La vida en rosa ⏐ Luy, cuatro décadas en la caricatura

Cuarenta años de carrera prolífica como caricaturista celebra este 2 de agosto Oscar Manuel Rodríguez Ochoa: Luy. En su trayectoria  destacan su tenacidad e ingenio que le han llevado a la escena internacional con publicaciones en más...

2 de agosto, 2021 La vida en rosa ⏐ Luy, cuatro décadas en la caricatura

Cuarenta años de carrera prolífica como caricaturista celebra este 2 de agosto Oscar Manuel Rodríguez Ochoa: Luy. En su trayectoria  destacan su tenacidad e ingenio que le han llevado a la escena internacional con publicaciones en más de 100 países a lo largo de su reconocida carrera.

En nuestro país, su paso por las redacciones en los periódicos El Universal, Excélsior, Ovaciones, La Jornada, El Economista, El Financiero, y muchos más, dan cuenta de su humor y trabajo cuidado en la caricatura política.

Ha colaborado en la ilustración para diversas editoriales y ha sido Época que le ha confiado más de cincuenta cuentos clásicos infantiles, ha realizado además trabajos de dibujo, retrato, es autor de los libros: Tras Tristes Trazos; No todo se llevaron la risa me dejaron; La Guerra en Trazos; Foxenio.

Nos abrió la puerta para conocer algunos detalles de su carrera poco conocida y Luy comenta que comienza sus primeros trazos en El Vocero Patronal, un semanario que imprimía la empresa Grupo México (dedicada a la administración, recursos humanos e investigaciones laborales) propiedad de su tío José de Jesús Hernández Muñoz, quien notó el talento en sus trazos, donde permaneció de 1981 a 1985.

El dato curioso en la carrera del maestro Luy es que se interesa en hacer contacto con periódicos el 18 de septiembre de 1985 –un día antes del terremoto que marcó la historia de nuestro país– consiguió  que le abrieran las puertas en Claridades, de Morelos, también en Avance, del Estado de México, donde la caricatura e ilustraciones que le solicitaron después de haberlas terminado quedó imposibilitado de entregarlas ante la tragedia que había dejado a esta ciudad casi incomunicada y con sectores acordonados.   

Su interés por compartir la caricatura lo llevó también en sus primeros años de carrera a tocar las puertas de los periódicos Nuestro País, Cuestión, que era un periódico de la tarde, Verdades, luego la oportunidad de integrarse a la Sociedad Mexicana de Caricaturistas, al acudir a una primera reunión en la oficina del abogado Pedro Luis Hernández, ya que el edificio donde tenían sus oficinas en la calle Havre había resultado dañado por el sismo, les presentó una caricatura para publicar en su revista, donde quiso darse a conocer entre el gremio de caricaturistas y periodistas aspirando cada vez a estar presente en más medios informativos.

En la carrera ascendente existe un parteaguas en la historia personal del maestro Luy cuando al formar parte diversos medios, el 31 de octubre de 1985 se trasladaba a Tlatelolco y caminaba con sus trabajos en mano, al cruzar la avenida Manuel González, la obsesión por el trabajo lo distrajo y en contraflujo lo arrolló un camión cuando se trasladaba a entregar algunos bocetos a Juan Sánchez Mendoza. Cae a causa del golpe y se levanta desorientado intentando recuperarse, se desmayó, siendo trasladado al Hospital Rubén Leñero, donde su familia lo localizó un día después; debía quedarse internado pero escapó por el segundo piso; su estado de salud estaba en observación debido no solo a las lesiones sino al golpe en la cabeza que pensaban podría traerle consecuencias además de los dolores que ya presentaba tras aquel hecho.

Luy tiene en su memoria frescos recuerdos de infancia que revelan su clara inclinación de lo que sería su oficio en esta vida. Oscar con apenas seis años de edad dibujaba sus propios personajes de piratas, vaqueros y villanos, posteriormente a través de libros y de las caricaturas en programas de televisión tomó personajes que disfrutaba trazarlos. Es en esta etapa que comenzó también a dibujar en caricatura a sus compañeros con quienes convivía en sus horas de juego. 

