Juárez en la poesía

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17 de marzo, 2021 benito juarez

El Benemérito de las Américas, Don Benito Juárez García, es uno de los íconos del “nuevo” continente. Su nombre y huella no solo están en Leyes, mármol y bronce, sino también en las Letras. A continuación, una brevísima selección de fragmentos de algunas piezas poéticas, discursos o epístolas que escribieron grandes personajes de la Historia Universal.

El escritor francés Victor Hugo, quien paradójicamente escribió a Juárez suplicando el indulto del ya malogrado Emperador austriaco en 1867, escribía en 1863, en los inicios de la pérfida invasión europea en nuestro país: “… Esperad. Vuestra heroica resistencia se apoya en el derecho, y tiene en su favor la certidumbre de la Justicia”.

El médico, periodista y político republicano francés, Georges Clemenceau, asentaba en misiva fechada en septiembre de 1867: “… Verdad que es mucha la imbecilidad humana, pero ellos se encuentran a la cabeza y, cómo tales, es a ellos a los que hay que mirar. Yo no tengo ninguna piedad para esas gentes (los monárquicos); compadecer al lobo es cometer un crimen con los corderos. (…) Creedme: todas esas gentes son iguales y se apoyan unos a otros. Benito Juárez está en lo justo.”

El afamado periodista y político mexicano Jesús Urueta, pronunciaba en Chihuahua un discurso en 1906, en el que decía en parte: “(…) En esta lucha el emperador francés representaba la barbarie y Juárez la civilización. La pobre cabaña de Guelatao venció en dignidad, en honor, en humildad, al trono brillante de Versalles.”

El poeta y político liberal mexicano, miembro de la generación de “hombres que parecían gigantes”, Guillermo Prieto escribía: “Esclavo del derecho, custodio de la idea que promete a los pueblos los goces y la paz, debió sus lauros todos a que llevaba en alto, cómo un eterno lema: JUSTICIA Y LIBERTAD. (…) Rindámosle homenaje, cubramos de coronas con reverentes almas su excelso pedestal, y mostrémoslo orgulloso al mundo, cuál modelo, entre efluvios de gloria…”.

El gran fabulista mexicano, nacido en Jalisco, José Rosas Moreno sentenció: “El hombre valeroso que te ciñó de gloria, el que invocando la justicia santa enalteció los fastos de tu historia y el cetro destrozó bajo su planta. El genio poderoso, el que a la Europa entera hizo respetar un día, el que empuñó triunfante tu bandera, yace en el polvo de la tumba fría…”.




El escritor, jurisconsulto, político y diplomático mexicano decimonónico, Don Ignacio Mariscal consignaba en 1880: “… ¿Buscas el epitafio? En esas leyes contémplalo, en que altivo el mexicano su gloria encuentra y su robusta égida. ¿Por monumento igual – decidme, ¡oh reyes! – la púrpura y el cetro soberano no dierais, y también la inútil vida?”.

El poeta tapatío Antonio Zaragoza escribió: “… ¡Qué majestad callada hay en tu sueño supremo de gloria! Aquí se respira el alma emancipada, el ambiente sereno de la historia. Tu fama durará.

La poetisa veracruzana Josefa Murillo, a su vez recitó: “¡Oh, padre de los libres, cuya gloria se levanta inmortal en mi conciencia! El derecho te debe su victoria y la patria su santa independencia…” .

El gran poeta nayarita, Amado Nervo, dejó para la posteridad varios sonetos en memoria de Juárez, un fragmento reza: “Eras tú, mi señor; tú, que soñando estás en el panteón de San Fernando bajo el dórico abrigo e que reposas; eras tú, que en tu sueño peregrino, ves marchar a la Patria en su camino rimando risas y regando rosas…”.

Del escritor, poeta y periodista mexicano Manuel Caballero, se extrae: “Juárez te vio caer, compadecido, desde el solio púrpura a la escoria, ¡y apelando al derecho y a la Historia sintió la calma del deber cumplido!”.

El célebre político y hombre de letras mexicano José María Pino Suárez no fue la excepción: “Y dictaste magnánimo y experto las tablas de tu ley benefactora, y poniendo a la luz la blanca prora señalaste a la patria rumbo cierto”.

Don Alfonso Reyes mismo, entre numerosas páginas dedicadas al Prócer de la Patria en un carruaje sentenció: “… y, oh, vencedor de dragones, héroe cantado: serena yergues la estoica figura bajo la lumbre del sol. Tal cómo, al alba, la luna se licúa en el lácteo vano, tal palidece de súbito el cándido Maximiliano”.

Del escritor y poeta mexicano Luis G. Urbina: “Brilla tu monumento en la turquesa del fulgor matinal, y hasta el ramaje parece que se inclina y que te besa. En ti reposarán su viaje azul las golondrinas bulliciosas, sacudiéndose el polvo del plumaje. Hasta ti llegarán las mariposas, y te enviarán perfumes en el viento los rojos incendiarios de las rosas (…) Salvaste a la República en tu augusto deber. Señor, estás aquí por eso, y porque fuiste grande y fuiste justo. En tus hombros de atlante cayó el peso del porvenir; tuviste la energía de conducir un mundo hacia el progreso”.

El hijo sobresaliente de la hermana Nicaragua, Rubén Darío, pronunciaba en Ciudad de México, en 1910 y con motivo de las celebraciones del centenario, lo siguiente: “Patria de héroes y de vates, cenáculo de áureas liras; bravo y terrible en tus iras, victorioso en tus combates: (…) y te levantas potente y orlado, a la luz del día, ¡cómo tu águila bravía devorando una serpiente!”.

