HECHIZO NOCTURNO

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21 de julio, 2021 HECHIZO NOCTURNO

Caía la tarde y la noche comenzaba a cubrir las calles de la ciudad. Me dirigí a un bar procurando salir de la rutina absorbente del día a día, decidí sentarme en la barra donde tuviera acceso al cantinero y no sentirme tan solo, tal vez esperando alguna pequeña charla con él, el objetivo… olvidarme un poco de mi realidad, pedí un par de whiskys tratando de relajar mi alma.

Tomaba el vaso en mi mano y miraba en su interior. Algo atrajo mi mirada hacia el otro lado del mismo: una dama de fuerte personalidad y presencia interesante. No pude evitar que me descubriera, pues mis ojos se voltearon hacia su belleza como un metal atraído por el imán.

La sorpresa vino a mí cuando ella al mirarme dibujo una elegante sonrisa en su rostro. Yo simplemente respondí al gesto con cierta precaución, pues estaba un tanto confundido, mientras ella caminaba hacia una mesa vacía, parecía estar esperando a alguien. Continué concentrado en mi bebida. 

 Pasaron unos minutos y el cantinero notó su presencia y me comento “¿Ya vio la chica de aquella mesa? -me comentó el cantinero- Tiene una belleza muy especial”. “Así es -respondí- tampoco pude evitar verla, su persona impone hay que ver quién es el suertudo al que espera”. El cantinero replicó: “Pues lleva rato sentada y no parece que esté esperando a nadie”.

 La curiosidad me ganó y miré hacia la mesa. Nuevamente nuestras miradas chocaron, pero en esta ocasión quedaron atrapadas una a la otra por algunos segundos. Volvió a sonreír al igual que yo, y sin pensar me dirigí a donde se encontraba. Pregunté si podía acompañarla ella simplemente asintió con la cabeza.

  Comenzó la charla,  las copas acompañaban la noche que era cómplice de nuestro encuentro. No podíamos apartar la vista uno del otro mientras las horas pasaban. Chocábamos nuestras bebidas mientras la distancia entre ella y yo se volvía más corta, la voz disminuía su intensidad y la llegada de un beso espontáneo no podía esperar… Pero tenía que ser paciente para no arruinar el momento. Poco a poco nuestros labios se encontraron comencé a sentir lo terso y cálido de su boca que tocaba la mía. La propuesta indecorosa no se hizo esperar. Subimos a mi auto y fuimos hasta su casa. Al cerrar la puerta tomé su cintura entre mis brazos de manera firme, pero a la vez delicada, tratando de llevar el momento a su paso sin prisas.




 El hechizo de la seducción nos envolvió… tocaba su cuerpo desnudo y perfecto centímetro a centímetro como si estuviera dándole forma con mis manos y mi boca a la más bella escultura que nadie haya hecho. Nuestros sentidos estaban conectados en ese momento íntimo sin poder pensar en nada más que uno en el otro. 

 La noche perfecta sí existe, pensé. ¿Cuánto durará? No sé. Sin embargo quedará dentro de mí para siempre. Éramos una pareja en ese momento que después del fracaso del amor habían encontrado olvidar las penas sintiendo que uno era para el otro teniendo como testigos la noche y un acogedor apartamento.

 Finalmente el momento de la despedida llegó y nos dimos el adiós con un beso en la mejilla. Camino a casa volví a la realidad, pero esta ya no me afectaba de igual manera, el fracaso amoroso que me consternó quedaba en el pasado como un recuerdo de un mal día. Simplemente entendí que nada es para siempre, pero que siempre hay un nuevo comienzo y los fracasos son solo ciclos que se cierran para dar inicio a nuevas experiencias, que este nuevo empezar está lleno de sorpresas que dan vida a nuestro existir.

 Te preguntarás, por la mística mujer, qué fue de ella. No la volví a ver ¿Cómo se llamaba?  Tal vez era Esperanza y tal vez cuente también su desamor con esta aventura  que tampoco para ella tuvo nombre, pero mucho sentido en su andar.

  “ESTA ES LA NATURALEZA DE MI SER”.