Cuando cursó la escuela primara ganó un concurso de ilustración con un tema de salud, luego de que a los alumnos les presentaron información a través de un video. Quedó gratamente marcado por esta experiencia y durante todos estos años como caricaturista político ha participado en innumerables concursos, a la fecha cuenta con 76 premios y reconocimientos a nivel nacional e internacional.

Si bien sería motivo de otra entrevista, algunos de los premios y reconocimientos internacionales obtenidos en eventos de humor por sus cartones han sido de países como China, Rumania, Cuba, Estados Unidos, España, y México, entre otros. La Agencia Mundial de Prensa a la que se integró en 2014 le otorgó el galardón como El Caricaturista de la Década. El interés por compartir sus trazos le ha llevado a formar parte de cuarenta agencias internacionales de caricatura.

Ha sido jurado en algunos concursos de caricatura en el Club de Periodistas de México, en la Comisión Nacional del Deporte, y en el Cecyt 7 Cuahtémoc.

Luy es director de la Agencia Mundial de Prensa y el Círculo Mundial de la Caricatura; es en el año 2017 que lanzó la convocatoria del Premio Internacional de la Agencia Mundial de Prensa donde la participación fue desbordada con más de 400 trabajos recibidos de todos los continentes.

Recuerda con gratitud que en febrero de 1986 entró al periódico El Universal donde estaba como director Paco Ignacio Taibo I, que le dio la oportunidad de colaborar en la sección de Cultura; para ese entonces ya publicaba en 17 medios más.

Luy nos comenta que su inicio en la caricatura hablada nace a través de El Universal y Radio Fórmula en un programa denominado Radio Fórmula Universal con Alfonso Nava Maya, quien le da esta oportunidad junto a otros colegas permaneciendo dos meses al aire y en 1996 comenzó a colaborar en el programa radiofónico Voz Pública con Paco Huerta, entonces comenzó una etapa donde diariamente difundía su caricatura hablada de 1997 a 2001. 

Para ese entonces trabajaba en Radio Centro con Jesús Martín Mendoza, luego hizo la propuesta en Radio Chapultepec para el programa Voces del Periodista que conduce Celeste Sáenz de Miera. 

En 2002 le presentó a Carlos Loret de Mola en Radio 13 una idea de caricatura que en ese momento no fue posible, y que después lo llamó para participar en Nueva Visión en el canal 4, donde permaneció un año y medio, y al pasar unos meses se integró al programa Hechos de Peluche, donde permaneció dos meses; más tarde con el Dr. Simi lo llamaron a colaborar en el programa Simi TV, a través de un canal de internet donde ilustraba un cuento infantil y en el que invertía muchas horas de trabajo. Ya encarrerado, propone caricatura para un programa del Dr. Simi en el canal 172, donde inventó la caricatura móvil, que dejó de ser plana y logra movimientos con algunos cortes sobre el material de papel.

Luy también escribió una columna de humor para la revista de la Sociedad Mexicana de Caricaturistas, luego con tantas ocupaciones tuvo que dejarla; para el periódico Ahí de Aguascalientes, tuvo una participación breve en la columna “Aquí entre nos”.

Entre la multitud de imágenes que se agolpan, están las entrevistas de televisión cuando obtuvo un premio en el concurso “Encuentro de dos mundos”, convocado por la Sociedad Mexicana de Caricaturistas y el Gobierno del Estado de Veracruz durante la gestión de Dante Delgado.

En 2010 cuando Luy realizó una exposición en el Centro Cultural Netzahualcóyotl, hizo una presentación de caricatura hablada a la que asistió Manuel Aparicio, director de Radio Expresión México, quien le hizo la propuesta para colaborar y desde entonces continúa con este ejercicio, al que se sumó por primera vez su programa radiofónico: Entre trazos, que sigue vigente, y desde hace un año en Concentra Radio participa con el programa: Monos Moneros y Monerías. 

De espíritu inquieto, estudioso siempre y excelente aprendiz, también se preparó como cuentacuentos, algo que disfruta y combina con algunas clases que imparte actualmente a niños pequeños que están aprendiendo a dibujar.