El icónico poeta y político tabasqueño Carlos Pellicer con su pluma dejó: “… que unas veces se llamó Quetzalcóatl y otras Nezahualcóyotl y otra maravillosa vez, Cuauhtémoc. Lo indígena, en el tiempo que ahora conmemoramos, se demostró humanamente con la voluntad y con el sentimiento. Y Juárez, Altamirano y Ramírez y los zacapoaxtlas que con Zaragoza estuvieron, desangraron su mente, corazón y su cuerpo y empuñaron a la República”.

El gran poeta latinoamericano chileno Pablo Neruda, un año antes de morir y con motivo del centenario del fallecimiento de Don Benito (1972) con su magistral pluma afirmó: “Para nosotros eres pan y piedra, horno y producto de la estirpe oscura. Tu rostro fue nacido en nuestro barro. Tu majestad es mi región nevada, (…) sólo existen la luz, los aguijones del matorral, y una presencia pura: Juárez, tu paz de noche justiciera, definitiva, férrea y estrellada”.

Como vemos, nuestro héroe es universal y es nuestro deber recordarlo con gratitud y dimensionar el tamaño de su legado.

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Hace un año solíamos leer por todas partes la triste lamentación al sentir que nos arrebataban la primavera con el confinamiento al que fuimos obligados por el brote pandémico, pero este año, parece como si el equinoccio nos anunciara una pizca de esperanza de que estamos al final y no al inicio de una angustiante época en nuestras vidas. Ayer 21 de marzo, celebramos el inicio de la estación primaveral y a la par, el día mundial de la poesía que según la UNESCO “conmemora una de las formas más preciadas de la expresión e identidad y lingüística de la humanidad. La poesía, practicada a lo largo de la historia en todas las culturas y en todos los continentes, habla de nuestra humanidad común y de nuestros valores compartidos, transformando el poema más simple en un poderoso catalizador del diálogo y la paz.” Así que viene bien revisar un poco al respecto. El término poesía proviene del griego poiesis (creación) compuesta por el verbo poiein (hacer o crear) y se asocia con una raíz indoeuropea *k~ei- (hacer, construir). Platón utilizó el término inspiración para referirse a la fuente de creación del poeta como si se tratara de un don gratuito recibido. Aristóteles consideraba a la poiesis como una de las tres categorías en que dividía las actividades humanas (teoría y praxis eran las otras dos). Así que puede decirse que todo lo que la humanidad es capaz de pensar, sentir o imaginar es poesía. En literatura, el fondo de toda obra corresponde al pensamiento y la forma es el medio de transmitirlo; en la poesía, las formas pueden apegarse a la rima y métrica como el caso del soneto o bien, sin rima ni medida, en estrofas o no, y por ello, es susceptible de escapar a toda regla. El poeta francés Arthur Rimbaud la definió como una manera especial de conocimiento, una especial visión de lo desconocido, de lo inaudito, de lo inefable. En el México prehispánico se encuentran también reconocidos poetas y poetisas que poco conocemos. Miguel León Portilla escribe: “¿Quiénes fueron, cómo se llamaron, en qué forma vivieron los principales poetas, sabios y artistas del México antiguo? ¿… habrá que limitarse a decir que, a excepción del celebérrimo Nezahualcóyotl y de otros pocos poetas, la mayor parte de los textos deben atribuirse a antiguas escuelas de sacerdotes y sabios, responsables anónimos de esas creaciones?” (Trece poetas del mundo azteca, Universidad Nacional Autónoma de México, Serie de Cultura Náhuatl, 1984). De Macuilxochitzin, oriunda de México-Tenochtitlan, nacida hacia 1435, hija octava del celebérrimo consejero de los reyes aztecas, Tlacaélel y de la que nació el príncipe Cuauhtlapaltzin, comparto el siguiente fragmento de su Canto: Elevo mis cantos, Yo, Macuilxóchitl, Con ellos alegro al Dador de la vida, ¡comience la danza! El matlatzinca Es tu merecimiento de gentes, señor Itzcóatl: ¡Axayacatzin, tú conquistaste La ciudad de Tlacotépec! Allá fueron a hacer giros tus flores, Tus mariposas. Con esto has causado alegría. El matlatzinca Está en Toluca, en Tlacotépec. El náhuatl es el idioma de los mexicas (y otras culturas prehispánicas) del México antiguo que significa “lengua suave o dulce”. A ello obedece la belleza al escucharlo hablar, es de cierto modo parte de nuestra raíz como mexicanos y por ello es importante conocer de su existencia en especial, en conmemoración de la poesía. En los primeros años de educación escolar, los niños tienen acceso a una serie de textos literarios, la poesía entre ellos, como una estrategia de aprendizaje que permite asimilar conceptos y desarrollar la capacidad expresiva de los niños; sin embargo, los años siguientes son desérticos para el campo poético y absurdamente se crece pensando que la poesía es aburrida, difícil de “digerir” o demasiado “cursi, romántica”.  Crecemos ajenos a la labor poética tanto en lectura como en escritura y recuerdo que, en mis años preparatorianos, gracias a la excelente maestra de literatura hispanoamericana que tuve, amé la poesía. Fue entonces cuando pensé que la poesía debe ser materia obligada en todos los grados, debe estar presente en la publicidad, en los diarios, en las redes sociales, en los muros de las casas y en todas partes porque sí, la poesía es como la primavera: todo florece con ella y es capaz de despertar una sensibilidad particular hacia todo lo que nos rodea, nos permite conectar con la emoción y expresarla al mismo tiempo, nos devuelve el sentido humano que olvidamos en la celeridad de nuestro diario acontecer, nos regresa a la calma y la contemplación, nos inunda con una atmósfera de paz. Mi padre solía jugar con las palabras. 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CARTAS A TORA 220

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