenario, la emoción se convirtió en lágrimas.  “Hacer danza de forma recreativa para niños hiperactivos, descargar toda la energía que tienen encima, un trastorno de atención, para hablar a un cerebro se requiere de un tiempo mayor para su desarrollo. Los neurólogos tienden a otorgar apoyo, medicamentos para centrar su atención y tanta energía. Deben tener atención especializada. Desde la docencia se debe conocer a los niños que necesitan correr antes de lograr concentrarse, a los infantes es necesario que se les encamine.  “El asunto de la pandemia nos ha golpeado. Desde la pantalla seguimos estando presentes con la otredad, a pesar de no sentirnos, pero nos vemos y escuchamos. En el caso de la discapacidad hay distintos grados. Podemos ver que hay niveles: los que necesitan aprender más allá de pintar, necesitan vestirse, ir al baño solos, la parte autónoma que se trabaje en casa como apoyo desde fuera.  “Hay otros tipos de discapacidad y el hecho de que sí se puede trabajar desde lo virtual, hacer un acercamiento, me disfrazó de todo cuanto pueda, crear escenarios atractivos, hay una triada siempre que es la familia, él o ella y la maestra, donde la familia es el pilar que sostiene y construye. “En el caso del autismo es un trastorno de neurodesarrollo, hay discapacidad en cuanto a lo social, los niños podrán no estar y se les han puesto juegos, aprender a poner el programa, lo emitan, los monitores en el autismo están siendo muy funcionales.  “La docencia continúa a través de las pantallas. Esta parte híbrida seguir trabajando desde lo virtual haciendo valioso los momentos presenciales, se hizo una brecha. No todos tienen la tecnología, no todos tienen el apoyo de la familia. Esta problemática  nos desnuda, las pocas oportunidades y la atención para cubrir a todos. Hay regiones donde ni siquiera hay luz.  “Hay que prepararnos para el rezago, para el después de toda esta situación de confinamiento, el regreso de los alumnos, muchos maestros no han sido formadores ni facilitadores por parte del Estado. Hay un radio de desigualdad social. Los servicios no llegan a todos lados. La enseñanza está estandarizada, lo distinto de los colegios a una escuela rural y los planes de educación así están, no puedo reprobar lo que ya está reprobado: las condiciones en la que no todos se podían conectar o donde tenían personas contagiadas. ¿Cómo van a aprender en las clases si tienen que atender al familiar contagiado? Muchos jóvenes se dieron de baja temporal desde marzo pasado, hubo egresados de todas las licenciaturas. “Este tiempo ha sido el remedio de la educación. Lo he venido observando como maestra de educación superior. Entre los jóvenes hubo un caso de una estudiante contagiada y con neumonía grave, se le ayudó a terminar en la asesoría de tesis. Los docentes han tenido una clara confrontación con la tecnología al intentar llegar a los alumnos. No todos están listos para llevar una educación a distancia; a nivel bachillerato o universidad sí, pero los menores no porque requieren de acompañamiento cercano. Si solo fuera esa la variante, pero teníamos otras que nos siguen apretando: padres sin trabajo, madres a quienes no aplicaba la equidad de género, los roles se multiplicaron al estar atendiendo el hogar y a los niños. Esta parte nos lleva a una situación emocional complicada. Hay que  poner atención a la salud mental y física. Cada casa y familia vive una situación de encierro complicada. Se vive con el temor del contagio. Es complicado dimensionar a dónde nos lleva la pandemia.  “En cuanto a discapacidad, se desconocen los derechos humanos. En teoría, todas las personas tienen el derecho de acceso a la cultura, pero no hay rampa de accesibilidad para quienes utilizan silla de ruedas. Un desconocimiento similar ocurre con las personas por su condición indígena.  “Lo anterior no está en trípticos informativos, en lenguaje braille. Afortunadamente en el 2006 se forma la Convención de los Derechos Humanos de las Personas con Discapacidad, en 2007 se ratificó que se harían válidos ante la ONU. “Todavía en este tiempo, en nuestro país podemos ser testigos de casos de consultas médicas en las que se puede ser sordo y en el sector salud es casi una proeza que se brinde atención a personas con discapacidad auditiva y que no pierdan su cita. “Lo mismo ocurre en otros escenarios como el transporte de autobuses en las terminales cuando anuncian las salidas y las personas que no oyen, cuál es el tipo de atención, hablar de espacio inclusivo se ha tomado el término para dar atención a personas con discapacidad, ni siquiera deberíamos mencionarlo como un logro aparte.  “La valía del arte en la educación y no solo en la discapacidad coadyuva en el desarrollo de los alumnos, desde el IVEC se espera que se brinden los acercamientos, permear hacia otros sitios geográficos, la UV, el municipio, llevar el arte a todos los espacios, dar oportunidad a todos. Estamos obligados a dar atención a las personas, a los niños, mujeres, hombres, generar un espacio justo en la pandemia y después de ésta para irnos recuperando. “La gente se va construyendo a partir de sus sentidos: qué tipo de música les llega, qué dicen esas letras. De eso se alimentan: todo lo que vemos y lo que oímos es lo que somos. Vamos a deconstruir el tejido social de forma lúdica. Las instancias estamos obligadas a hacer, a salir; hoy se imparten talleres para inscribirse desde los links y eso es elitista. ¿Quiénes atenderán esas regiones donde no hay luz y otros servicios básicos? “Salir para hacer el trabajo real y cambiar los pensamientos de los veracruzanos o de cualquier otra región de nuestro país, pero no desde el escritorio. Debe existir una regulación de las películas y la música, de lo que los jóvenes están escuchando que está ocurriendo. “La globalización nos ha llevado en parte a situaciones dolosas. Me preocupa la pérdida de identidad, de valores, la inseguridad en la que vivimos, acaso la violencia que se gesta en los espacios íntimos. Quienes hemos estado cercanos a la educación de los niños, estamos hablando de niños efectuando actos graves. Las instituciones no toman la tarea que tienen que hacer, nos complican y si no nos van a ayudar, que no nos pongan obstáculos. “Es de interés señalar que muchos de los que llegan a la función pública para ejercer la administración en el ámbito de la cultura, pueden ser personas con buenas intenciones pero nulos en los saberes. Quienes sí sabemos batallamos con esas situaciones al entregar proyectos que ni siquiera entienden y en el peor de los escenarios no les interesa. El perfil de los funcionarios públicos debería tener al menos una maestría en administración cultural”. Las actividades con las que Brenda Ramos se encuentra comprometida ahora es producir conocimiento y compartirlo. 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We didn't start the fire It was always burning, since the world's been turning We didn't start the fire No, we didn't light it, but we tried to fight it

– Billy Joel (1949), cantante y compositor estadounidense.

Incómodos, radicales, tenaces, inquisitivos, irritantes, problemáticos, irreverentes y –especialmente– críticos. Tales son los adjetivos con los que la gran mayoría de la sociedad suele describir a todos quienes nos dedicamos a la filosofía –al menos, los más decorosos–. Y es que no solo se trata de una carrera que te licencia para hacer filosofía "profesionalmente", se trata de una cierta marca existencial, algo que nos caracteriza hasta la médula.  La filosofía se ha definido de mil y un maneras durante la historia humana. Comparto la idea de que ésta es la ciencia que busca encontrar, a partir de una constante apertura existencial, aquellas causas y principios que operan en la realidad. Es decir que no se reduce a un mero proceso intelectual –una disciplina mental–, sino que se trata de una auténtica manera de ser. Si bien, todo ser humano es capaz de filosofar –buscar los principios que operan en una realidad concreta–, considero que hay una distinción muy significativa entre una reflexión profunda eventual y una introspección constante. Se trata del anhelo íntimo de encontrar la verdad en todo momento. No me refiero solo a una verdad particular en ciertas ocasiones, sino a tener un compromiso auténtico con lo auténtico; una existencia que, honestamente, está siempre en la búsqueda de lo real y objetivo. Por ello, así como un médico se atiene al famoso juramento hipocrático de nunca dañar a sus pacientes, el filósofo jura un compromiso vital con la verdad. Lo cual, implica una constante apertura en cualquier dimensión de la vida para descubrir la verdad, empezando por uno mismo. Este compromiso existencial es una actitud que siempre incomoda a muchas personas, ya que estar predispuesto a la reflexión constante implica una apertura sin clausura de estar inspeccionando los hechos más aceptados –sin ser necesariamente verdaderos–, así como estar contrastando y "problematizando" aquellas ideas, nociones, usanzas y tradiciones que muy pocas personas siquiera se plantean dudar. Sobre todo en el mundo contemporáneo, donde el relativismo intelectual y moral siguen estando en boga, las personas que se preguntan por la verdad objetiva, no solo en los hechos, sino en los principios y causan que la originan, suelen ser confinados a la academia pero excluidos de asuntos "prácticos". Y es que en el mundo de las Fake News, donde ya no hay un interés en dialogar en comunidad y solo se procura el estar en lo cierto, la filosofía es estimada como una ciencia de la antigüedad, un saber que solo causa problemas sin dar soluciones "en el aquí y ahora".  Por supuesto, aunque la filosofía no es para todos, vaya que sí es necesaria. Como la historia lo ha comprobado, no todo se centra en el mero hecho –el factum– y lo presente. Al final, tal como lo expuso Isaiah Berlin, las ideas son las que mueven al mundo a actuar1. La aceptación de esta verdad es la que nos lleva a conmemorar el Día Mundial de la Filosofía cada año, celebrado el pasado 18 de noviembre. Este breve escrito busca presentar una apología concreta que demuestre la importancia de la filosofía en la vida de cada ser humano para formarse un criterio objetivo que permita construir una sociedad más justa.  Sin lugar a dudas, uno de los mayores rockstars de la filosofía es Sócrates. A más de dos mil años de su vida, continúa siendo uno de los grandes maestros de la humanidad. Para él, la filosofía debe ser la constante interrogación que busque, a través del diálogo, contrastar definiciones y realidades para encontrar la verdad. El símbolo que utilizó fue el tábano, un mosquito que "aguijonea" a la sociedad: “[…] que necesita ser aguijoneado por una especie de tábano, según creo, el dios me ha colocado junto a la ciudad para una función semejante, y como tal, despertándonos, persuadiéndonos y reprochándonos uno a uno, no cesaré durante todo el día de posarme en todas partes2. Así, la labor filosófica se centra precisamente en lo que hoy entendemos como "formación del criterio". Un análisis racional y emocional de los sucesos que ocurren a nuestro derredor donde cada persona sea capaz de inteligir entre lo bueno y lo malo, entre lo falso y lo real. Es precisamente esta conciencia la que nos permite resistir los terrores imaginarios de las propagandas políticas3, por ejemplo. Ideas conspirativas, ciega fe a líderes espirituales y políticos, Fake News, son algunos de los más destacados ejemplos donde el pensamiento filosófico se convierte en un auténtico defensor de lo justo. El común denominador detrás de todos estos fenómenos es, como bien afirmó Sócrates, "que resulta evidente que están simulando saber sin saber nada"4. Precisamente cuando nos cerramos a no dialogar y estar dispuestos a reconocer el error, caemos en los extremos vicios morales que tan bien han identificado los filósofos desde la Antigüedad.  De esta manera, la filosofía tiene esta naturaleza de estar vigilando qué tanto nos estamos desviando de la verdad objetiva. Por supuesto, el ideal siempre ha sido la búsqueda por la verdad en sí misma como fin, no como medio. Sin embargo, la verdad exige que seamos congruentes con nosotros mismos. Por ello es que la filosofía también tiene la naturaleza de introspección personal –además de la reflexión social o comunitaria expuesta arriba–. Ya lo decía san Agustín: "Quien conoce la verdad, conoce esta luz, y quien la conoce, conoce la eternidad"5. Estar abierto a entender nuestra realidad –en tanto la verdad que conforma la identidad de cada persona, así como su naturaleza humana– es la condición necesaria para ser, no solo mejores personas, sino aspirar a la auténtica felicidad6. Esta examinación interna –que forma el criterio personal– es solo posible cuando emprendemos una actividad filosófica hacia el interior de cada uno de nosotros. Gracias a nuestra racionalidad simbólica que nos permite distanciarnos de nosotros mismos y entendernos –como señala José Antonio Marina 7– narrativamente, es como opera la filosofía. Con su distintivo método de la interrogación y el contraste –así como similitud– el pensamiento filosófico nos posibilita a que accedamos a la verdad interna: Se llaman soliloquios, y con este nombre quiero designarlas, porque hablamos a solas. Nombre tal vez nuevo y duro, pero muy propio para