En este camino recorrido alguna vez se presentó en un evento literario donde participó con las Carionetas, que las llamó así porque considera que son una mezcla de caricaturas y marionetas, personajes que dan voz a temas políticos, y que fue bien recibido por el poeta Sergio Alarcón, quien lo convocó en un café de la Ciudad de México donde convergen amigos, cultura y arte.

Entre sus múltiples facetas ha trabajado como maestro en la universidad UNIREM, impartió talleres de caricatura 10 años en el Club de Periodistas de México cuando los tiempos eran otros, organizó uno con una duración de un año y medio en el que integró 14 unidades, con una evaluación rigurosa, había exposiciones, egresaron muchas generaciones de todas las edades, fue maravilloso; incluso hizo un programa de estudios detallado que quiso proponer a la UNAM como la carrera de caricatura y se quedó en un sueño. 

Para el artista Luy no hay descanso, su fascinación por la caricatura le ha llevado por terrenos impensables y generosos, siempre incursionando en nuevas áreas y rompiendo sus propias barreras, donde el miedo no existe, solo el ingenio y la gratitud por todo el camino recorrido.

 

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alienígena de Bowie”, lo cierto es que ambos artistas coincidieron pocas veces durante su vida y sólo una en el escenario. Aún así, hay razones que lo sustentan. Pero comencemos en orden.  La década de los setenta fue testigo del nacimiento o consolidación de numerosas bandas y no pocos artistas que se aventuraron a llevar aún más allá lo que el rock de los cincuenta y los sesenta había creado: desde David Bowie hasta Led Zeppelin, pasando por The Who, Deep Purple, The Doors, Queen, The Eagles y Pink Floyd, entre muchos otros. 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Ésta sucedió durante 1978, en el evento de cuatro días llamado New Wave Vaudeville: enfundado en un impermeable transparente, el intérprete de origen alemán se presentó al final del día, después de imitadores, bailarines, strippers y otros actos semejantes, para cantar el aria “Mon coeur sóuvre a ta voix” de Saint-Saëns, perteneciente a la ópera Sansón y Dalila.  La sublime interpretación concluyó con un espectáculo de luces, humo y sonidos electrónicos. Si a ello le sumamos el inusual aspecto de Klaus (un hombre particularmente delgado, de frente amplia y con un rostro maquillado al estilo Kabuki, es decir maquillaje blanco con detalles en labios, cejas y ojos en negro) la actuación resultó impactante. Para entonces ya había adoptado su apellido artístico (algunos amigos indican que el nomi resulta del anagrama de omni, la palabra en latín para todo). 