 

Comentarios
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Un referente en el tipo de narrativa oscura escrita en español.  El libro de Padilla es una obra altamente didáctica que da cuenta de por qué la novela negra se denomina de ese modo, cuál es la diferencia que hay entre ésta y la novela policial, y por qué razón en los últimos decenios ha tenido un repunte en nuestro país, iniciando desde la zona norte con Elmer Mendoza, para ampliar su abanico a toda la república. Lo singular de este subgénero es que migró de ser una literatura popular hecha en papel revolución, que se ha denominado “novela vaquera”, con tintes amarillistas, a convertirse en un foro a través del cual se presentan al lector las condiciones socioeconómicas y políticas que subyacen en los problemas de seguridad pública. Tomando como pretexto un crimen –o la presencia de un cuerpo, como menciona el propio Padilla— la novela negra se vuelca para presentar el escenario de fondo que lleva a situaciones como las que ocupan la nota roja. La comunicación de hechos violentos en estos tiempos se presta para imprimir un sesgo, ya sea por descuido al escribir, o con cierta intención oculta. Un título de una nota periodística puede afirmar algo que de entrada es solo una presunción, digamos: “La mató por celos”.  Algo que, por más que haya elementos que apunten en ese sentido, no puede afirmarse antes de un juicio por parte de la autoridad institucional. Muchas de las veces el comunicador, desde los titulares de su publicación, está condenando a un presunto asesino, cuando hacerlo es tarea del sistema judicial de un país. Hace unos días terminé de ver la serie “Somos” que se ofrece en una plataforma digital.  Está basada en la masacre contra población civil ocurrida en la población de Allende (Coahuila) hace diez años.  Me quedo con la sensación de que los productores se ocuparon más de los elementos utilizados para contar la historia que de la historia misma. Recrean de manera muy “light” lo que, en su momento, fue una mezcla de terror, incertidumbre y confusión para toda la región fronteriza coahuilense. En aquel entonces surgió una disociación en todos nosotros: Frente a la evidencia de lo ocurrido, callamos, no solamente en la tribuna pública, sino entre nosotros mismos, con la familia o los vecinos. Actuamos como si nada hubiera ocurrido, a tal grado paralizados por el panorama de destrucción. El tiempo ha venido a aclarar los hechos y a evidenciar la profunda  corrupción que permitió que sucedieran cosas que no tienen nombre y que, a la fecha, siguen siendo así de poderosas, que en una serie que dice narrar los hechos, a lo largo de seis capítulos se concreta a insinuar de manera muy sutil la forma real de actuar de  los presuntos criminales. Un espectador con cierto conocimiento de lo que en realidad sucedió, sí  es capaz de interpretar la trama como una radiografía de la corrupción que permitió tan terrible violencia. Para el resto del público es una más de las producciones que colocan el foco de atención  en cierto tipo de hechos violentos. Se repite lo que ya hemos señalado con relación a otros casos. Frente a la cruda realidad que nos grita, desviamos la mirada como para no comprometernos, para no hacer olas, y la realidad se queda intacta, sin visos de solución. Ante hechos  evidentemente  ilegales, nos desentendemos, pasando la pelota, dejando a otros la obligación de contarlos. Aquí es el punto donde la novela negra se vuelve clave. Es capaz de jugar con los mismos elementos de la realidad que conoce y desea narrar, pero acomodándolos de una forma que, efectivamente, dé cuenta del escenario de fondo y que además señale, a partir de la ficción, la tesis postulada por el propio autor para explicar por qué ocurrieron los eventos que relata. Algo nos dice que en la atmósfera de pandemia que vivimos, se desenvuelven hechos violentos que no se conocen bien o que se callan.  Hay violencia doméstica, de género, por causa de la forma de pensar o el estilo de vida de una persona. Atisbamos, adivinamos, pero hasta ahí llega la mira de nuestro telescopio.  Los valientes periodistas que salen tras la verdad lo hacen corriendo grandes riesgos y, de todos modos, tal vez no lleguen a conocerla, pues hay instancias gubernamentales paradas a causa de la emergencia sanitaria. Corresponde, pues, a nosotros observar, relacionar y tratar de entender lo que sucede. Un buen recurso para guiarnos en esta labor de exploración es justo el género negro que presenta personajes completos con sus defectos, sí, pero también con sus virtudes, como cualquiera de nosotros. Se aleja de la visión maniquea de muchas telenovelas que narran una historia de lo más inverosímil. Felicito a Carlos René Padilla por su obra premiada. 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