Gramática de la vida

Ésta es nuestra obligación hacia el niño; darle un rayo de luz y seguir nuestro camino. -María Montessori.

24 de enero, 2023 textos de maria del carmen maqueo

Justo hace un par de días me enteré del fallecimiento de Roberto, un buen amigo virtual, al cual nunca tuve ocasión de conocer en persona. Compartíamos muchos gustos afines, la misma profesión de médicos, él en la especialidad de Cardiología; amantes de la buena música, aunque él con mucho me llevaba ventaja, experto en hallar grabaciones clásicas poco conocidas, que no dudaría en compartir durante muchos años con su círculo virtual, desde Buenos Aires. De igual manera publicaba imágenes de reuniones familiares, viajes y actividades culturales. Menciono todo lo anterior porque, visto así, acabo de perder un gran amigo, aun cuando  la forma más cercana de comunicarnos fue videollamada, pero tan cercano como muchos otros a quienes conozco en forma presencial. Ese día inicié mi reflexión de cada domingo, que envío junto con la actualización semanal de mi blog (https://contraluzcoah.blogspot/) precisamente señalando su partida, y lo que implica el acompañamiento que hacemos unos de otros a lo largo de la vida.

Durante el domingo jugaron en mi cabeza varias preposiciones que hoy deseo plasmar por escrito: “Por, para y con”. En este caso aplicadas a las relaciones interpersonales, a esos lazos de unión que se dan entre dos personas, de muy distintas maneras, con muy variados resultados.   Vamos conociendo otros seres humanos con los que podremos establecer, desde encuentros fugaces e intrascendentes, hasta relaciones permanentes, como fue el caso de mi amigo Roberto, quien tenía más de cincuenta años de matrimonio con su esposa Kapitolina. De orígenes distintos, de gustos que fueron aprendiendo a acoplar por el camino; guardaré de su relación de pareja el recuerdo de quienes han vivido de manera armónica con aquello que les rodea, aunque manteniendo cada uno sus propias pasiones: él por su profesión y por la música; ella por el cultivo de flores exóticas y la comida tradicional, entre otras actividades que desde el inicio definieron a uno y otra sin conflicto, respetando la vida del compañero de camino. Formaron una familia amorosa que ahora lamenta la partida del padre, pero se queda con un cúmulo inagotable de memorias y enseñanzas, que lo mantendrán vivo entre ellos, así  como entre quienes tuvimos la fortuna de conocerlo de otras formas.

Por, para y con: hay quien puede preguntarnos quién es la persona más importante en nuestra vida, y de entrada no dudaremos en mencionar la pareja, los padres o los hijos. Sentimos que vivimos por y para ellos, y que cualquier otra cosa es secundaria. Sin embargo, en un segundo análisis, podremos descubrir que la persona más importante en la vida es uno mismo, por simple sentido común.  Si no me amo a mí mismo, no estoy en capacidad de amar a otros.  No es gratuita la mención bíblica de: “Ama a tu prójimo como a ti mismo”, lo que lleva implícito que primero tengo que amarme a mí mismo, para cumplir con este mandamiento.

Por, para y con: las películas mexicanas de la época de oro dan cuenta de esos ideales de mediados del siglo pasado: Vivir para los demás sin importar que se nos fuera la vida en ello.  Viene a mi mente la imagen de Marga López en el papel de resignada madre mexicana, costurera de oficio, que va perdiendo la vista, pero se niega a destinar un solo peso en una revisión médica y posible compra de anteojos, para no “molestar” a sus hijos adultos. Sacrificarse hasta la muerte de forma absurda para el hogar, para la familia, para otras causas más allá de sí misma, sin establecer prioridades sensatas.

Por, para y con: finalmente viene “con”, la preposición liberadora que parte del amor propio, de cuidarme y satisfacer mis necesidades personales, y así  estar en condiciones de salir a acompañar a otros. Sentir que yo soy la razón que impulsa mi ánimo cada mañana, que no necesito más estímulo para activarme, y que me siento feliz conmigo mismo, como dicen los franceses: Ȇtre bien dans sa peau.

En estas condiciones, ahora sí, andar el camino de la vida con la pareja, los hijos, los amigos…Con ellos, acompañándolos, respetando cada uno su espacio; dándose oportunidad de un crecimiento personal individual. Así como llegan van partiendo de nuestro lado, de manera circunstancial algunos, definitiva otros, pero siempre tendremos la compañía de nosotros mismos, hasta el final. Hoy sé que Roberto ha partido después de una vida plena y productiva.  Kapitolina vive su dolor de esposa, pero sigue su propio camino, porque se tiene a ella misma en primer término, después a sus seres queridos, y aún hay mucho por vivir.

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