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Tras la presentación, Klaus Nomi no sólo fue invitado a cantar en diversos bares y locales de Nueva York, sino que el evento también le permitió conocer a Kristian Hoffman, quien se convertiría en su director musical de facto y quien le ayudaría a conformar un grupo musical que lo apoyara tanto en sus grabaciones como en sus presentaciones. Sería Hoffman quien impulsaría a Nomi a elegir varios de los covers que grabaría durante 1978 y 1979 como “Lightnin´Strikes” y “The Twist” y también compondría varias piezas para él tales como “The Nomi Song”, “Total Eclipse”, “After the Fall” y “Simple Man”.  Tras algunas diferencias con la administración de Hoffman, el grupo se desintegró a finales de los 70´s y en su lugar, los acompañantes que Klaus encontró para auxiliarle en su carrera musical fueron nada más y nada menos que Keith Haring (el artista y posterior activista), John Sex y Joey Arias. También durante esta época se involucró sentimentalmente, aunque de manera breve, con Jean-Michel Basquiat (el enfant terrible del movimiento neo-expresionista).  Y justo durante este período llegaría el momento definitivo en la vida del oriundo de Alemania; durante las últimas semanas de noviembre, Nomi y Arias coincidieron con David Bowie en el club Mudd, quien inmediatamente los contrató como coristas para su presentación como invitado musical en el programa Saturday Night Live el 5 de diciembre de 1979.  Juntos, en una actuación bastante ecléctica donde incluso hubo un poodle rosa de juguete sobre el escenario, los tres interpretaron “TVC 15”, “The Man Who Sold The World” y “Boys Keep Swinging”. Una vez concluido el show, Bowie dio una fiesta en un departamento de la Quinta Avenida, a la que acudió Iggy Pop y otros artistas más. Nomi y Arias conversaron un rato con el creador de Ziggy Stardust antes de partir, quien quedó de ponerse en contacto con ellos para colaborar nuevamente.  Sobra decir que dicha invitación nunca llegó. De aquella presentación Bowie recordaría poco años más tarde, pero Nomi se llevaría no sólo la experiencia, que de cierta manera legitimaba lo que venía haciendo desde hace ya tiempo, sino también una anécdota que presumir a amigos, colegas y a todo el que se prestara a escucharlo. Asimismo, se llevó algo más: el tuxedo plástico que utilizó Bowie durante su actuación (inspirado en la obra de Tristan Tzara) le gustó tanto que mandó hacerse uno igual, que utilizaría no sólo en la portada de su primer álbum como solista (que salió a la venta en 1981) sino en los videos y actuaciones en vivo hasta pocos meses antes de su muerte.  A pesar de que llegó a ser un intérprete conocido y reconocido en Nueva York y sus alrededores (y algunas zonas de Europa), Nomi jamás despegó comercialmente a nivel nacional o internacional como otros de sus amigos y colaboradores, en buena medida porque lo que hacía era definitivamente inclasificable. Las canciones pop que grabó sonaban extrañas, a medio camino entre el camp y el vaudeville, con sintetizadores de fondo (en una época que pasaba del glam y el disco al punk y al rock de estadio o anthem rock), sus presentaciones en vivo tenían reminiscencias retro futuristas y las piezas operísticas tampoco se prestaban para alcanzar un público masivo. La prensa europea, siempre a la vanguardia, denominaba su música “como algo entre Elvis Presley y María Callas”. Lo cierto es que el éxito lo eludía y el dinero no llegaba como hubiera deseado; para empeorar las cosas conforme el año 1982 fue avanzando, se hizo notorio que Klaus no se encontraba bien de salud, presentando diversos síntomas desde fiebres y resfriados hasta un cansancio permanente.   Aun así, firmó un contrato con RCA France y en noviembre de 1982 salió a la venta su segundo álbum como solista titulado “Simple Man”. Debilitado y probablemente consciente de que le restaba poco tiempo de vida, a finales del mismo año, Klaus logró reunir la poca fuerza que le quedaba para emprender una breve gira europea con un repertorio clásico. De dicho tour, su última presentación en vivo (en el Ebergard Schoener´s Classic Rock Night en Munich) quedó grabada y puede encontrarse en Youtube. Para dicha ocasión, eligió el aria denominada “Cold Genius” de Henry Purcell. La misma, cierra así: “Apenas puedo moverme o respirar / Déjame, déjame congelarme de nuevo hasta la muerte”.  