Hellblade: la oscuridad interna

Así como el cine y la literatura nos pueden contar historias de gran profundidad, hoy en día los videojuegos también pueden brindarnos experiencias narrativas que nos hagan reflexionar sobre la condición humana.  

14 de enero, 2022

Seguramente, durante los meses recientes, habrá escuchado usted, estimado lector, acerca de ese maléfico instrumento creado por el mismísimo Satanás que es el “Nintendo”. Por supuesto, el proverbial Nintendo puede tomar varias formas (¡igual que el diablo!): algunas son creadas por Sony (PlayStation) y otras por Microsoft (Xbox). Así es, hemos estado equivocados: los problemas del país, llámese inseguridad, violencia e impunidad (entre otros tantos más)  siempre, SIEMPRE se han debido al mugroso “Nintendo”. ¡De haberlo sabido, caray, hubiésemos quemado todos los videojuegos y los Marios y Luigis del mundo! 

Hablando en serio, los videojuegos, como la mayoría de las cosas en esta vida, tienen aspectos positivos y negativos (basta recordar que la OMS recientemente clasificó la adicción a los videojuegos como una enfermedad). Hay varios artículos que mencionan estudios acerca de las ventajas del uso de videojuegos, los cuales están a un simple clic de distancia para los interesados en el tema. De nuevo, en esta época, sólo un ignorante o alguien con un irrefrenable deseo de buscar chivos expiatorios y soluciones facilonas a problemas complejos (signo tan peculiar del populismo) estigmatizaría una forma de entretenimiento perfectamente válida. 

Por ello, en este 2022, con la finalidad de mostrar un poco la madurez que ha alcanzado este medio que algunos amamos tanto, me gustaría compartir algunos videojuegos desde una perspectiva diferente: no desde el aspecto técnico, ni los aspectos jugables, ni en forma de una reseña normal (como las que se hallan en los medios especializados). No. Lo que me gustaría es compartir algunos videojuegos cuyo aspecto narrativo es digno de mención. Sí, estimado lector, desde hace un par de décadas, los videojuegos ya no sólo se tratan de juntar puntos a lo loco o de eliminar a todos los enemigos en pantalla (aunque aún siguen desarrollándose juegos así). En este medio, actualmente podemos encontrar historias profundas, relevantes, plagadas de personajes entrañables y guiones dignos de las mejores películas. Así que, acompáñeme en un viaje a algunas de mis historias preferidas en el mundo de los videojuegos, para que no le vengan con el cuento de que los videojuegos son sinónimo de «violencia pura y dura que sólo sirve para intoxicar las mentes de la juventud». 

Me gustaría comenzar con una verdadera joya de videojuego: Hellblade: Senua’s Sacrifice, desarrollado y publicado por un estudio llamado Ninja Theory.

¡Advertencia! 

Si de casualidad es usted un gamer y pretende jugar este título en un futuro cercano, este artículo ofrece spoilers de la historia, así que proceda bajo su propio riesgo. ¡Vamos pues!

Una guerrera “maldita”

Lo primero que nos presenta Hellblade es a nuestra protagonista, Senua, en una barca. Lo único que ella lleva consigo es una espada y el cráneo de Dillion, su amado. Senua es una guerrera nórdica que escucha voces. Por ello, a los ojos de su aldea y de su familia, ella está «maldita». Estas voces llenan a Senua, constantemente, con duda y miedo. Además, Senua experimenta visiones oscuras que la ponen en peligro. Estos aspectos, en realidad, representan la psicosis de la protagonista. El equipo de desarrollo realizó una investigación con expertos en psiquiatría para hacer de Senua un personaje creíble. Tan bueno fue el trabajo realizado por el estudio que, a la fecha, Hellblade es considerado como uno de los videojuegos que mejor retratan una afección mental. 

Senua llega a las costas de Helheim (el reino de la muerte en la mitología nórdica) con un objetivo: enfrentarse a Hela (la diosa de la muerte) para salvar el alma de Dillion, su amor. Dillion murió cuando una plaga azotó la aldea en donde vivían. Después de estos hechos traumáticos, Senua siente que es la culpable debido a su «maldición». Sin embargo, conforme el juego y la historia avanzan, comprendemos que en realidad el viaje de Senua es mucho más profundo de lo que aparenta. 

En su camino hacia la diosa Hela, Senua se encuentra con varios peligros. Por ejemplo, monstruos de fuego y seres mitológicos que la engañan mediante ilusiones. Constantemente, Senua se encontrará en un estado de confusión. ¿Es real todo el dolor que experimenta? ¿El mundo en el que vive es real? ¿O todos los peligros a los que se enfrenta están en su mente?

Un infierno personal

Es en esta realidad trastocada en la que Senua deberá encarar varios retos, en donde cada uno es un paso necesario y doloroso  (tanto en el sentido físico como en el emocional) hacia la profundidad de Helheim. 

Después de enfrentarse con una multitud de enemigos, Senua finalmente se encara con Hela. Sin embargo, no es un enfrentamiento directo con la diosa de la muerte. No, lo que nuestra protagonista encuentra son los mismos enemigos que ya derrotó durante su viaje, quienes le dicen que «no vale nada», «que no sabe pelear» y «que se rinda» . Esto es porque Hela, en realidad, es la representación de la «oscuridad interna» de Senua: en otras palabras, de su psicosis, agravada por la muerte traumática de Dillion. Así, en un acto final, ella ofrece su vida a Hela con tal de salvar el alma de su amado.

En ese momento, los jugadores nos preguntamos, ¿es esto Game over? ¿Logramos salvar el alma de Dillion de las manos de Hela y nos encontramos ante un final feliz? Como todo en Hellblade, la respuesta no es tan sencilla.

En la escena final, Senua es transportada a una plataforma de madera en el exterior de Helheim. Hela arrebata el cráneo de Dillion de nuestra protagonista  y lo tira al vacío. Cuando la cámara va de regreso a Hela, en realidad nos encontramos con el rostro de Senua. Así es, amigos: ella, en un gesto simbólico, es quien realmente arroja el cráneo al vacío. Después de enfrentarse a Hela, Senua comprende que la única forma de sacar la oscuridad de su cabeza es afrontando la realidad, por muy dura que sea: Dillion, su amado, se ha ido para siempre.  

  Al ver este final, Hellblade se ganó un lugar especial en mi corazón gamer. No sé si sea por la empatía que sentí hacia Senua o porque me hizo feliz encontrar un videojuego con un mensaje tan atemporal y universal. Por ello, considero a esta obra de Ninja Theory como una de las mejores dentro del medio.   

Después de este viaje atribulado y oscuro a lo más profundo de la psique de nuestra protagonista, viene la pregunta final.

Después de terminar Hellblade: Senua’s Sacrifice, ¿con qué me quedo?

Además de conocer varios aspectos de la mitología nórdica (se mencionan varios reinos, mundos y dioses que resultan la mar de interesante), la historia de Hellblade: Senua’s Sacrifice, nos deja con un mensaje que, en el fondo, es esperanzador. Senua, a pesar de su psicosis, encontró la fuerza necesaria para seguir adelante con su vida y superar la muerte traumática de su ser amado. Porque, de aferrarse al pasado, lo único que le espera es oscuridad y sufrimiento. Este es un mensaje que resonará especialmente en aquellas personas que, como la protagonista, han experimentado alguna pérdida reciente o sufren alguna enfermedad mental. 

Nada mal para ser un “simple jueguito”. ¿O no?

Comentarios


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