significar lo que estamos haciendo. Pues siendo el mejor método de investigación de la verdad el de las preguntas y respuestas…8 Estos diálogos internos –soliloquios–, sin embargo, son el principio del descubrimiento de la verdad. Son el inicio del viaje vital que emprendemos a diario en búsqueda de la felicidad. Así, anhelamos bienes, alegrías y prosperidades que, al menos en un primer momento, prometen la felicidad. Sin embargo, la mente crítica que desarrolla el pensamiento filosófico advierte que hay bienes que, aunque aparentan serlo, en realidad no lo son. Pero no solo es la reflexión personal lo que permite un crecimiento individual, sino que la persona requiere de los demás para encontrar esta felicidad. Así, la búsqueda por la verdad empieza en uno mismo y se compagina con la verdad comunitaria y la verdad objetiva. Tal como lo explica Alasdair MacIntyre: La honestidad, sobre todo la sinceridad con respecto a uno mismo y también hacia los demás, es la virtud indispensable para que una persona llegue a conocerse así misma en el grado necesario y tenga la capacidad para resistir todas las influencias que contribuyen al autoengaño. Esa honestidad se ejercita no sólo en el autoexamen, sino también en la responsabilidad para con aquellos otros que tienen razones para esperar que les ayudemos a satisfacer sus necesidades, reconociendo frente a ellos nuestras deficiencias y fracasos cuando sea pertinente hacerlo9 No se trata de que la filosofía dé las respuestas concretas a toda situación que enfrentamos; sin embargo, la filosofía sí se encarga de que, entre las múltiples tentaciones que ofrece la vida, las personas no caigamos en los extremos del mal –a partir de la duda y, como ya se ha dicho, de la constante reflexión–. Por eso es que nos ven como "incómodos", "radicales" o "rebeldes". Y, como profesional de la filosofía, confieso que es un orgullo serlo. Pues la verdad no busca agradar los apetitos banales de las autoridades, ni se adapta a las sensibilidades frágiles, ni quiere subyugarse ante las posiciones extremistas, todas estas visiones que prefieren vivir en la cómoda y placentera mentira antes que mirar el desorden interior que cargan. La verdad simplemente es.  Por último, frente a la acusación de que la filosofía solo causa más problemas, considero que, más bien, habría que preguntarse ¿por qué es malo dudar? Nadie posee la verdad absoluta y quien afirma lo contrario es un embustero. Las soluciones sencillas, meramente prácticas y al momento, no resuelven nada aunque aparentan hacerlo. Más que causar problemas, la filosofía es este bisturí –fino y preciso– que, como la enfermedad en el cuerpo, extrae las explicaciones banales envueltas en falsedades para abrir el camino hacia la verdad; y con ésta, hacia la construcción de un mundo mejor. Así, al no conformarse con cualquier explicación del mundo, la filosofía está en constante desafío de las imposiciones ideológicas y enfrenta el mal colectivo que las redes del terror político extremo esparcen por el mundo. Ya lo dice el Evangelio, "y la verdad os hará libres"10. 1Cfr. Isaiah Berlin, Dos conceptos de libertad (Madrid: Alianza Editorial, 2019), p. 57. 2Platón, Apología de Sócrates, 30 e. 3"La dimensión imaginaria radica en la construcción de un escenario omnipresente donde se enfrentan, por un lado, la civilización occidental democrática avanzada y, por otro, un amplio imperio maligno de otredades amenazantes, primitivas y fanáticas. La reducción de la complejidad política a este esquema binario es sin duda escalofriante, pero inmensamente eficaz para estimular formas renovadas de legitimidad y cohesión". Roger Bartra, Territorios del terror y la otredad (México: FCE, 2018), p. 15. 4Platón, Apología de Sócrates, 23 d. 5 San Agustín, Confesiones: VII: 10; 16. 6"[Como lo señala] san Agustín, el cual subrayó el hecho de que el conocimiento de la verdad ha de ser buscado no con fines meramente académicos, sino porque aporta la verdadera felicidad, la verdadera beatitud". Frederick Copleston, Historia de la Filosofía, volumen I "De la Grecia Antigua al Mundo Cristiano" (España: Ariel, 2017), p. II-42. 7Cfr. José Antonio Marina, Anatomía del miedo. Un tratado sobre la valentía (Barcelona: Anagrama, 2019), pp. 18-32. 8 San Agustín, Soliloquios: II: 7; 14. 9Alasdair MacIntyre, Animales racionales y dependientes (Barcelona: Paidós, 2016), p. 114. 10Juan 8, 32." 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