Las sutiles fallas vocales, la intensidad de la interpretación, sus movimientos sobre el escenario y la expresión en su rostro hacen de esta actuación la más sublime de todas las que quedaron registradas para la posteridad. Lo que vino después resulta verdaderamente desgarrador. Los rumores en Nueva York hablaban de un “cáncer gay” que mataba a sus portadores y sus síntomas se parecían demasiado a los que Klaus padecía desde hacía más de un año. El miedo y el desconocimiento acerca de los medios de contagio hicieron que buena parte de sus amigos y conocidos se alejaran y sus últimos meses transcurrieron en la más absoluta soledad.  El 6 de agosto de 1983, poco más de una década después de haber llegado a Nueva York y menos de cuatro años después de presentarse en SNL, Klaus Nomi dejó de existir, siendo una de las primeras víctimas fatales de una enfermedad muy poco conocida para la época: el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, en el Sloan Kettering Hospital Center de NY, a los 39 años de edad.  Existen distintas formas de abordar la vida y obra de Klaus Nomi: la primera de ellas es viéndolo como un artista trágico que se convirtió, tras su muerte, en una figura de culto en lugares tan dispares como Nueva York y París y que influyó en músicos como Morrissey y Garbage, además de artistas plásticos, la industria de la moda y peformances de todo tipo.  Otra es volviendo a revisar su música (resaltando “Total Eclipse”, “After the Fall” y “Simple Man”), sus videos promocionales y presentaciones en vivo (todo ello disponible en la red y en las plataformas de streaming) que continúan resultando, hoy en día, tan bellas y extrañas como debieron haber sonado a finales de los años setenta y principios de los ochenta.  Mi preferida es a través de aquella actuación en diciembre de 1979, hace más de 43 años, cuando junto con Bowie, se presentó ante millones de telespectadores lleno de vida, de ideas, ofreciendo un espectáculo que combinaba lo extraño y el sinsentido con la potencia del rock, en un momento en que parecía que la suerte estaba de su lado y la vida no tenía más que ofrecerle sino triunfos y éxitos en los años venideros.    " ["post_title"]=> string(35) "Klaus Nomi: el alienígena de Bowie" ["post_excerpt"]=> string(171) "Tras su muerte, Klaus Nomi se convirtió en una figura de culto en lugares tan dispares como Nueva York y París. 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Compartíamos muchos gustos afines, la misma profesión de médicos, él en la especialidad de Cardiología; amantes de la buena música, aunque él con mucho me llevaba ventaja, experto en hallar grabaciones clásicas poco conocidas, que no dudaría en compartir durante muchos años con su círculo virtual, desde Buenos Aires. De igual manera publicaba imágenes de reuniones familiares, viajes y actividades culturales. Menciono todo lo anterior porque, visto así, acabo de perder un gran amigo, aun cuando  la forma más cercana de comunicarnos fue videollamada, pero tan cercano como muchos otros a quienes conozco en forma presencial. Ese día inicié mi reflexión de cada domingo, que envío junto con la actualización semanal de mi blog (https://contraluzcoah.blogspot/) precisamente señalando su partida, y lo que implica el acompañamiento que hacemos unos de otros a lo largo de la vida. Durante el domingo jugaron en mi cabeza varias preposiciones que hoy deseo plasmar por escrito: “Por, para y con”. En este caso aplicadas a las relaciones interpersonales, a esos lazos de unión que se dan entre dos personas, de muy distintas maneras, con muy variados resultados.   Vamos conociendo otros seres humanos con los que podremos establecer, desde encuentros fugaces e intrascendentes, hasta relaciones permanentes, como fue el caso de mi amigo Roberto, quien tenía más de cincuenta años de matrimonio con su esposa Kapitolina. De orígenes distintos, de gustos que fueron aprendiendo a acoplar por el camino; guardaré de su relación de pareja el recuerdo de quienes han vivido de manera armónica con aquello que les rodea, aunque manteniendo cada uno sus propias pasiones: él por su profesión y por la música; ella por el cultivo de flores exóticas y la comida tradicional, entre otras actividades que desde el inicio definieron a uno y otra sin conflicto, respetando la vida del compañero de camino. Formaron una familia amorosa que ahora lamenta la partida del padre, pero se queda con un cúmulo inagotable de memorias y enseñanzas, que lo mantendrán vivo entre ellos, así  como entre quienes tuvimos la fortuna de conocerlo de otras formas. Por, para y con: hay quien puede preguntarnos quién es la persona más importante en nuestra vida, y de entrada no dudaremos en mencionar la pareja, los padres o los hijos. Sentimos que vivimos por y para ellos, y que cualquier otra cosa es secundaria. Sin embargo, en un segundo análisis, podremos descubrir que la persona más importante en la vida es uno mismo, por simple sentido común.  Si no me amo a mí mismo, no estoy en capacidad de amar a otros.  No es gratuita la mención bíblica de: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, lo que lleva implícito que primero tengo que amarme a mí mismo, para cumplir con este mandamiento. Por, para y con: las películas mexicanas de la época de oro dan cuenta de esos ideales de mediados del siglo pasado: Vivir para los demás sin importar que se nos fuera la vida en ello.  Viene a mi mente la imagen de Marga López en el papel de resignada madre mexicana, costurera de oficio, que va perdiendo la vista, pero se niega a destinar un solo peso en una revisión médica y posible compra de anteojos, para no “molestar” a sus hijos adultos. Sacrificarse hasta la muerte de forma absurda para el hogar, para la familia, para otras causas más allá de sí misma, sin establecer prioridades sensatas. Por, para y con: finalmente viene “con”, la preposición liberadora que parte del amor propio, de cuidarme y satisfacer mis necesidades personales, y así  estar en condiciones de salir a acompañar a otros. Sentir que yo soy la razón que impulsa mi ánimo cada mañana, que no necesito más estímulo para activarme, y que me siento feliz conmigo mismo, como dicen los franceses: Ȇtre bien dans sa peau. En estas condiciones, ahora sí, andar el camino de la vida con la pareja, los hijos, los amigos…Con ellos, acompañándolos, respetando cada uno su espacio; dándose oportunidad de un crecimiento personal individual. Así como llegan van partiendo de nuestro lado, de manera circunstancial algunos, definitiva otros, pero siempre tendremos la compañía de nosotros mismos, hasta el final. Hoy sé que Roberto ha partido después de una vida plena y productiva.  Kapitolina vive su dolor de esposa, pero sigue su propio camino, porque se tiene a ella misma en primer término, después a sus seres queridos, y aún hay mucho por vivir.
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Tras la presentación, Klaus Nomi no sólo fue invitado a cantar en diversos bares y locales de Nueva York, sino que el evento también le permitió conocer a Kristian Hoffman, quien se convertiría en su director musical de facto y quien le ayudaría a conformar un grupo musical que lo apoyara tanto en sus grabaciones como en sus presentaciones. Sería Hoffman quien impulsaría a Nomi a elegir varios de los covers que grabaría durante 1978 y 1979 como “Lightnin´Strikes” y “The Twist” y también compondría varias piezas para él tales como “The Nomi Song”, “Total Eclipse”, “After the Fall” y “Simple Man”.  Tras algunas diferencias con la administración de Hoffman, el grupo se desintegró a finales de los 70´s y en su lugar, los acompañantes que Klaus encontró para auxiliarle en su carrera musical fueron nada más y nada menos que Keith Haring (el artista y posterior activista), John Sex y Joey Arias. También durante esta época se involucró sentimentalmente, aunque de manera breve, con Jean-Michel Basquiat (el enfant terrible del movimiento neo-expresionista).  Y justo durante este período llegaría el momento definitivo en la vida del oriundo de Alemania; durante las últimas semanas de noviembre, Nomi y Arias coincidieron con David Bowie en el club Mudd, quien inmediatamente los contrató como coristas para su presentación como invitado musical en el programa Saturday Night Live el 5 de diciembre de 1979.  Juntos, en una actuación bastante ecléctica donde incluso hubo un poodle rosa de juguete sobre el escenario, los tres interpretaron “TVC 15”, “The Man Who Sold The World” y “Boys Keep Swinging”. Una vez concluido el show, Bowie dio una fiesta en un departamento de la Quinta Avenida, a la que acudió Iggy Pop y otros artistas más. Nomi y Arias conversaron un rato con el creador de Ziggy Stardust antes de partir, quien quedó de ponerse en contacto con ellos para colaborar nuevamente.  Sobra decir que dicha invitación nunca llegó. De aquella presentación Bowie recordaría poco años más tarde, pero Nomi se llevaría no sólo la experiencia, que de cierta manera legitimaba lo que venía haciendo desde hace ya tiempo, sino también una anécdota que presumir a amigos, colegas y a todo el que se prestara a escucharlo. Asimismo, se llevó algo más: el tuxedo plástico que utilizó Bowie durante su actuación (inspirado en la obra de Tristan Tzara) le gustó tanto que mandó hacerse uno igual, que utilizaría no sólo en la portada de su primer álbum como solista (que salió a la venta en 1981) sino en los videos y actuaciones en vivo hasta pocos meses antes de su muerte.  A pesar de que llegó a ser un intérprete conocido y reconocido en Nueva York y sus alrededores (y algunas zonas de Europa), Nomi jamás despegó comercialmente a nivel nacional o internacional como otros de sus amigos y colaboradores, en buena medida porque lo que hacía era definitivamente inclasificable. Las canciones pop que grabó sonaban extrañas, a medio camino entre el camp y el vaudeville, con sintetizadores de fondo (en una época que pasaba del glam y el disco al punk y al rock de estadio o anthem rock), sus presentaciones en vivo tenían reminiscencias retro futuristas y las piezas operísticas tampoco se prestaban para alcanzar un público masivo. La prensa europea, siempre a la vanguardia, denominaba su música “como algo entre Elvis Presley y María Callas”. Lo cierto es que el éxito lo eludía y el dinero no llegaba como hubiera deseado; para empeorar las cosas conforme el año 1982 fue avanzando, se hizo notorio que Klaus no se encontraba bien de salud, presentando diversos síntomas desde fiebres y resfriados hasta un cansancio permanente.   Aun así, firmó un contrato con RCA France y en noviembre de 1982 salió a la venta su segundo álbum como solista titulado “Simple Man”. Debilitado y probablemente consciente de que le restaba poco tiempo de vida, a finales del mismo año, Klaus logró reunir la poca fuerza que le quedaba para emprender una breve gira europea con un repertorio clásico. De dicho tour, su última presentación en vivo (en el Ebergard Schoener´s Classic Rock Night en Munich) quedó grabada y puede encontrarse en Youtube. Para dicha ocasión, eligió el aria denominada “Cold Genius” de Henry Purcell. La misma, cierra así: “Apenas puedo moverme o respirar / Déjame, déjame congelarme de nuevo hasta la muerte”.  Las sutiles fallas vocales, la intensidad de la interpretación, sus movimientos sobre el escenario y la expresión en su rostro hacen de esta actuación la más sublime de todas las que quedaron registradas para la posteridad. Lo que vino después resulta verdaderamente desgarrador. Los rumores en Nueva York hablaban de un “cáncer gay” que mataba a sus portadores y sus síntomas se parecían demasiado a los que Klaus padecía desde hacía más de un año. El miedo y el desconocimiento acerca de los medios de contagio hicieron que buena parte de sus amigos y conocidos se alejaran y sus últimos meses transcurrieron en la más absoluta soledad.  El 6 de agosto de 1983, poco más de una década después de haber llegado a Nueva York y menos de cuatro años después de presentarse en SNL, Klaus Nomi dejó de existir, siendo una de las primeras víctimas fatales de una enfermedad muy poco conocida para la época: el síndrome de inmunodeficiencia adquirida, en el Sloan Kettering Hospital Center de NY, a los 39 años de edad.  Existen distintas formas de abordar la vida y obra de Klaus Nomi: la primera de ellas es viéndolo como un artista trágico que se convirtió, tras su muerte, en una figura de culto en lugares tan dispares como Nueva York y París y que influyó en músicos como Morrissey y Garbage, además de artistas plásticos, la industria de la moda y peformances de todo tipo.  Otra es volviendo a revisar su música (resaltando “Total Eclipse”, “After the Fall” y “Simple Man”), sus videos promocionales y presentaciones en vivo (todo ello disponible en la red y en las plataformas de streaming) que continúan resultando, hoy en día, tan bellas y extrañas como debieron haber sonado a finales de los años setenta y principios de los ochenta.  Mi preferida es a través de aquella actuación en diciembre de 1979, hace más de 43 años, cuando junto con Bowie, se presentó ante millones de telespectadores lleno de vida, de ideas, ofreciendo un espectáculo que combinaba lo extraño y el sinsentido con la potencia del rock, en un momento en que parecía que la suerte estaba de su lado y la vida no tenía más que ofrecerle sino triunfos y éxitos en los años venideros.    " ["post_title"]=> string(35) "Klaus Nomi: el alienígena de Bowie" ["post_excerpt"]=> string(171) "Tras su muerte, Klaus Nomi se convirtió en una figura de culto en lugares tan dispares como Nueva York y París. 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